EMPIRE OF DESIRES

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Sinopsis

En una ciudad donde el poder y la riqueza dominan, el deseo puede ser tan peligroso como irresistible. Livia Santoro creía conocer las reglas, hasta que Dante Moreau entró en su vida, reclamándola de maneras que la dejaron temblando de necesidad. A medida que las pasiones prohibidas se encienden, las rivalidades estallan y los secretos amenazan con desmoronar su mundo, rendirse a la tentación puede ser el único camino hacia la plenitud absoluta.

Estado:
Completado
Capítulos:
40
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5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1 Forbidden Glance

La ciudad brillaba como oro líquido bajo las luces de neón. Cada rascacielos era un símbolo de riqueza, poder y tentación. En medio de ese paisaje deslumbrante, Dante Moreau se movía entre la multitud con la soltura de alguien acostumbrado a mandar. Todos los ojos parecían seguirlo, no solo por sus trajes elegantes o su paso seguro, sino por ese aura de peligro y deseo que se le pegaba como una segunda piel.

Livia Santoro observaba desde el balcón del ático. Tenía la invitación en la mano y le temblaban ligeramente los dedos. Las fiestas de Dante eran legendarias. Eran una mezcla embriagadora de alta sociedad, rumores de escándalo y noches donde las inhibiciones caían una a una. Había recibido el sobre dorado esa misma tarde, sellado con el emblema personal de Dante, y supo de inmediato que asistir a esa fiesta no era una elección social, sino una orden.

En cuanto entró al salón de baile, el ambiente cambió. Los murmullos la siguieron como un rastro de fuego. La oscura mirada de Dante se clavó en ella desde el otro lado de la sala. Su pulso se aceleró. Había algo en su forma de mirarla: algo intenso y posesivo, como si pudiera ver a través de las capas que ella usaba para protegerse.

«Llegas tarde», dijo él cuando ella se acercó. Su voz era grave, suave y con un toque de autoridad. «Y no me gusta esperar».

«Quería hacer una entrada triunfal», respondió ella. Tenía el corazón latiendo a mil y sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa desafiante.

Dante la recorrió con la mirada; el hambre y la admiración brillaban en sus ojos. «Siempre sabes cómo cautivar», murmuró. «Y esta noche... pretendo mostrarte el poder que tiene el deseo».

Cada centímetro de su cuerpo reaccionó por instinto. El aire entre ellos se sentía denso y cargado. Era como si la fiesta hubiera desaparecido de fondo, dejando solo la atracción, la tensión y promesas que no hacían falta decir.

Dante extendió la mano y, sin dudarlo, Livia puso la suya sobre la de él. El contacto fue eléctrico y le recorrió la espalda, encendiendo una llama imposible de ignorar. «Sígueme», dijo él con voz baja y autoritaria.

Se movieron entre la multitud, sin que nadie los notara, hacia una terraza privada con vistas a la ciudad. El aire nocturno estaba fresco y le rozaba la piel, pero la presencia de Dante hacía que todo se sintiera como fuego.

«No sabes dónde te estás metiendo», dijo él con la mirada intensa. «El deseo es un juego peligroso. Una mirada, un toque... y ya no hay vuelta atrás».

«Nunca le he tenido miedo al peligro», susurró ella acercándose un poco más. «Y no pienso empezar ahora».

Los labios de Dante se curvaron en una sonrisa oscura y de aprobación. «Bien», murmuró. Sus dedos rozaron los de ella en un toque fugaz y deliberado. «Porque esta noche... el imperio del deseo reclama a todo el que entra».

Las luces de la ciudad se extendían infinitas bajo ellos, pero aquí arriba, en la terraza, solo estaban los dos. Cada respiración, cada mirada y cada centímetro de espacio entre ellos vibraban con tensión, promesas y el encanto embriagador de la rendición.

«Debes saber algo», dijo Dante acercándose más. «No comparto lo que es mío. El deseo... una vez reclamado... es mío. ¿Entiendes?»

«Sí», susurró ella con el corazón acelerado y el pulso a mil. «Completamente».

En ese momento, con la ciudad extendiéndose a sus pies y la noche llena de tentación, Livia se dio cuenta de que la noche apenas empezaba. Y también se dio cuenta de que el imperio que Dante gobernaba era uno al que ella podría rendirse voluntariamente.