Hermanas de leche (Jikookgi)

Sinopsis

Yoongi y Jimin crecieron juntos, siendo criados prácticamente como princesas. Lo que querían, se los daban. Compartían departamento, clases, ropa, accesorios. Y si tenían antojo, hombre. -Ey Jimin, ¿ya viste a ese chico? Yoongi señaló a un chico claramente más joven que ellos. Alto, musculoso, perfil serio, con la ceja y labio perforado. Pero lo que atrapó su atención fueron los tatuajes que se asomaban en su cuello. -¿Y si lo llevamos a casa?-Pregunto Yoongi, mordiéndose el labio. -Acepto, hoy tengo ganas de compartir contigo.

Genero:
Erotica
Autor/a:
yoon-gichi
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Única parte

Yoongi y Jimin eran originarios de Seúl, hijos de los más grandes empresarios, dueños e inversionistas de Samsung.

Se criaron practicamente juntos. Mismas escuelas, mismas clases y sobre todo, mismo ambiente.

Si ellos querían algo, solo bastaba para hacer un puchero a papi y enseguida obtenían lo que quisieran.

—Pa, Namjoon otra vez me rechazó—lloriqueó Yoongi—Dile que me invite a salir.

—¿Se atrevió a rechazar a mi hijo?—suspiró su padre, indignado—Ahora mismo le digo que venga a mi oficina.

Yoongi sonrió y salió de la oficina de su padre, caminando a la suya. Aún no tenía la edad ni la preparación para comenzar a liderarla, pero era hijo de un gran inversionista. Nadie le decía que no.

Incluso Namjoon, porque bastó una sola llamada de su padre para que ahora lo tuviera detrás suyo, embistiéndolo.

—Eres un maldito niño de papi—murmuró Namjoon, penetrando con más fuerza a Yoongi.

—¿Eso crees?—preguntó entre gemidos, apoyando su pecho sobre el escritorio—¿Y por qué me estás cogiendo así?

—Cállate—gruñó, dándole una nalgada.

—Mmmg—jadeó—No puedes decir que estás siendo forzado. Solo admite que llevabas días con ganas de cogerme.

Namjoon lo tómo del cabello y lo jaló hacía atrás, provocando que levantara más su trasero y su miembro golpeara con precisión su próstata.

Así como era con Yoongi, era con Jimin.

Su padre era el dueño de Samsung, lo que lo convertía a él en prácticamente la princesa de Corea.

A donde fuera, era bien recibido. Con solo una mirada en las tiendas departamentales más caras, ya sabían que quería comprar todo.

Jamás había escuchado un “No”. Y con los hombres no era la excepción.

—¡Oh Dios, Tae!

Jimin gimió, aferrándose con su vida a la gran espalda del guardaespaldas de su padre.

—Cállese joven Park—gruño Tae, levantándolo en brazos y pegándolo a la pared—Van a descubrirnos.

—¿Y no crees que nos escucharán?—jadeó—Estamos en el maldito ascensor.

—Usted me provocó.

Jimin sonrió y volvió a gemir cuando sintió como lo penetraba con mayor fuerza y profundidad.

—Siempre supe que tenías un gran dote entre las piernas—susurró contra su oído—Anda Tae, haz que hyung gima para ti.

Cada quien tenía su propio hombre en la oficina, pero fuera de ahí, se daban el lujo de compartir.

—Ey, Jinnie hyung—lloriqueó Yoongi—Deja de hacerme sufrir así, por favor.

—Aún no cariño—jadeó—Es tu castigo por ambicioso.

Jin tenía a ambos en cuatro sobre la cama, pero en estos momentos penetraba con rudeza a Jimin, quien tenía la cara empapada de lágrimas por el placer.

Yoongi había intentado masturbarse, pero Jin lo descubrió. Así que su castigo fue penetrarlo con un vibrador mientras esposaba sus muñecas por detrás de su espalda.

—Por-por eso debes hacerle caso al profesor—habló Jimin, entre gemidos—¿Verdad, Jin hyung?

—Así es—susurró Jin, apretando entre sus manos la pequeña cintura de su alumno—Ya saben que si no obedecen, hay castigo.

