Chapter 1
“Cuando esto comenzó, nunca imaginamos que las historias de todos se verían enredadas entre los dedos del destino”.
MÉXICO 1909
— ¡Arlet! Por última vez, por favor, deja de tomar mis libros de política. Son muy importantes y tú solo juegas a ser un adulto –
— Lo siento mucho papá, pero si tú vieras el sufrimiento de la gente seguro me-
— ¡Nada! Basta de tus ideas absurdas, ¿crees que tus ideas podrán cambiar ente país corrupto?–
— Sé que sí lo intento –
— Por favor, una mujer no puede entrar en un mundo como este. A sí que vuelve a tus lecciones de etiqueta y deja de meterte en asuntos que no te corresponden –
Arlet una chica de 17 años de padre mexicano y madre española, se encuentra viviendo en el país de su padre, pero las condiciones en que se encuentra la patria han provocado que Arlet se interese por aprender más sobre política, y como proteger a su patria. Tras la llegada de la señorita, la mansión de la familia se ha convertido en un constante ir y venir.
La vida de muchas personas dependía de las decisiones que el soberano pusiera sobre la mesa, la tierra, que con anterioridad fue considerado un regalo sagrado ahora estaba siendo usada con el único fin de enriquecer al injusto.
— María, por favor no le digas a papá que entre a su estudio. Sabes lo mucho que se molestaría– dijo tomando un libro de un grosor exagerado entre sus manos.
- Señorita, ¿Por qué sigue haciendo esto? –
- Por qué... — Divague en mi respuesta, la palabra “por qué” siempre me había causado conflictos internos, pero... que puedo yo hacer si gran parte de mi vida estuvo sujeta a esa palabra, pero ahora la llama de la curiosidad ardía con intensidad y no estaba dispuesta a cambiar mis ideales. – simplemente, quiero aprender más, y prepararme para cuando se necesite de ese conocimiento. –
- Señorita, ¡tiene razón! Esta pobre vieja, piensa apoyarla en lo que usted quiera. No se preocupe por nada, no le diré ni una palabra al señor-
— ¡Te lo agradezco mucho! -
Los días pasaban y me escabullía al estudio de papá, era fácil fingir que estaba en mis lecciones de piano, cuando en realidad me la pasaba formando ideas que en algún momento tendrían su oportunidad de ser usadas. Transcurría la primavera de 1910 para ser exacta el mes de abril, recuerdo claro aquel hecho atroz que marco en mi mente que la desigualdad es el parásito más grande con el que lidia el ser humano.
Abril de 1910
- María las manzanas se ven muy dulces y sabrosas- que tranquilo día, es perfecto para dar un paseo, Pensó Arlet poniendo una sonrisa en su rostro. De repente gritos y disturbios interrumpieron la paz que había en el lugar, El entorno emanaba que algo malo iba a pasar.
- ¡Detengan a esa rata! – gritaba un hombre en ira.
- ¡Me han robado! – gritaba otro hombre con más fuerza.
- ¿qué estará pasando ahí? - mi voz temblaba, sentía que mi corazón me gritaba que saliera de ese lugar, pero ya era tarde. A lo lejos se podía observar a un par de niños que eran perseguidos por unos mercaderes, su apariencia hablaba por sí sola, sus ropas estaban rotas y no tenían zapatos, su cuerpo parecía estar hecho de papel, papel que en un abrir y cerra de ojos se podría romper. Ellos traían en sus manos un par de manzanas y un bolso pequeño. De la nada uno de los niños tropezó y el contenido del bolso quedo regado en el suelo, el otro niño corrió a su auxilio, pero fue atrapado por uno de los comerciantes quien gritaba …
- ¡sucio niño, como te atreves a robarme! – la mirada del hombre parecía devorar al pequeño, quien solo lloraba e intentaba soltarse del agarre del hombre.
- ¡Perdóneme, señor, por favor! Mi mamá está enferma y no ha probado bocado- decía entre lágrimas de desesperación, el pequeño estaba de rodillas en el piso suplicando perdón.
