El comienzo
—Enderézate, aún no hemos terminado —dijo una silueta borrosa. Una de las cosas que más me sacan de quicio es esa frase; me sentí mareada mientras me incorporaba. Sin embargo, Kol parecía entusiasmado, sonreía de oreja a oreja, haciéndose ver todos sus dientes.
—Eres un imbécil, Kol—dije. Mientras me pasaba otra espada. Esta parecía más pesada que la anterior. Kol era un experto con espadas; siempre que tiene tiempo libre, está practicando, por eso siempre quiere entrenar con esta. —Si me ganas esta vez, te dejo elegir el arma para la próxima lección —anunció Kol con una risa seca. —Bueno —alargué la palabra jadeando— Empecemos.—Miré más allá de los ojos de Kol y pensé si la puerta estaría tan lejos como para llegar corriendo. No. Debía intentarlo al menos; Kol hizo una mueca cuando se dio cuenta de lo que estaba pensando. Sujeté la espada con fuerza con mis dos manos y asesté el primer golpe; Kol lo esquivó con una gracia admirable y me lanzó una estocada rápida. Perdí el equilibrio y mis músculos se tensaron; maldecí por el piso de madera tan liso que me hizo pensar en que si Kol le había puesto algo a sus botas para estar tan rígido. Intenté amortiguar el golpe que dio; sentí cómo mis brazos temblaban al agarre. Mi espada se resbaló de mi mano, haciéndome estremecer por el ruido metálico contra el piso. —Gané —declaro en tono burlón—Así vas a perder siempre si dudas cuándo lanzar el golpe —me escaneó con la mirada. —En serio, Kol no sirvo para la espada, pero si la próxima la hacemos con arco, te aseguro que no voy a dudar—siempre fui buena con el arco en sí; la espada era un arma que no llegaba a comprender.
—Bueno, pero solo esta vez te la dejo pasar. —Asentí mientras caminaba hacia las sillas de madera con unos cojines color esmeralda que había en el fondo del salón; el aire se sentía pesado y advertí una mirada; Kol me seguía desde atrás para guardar las espadas en el armario de metal con varias armas de distintos tamaños, filos y colores. —Necesito que hablemos—anuncio. Me reí por el cambio de humor tan repentino, pero todo lo gracioso se esfumó de su cara cuando adoptó su pose de querer hablar temas serios, los pies bien clavados en el suelo, con la espalda recta y los brazos cruzados, haciéndose ver que era más alto que yo, a pesar de ser mellizos. —Dentro de dos días es el cumpleaños de nuestra hermana —dijo casi susurrando. —Sé que no te gusta hablar de esto, pero padre me pidió —se hizo un silencio largo. No respondí; yo nunca hablé con nadie sobre ella y parece que se me está empezando a notar. Me senté en la silla y empecé a jugar con las costuras de dibujos de flores del almohadón. —Por favor, Ivy, habla conmigo. —Se arrodilló frente a mí para quedar a la misma altura. Se me hizo un nudo en la garganta y lo único que pude formular fue algo que siempre digo: —No puedo. —me mordí el labio para que mi boca no me traicione. Se me llenaron los ojos de lágrimas y parpadeé varias veces para eliminar esas gotas que siempre amenazan. Kol agarró mis manos sudorosas por el entrenamiento. —Ivy, no te culpes, te lo veo en la mirada. No fue tu culpa, basta, por favor.—suplico —No.—Aclaré. Kol suspiró, sabía que había arruinado un momento—Bueno, te veo en la cena. —Se levantó y se fue caminando lento como si yo fuera a cambiar de opinión y empezar a hablar. Nunca le ocultaba nada a Kol, era mi mellizo y mi mejor amigo, pero esto me dolía tanto que nunca lo pude hablar con nadie.
Se escuchó el clip en la puerta y me sentí liviana, como si ese sonido me hubiera sacado de mis pensamientos. Me fui directo a mi habitación, deseando no encontrarme con alguien. Los pasillos son silenciosos pero iluminados; siempre me dan escalofríos. Mi habitación queda en el ala oeste; toda mi familia habita en esa ala. A mí me gustaba porque tienen túneles secretos en cada habitación que dan en todo el castillo; siempre me llamaron la atención, pero hoy no sería día de explorarlos. Hoy mi padre volvió de hacer alianza con el reino Frozthal, un reino tan frío como sus habitantes. Me reí por la estupidez que pensé, si ellos literalmente son de hielo. Crucé el último pasillo y llegué a la puerta de mi habitación.
