IZEL

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Sinopsis

Genoa es uno de los reinos más vastos y antiguos de Eldoria. A diferencia de otros dominios donde el poder pertenece a una sola familia, el territorio vampírico está dividido entre clanes que gobiernan distintas regiones. Todos reconocen la autoridad de la Familia Russo, el linaje elegido por los dioses para gobernar. Algunos clanes son nobles guardianes de tradiciones milenarias; otros son salvajes y viven bajo la ley del más fuerte. Esa diversidad ha hecho de Genoa un reino poderoso… pero también peligroso. Durante siglos, los dioses siempre eligieron a un hombre para gobernar. Pero esta vez el destino cambia. ¿Qué ocurriría si los dioses eligieran a una mujer? ¿La sociedad la aceptaría… o ese nombramiento desataría una guerra por el poder?

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Meraki_05
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo


La caída de Eldoria

Hace muchos, muchísimos años, cuando el mundo aún estaba lleno de misterios y los dioses caminaban entre los hombres, existió un gran imperio conocido como Eldoria.

Eldoria era famoso en todas las tierras por su prosperidad. Sus campos florecían durante todo el año, los ríos corrían cristalinos entre las montañas y los jardines estaban cubiertos de flores de mil colores. Los animales vagaban en paz por los bosques y sus habitantes vivían tranquilos, convencidos de que su tierra estaba bendecida por los dioses.

Durante generaciones, Eldoria fue gobernado por reyes sabios y justos. Pero todo cambió el día en que el rey Aurelian II murió.

Con su muerte, algo en el imperio pareció morir también.

El heredero al trono, Aurelian III, ascendió al poder y, con él, llegó una sombra que cubrió cada rincón del imperio. Donde antes había vida, comenzó a crecer la miseria. Las cosechas se secaron, los ríos comenzaron a desaparecer y el hambre se extendió entre el pueblo como una enfermedad silenciosa.

El nuevo rey no gobernaba con compasión ni justicia. Era un hombre consumido por un único deseo: la inmortalidad.

Los rumores corrían entre las calles como el viento entre las hojas. Decían que el rey buscaba secretos prohibidos, que consultaba a sabios oscuros y que incluso sería capaz de sacrificar a su propia sangre si eso le otorgaba el poder de vivir para siempre.

Mientras tanto, el pueblo vivía con miedo.

Lo único que parecía protegerlos era la gran muralla de Eldoria, una enorme barrera de piedra que rodeaba el corazón del imperio y lo separaba del mundo exterior. Durante miles de años, la gente creyó que aquella muralla los protegía de criaturas monstruosas que habitaban más allá.

Así vivieron generaciones enteras, convencidas de que el rey los salvaba de horrores inimaginables.

Pero hace quinientos años, la verdad salió a la luz.

Desde los cielos, los dioses observaban el destino de los mortales. Entre ellos se encontraba Aelthira, la Diosa de la Vida, protectora de toda criatura nacida bajo la luz del mundo.

Aelthira había contemplado durante demasiado tiempo la corrupción del rey y el sufrimiento de los pueblos de Eldoria. Había visto cómo el miedo era utilizado como una cadena para gobernar y cómo la mentira había dividido a los hijos de la tierra.

Y aquella noche… la diosa decidió intervenir.

Con un solo gesto de su voluntad divina, la gran muralla cayó.

Las enormes piedras que habían permanecido en pie durante milenios se desplomaron con un estruendo que hizo temblar la tierra. El pueblo salió de sus casas aterrorizado, esperando ver a los monstruos que durante generaciones les habían descrito.

Pero cuando el polvo se disipó…

Todos quedaron en silencio.

Porque fuera de las murallas no había monstruos.

Había personas.

Seres diferentes, sí, pero no bestias sin alma. Algunos poseían miradas antiguas y sabias; otros una belleza sobrenatural que parecía nacida de la misma noche. Había quienes caminaban con la gracia del bosque y quienes tenían ojos que brillaban en la oscuridad.

Criaturas que durante siglos habían sido llamadas monstruos, pero que en realidad eran otras razas nacidas bajo los mismos dioses.