- Suelte a mi hermano, por favor, él no tiene la culpa de nada, fui yo quien robo la comida, ¡suéltelo por favor!
Señorita, hay que salir de aquí, el lugar parece peligroso – dijo mientras sujetaba con fuerza la muñeca de Arlet.
La chica mordía el interior de sus labios, no podía soportar la crueldad con la que trataban a unos niños que cuyo error solo fue tomar un poco de comida para su mamá.
- María debo hacer algo, esos pobres niños corren peligro- dijo mientras intentaba soltar su mano.
Los niños en unos instantes se encontraban sometidos en el piso, aquellas personas reían a carcajadas mientras maldecían la pobreza de aquellos pequeños, uno de los niños tomo la mano de aquel que se encontraba a su lado, se acercó con lentitud y le dijo al oído ...
- Corre tan lejos como puedas y no mires atrás, cuida de nuestra madre – su voz era débil, pero su mirar demostraba una gran determinación.
- Huye conmigo, no me dejes solo – decía entre sollozos el menor de los niños.
De manera sorpresiva el mayor se puso de pie y abrazo con fuerza al hombre para ganar tiempo y de esta manera darle la oportunidad de escape a su hermano.
- ¡María ayuda al niño! – grito Arlet quien sin dudar corrió al auxilio del pequeño que se encontraba en apuros.
La niñera ayudó al primer de los niños que salió despavorido, lo abrazo y lo escondió entre su regazo, sin embargo, en el mercado un estruendo se hizo notar el hombre quien estaba siendo sometido por aquel valeroso infante, saco un arma y sin piedad acabo con la vida de un indefenso niño. Las personas miraban atónitas el cuerpo de aquel pequeño que yacía en el piso.
Arlet corría en dirección de la multitud, cuando llego vio con tristeza aquella trágica escena y todo en ella ardía en furia, la injusticia y la crueldad sacudió su alma y con asombro escucho los comentarios de aquellos malhechores.
- ¡La clase obrera no debe tocar a alguien como yo, son una basura! – dijo en burla aquel hombre que acababa de asesinar a un inocente.
- Ja, ja, ja eres tan cruel, que incluso yo te tengo miedo, pero mira que matar a un niño por unas tontas manzanas – fue interrumpido por el grito de la chica
- ¡ASESINOS! ¡SON UNOS MISERABLES ASESINOS! – grito con fuerza y exclamo con voz potente – ¿Cómo PUDIERON?
El grito resonó con un fuerte eco, los expectantes miraban asombrados a aquella chica, pero aquel hombre observo con furia a la chica, quien con lentitud se acercaba al cuerpo del niño sin vida. Arlet cuyos ojos expresaban odio y repulsión, se acercó al pequeño, cerro sus ojos y con delicadeza lo tomo en sus brazos. La extrañeza en el mirar de los hombres era innegable, la acción que estaban presenciando les parecía algo extraño, pero...
- Escorias como ustedes no merecen vivir – menciono Arlet, sus palabras taladraron todo a su alrededor. Pero poco le importaba el qué dirán. Uno de los hombres tomo a Arlet por el hombro y deteniéndola en su caminar le dijo
- ¡Niña insolente quien te crees que eres para hablarme de esa manera! – mordía su boca del coraje.
- Me considero mejor persona que tú – dijo Arlet quien salió del lugar con la frente en alto. Camino unos pocos pasos y pudo ver a su Nana, quien todavía abrazaba al niño.
- Señorita Arlet ¿se encuentra bien? - Cubría los ojos del menor para que no viera el trágico destino que azoto a su hermano.
- Nana, podrías adelantarte a la mansión y llevar al niño contigo –
- Claro que si señorita, le espero en casa, por favor tenga cuidado esos hombres parecen peligrosos-
- Sí, no te preocupes, solo voy a llevar a este pequeñito a un sitio para que descansase – con descanso, Arlet hacía alusión al sepulcro para aquella alma inocente. Arlet camino hasta el cementerio más cercano y cuando llego pidió que prepararan un punto adecuado, el encargado acepto la petición y unos minutos después el niño había sido colocado en un nicho, ahora su alma podrá descansar en paz.