Se había convertido en una rutina coquetear con hombres mucho más grandes que ellos.

Si uno los rechazaba y les gustaba mucho, bastaba con decir sus apellidos para convencerlos.

Su lugar favorito para atrapar hombres, era el antro.

Yoongi estaba apoyado contra la barra con un vaso de algo demasiado dulce, observando a Jimin bailar en medio de la pista como si el lugar le perteneciera. Las luces de colores le pegaban en la cara y hacían brillar el gloss de sus labios.

—Te juro que si hoy no beso a alguien, me muero —gritó Jimin cuando regresó, agitado.

—Drama queen—murmuró Yoongi, rodando los ojos.

Pero entonces lo vio. Al otro lado del lugar, cerca de la mesa de billar, había un hombre jodidamente caliente.

Alto, moreno, musculoso con los brazos llenos de tatuajes que se asomaban debajo de la camiseta negra. Un piercing en la ceja y otro en el labio. Tenía cara tan bonita que parecía ilegal.

Yoongi gimió al verlo y le dio un codazo a Jimin.

—Mira a las doce.

Jimin giró la cabeza, se quedó congelado.

—No mames Yoon—se cubrió la boca—Está delicioso.

—¿Verdad que sí?

Los dos se quedaron mirándolo unos segundos más, como depredadores evaluando a la misma presa. Luego Jimin sonrió, esa sonrisa peligrosa que siempre significaba problemas.

—Hay que llevarlo hoy con nosotros, y tengo un plan.

Yoongi arqueó una ceja y le dio un trago a su vaso.

—Habla, te escucho.

—Primero voy yo—lo miró—Coqueteo para ver si le gusto. Luego me voy... —Jimin tomó un sorbo de la bebida de Yoongi—...y llegas tú.

Yoongi soltó una risa y asintió.

—Somos unos descarados.

—Somos eficientes.

—Suerte —dijo Yoongi.

Jimin caminó hacia el chico con toda la seguridad del mundo.

Yoongi observó desde la barra mientras se arreglaba el labial. Había besado a un par de chicos minutos antes y parecía que querían comerselo. Lástima, hoy solo era noche de compartir.

Vio cómo Jimin se acercaba, decía algo, sonreía. El chico lo miró de arriba abajo y luego sonrió también.

—Creo que si está interesado—murmuró para sí mismo.

Hablaron, rieron, y después de un par de minutos, Jimin se inclinó y le susurró algo al oído. El chico soltó una carcajada.

Cuando Jimin regresó, estaba brillando de emoción.

—Le gusté.

—Fue obvio, te estaba comiendo con la mirada.

—Pero... —Jimin señaló discretamente hacia Yoongi— también te estuvo mirando.

—¿Enserio?—mordió su labio.

—Mucho—Jimin se inclinó hacia él—Tu turno.

Yoongi dejó el vaso en la barra y caminó hacia la mesa de billar.

Cuando se acercó, el chico levantó la vista.

De cerca era peor. Más guapo, más grande, más peligroso. Y estaba seguro que no fallaría en el tamaño, ya quería comprobarlo.

—¿Te robé a tu amigo?—preguntó el chico, con una sonrisa torcida.

Yoongi se encogió de hombros, provocando que la chaqueta rosa bajara por sus brazos, dejándo al descubierto sus clavículas blancas.

Siempre funcionaba para atrapar miradas, y este chico no fue la excepción. Sus ojos bajaron apenas un segundo y volvieron a subir.

—Venimos en paquete.

El chico soltó una risa baja, apoyándose contra la mesa de billar con toda la calma del mundo.

—Eso explica algunas cosas.

—¿Como qué?

El chico inclinó ligeramente la cabeza hacia la pista de baile. Jimin estaba mirándolos mientras bailaba con un chico.

—Como que tu amigo no ha dejado de observar desde que llegaste.

Cuando Yoongi volvió a mirar al chico, la distancia entre ellos se había acortado apenas un poco.

—Mi nombre es Jungkook —dijo él.

—Yoongi.

Y en algún momento Yoongi sintió una mirada sobre su hombro. Levantó ligeramente la mano e hizo una pequeña seña.

Vete al departamento.

Cuando Yoongi volvió a mirar a Jungkook, el chico estaba observándolo con una expresión divertida.