—Buenas noches, princesa— dijo el guardia leal a mi madre. Arrugó la nariz por verme cómo estaba transpirada. Llevaba el uniforme de la guardia real y una espada en su cintura, lo que mas destacaba era el logo del reino, un corazón atravesado por una espada. —Buenas noches, Cris —Le dediqué una sonrisa forzada. Me frené en seco antes de entrar. La llamativa puerta siempre me sorprendía; era de color negro y en el centro tenía mi nombre grabado con color amatista por mis ojos. Mi padre me la regalo cuando era niña. Empuje la puerta y percibí un olor a lavanda y ropa limpia
—Ivy, ya está su vestido y el baño preparado. —Di un respingo cuando oí una voz porque no me esperaba que todavía estuviese Britta, mi doncella personal y también mi amiga de confianza. Nos conocemos desde que tenía cuatro años; ella es dos años mayor, pero siempre nos llevamos bien. —Bien, gracias, Bri. —Ella asintió y se fue de la habitación; otro clip sonó. ¿Que todas las puertas hacen ese sonido?
Me dirigí al baño y me ocupé de mis necesidades. Me puse mi bata blanca, brillante como las perlas; me pregunto de qué tela será porque me fascina.
A veces me gustaría ser doncella, siempre me gusto coser los vestidos o hacer peinados. Habitualmente Britta me deja estar en el taller y arreglarme sola. En esta ocasión mi cabello era un desastre cuando vi mi reflejo, difícil de tratar como mi rostro… No se podía decir mucho, no era tan agradable como el de las princesas de los otros reinos; aveces pequeños puntitos marrones sobre mi nariz y mejillas lo arruinan.
Me quedé unos minutos observándome y me acordé de que tenía que vestirme. Me recogí el cabello en un moño con algunos mechones sueltos; el vestido que eligió Britta era de la misma tela de la bata; era suelto, pero se amoldaba a mi figura. Las mangas me llegaban hasta los codos, algo incómodo, pero elegante.
Me dirigí a la puerta donde estaba esperando el guardia. —Cris, ya estoy así me acompañes— me salió con un tono muy suave; raramente hablaba así. —Perfecto princesa.
Llegué a la cena y vi a mi madre con un vestido zafiro ceñido a la cintura con una capa a juego y unos guantes de la misma tela que mi vestido. Siempre tenía su corona, como también me hacía pensar si era muy pesada. Incrustada con diamantes bordo y las puntas tan filosas como si te pudiera picar. Estaba con una expresión de desagrado por la comida que habían servido, carne con frutos secos, una de las comidas más extrañas de todos los reinos.
Tomé asiento al lado de Kol, quien miraba con curiosidad. Sus ojos color zafiro, como el vestido de mi madre, destacaban con la iluminación. —Llegas tarde, hija, tu padre te estaba esperando. Dijo que no iba a poder hablar hasta que estuvieras presente —dijo con un tono aburrido— Oh, perdón, madre, no volverá a ocurrir—mentí. Siempre volvía a llegar tarde; mi promesa no es más que una falsa. Padre entró a la sala con su armadura y una mirada alegre. —Queridos hijos, tengo que anunciarles nuestra alianza con el reino Frozthal. —Anunció—Por favor, todos los guardias y mucamas, se pueden retirar —hizo un gesto con la mano. Sé escucharon varios pasos antes de que abran las puertas para quedar en completo silencio.
Padre, tomó asiento en su trono de cristal; Kol, miraba con más curiosidad con cada segundo que pasaba, se aclaró la garganta antes de hablar. —Padre, me alegra que hayas hecho una alianza, ¿pero puedo tomar el atrevimiento de preguntar cuál es? — Padre asintió mientras cortaba un trozo de carne—Según tengo entendido, eres muy amigo de la princesa Crystal — dijo como si le estuviera contando un cuento a un niño. A pesar de ello, Crystal no era mi persona favorita; a veces era un poco fastidiosa. Nunca entendí por qué mi hermano y mi madre eran tan cercanos, siempre que preguntaba, me respondían que la tenía que conocer un poco más. —Hijo mío, te conseguí una esposa—declaro muy emocionado. Me atragante con los frutos secos en cuanto termino de pronunciar esas palabras; vi de reojo a Kol y estaba con mi misma cara de asombro; madre abrió los ojos como platos. Cuando padre vio que ninguno respondió, tragó saliva —Vamos, Kol es una muy buena chica y, aparte, tenemos acceso directo a su reino; riquezas incluso nos protegen de futuras amenazas. —Nos miró a ambos antes de seguir hablando. —también estuve pensando en que Evelyn se puede casar con algún duque como thio del reino de Hitze.