Prólogo.
El rugido del motor era la única constante en su vida.
Para Gael Duvall, las curvas cerradas y el peligro eran más predecibles que las emociones humanas. En la pista, todo tenía un orden. Un comienzo. Un final. Una estrategia.
Fuera de ella, no sabía cómo conducir sin estrellarse.
Y entonces apareció él.
Ezra Donovan, con su mirada impenetrable y su silencio que lo decía todo. No era parte del equipo. No llevaba uniforme. No hablaba mucho. Pero su sola presencia cambiaba la temperatura de cualquier habitación.
Lo que comenzó como un contrato de seguridad, se convirtió en una línea que ninguno supo cómo dejar de cruzar. Una mirada. Una pelea. Un roce accidental. Una promesa rota.
La vida no se vive en línea recta. Y el amor, mucho menos.
Esta no es una historia de finales felices inmediatos.
Es una historia de heridas que sangran lento, de confesiones gritadas en pasillos vacíos, de noches donde el miedo y el deseo se confunden...
Y de dos hombres que, contra todo pronóstico, aprendieron a frenar justo antes de destruirse.
Bienvenidx a la última curva.
Donde no importa cuán rápido vayas...
si no sabes a quién tienes al lado cuando sueltas el acelerador.