—Tu amigo se fue.

—Sí.

—¿Y tú?

Yoongi dio un paso más cerca.

—Yo no.

Jungkook sonrió, lo tómo por la cintura y lo jaló a su pecho, besándolo. No había una pizca de cuidado o delicadeza, era rudo y firme.

Yoongi sintió el calor subirle por el cuello mientras sus manos se agarraban de la camiseta de Jungkook. Incluso ahogó un gemido en su boca cuando sintió la entrepierna del chico chocar contra su muslo.

No se había equivocado cuando pensó que era grande en todos los sentidos.

Cuando se separaron, los dos estaban sin aliento.

—Tu amigo... —murmuró Jungkook— ...también es lindo.

—Después lo conocerás—sonrió—¿Te gustaría ir a un lugar más privado?

Jungkook levantó una ceja, claramente entretenido.

—¿Eso es una invitación?

Yoongi se inclinó apenas lo suficiente para que sus labios quedaran cerca de su oído.

—Depende.

—¿De qué?

—De si sabes compartir.

El silencio entre ellos duró apenas un segundo, luego Jungkook soltó una risa baja, sorprendido.

—Interesante.

—Ven.

Salir del antro fue más rápido de lo que esperaba. El aire nocturno estaba fresco, pero el calor del beso aún seguía pegado a su piel.

Durante el trayecto Jungkook no dejó de mirarlo.

—Así que... ¿tu amigo forma parte del plan?

Yoongi apoyó el codo en la ventana del auto y sonrió.

—Siempre.

Jungkook pareció pensar en eso un momento.

—Me gusta su estilo.

Cuando llegaron al departamento, Yoongi abrió la puerta primero.

Jimin estaba sentado en el sillón con una cerveza en la mano, como si hubiera estado esperando toda la noche.

Cuando vio a Jungkook entrar detrás de Yoongi, levantó lentamente las cejas.

—Te tardaste, creí que no vendría.

Yoongi dejó las llaves sobre la mesa.

—Tenía que asegurarme de que no se asustara.

Jimin miró a Jungkook de arriba abajo sin ningún disimulo.

—Hola.

Jungkook cerró la puerta detrás de él y apoyó la espalda contra ella, observándolos.

—Ah—sonrió—Ahora entiendo.

Yoongi se sentó junto a su amigo en el sofá y se cruzó de piernas.

—¿Qué cosa?

Jungkook señaló primero a Yoongi, luego a Jimin.

—El paquete.

Los tres se quedaron en silencio un momento. La tensión en la habitación cambió de inmediato.

Las miradas que se daban entre los tres comenzaban a ahcer efecto en Jungkook.

Jimin dejó la cerveza en la mesa.

—Bueno—miró a Yoongi con una pequeña sonrisa cómplice—¿Le explicaste cómo funcionan las cosas aquí?

Yoongi negó con la cabeza, sonriendo.

—Pensé que sería más divertido que lo descubriera solo.

Jungkook los observó a los dos. Se sentó en el sofá frante a ellos, pasando la lengua por su labio perforado.

—Creo que voy a disfrutar eso.

El primero en comenzar fue Jimin, jalando por la nuca a su amigo en un beso intenso.

Sus lenguas se encontraron de inmediato, explorando y saboreando con urgencia. Yoongi respondió con la misma intensidad, sus manos ya explorando el cuerpo de su amigo, deslizándose por debajo de su camisa para sentir piel cálida y suave.

Jimin gimió suavemente contra sus labios, el sonido enviando una oleada de deseo a través de ambos.

Jungkook observaba, sus ojos fijos en cada movimiento, cada caricia. La escena frente a él era caliente y excitante, no pudo evitar que su propio deseo creciera.

Los chicos frente a él rompieron el beso, jadeando, comenzaron a quitarse la ropa lentamente, sin apartar la vista el uno del otro. Cada prenda que caía al suelo aumentaba la tensión en la habitación.

Jungkook, sin perder detalle, notó cómo los músculos de Jimin se tensaban y cómo Yoongi se movía con una gracia felina. Cuando ambos estuvieron completamente desnudos, Yoongi se arrodilló, su mano alcanzando el miembro ya erecto frente a él.

