Eres mi Dominio - [omegaverse]

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Sinopsis

Arthur Bessonov, un alfa común marcado por el rechazo de su familia dominante, anhela pertenecer a un mundo que lo ignora. Su sueño de convertirse en omega lo lleva a La Organización, un lugar oscuro donde los alfas son exhibidos como mercancía. Allí, su mirada se cruza con Iván 021, un alfa dominante que despierta en él una mezcla de deseo y desafío. Al elegir a Iván, Arthur se sumerge en una relación cargada de tensión, donde la correa que adorna el cuello de Iván simboliza una lucha por el poder y la entrega. En este juego de dominación y vulnerabilidad, ambos descubrirán que el verdadero dominio no siempre se encuentra en quien es quien, sino quien eres para quien. ¿Quién tiene el dominio?

Genero:
Romance
Autor/a:
inAcacia O'Hara
Estado:
En proceso
Capítulos:
15
Rating
5.0 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+
Esto es una muestra

˗ˏˋCapítulo 01´ˎ˗

El aire en La Organización era denso, cargado con el olor metálico del control. Las paredes de mármol negro parecían consumir la luz de los focos colocados estratégicamente para iluminar la sala de exhibición. A un lado, dos hombres de traje oscuro, fornidos y de semblantes fríos, supervisaban la fila de alfas desnudos, impasibles como estatuas, atentos a cualquier orden de sus superiores. Sus manos sostenían correas de cuero conectadas a los cuellos de los alfas dominantes, tirando de ellas cada vez que uno se movía o desviaba la mirada.

Arthur Bessonov observaba la escena desde la distancia. Era pequeño en comparación con los otros compradores, su figura delgada contrastaba con la corpulencia de quienes lo rodeaban. Los otros alfas, dominantes todos, irradiaban fuerza y confianza, mientras que él mantenía una postura discreta, sus hombros apenas tensos debajo del traje de lino negro que había mandado a confeccionar para la ocasión. Sabía que no encajaba. Nunca lo había hecho, y esa sensación solo se hacía más presente en un lugar como ese.

Arthur había aprendido a disimular su fragilidad física con una máscara de frialdad. Se movía con seguridad, sus ojos azules pasando de un alfa a otro mientras avanzaba por la fila. A su lado, un asistente de La Organización lo seguía de cerca, una tablet en la mano, esperando su selección final.

—Señor Bessonov —dijo el asistente, su voz suave y precisa—. Todos estos alfas son dominantes de alto rango, entrenados y listos para servir cualquier... necesidad que usted tenga.

Arthur apenas asintió, sumido en sus pensamientos. Su plan estaba claro en su mente, y los detalles de la operación ya se habían resuelto mucho antes de llegar aquí. Su familia lo había rechazado por no ser como ellos: un alfa dominante que imponía respeto y temor. Pero Arthur tenía otros sueños, otras ambiciones. La idea de convertirse en omega lo había consumido durante años, y ahora, por fin, tenía la oportunidad de cumplirlo. Había oído de ese tratamiento. Las feromonas de un alfa dominante podían cambiarlo, podían despertar algo dormido en su interior, convertirlo en lo que siempre había deseado ser. Y hoy daría el primer paso para conseguirlo.

Los alfas desnudos, con cuerpos esculpidos por el entrenamiento y la genética, esperaban en la fila, sin hacer contacto visual con los compradores a menos que se les ordenara. Algunos eran más grandes que otros, con músculos marcados y expresiones indiferentes, pero había algo en común en todos ellos: el collar de cuero ajustado alrededor de sus cuellos, con una correa conectada a las manos de los guardias.

Arthur avanzaba lentamente, observando con detalle, pero ninguno de ellos le parecía el adecuado. Pasó junto a un alfa con cicatrices en el torso, luego a otro con tatuajes cubriendo sus brazos, hasta que, al final de la fila, su mirada se cruzó con unos ojos marrones, intensos y oscuros.

Iván 021.

Arthur se detuvo. Sus ojos azules fijos en los de Iván, quien lo miraba con una mezcla de desafío y curiosidad, algo que no había visto en los otros alfas. El pelirrojo, con su cabello rebelde cayendo sobre la frente, tenía el cuerpo de un guerrero. Alto, con hombros anchos, brazos poderosos y una mandíbula marcada, era la viva imagen de lo que un alfa dominante debía ser. Pero más allá de su físico, fue su mirada lo que capturó a Arthur. Un fuego indomable, una chispa que prometía tanto peligro como placer.

El collar de cuero negro alrededor del cuello de Iván parecía fuera de lugar, como si no pudiera contener realmente a alguien como él, pero ahí estaba, tirante en las manos del guardia que lo mantenía bajo control. Arthur dejó que sus ojos recorrieran el cuerpo de Iván, bajando lentamente hasta su pecho musculoso, su vientre plano, y luego más abajo, inspeccionando cada centímetro de su hombría.

—Este —dijo finalmente, su voz apenas un murmullo, pero suficiente para que el asistente lo escuchara.