De regreso a su casa, Arlet vio a las afueras de la mansión al hermano menor de aquel ahora ángel, y cuando lo miro su corazón se conmocionó por cómo explicarle al infante la tragedia que le arrebato la vida a su hermano.
- Hola... uhm ¿Qué haces aquí afuera? – pregunto Arlet con un tono de melancolía.
- Hola, señorita, espero a mi hermano dijo que vendría por mí –
- Pequeño niño, ¿Cuál es tu nombre? -
- Me llamo Agustín, pero ¿Cómo te llamas tú? – pregunto el niño con curiosidad
- Yo me llamo Arlet, ahora dime ¿Cómo se llama tu hermano? –
- Mi hermanito se llama Damián, y ¿tú sabes donde está él?
Me duele ser yo quien tenga que dar esta triste noticia, pero este niño debe saberlo si no las cosas pueden salir mal. Pensó Arlet cuando recordó las palabras que le dijo su padre cuando era una niña.
- Agustín, ¿crees en los Angelitos? – la manera menos dolorosa es explicar que dios se llevó a su hermanito y que ahora se convirtió en un bello angelito.
- Sí, los ángeles existen, son buenos y están con diosito- menciono el niño con alegría y pureza.
- Bueno, verás tu hermanito se ha convertido en un angelito y ha ido a ver a diosito a una tierra maravillosa- dijo con la voz cortada, era la primera vez que ella decía esas palabras y su alma se desquebrajaba.
- Eso que dices... significa que mi hermanito esta... - lágrimas comenzaron a brotar de sus pequeños ojos hasta qué.
- Si Agustín, tu hermanito se ha convertido en un angelito que te protegerá desde el cielo- cada palabra hacía que su pecho doliera al grado en que comenzó a llorar.
Arlet abrazo con fuerza al niño, quien no paraba de llorar, en su mente solo estaba el horrible momento que vio el cuerpo sin vida de aquel infante. Y como esto ha detonado en ella el sentimiento de odio y asco hacia la clase que se dice “superior” quería luchar en el bando de la justicia. Poco después el niño se quedó dormido de tanto llorar y Arlet, entro en casa esperando el típico regaño de su padre. Estaba lista para cualquiera de aquellos reproches.
- ¡vaya hora de llegar! – menciono el padre con el ceño fruncido.
- Papá, ¿podemos hablar en tu estudio?, por favor. Primero déjame llevar a Agustín a un lugar cómodo para que pueda dormir tranquilo- dijo con un tono sereno y amoroso
El padre de Arlet parecía desconcertado, nunca había visto ese comportamiento en su hija. Le parecía que algo había pasado, pero prefirió esperar paciente a que su hija apareciera en dicho lugar. Tomo su pipa y mirando una fotografía que estaba encima de la mesita, suspiro y se dispuso a fumar, de repente llamaron a la puerta y con tranquilidad dijo.
- Adelante hija – poso su pierna derecha sobre la izquierda, mientas miraba con detenimiento el rostro de su única hija.
- Buenas noches, papá, lamento llegar tarde y preocuparte – dijo con la cabeza agachada, pues no sabía cómo iniciar una conversación.
- No te preocupes, me alegra que ahora estés en casa y que nada malo haya pasado. Ahora dime, de que quieres charlar –
- Hum... la verdad es que no es fácil, pero... - Arlet respiro profundo y comenzó a narrar todo lo sucedido en el mercado, le explico a su padre las circunstancias en las que ayudo al pequeño Agustín y como unas personas inhumanas asesinaron al hermano de aquel niño, el señor Arturo, sorprendido por lo que su hija estaba contando, descubrió que el parecido entre su difunta esposa. Él solo se limitó a fumar y después de un profundo silencio, Arlet termino la charla de una manera inesperada.