Sin embargo, el miedo sembrado durante generaciones era demasiado profundo.

Y así comenzó la primera gran masacre de Eldoria.

La sangre corrió por las calles, los gritos llenaron la noche y el odio se desató entre ambos pueblos. Durante años, humanos y criaturas lucharon entre sí, incapaces de comprenderse.

Pero con el tiempo, una verdad se hizo evidente.

No todas las criaturas deseaban la guerra.

Algunas habían sido consumidas por la oscuridad y la sed de sangre, matando por puro instinto… pero otras deseaban convivir, vivir en paz y preservar la vida que los dioses habían creado.

Fue entonces cuando surgieron los líderes que cambiarían la historia.

Cinco grandes familias, representantes de cada raza, se alzaron como guardianes de sus pueblos. Con valentía, inteligencia y sacrificio, decidieron unirse para destruir a aquellas criaturas que solo buscaban la muerte y traer equilibrio al mundo.

Cuenta la leyenda que, tras años de guerra, estas familias lograron poner fin al caos.

En reconocimiento a su valor, Aelthira, la Diosa de la Vida, y su hermana Selmara, la Diosa de la Luna, descendieron para bendecirlos.

La diosa lunar marcó a cada familia con un símbolo sagrado: la Marca Lunar.

Un tatuaje que aparecería en el cuerpo del futuro líder de cada linaje al alcanzar la mayoría de edad, señalando quién estaba destinado a guiar a su pueblo.

Así nacieron los Cinco Dominios, donde cada raza gobierna su propio reino.

Familia Smith — GigantesDominio: Barza

Familia Smirnov — ElfosDominio: Luzbel

Familia Montessori — BrujasDominio: Atlas

Familia Schneider — LobosDominio: Celan

Familia Russo — VampirosDominio: Genoa

Pero por encima de todos ellos existía un linaje aún más antiguo.

Una familia bendecida directamente por la sangre de los dioses.

La Familia Real Montear, descendientes de Aelthira, portadores de un fragmento de la divinidad en sus venas.

Desde la Capital de Ruman, en el corazón del Imperio de Eldoria, el emperador de la Casa Montear gobierna y mantiene el equilibrio entre todos los reinos.

Aunque cada raza protege su propio territorio, todas reconocen la autoridad del imperio y la protección de la familia imperial.

Desde entonces, las antiguas tradiciones se repiten.

Cada cien lunas llenas, los dioses eligen a los nuevos herederos de cada reino. Cuando esto ocurre, la Marca Lunar aparece sobre su piel y, por un breve instante, sus ojos brillan con una intensa luz dorada, como si la luna misma habitara en su mirada.

Después, los elegidos deben viajar hasta Ruman, donde se presentan ante el emperador y ante los guardianes del Templo Lunar, quienes confirman el destino de cada uno.

Durante siglos, este ritual ha mantenido la paz entre las razas.

Así terminó la gran guerra…

O al menos, así lo cuentan las historias.

Durante quinientos años, los reinos han vivido bajo el mismo imperio, guiados por los elegidos de los dioses y protegidos por el equilibrio que mantiene la Casa Montear.

Muchos creen que la paz finalmente llegó a Eldoria.

Pero entre los textos más antiguos del Templo Lunar aún se conserva una advertencia que pocos se atreven a repetir.

Las crónicas hablan de un ciclo distinto a todos los demás.

Un momento en el que los dioses elegirán a un heredero diferente, uno cuyo destino cambiará el equilibrio de todos los reinos.

Algunos dicen que traerá una nueva era.

Otros… que será quien provoque la caída de todo lo que existe.

Nadie sabe cuándo sucederá.

Ni quién será el elegido.

Solo se sabe que, cuando ese día llegue, la marca aparecerá donde jamás ha aparecido antes, y los ojos del elegido brillarán con la luz dorada de la luna.

Y cuando eso ocurra…

la historia de Eldoria cambiará para siempre.

Porque incluso después de quinientos años, algunos aún susurran en la oscuridad que el mal que una vez devoró este reino nunca desapareció realmente.

Solo está esperando…

el momento perfecto para despertar otra vez.