La sanadora de las sombras

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Sinopsis

"En un ducado donde la luz de luna es un privilegio y las sombras tienen vida propia, una joven con el poder de cerrar heridas busca un refugio para su alma cansada. Expulsada de su pueblo natal tras una traición llena de celos y odio, regresa con la intención de vivir en paz, bajo sus propias reglas. Sin embargo, su don es demasiado valioso para pasar desapercibido. Cuando el enigmático Duque de las Sombras, un hombre maldito por una frialdad eterna, descubre su existencia, le propone un trato que ella no puede rechazar. Ella debe sanar un linaje que se apaga; él debe protegerla del pasado que la persigue. En un mundo donde la magia es un secreto y el amor es un riesgo mortal, ella descubrirá que algunas sombras no solo ocultan monstruos... también pueden ocultar la verdad."

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Autora.M.S.D
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1: El Límite de la Memoria

La carretera de piedra se abría ante mí como un camino hacia lo desconocido. Me detuve justo en la entrada del pueblo, donde el aire ya olía al dominio del Duque. Mis ojos, negros como la noche, recorrieron el horizonte. Mi piel morena clara se sentía firme bajo la luz del día; ya no era la piel de la niña que agachaba la cabeza.

Miré hacia atrás, hacia el camino por el que una vez me obligaron a huir, y el recuerdo me golpeó con la fuerza de un rayo.

Me vi a mí misma tirada en el barro, con la risa burlona de Gumersindo resonando en mis oídos. Me habían echado como a un animal porque me negué a ser su amante, porque mi dignidad valía más que sus favores. Recordé el peso del estiércol de caballo que su esposa, ciega de celos, volcó sobre mi cabeza mientras el pueblo me escupía. A pesar de ser huérfana, de haberles servido desde niña haciendo todo tipo de labores y de haberles entregado mi magia de sanación para que ellos cobraran fortunas a mi costa, me trataron como basura.

Apreté los puños. Sentí el calor de mi don en las palmas de mis manos, ese poder que tanto les enriqueció y que tanto me agotó.

—Ya no más —susurré para el viento—. Ya no soy esa niña huérfana a la que pueden obligar.

Había sufrido suficiente. Había limpiado suficientes suelos y curado suficientes heridas ajenas mientras las mías seguían abiertas. Me merecía una vida nueva, una vida donde mi cuerpo y mi magia me pertenecieran solo a mí. Me merecía ser feliz, y no iba a pedir permiso para ello.

Volví la vista hacia el frente, hacia el pueblo del Duque. Ajusté mi ropa, que aunque sencilla, resaltaba las curvas de mi cuerpo con una dignidad que ninguna humillación pudo quitarme.

—Aquí es donde comienza mi nueva historia —sentencié con voz clara—. Esta vez, voy a escribirla yo.