Estrella Perdida

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Sinopsis

"Él era luz, el quiso compartirme de su brillo, quiso que brillaramos juntos, pero yo ya había tenido mi momento de brillar, perdóname, perdóname Minho... perdóname por haberme tardado en darme cuenta y haber apagado tu brillo para siempre."

Genero:
Romance
Autor/a:
straysouls_
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

-ˋˏ ༻ I ༺ ˎˊ-

De mis piernas se desprendieron raíces, sangraban a su vez y yo me retorcía de dolor, se aferraban a los árboles que me abrieron sus brazos para recibirme, las celdas en las que me mantuve por años se habían abierto, dándome paso para este dolor con sabor a libertad. Mis brazos también cobraron cierta vida propia al transformarse en ramas, mientras yo, me quedaba inmóvil, viendo como las hojas crecían lentamente, viendo como una que otra gota de sangre se derramaba en la tierra. ¿Qué será este sentimiento tan intenso que siento? ¿Es esta la libertada de la que todos hablan?

Mis raíces penetraron la tierra, instalándome en que bosque, y aquella humedad en el suelo me daba la bienvenida, los árboles me hablaban, imploraban tener una larga estadía por mi parte, ¡pero claro! ¿cómo podría yo negarme a eso? Si esto era libertad, no quería perderlo nunca, si esto, es lo que tan feliz hace a muchos más allá afuera en el mundo, yo jamás lo abandonaría, no volvería a abandonar mi propia libertad.

Cuando el agarre de mis raíces sobre el suelo se aliviano, y yo corrí, corrí tan rápido, no tropecé, ni siquiera pensé, solo corrí, sentí como el aire libre acariciaba mi piel, mis heridas y cicatrices generadas por las ramas. Corrí tan rápido, mas de lo que creía que era capaz. Corrí dejando mi pasado atrás, expulsando a través de la sangre que todavía brotaba todo ese dolor que alguna vez me hipnotizó en un bucle, y que ahora, me da la bienvenida a un nuevo mundo, a un nuevo yo. Corrí creyendo que esto era lo que yo siempre había merecido.

El olor a tierra mojada siempre fue mi olor favorito, aquel aroma penetrando ahora mi nariz, cobrando vida y recorriendo, sintiendo como camina por mis fosas. Como amo ser parte de la libre naturaleza, como amo esta ilusión donde por fin soy feliz, como adoro este sentimiento del cual apenas puedo disfrutar. Por favor, bosque, no me sueltes, no hoy, no mañana, nunca, déjame quedarme y explorar tus interiores con las raíces despegadas del suelo y las hojas sacudiéndose, déjame ser tu árbol libre, y déjame quedarme en tus rincones.

(...)

—Noticias de último momento, el famoso cantante del grupo surcoreano Stray Kids ha desaparecido, no hay rastros de él. Sus compañeros lo vieron por última vez en su habitación a las 10 p.m. De la noche, no se reporta haberlo visto después de eso, ni ellos declaran haberlo oído salir de su alojamiento —decía un reportero que los cuatro chicos veían preocupados. Han Jisung no solo era el quinto integrante de su grupo, no solo era el rapero del grupo, Han Jisung era un apoyo emocional para los chicos, el chico más dulce, más comprensivo, él no era capaz de desaparecer de un día a otro, ¿o sí?

Chan, el mayor de los cinco, apaga la televisión con una cara difícil de descifrar, como si el miedo y el enojo se hubieran combinado para mostrar la cara mas preocupante al verla puesta en Chan.

—¿Dónde puede estar Sung? —preguntó un rubio, amigo y compañero de vida del desaparecido, Lee Felix.

—Jisung no pudo haber escapado, estábamos por lanzar nuestro nuevo álbum, Han mismo escribió gran parte de las letras de nuestras canciones, él no escapo, yo lo conozco —un chico de pelos rojos replicó. Era seguro que el que más estaba sufriendo era él, en los últimos meses se había encariñado tanto con el desaparecido, más de lo que le gustaría en esos momentos.

—¿Qué vamos a hacer al respecto? —la voz de Seungmin, el menor, rompió el agonizante silencio.

—Tenemos que buscarlo —espetó el mayor.

—No, si Jisung escapó de nosotros, de esto —dijo el de pelos rojizos, haciendo referencia a aquella vida que tenían—, es porque no quiere ser rescatado, y nosotros tenemos que respetar eso.

—No digas cosas sin sentido, Hyun, es nuestro compañero, nuestro amigo, nuestro rayito de luz... —una voz quebrada, que antes había permanecido silenciosa, habló.

—¿Acaso no lo entienden? Han siempre estaba triste, deprimido, como si ya nada le importase, como si nos hubiera estado advirtiendo todo este tiempo que se iríase atrevió a replicar.

