ENTRE LA PLUMA Y LA ESPADA

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Sinopsis

Peter es el heredero de un conde en Zeskya, un imperio intergaláctico donde su familia gobierna un planeta. Sin embargo, su destino ya parece estar sellado: está condenado a ser el villano secundario de una historia que no puede evitar. Antes que él, quince personas han reencarnado en su cuerpo intentando cambiar ese destino… y todas han fracasado. Ahora, un joven universitario se convierte en el Peter número 16. La pregunta es inevitable: ¿logrará romper el ciclo y reescribir su historia, o está destinado a caer como todos sus predecesores?

Genero:
Scifi/Fantasy
Autor/a:
JSeb95
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

PRÓLOGO

Me encontraba de pie frente al ventanal de un crucero espacial; desde allí, la inmensidad del vacío y las estrellas iluminaban el firmamento con una frialdad eterna. Mi reflejo me devolvía la imagen de un joven de 14 años, piel canela y cabello rosa, vistiendo un traje táctico: un exoesqueleto negro que contrastaba con mi aspecto adolescente. 

Mientras me perdía en mis pensamientos, una voz rompió el silencio.

—Mi lord… mi lord.

Era Teo, un semihumano de la raza de los Baxyts, apenas un año mayor que yo. Vestía un exoesqueleto idéntico al mío y permanecía arrodillado, con la mirada fija en el suelo.

—Es hora. Las naves están en posición; los enemigos están a nuestro alcance.

Giré mi cuerpo. El aguardaba mi orden con la cabeza inclinada, un gesto de absoluta sumisión.

—Excelente —respondí, tratando de mantener la calma—. Iniciaremos el ataque de inmediato.

Sin añadir nada más, caminé junto a él hacia el puente de mando. Entre el bullicio de los oficiales y el parpadeo de los hologramas, divisé al recién nombrado almirante de flota: un hombre de unos veintisiete años, de cabello negro recogido en una coleta, que impartía órdenes a viva voz. Al verme, me dedicó una mirada rápida y se acercó.

—Mi lord, los soldados están preparados. Por favor, tome asiento en la zona de comando y aguarde nuestra victoria —dijo con tono formal, pero tenso.

—No. Yo también entraré en combate —sentencié.

El terror y angustia desdibujaron su rostro.

—Es demasiado peligroso, mi lord. Se trata de ese hombre, y los oficiales que lo siguen; no son como los piratas que enfrentamos antes—apretó los puños con frustración—. Podría morir. No podemos perderlo.

—Aun así, debo salir y pelear. No puedo quedarme en la seguridad del crucero mientras mi pueblo arriesga la vida.

—Pero… —su mirada se intensificó al ver la determinación de mi rostro—

—Además —añadí en voz baja—, debo intentar hablar con él una vez más.

Viendo que no cedería, el almirante se acercó y, en un susurro cargado de preocupación que ignoraba cualquier protocolo, añadió:

—Solo procura no hacer ninguna locura. Recuerda que hay personas esperando nuestro regreso en el planeta natal.

Asentí con la frente en alto. Él me tomó por el hombro y sonrió con un orgullo genuino.

—Realmente has crecido.

—Gracias, maestro —respondí.

Antes de marcharse, se acercó a Teo y le susurró algo que no alcancé a oír. Inmediatamente recuperó su semblante autoritario para seguir dirigiendo al ejército. Por mi parte, me dirigí a mi unidad de combate, me aseguré en la cabina y encendí los motores.

El almirante dio la orden de partida, no sin antes instruir a los soldados para que protegieran mi unidad a toda costa. El objetivo era claro: abrirme paso hasta el líder enemigo.

Las unidades se lanzaron al vacío. El espacio se convirtió en un infierno de disparos y trazadoras de luz. Esquivé las ráfagas con una habilidad que parecía dictada por el instinto, devolviendo el fuego con precisión. De pronto, varias naves enemigas me cerraron el paso.

—¡Atrápenlo! —sus gritos se filtraron por la radio—. ¡No permitan que llegué al jefe!

Me rodearon, pero antes de que pudieran atacar, varios aliados se interpusieron, interceptando a los perseguidores.

—Déjenos esto a nosotros, mi lord —dijo uno de los pilotos a través del canal de comunicación—. Usted haga lo que tiene que hacer.

La duda me asaltó por un segundo, pero la unidad de Teo se posicionó a mi lado.

—Continuemos, mi lord —instó su voz firme por la radio.

Respiré hondo, asentí para mis adentros y aceleré hacia el crucero principal donde se ocultaba el líder enemigo. Fuimos recibidos por una barrera defensiva, pero logramos romperla. Con la metralleta que cargaba en mi unidad despejé el camino de escombros y naves ligeras hasta que logramos atacar.

Abandonamos las máquinas y avanzamos a pie por los pasillos de la nave enemiga. Nos abrimos paso entre soldados de infantería, confiando en nuestro entrenamiento y coordinación, hasta llegar a la cabina de mando. Un disparo de nuestras armas de iones hizo saltar la puerta por los aires.

En el interior, un hombre de mediana edad y mirada gélida nos esperaba sentado, como si estuviéramos invitados a una audiencia.

—Al fin llega, mi lord —dijo con una serenidad inquietante—. Es hora de terminar lo que empezó.

—¿Por qué hace esto? —pregunté, con la voz temblorosa por la adrenalina.

—Si me derrota, se lo contaré.

Verlo tan tranquilo, sin una pizca de miedo y dispuesto a morir, hizo que me mordiera el labio de pura frustración. El hombre se levanto de su asiento, sacó su espada de iones y se dispuso a atacar.

—Terminemos con esto, mi lord. —dijo, completamente serio.

Teo y yo nos pusimos en guardia, desenvainando nuestras respectivas espadas de iones, dispuestos a enfrentarlo.