Jimin gimió, echando la cabeza hacia atrás permitiendo que Yoongi metiera su miembro en su boca.

—¿Ahora entiendes nuestro juego?—preguntó entre gemidos, guiando los movimientos de su amigo.

Jungkook, incapaz de contenerse más, comenzó a acariciarse a través de sus pantalones, su respiración acelerándose. La visión de aquellos dos juntos, sus cuerpos moviéndose al unísono, era demasiado tentadora.

Decidió unirse a la acción, quitándose la ropa lentamente, sin apartar los ojos de la pareja.

Yoongi, al notar el movimiento de Jungkook, levantó la vista y sonrió, sus labios brillando con saliva y líquido pre-seminal.

—¿Te gusta lo que ves?—preguntó, su voz ronca de deseo.

Jungkook asintió, su mano ya libre, moviéndose arriba y abajo de su miembro erecto.

—Demasiado—respondió, su voz profunda y llena de anhelo.

Yoongi, sin dejar de mirarlo, se inclinó hacia Jimin, besándolo de nuevo, sus cuerpos desnudos presionándose. La escena era pura tentación, y Jungkook se encontró cada vez más excitado.

El aire en la habitación estaba cargado de los sonidos de sus respiraciones y gemidos llenaban el espacio. Ellos continuaban su danza erótica, sus cuerpos entrelazados, y Jungkook, incapaz de contenerse, se acercó a ellos.

—He estado con hombres antes—murmuró—Pero jamás con dos a la vez.

—De eso no te preocupes—sonrió Yoongi, tomando su mano—Nosotros te guiaremos.

Ambos se levantaron del sofá y dejaron que aquél chico inexperto se sentara con su erección al aire.

Jungkook no supo si el gemido fue por sentir las lenguas alrededor de su miembro o por ver a ambos chicos lamiendo, desesperados por poder tomarlo.

La sensación de sus lenguas raspando, lamiendo y chupando, era abrumadora. Jimin y Yoongi trabajaban en perfecta sincronía, cada uno concentrado en darle placer, sus manos y bocas moviéndose con una precisión que lo dejó sin aliento.

Echó la cabeza hacia atras en el respaldo del sofá, con los ojos cerrados y murmurando incongruencias. Los gemidos escapaban de sus labios sin control alguno y su cuerpo temblaba con cada caricia.

—¿Lo hacemos bien?

La voz de Jimin lo hizo bajar la mirada. Tenía los ojos completamente negros y los labios brillosos. Su mirada cambió a Yoongi, quien tenía toda su erección dentro de su boca y lo miraba por debajo de sus largas pestañas.

—Mira cómo te la chupa Yoongi hyung—sonrió, lamiendo sus labios—¿Te gusta, Kookie?

Jungkook maldijo cuando Jimin metió sus testículos en su boca.

—N-no creo aguantar más, chicos.

Ninguno lo escuchó, seguían empeñados en lamerlo y succionarlo todo.

Un cosquilleo familiar se formó en su abdomen bajo. Bastó con un par de movimientos para que se corriera sobre ambos.

—Maldición...

El jadeo quedó atorado en su garganta cuando vió como Yoongi lamió el semen arrojado en la cara de Jimin, como si fuera lo más normal.

Pronto, su miembro flácido, volvió a levantarse.

—Vamos a la habitación.

Ambos se pusieron de pie y lo llevaron a la recámara del gran departamento.

Su respiración se cortó al ver que todo era color rosa, pero no solo eso. Habían varios juguetes sexuales y estaba seguro que todos los habían usado o compartido entre ellos.

—Puedes preparar a Jimin—sonrió Yoongi y se acercó a un librero, tomando un consolador—Yo me prepararé viéndolos.

—Ven Jungkook, no seas tímido.

Jimin arrojó a Jungkook en la cama y se trepó de inmediato a su regazo, reclamando sus labios en un beso hambriento. Las manos tatuadas se aferraron a aquél trasero esponjoso, apretándolo contra él.

—¿Siempre hacen esto?—preguntó al romper el beso.

—Más de lo que puedes imaginar—Jimin lo tomó fuerte del mentón y lo miró a los ojos—Tal vez puedas ser tú el que la meta, pero nosotros somos los que mandamos.