Hubo un silencio agobiante entre los cuatro chicos, un silencio de esos que hacen que te duela el pecho, tal vez a ellos los destruyó ese breve instante que tuvieron para aceptar algo que no querian aceptar. Para entender la realidad a su alrededor, y entender que a pesar de las luces escénicas que los iluminaban ante millones de personas, aquella luz con una sonrisa deslumbrante, aquella luz que era más valiosa que cualquier reflector, aquella luz que los ilumino desde un inicio, ya no estaba, ni estaría con ellos nunca más.

Tantos recuerdos se los juntaron a los chicos, un mar de memorias, una odisea compartida entre el amor que se sentía, a través de tantos años. Lo primero en lo que pensó Felix fue en sus cálidos abrazos, en aquella vez que tanto lloro en un concierto y que Jisung no lo soltaba, en aquel momento que hubo tanta conexión con tan solo un simple abrazo, aquel momento que Felix le agradecería toda la vida.

Por otro lado, Hyunjin, el pelirrojo, tuvo un fugaz recuerdo en su aroma, aquel aroma amargo, con toques de lavanda, aquel aroma que aún en los conciertos o después de los ensayos, Jisung segía teniendo impregnado en su ropa, su blanquecina piel e incluso en su suave cabello azulado, si Hyunjin pudiera describir el aroma de Jisung, diría “noche estrellada”, si, definitivamente a eso olería una noche estrellada si soltara un distintivo aroma.

Seungmin no podía pensar, recordar algo sobre alguien que ya no estaba se le hacía una falta de respeto, y no a Jisung, sino a sí mismo por semejante sufrimiento que se brindaría si se permitía recordar la más mínima cosa de su apreciado desaparecido.

Chan... oh pobre Bang Chan, al primer integrante que eligió para formar aquel conocido grupo fue Jisung, una memoria imborrable, y a la vez, tan dolorosa en un momento tan crítico, la relación que ellos dos tenían, casi como padre e hijo se había desvanecido en un instante, en una noche se había muerto, todo, todas sus metas, sus sueños, es como si una parte de todo lo que conformaba Stray Kids hubiera simplemente muerto a la luz de la solitaria luna.

Las lágrimas abrazaron a los miembros, se volvieron sus amigas, su refugio, no se trataba de una desaparición cualquiera, se trataba de una estrella, un rayito de luz que los iluminada día tras día, era el sol mismo hecho y creado en persona, humanizado con un corazón más grande que el mismo. Jisung era la estrella favorita de los chicos, y tal vez ese fue el problema, Jisung fue una estrella que lucho tanto por legar a donde estaba ahora, y dicen, claro dentro de lo que cabe, que las estrellas brillan con toda su intensidad antes de apagarse. Quizás, y solo él lo sabría, ya era momento de desaparecer de la vida de los demás.

(...)

Viernes, 10:27 p.m.

Escapar de una caja abrumada por barrotes invisibles firmes por un contrato legítimo indispuesto a ser cumplido. Vivienda más no hogar, ¿ser estrella siempre sería tan doloroso? ¿Por qué en el contrato no venía incluido todo lo que sufría ahí? El firmó una condena y ahora pisaba los límites de la casa, dispuesto a escapar, tal vez no era posible escapar de sí mismo, pero sí era posible de escapar aquel sentimiento que lo tocaba todas las noches, y de aquello que no lo dejaba dormir, y que cuando su traviesa mente le permitía dormir, no significaba que lo dejase descansar.

La casa estaba en silencio. Cada respiración se sentía como un tambor lejano en sus oídos. Se asomó al pasillo: luces apagadas, sombras alargadas, todo inmóvil. Nadie se movía, nadie respiraba más fuerte que la oscuridad misma.

Avanzó lentamente, apoyando la palma contra la pared fría, midiendo cada paso para no romper la quietud. La alfombra amortiguaba sus pisadas, pero su corazón golpeaba con fuerza, anunciando cada segundo. Parecía que el mundo entero estaba conteniendo la respiración con él.

Un instante dudó. Miró atrás: la habitación, la casa, la vida que lo mantenía prisionero... todo dormido, todo ajeno a lo que él sentía. Respiró hondo y dio el primer paso fuera, sintiendo bajo sus pies el frío de la calle y el eco de sus propios temores.

El mundo estaba oscuro, incierto, pero era suyo, nada había sido tan suyo como aquel momento, ninguna canción, ninguna nota, ninguna letra compuesta por él mismo había sido tan perteneciente de él como aquella liberación suya. La libertad comenzaba con un solo paso, y aunque cada sombra parecía intentar detenerlo, él caminó hacia la noche, hacia un río invisible que prometía escapar, aunque aún no supiera cómo.

La brisa de la noche le rozó la cara, cargada del aroma a tierra y hojas húmedas, recordándole el bosque que siempre había imaginado lejos de la jaula de su vida. El olor a gozo, con toques a trance y un poco de temor le llenaban la nariz de recuerdos nuevos aún no creados, de un ambiente aún no conocido pero que ya extrañaba.

Al cruzar la puerta, sintió escalofríos recorrer su pálido cuerpo, sus piernas temblar al punto de casi vencerse, y después, su aire se cortó, dejó de respirar, no le era posible, no podía, su vista se nubló, el aire lo traiciono.