—¿Desea una muestra de sus feromonas, señor? Es costumbre antes de cualquier transacción.

Arthur no había considerado esa opción, pero ahora que lo mencionaban, el corazón le dio un vuelco. Las feromonas de un alfa dominante eran increíblemente potentes, capaces de influir en el comportamiento de cualquier omega, y si todo salía bien, también en él. Era un paso importante en su transformación, el primer contacto con aquello que tanto anhelaba.

Asintió con la cabeza, y los hombres en negro se inclinaron hacia Iván, aplicándole un pequeño dispositivo en el cuello que extrajo una muestra mínima de sus feromonas. El aire en el salón pareció volverse más denso de inmediato, y Arthur sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Le ofrecieron un frasco pequeño con el líquido transparente. Arthur lo tomó, su mano temblaba ligeramente mientras lo acercaba a su nariz.

El olor lo golpeó como una ola. Era intenso, salvaje, y provocó en él una reacción inmediata, una mezcla de fascinación y deseo que lo dejó sin aliento. Por un momento, se sintió mareado, como si sus sentidos se estuvieran sobrecargando. Su corazón latía desbocado, y un calor inexplicable le recorrió el cuerpo. Era... perfecto. Justo lo que había imaginado, pero mucho más fuerte de lo que esperaba.

Por primera vez en mucho tiempo, Arthur sintió una emoción intensa que no estaba relacionada con la soledad o el rechazo. Era una mezcla de excitación y terror, como si estuviera jugando con fuego, y no le importara quemarse. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa mientras sus ojos se fijaban nuevamente en los de Iván.

—Lo compro —dijo, su voz sonando más firme de lo que se sentía por dentro.

El guardia tiró de la correa de Iván, obligándolo a avanzar un paso. Iván no dijo nada, sus ojos seguían fijos en Arthur, desafiantes.

Iván había sido uno de los alfas más temidos dentro de La Organización. Su código, 021, no era solo un número. Era una marca de los primeros en ser moldeados por los experimentos y entrenamientos intensivos. Desde joven, había sido utilizado por su genética superior y su capacidad de dominación natural. Nunca había tenido una elección real, siempre a merced de otros más poderosos que él, pero nunca había bajado la cabeza ante nadie. Esa era su mayor lucha interna: mantener el control, incluso cuando aparentemente estaba siendo controlado.

Los otros compradores solían pasar por alto a Iván debido a su actitud desafiante. Querían alfas que pudieran controlar fácilmente, alfas que cumplieran sus órdenes sin rechistar. Pero Arthur veía algo más en él, algo que nadie más parecía notar, algo que solo podía ser completado por él.

—Perfecto —dijo Arthur, firmando los documentos con la misma calma que había mostrado al seleccionarlo.

El asistente asintió, satisfecho con la compra, mientras el guardia entregaba la correa de Iván a Arthur. Iván no se movió, pero Arthur sintió el peso del desafío en su mirada. Sabía que esta sería una relación compleja, pero justamente eso era lo que había buscado. No quería un alfa sumiso. Quería un alfa dominante, alguien cuya presencia y feromonas pudieran desencadenar ese cambio que tanto ansiaba.

Mientras caminaban juntos, Arthur con la correa de Iván en su mano, una extraña sensación se apoderó de él. Siempre había imaginado que estaría nervioso en este momento, pero en lugar de eso, lo que sentía era una calma perturbadora. Iván era fuerte, poderoso, y todo en su cuerpo irradiaba peligro. Pero Arthur también sentía algo más: una atracción intensa que no podía controlar. Las feromonas de Iván ya estaban empezando a afectarlo, lo sabía, y esa era la clave de todo su plan.

—Ven conmigo —dijo Arthur, su voz apenas un susurro, mientras tiraba suavemente de la correa. Iván lo siguió, pero no por sumisión. Lo hacía porque sabía que esto era solo el principio, y en ese juego de poder, ambos tenían algo que ganar.

Arthur sabía que lo que acababa de comprar no era solo un alfa dominante. Había comprado algo mucho más peligroso, algo que tal vez no podría controlar del todo. Pero en ese peligro residía la única oportunidad de lograr lo que más deseaba: convertirse en lo que siempre había querido ser. Y si Iván era la llave para desatar ese destino, entonces estaba dispuesto a tomar todos los riesgos necesarios.

Mientras ambos salían del salón, los guardias y asistentes los observaban, algunos con respeto, otros con temor.

Fue entonces cuando apareció un alfa, sujetando con firmeza la correa de un dominante, su postura altiva y segura. La correa brillaba bajo la luz tenue, un recordatorio palpable del control que se ejercía en ese lugar. La mirada del alfa se desvió hacia Arthur, como si supiera que el verdadero espectáculo estaba a punto de comenzar. El ambiente se volvió denso con la expectativa, y la correa, un símbolo de sumisión y dominio.

Pero, ¿quién tiene el dominio?

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