〘Capítulo Zero〙
—He aquí, la leyenda del ”gunslinger Colt”.Tu epitafio será interesante, debo decirlo, y tu historia abajo te ayudará a obtener uno de los mejores lugares en el cielo... aunque lástima. No existe para ti. Pudiste haber sido grande, pudiste haberte quedado y evitar todo esto. Y solo fuiste un inepto.
Aquel hombre, de voz grave, vestía una túnica de un blanco tan gélido que parecía absorber la luz del recinto. El corte era armonioso, de hombros rectos y mangas que caían con el peso del mármol. Coronaba su figura un sombrero de ala ancha que proyectaba una sombra perpetua sobre una venda que cubría sus ojos, dejando claro que, aunque él podía verlo todo, nadie era digno de ver a través de él.
Dos pasos frente al hombre de la túnica, se encontraba encadenado de manos y con brazos estirados, otro hombre de mediana edad, con una vestimenta, remendada con hilos fuertes, que le hacía honor a su apodo. Protegía su pecho con una placa opaca de metal, y sobre sus caderas colgaban dos fundas de cuero oscuro.
—Si que hablas mucho, Coop —río el pistolero al notar tal apodo ridículo antes de llenar el piso con su sangre luego de toser—. Perdón, ¿qué decías?
—Es Crupier... —corrigió el iracundo hombre del gat—. En fin, no gastaré saliva en ti, ¡Sandalphon! Haz lo tuyo. Conjura el juicio y terminemos con esto de una vez.
—Vaaaya, así que lo que dicen las malas lenguas es verdad, ¿eh? No pensé que era cierto eso de que existiera un guerrero tan poderoso que su velocidad era comparable con la de la luz, pero que su poder dependía de alguien más.
Detrás de ambos, se acercaba una figura femenina. No caminaba, más bien flotaba.
Su cabeza estaba cubierta por un casco de una época que aún soñamos; un casco demasiado grande el cual mantenía desnuda la mitad del rostro.
Adornaba su cuerpo una especie de traje que combinaba con el casco, aunque este, a diferencia del mismo, mantenía la forma curva y armoniosa de su figura.
—Pistolero —bramó la llamada Sandalphon—, eres de los pocos que han logrado sacarme de quicio. Y créeme, ninguno de esos ha vivido más tiempo que tú —luego de haber pronunciado la última frase, extendió detenidamente su mano frente al encadenado y, con voz firme y tranquila, habló—. Tu alma alada ya no forma parte de la vida, sino de la nada. Que tu esencia se desvanezca en la memoria olvidada y que el filo de mi espada te borre del mañana.
Mientras Sandalphon terminaba de conjurar el juicio, su mano derecha se deslizó hacia su espalda, tomando una protuberancia del traje, de la cual surgió un arma de la misma altura que ella; empuñándola sin esfuerzo y con elegancia, ubicándola a pocos centímetros del cuello de Colt.
Crupier, en una perfecta sintonía con Sandalphon, creó una guadaña de un metal puro y un mango blanco, posando la misma cerca de la espada de su compañera, apuntando a la tráquea del pistolero.
Bajo cualquier mirada de los presentes física y espectral, Colt bajó la vista y cerró los ojos; pero no fue un acto de rendición, sino una plegaria, una especie de... recordatorio hacia alguien que no estaba ahí, pero que existía antes del tiempo.
Y fue entonces, que su voz, pronunciando un idioma extinto, fue escuchada por un ser tan antiguo como innombrable.
"■■■, recuerda tu promesa”.
El tiempo se había detenido a su alrededor. El peso de la mirada de Crupier había dejado de tener efecto sobre el alma de Colt. Sandalphon continuaba conjurando su poder en un idioma desconocido, pero su boca había comenzado a ralentizarse.
Y el mismo pistolero lo sabía... eso lo había escuchado por más que estuviera enterrado bajo el mismo universo.
“Nuestro contrato sigue vigente, y así lo será hasta el fin de los tiempos o hasta que tu alma se agote.
Una sonrisa de melancolía y felicidad se había formado en las comisuras de los labios de Colt. Eso mantenía el trato, y él sabía que no era el final.
Fuera de sí, consumido por una extraña euforia, utilizó por última vez sus cuerdas vocales para hacer un anuncio, una declaración de guerra:
—¡Hoy quizás hayan ganado, pero lo prometo! ¡Prometo que haré pagar a cada puro y al mismísimo Dios todo lo que se nos ha arrebat—
Dos cortes limpios, un sonido seco.
La voz del pistolero se apagó como una vela con agua, y un abrumador silencio sucedió en el ambiente. Los siguientes momentos fueron tan silenciosos que todavía se podía escuchar la sangre correr en las venas del cadáver del pistolero, como si el mismo se negara a morir o dudara en hacerlo.
El cuerpo de la leyenda yacía ahora con los brazos tirantes, con su torso cayendo hacia adelante, sólo impedido por las cadenas, y la cabeza sin vida del pistolero desvaneciéndose como polvo volátil en un viento inexistente.
Crupier y Sandalphon ya habían hecho su trabajo. La leyenda al fin había caído, y ellos tenían un problema menos.
Crupier fue el único que se quedó más tiempo del necesario. Sandalphon y todos los mirones habían partido hacía dos horas, pero, por alguna razón, la mirada del hombre del gat no se apartaba de las cadenas que antes mantenían al cuerpo de Colt esposado.
La parca aún mantenía su guadaña en mano, apretando con fuerza la empuñadura, hasta que dejó de resistirse y descubrió uno de sus ojos, quitándose parte de la venda con un dedo.
Nada había cambiado, pero esperaba que sí. Sus ojos no mentían, nunca lo hacían... y aún así, esperó una reaparición gloriosa.
“Él ya lo había hecho”, se decía a sí mismo, negando la verdad que tenía al frente.
El conjuro de Sandalphon, uno de los más únicos y potencialmente devastadores para cualquier alma mortal; se aseguró de que Colt muriese definitivamente, pues el juicio era para quienes eran considerados un peligro potencial. Un conjuro capaz de eliminar cualquier partícula del alma de una persona o ser.
Crupier lo sabía... y sin embargo no quería admitir su verdad: Colt lo ablandó. Se divirtió con él, pero no era lo correcto.
Finalmente, sin reparo alguno, sin pensar una palabra más de la que debería, se marchó dándole la espalda al sitio vacío, tratando de olvidar cualquier historia...

Capítulo Zero
SEGUNDA MUERTE