La regla
Todo comenzó cuando estábamos en la prepa.
En ese tiempo la vida parecía más simple. Las preocupaciones eran diferentes: tareas, exámenes, llegar a tiempo a clases y pasar el receso con amigos. Yo estudiaba turismo, mientras que él estaba en mecánica. Aunque estábamos en la misma escuela, nuestras áreas estaban separadas y normalmente cada quien pasaba el tiempo con su propio grupo.
Ese día parecía completamente normal. Tenía un examen -o quizá un trabajo- de matemáticas. Con el paso del tiempo los detalles exactos se vuelven borrosos, pero lo que sí recuerdo perfectamente es el pequeño problema que lo empezó todo: necesitábamos una regla.
Mis amigas y yo empezamos a buscar una desesperadamente. Preguntamos en algunos salones cercanos, ya que necesitábamos tres. Una de mis amigas dijo que conocía a algunos chicos del área de mecánica, así que fuimos hasta ese edificio a preguntar. Que a decir verdad también era para perder un poco de tiempo, porque no queríamos estar en el salón.
Entrar a otro salón siempre tenía algo de extraño. Era como meterte en un territorio que no era el tuyo. Algunas personas te miraban con curiosidad, otras simplemente seguían con lo suyo.
Mi amiga preguntó si alguien tenía una regla que pudiera prestarnos.
Entre varios chicos él levantó la mano para ofrecerla.
En ese momento yo no lo veía aún, ya que mi amiga fue la que tomó la regla y nos fuimos rápidamente hacía nuestro salón.
En ese momento no pensé demasiado en él. Solo era el chico que nos había prestado algo que necesitábamos.
Después de terminar el examen, mis amigas y yo fuimos a devolver las reglas.
Fue entonces cuando pasó algo que todavía recuerdo con una mezcla de vergüenza y risa.
Cuando llegamos, le pregunté a mi amiga de quién era la regla que faltaba por entregar, ya que ellas habían entregado las otras. Ella me dijo el nombre de "Aldo".
Entré al salón y pregunté en voz alta:
-¿Quién es Aldo?
Recuerdo haberlo mirado mientras esperaba una respuesta y mis amigas reían por detrás y no entendía la razón, hasta después.
Fue ahí cuando lo vi.
Era alto. Tenía la piel morena clara y llevaba lentes que enmarcaban unos ojos color avellana. Incluso detrás de los lentes, su mirada era fácil de notar. Su cabello era castaño oscuro y tenía una apariencia tranquila, como si fuera una persona que no necesitaba hacer mucho para llamar la atención.
Había algo muy particular en su rostro que después se volvería imposible de no notar: sus cejas. Eran pobladas, negras y muy definidas. No se veían descuidadas, al contrario, le daban mucha personalidad a su expresión. Y si uno se fijaba bien, también tenía pestañas largas, algo que hacía que su mirada resaltara todavía más.
Tenía una apariencia normal, sencilla. Pero había algo en él que transmitía calma.
En ese momento que mis amigas se comenzaron a reír, yo no entendía el por qué.
Resulta que lo que había dicho, lo dije tan rápido que en lugar de sonar como "Aldo", sonó como si hubiera dicho:
-¿Quién es Saldo?
Para ellas fue lo más gracioso del mundo.
Pero en ese momento yo estaba demasiado concentrada en encontrar al dueño de la regla.
Fue entonces que él volteó.
Levantó un poco la mano y dijo simplemente:
-Yo.
Me acerqué un poco y extendí la regla.
-Te regreso tu regla. Muchas gracias.
Él la tomó y me respondió con una sonrisa tranquila.
-De nada.
Fue un momento corto. Muy simple.
Nada fuera de lo normal.
Pero mis amigas seguían riéndose cuando salimos del salón.
Yo seguía preguntándoles qué había pasado, hasta que finalmente me explicaron cómo había sonado lo que dije.
En ese momento también me reí.
Para mi había sido solo un momento gracioso dentro de un día cualquiera en la escuela.
Nunca imaginé que ese chico al que acababa de devolverle una regla terminaría siendo alguien tan importante en mi vida.
A veces las historias más importantes comienzan de la forma más simple.
No con grandes momentos.
No con declaraciones.
No con algo dramático.
A veces comienzan con algo tan pequeño como pedir una regla.
Y en ese momento, sin saberlo, yo acababa de empezar una historia que duraría un año y dos meses... pero que se quedaría conmigo mucho más tiempo que eso.
Después de aquel día, no pensé que volvería a cruzarme mucho con él.
La prepa era grande, y aunque compartíamos el mismo plantel, cada área tenía sus propios horarios, salones y espacios. Lo más normal era seguir viendo siempre a las mismas personas y apenas coincidir con estudiantes de otras carreras.
Pero las cosas no resultaron así.
Con el paso de los días, empecé a verlo más seguido en los recesos.
Todo comenzó porque mi amiga seguía teniendo contacto con algunos chicos de mecánica, así que a veces nos juntábamos con ellos durante el descanso. Al principio solo eran conversaciones simples, bromas, comentarios sobre clases o sobre cualquier cosa que pasara en la escuela.
Fue en esos momentos cuando empecé a notar más al grupo de amigos en el que él estaba.
Yo tenía una mejor amiga en ese entonces, que se juntaba mucho con nosotros. Ella pronto se comenzó a emparejar con ese chico.
No me importaba en ese momento, pues yo me estaba emparejando con uno de sus amigos del grupo.
Comenzamos a salir en parejitas del grupo, ibamos al parque, nos quedabamos más rato juntos después de la escuela, jugabamos carta o beso.
Con el paso de los días. Él y yo nos empezamos a escribir más seguido como amigos. Nos llegamos a decir que éramos los mejores amigos.
Eso causó un poco de celos -o tal vez no- en nuestras respectivas parejas en ese tiempo.
No estoy segura de si sentían amor por nosotros.
Solo recuerdo que muchas ocasiones se burlaban de la "amistad" que teníamos. Solían decir comentarios como:
-"Ay sí, los mejores amigos"
Se abrazaban entre ellos diciendo:
-"Nosotros también vamos a ser mejores amigos"
Tal vez lo hacían por burlarse de nosotros, para crear celos o las dos, no se tomaba en serio nada de lo que hacían.