Volvió a unir sus bocas en un beso desesperado.

—Espera...

Jungkook se separó cuando sintió algo frío bajar por sus muslos.

Yoongi estaba detrás de Jimin con un lubricante en la mano. Había vertido aquél liquido entre las nalgas de su amigo.

—Si vas a prepararlo, lo necesitarás—guiñó un ojo.

Jungkook intentó preguntar, pero no tenía tiempo ni para pensar. Enseguida era dominado otra vez, y como su cuerpo era débil, se dejó guiar.

Abrió el trasero del chico encima suyo y acarició primero con la punta de los dedos su entrada, untando el lubricante para poder meter el primer dedo.

Jimin soltó un gemido y se aferró a sus hombros trabajados, empujando su trasero.

—Hazlo sin miedo—susurró—Quiero sentirte por completo.

Siguiendo las instrucciones, introdujo un segundo dedo, moviéndolos con cuidado, preparando a su amante para lo que estaba por venir. Cada gemido y movimiento lo excitaba aún más.

Jimin escondió el rostro en la línea de su cuello mientras movía su cadera en busca de más contacto, lo que le permitió a Jungkook ver a su alrededor.

En la otra cama, Yoongi estaba en cuatro con el pecho pegado al colchón y su trasero levantado, totalmente expuesto. De su miembro goteaba líquido pre-seminal mientras introducía con movimientos rápidos el consolador.

—Yoongi hyung...—jadeó, metiendo otro dedo en la entrada de su amante—No te atrevas a correrte.

Jimin se separó para ver a su amigo y sonrió.

—Siempre es así de desesperado.

Se separó de él y lo miró a los ojos.

—Estoy listo, y él también. Te necesitamos, ahora.

Jungkook, con una sonrisa, se acercó a Yoongi. Sus manos explorando el cuerpo tenso y preparado de su amante.

Jimin le dio un condón, el cual se colocó con habilidad, sus ojos fijos el trasero expuesto de Yoongi. Con una mano firme, guió su erección a la entrada, empujando lentamente, permitiendo que ambos se adaptaran a la sensación.

Yoongi gimió fuerte, su cuerpo relajándose con los movimientos. Jimin, sin perder tiempo, se arrodilló junto a ellos en la cama, sus labios encontrándose con los de Jungkook en un beso apasionado.

Yoon se inclinó ligeramente hacia su amigo, sus labios encontrando su miembro erecto, chupando y lamiendo con una precisión que lo hizo gemir aún más fuerte.

La sensación de tener a Jimin en su boca y a Jungkook dentro de él era abrumadora. Ya se encontraba al borde del éxtasis.

Se separaron por falta de oxígeno y Jimin sonrió.

—Mi Yoongi hyung está muy apretado, ¿verdad?—llevó sus manos al trasero frente a él y lo abrió, dejando ver cómo succionaba su miembro—Mira cómo te toma, le encanta tener todos sus agujeros llenos.

Jungkook gimió ante la vista frente a él.

—Ji-Jimin—gimió su amigo, sacándo la erección de la boca—Se siente tan grande, creo que voy a correrme.

—¿Qué opinas Kookie?—lo miró, con una sonrisa burlona—¿Puedes hacer que mi hyung se corra?

Jungkook aumentó el ritmo de sus embestidas, sus manos firmes en las caderas de Yoongi.

—Kookie—jadeó Yoongi, su voz llena de desesperación—Voy a...

Jungkook, sintiendo cómo el cuerpo de Yoongi se tensaba, supo que su amante estaba a punto de alcanzar el clímax. Con un último empujón fuerte, lo llevó al límite, haciendo que se corriera con un gemido profundo.

Jimin, sin dejar de sonreír, se colocó en cuatro al lado de su amigo.

—Ahora es mi turno—murmuró, su voz ronca de deseo.

Jungkook, aún dentro de Yoongi, sonrió. Su miembro seguía erecto.

—Estoy listo—respondió, su voz llena de anticipación.

—No lo hagas esperar—dijo Yoongi, intentando recuperarse—Si yo soy impaciente, él es peor.

