Aethoria: El heredero

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Sinopsis

Daniel nunca debió tener ese poder. Pero la magia lo eligió, la oscuridad lo reconoció... y el mundo lo espera. A medida que misterios ancestrales resurgen y las tinieblas vuelven a cobrar vida, Daniel tendrá que averiguar si es el héroe que todos esperan... o el inicio de su destrucción. Algunas herencias se aceptan. Otras... condenan. esta historia esta llena de accion, romance y fantasia, es espectacular y no arrepentiras de leerla hazte un favor y leelo :D

Genero:
Fantasy
Autor/a:
JJArcela
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Advertencia y Prologo


este libro contendra escenas para mayores de 18 años implicitas nada explicito pero por si acaso dejo esta aclaracion, aunque el libro parezca todo color de rosas tiene un trasfondo muy oscuro que se revelara poco a poco a travez de los capitulos, si eres lector y te gusta la fantasia, el romance y la accion este libro es para ti

Al inicio, el conflicto no estalló con alaridos.

Comenzó con silencio.

Un silencio tan profundo que el mundo mismo pareció contener la respiración, como si supiera que estaba a punto de presenciar algo que jamás podría olvidar... aunque deseara hacerlo.

Los reinos antiguos gozaban de tranquilidad. Las torres seguían resplandeciendo bajo cielos límpidos, las academias servían como refugios del saber, no como fortalezas de guerra. La magia corría suave como un río apacible: potente, ciertamente, pero equilibrada. Los pequeños la estudiaban con delicadeza. Los viejos la respetaban como algo sagrado.

Entonces el cielo se rompió.

No de manera visible al principio. No hubo fuego ni tormenta. Solo una grieta invisible que se abrió en la realidad misma, dejando escapar algo que no tenía nombre en ninguna lengua conocida.

Oscuridad consciente.

No una ausencia de luz, sino una entidad que la comprendía... y la odiaba.

De esa grieta surgió él.

No nació.

No creció.

Simplemente... llegó.

Su presencia torcía el aire. Las sombras lo reconocían, obedecían. Las mentes más frágiles escuchaban su voz incluso antes de verlo. Donde caminaba, la vida se marchitaba como si lo rechazara... o le temiera.

Los clanes de la realeza intentaron llegar a un acuerdo.

Los magos intentaron sellarlo.

Los ejércitos intentaron destruirlo.

Todos fracasaron.

La guerra que siguió no fue como ninguna anterior.

No era por territorio.

No era por poder.

No era por venganza.

Era por supervivencia de la existencia.

Ciudades enteras desaparecieron bajo un manto de oscuridad viva. Los mares se tiñeron de rojo. Bosques antiguos ardieron durante años sin apagarse. Los cielos se llenaron de criaturas que jamás habían pertenecido a este mundo.

Y en medio de ese caos... surgieron las Gemas de Poder.

Diversas piedras de una fuerza ancestral, anterior a las estrellas, más pura que toda magia reconocida. Se alojaron en diferentes espíritus escogidos, individuos que nunca lo solicitaron, pero que optaron por asumir el destino de todos.

Portadores.

No eran dioses.

No eran santos.

Eran individuos desmoronándose... tratando de rescatar un planeta que los consideraba herramientas.

Lucharon durante años.

Con cada batalla ganada, el mundo sobrevivía un día más.

Con cada batalla perdida, él se acercaba un poco más al final absoluto.

El Luminaris de aquel tiempo —quien tenía en su posesión la Gema verde original— fue quien asestó el golpe final. No para aniquilarlo a él, sino para encerrarlo más allá del velo de la realidad junto con su poder... partiéndolo en pedazos... esparciéndolo... ocultándolo por todo el mundo.

El hechizo funcionó.

Él desapareció.

Pero el precio fue imposible de medir.

El planeta quedó arruinado. Los archivos fueron eliminados. Las narraciones cambiadas. Los que quedaron vivos prometieron no dejar que algo semejante sucediera de nuevo... y trataron de olvidar.

Por generaciones, la realidad permaneció oculta tras textos reeditados y mitos inventados.

La oscuridad se volvió mito.

La guerra, una fábula.

Las gemas, solo cuentos para niños.

Y entonces...

Muchod años después...

En un pueblo pequeño, de calles polvorientas y casas humildes, nació un niño llamado Daniel.

No hubo señal en el cielo cuando abrió los ojos por primera vez.

No sonaron trompetas divinas.

No se emitieron predicciones en torno a él.

Solo una madre sonriendo... y un silencio extraño en el aire.

Creció sin saber quién era.

Sin saber quién había sido su abuelo.

Sin saber que alguien no lo había olvidado.

Mientras con manos trémulas él se esforzaba por escribir su nombre, fragmentos de aquella vieja sombra empezaban a congregarse nuevamente alrededor del planeta.

Mientras avanzaba por senderos de tierra, él comenzaba a emerger lentamente en un mundo distinto, sonriendo... percibiendo... rememorando.

Mientras anhelaba una existencia común, el destino modificaba su trayectoria para dirigirlo hacia él.

Porque la Gema no elige al más fuerte.

Elige al que puede soportar con todo...

Cuando Daniel recibió su carta de admisión a la Academia Celestial, pensó que su vida por fin comenzaba.

En realidad...

El mundo estaba a punto de volver a arder.

Y esta vez...

No todos sobrevivirían.