Jungkook, sin dejar de sonreír, se colocó detrás de Jimin, sus manos firmes en las caderas de su amante. Con una caricia suave, comenzó a penetrarlo con movimientos lentos y deliberados.

Jimin gimió fuerte, su cuerpo relajándose con cada embestidas.

—Dios, si que eres realmente grande—jadeó—Te sientes tan jodidamente bien.

Yoongi se acercó a Jimin y sus labios se encontraron en un beso apasionado. Sus manos exploraban el cuerpo de su amigo, sintiendo cada músculo, cada línea, mientras Jungkook continuaba penetrándolo con movimientosos y firmes.

La habitación volvió a llenarse de gemidos, suspiros y el sonido de sus cuerpos moviéndose.

Jungkook, sintiendo de nuevo cómo su abdomen se contraía, aumentó el ritmo de sus embestidas. Sonrió al escuchar los gemidos ahogados contra los labios de Yoongi, quien seguía besando a su amigo.

Jimin, incapaz de contenerse, comenzó a gemir más fuerte.

—Yoongi hyung... Kookie... no puedo...—jadeó, su voz llena de desesperación.

—Aww mi niño—Yoongi sonrió y lamió sus labios—Córrete para nosotros.

Con un último empujón fuerte, llevó a Jimin y a sí mismo al límite.

Había sido la noche más intenso para sus cortos 20 años, pero estaba agradecido internamente con su mejor amigo, Hoseok. De no haber sido por escabullirse a medio antro con un chico de último grado, no habría conocido a este par.

La primera sensación que tuvo Jungkook al despertar fue calor, la segunda fue confusión.

Abrió los ojos lentamente, frunciendo el ceño cuando la luz del sol que entraba por la ventana le golpeó la cara.

Durante unos segundos no se movió, luego giró la cabeza. Todo era rosa. Las paredes, las almohadas, las cortinas. Incluso el enorme peluche que estaba tirado en el suelo.

—¿Qué demonios...? —murmuró con la voz ronca.

Jungkook dejó caer la cabeza contra la almohada y soltó una risa incrédula, recordando todo lo que hizo la noche anterior.

—Mierda...

Se sentó en la cama, pasando una mano por su cabello desordenado. Su ropa estaba tirada por el suelo. Al final solo encontró su bóxer, el cual se puso mientras caminaba hacia la puerta, todavía medio dormido.

Cuando salió al pasillo, el olor a café lo golpeó primero.

—Te dije que iba a despertarse pronto —dijo una voz conocida.

Yoongi estaba sentado en el sofá con una taza de café entre las manos, usando una enorme sudadera rosa.

Jimin estaba en la cocina, apoyado en la barra mientras comía algo.

Los dos levantaron la vista al mismo tiempo y sonrieron. La misma sonrisa peligrosa que lo hizo acceder a su juego.

Jimin fue el primero en hablar.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien?—preguntó Yoongi, mirándolo de arriba a abajo sin pudor.

—Creo que sí—miró alrededor del departamento.—¿Esto siempre es tan... rosa?

Jimin soltó una risa.

—Es su culpa—señaló a Yoongi.

—Mentira —respondió Yoongi—A ti te encanta.

Jungkook negó con la cabeza, todavía tratando de procesar todo.

—Ustedes dos están locos—fingió indiferencia, pero su erección comenzó a crecer.

Algo que no pasó desapercibido por ninguno de ellos-

Jimin se inclinó sobre la barra con una sonrisa traviesa.

—Pero parecías divertirte.

—Tal vez.

Yoongi apoyó la taza en la mesa y se arrodilló en el sofá, recargando sus codos en el respaldo para poder ver mejor su entrepierna.

—Nos alegra que no hayas salido corriendo, porque la verdad...—Jimin mordió su labio—Estamos bastante emocionados por seguir jugando.

Jungkook levantó una ceja y soltó una risa.

—Ustedes no pierden el tiempo, ¿verdad?

—Nunca—le sonrió Yoongi.

Jimin señaló la cafetera.

—¿Café?

Jungkook caminó hacia la cocina.

—Creo que lo voy a necesitar.

Por la forma en que los dos lo miraban, ssabía perfectamente que esa mañana apenas estaba empezando.