Capítulo 1
10 AÑOS DE EDAD:
El timbre sonó y todos mis compañeros salieron corriendo del aula. La maestra pedía que fueran con calma, pero nadie le hizo caso.Como todos los días, yo salí de último. Antes de cruzar la puerta, la maestra me llamó.
—Marcos, ¿podrías borrarme la pizarra, por favor? —me pidió.
Asentí sin decir nada, tomé el borrador y empecé a borrar las multiplicaciones que habíamos aprendido ese día. Casi había terminado, pero quedaba una parte muy arriba. Me estiré todo lo que pude y me paré de puntas para intentar alcanzarla, pero no llegaba.
De repente, una voz se escuchó detrás de mí y me hizo dar un pequeño salto del susto.
—¿Te ayudo? —dijo un niño con lentes, mucho más alto que yo.
Asentí y le di el borrador. Él estiró el brazo sin esfuerzo y borró lo que faltaba.
—Por cierto, me llamo Antony —dijo mientras dejaba el borrador en su lugar—. ¿Y tú?
—Marcos —respondí con timidez.
Antony me sonrió, y no sé por qué, pero eso me hizo sentir tranquilo.
—Vine por mi pelota de fútbol. ¿Quieres jugar? —me ofreció.
—Sí, claro —contesté, esta vez con un poco más de confianza.
—Entonces vamos, que ya va a terminar el recreo.
Salimos del aula y llegamos al patio. Algunos niños jugaban en los toboganes, otros estaban sentados en el suelo comiendo su merienda. Antony me llevó hacia un grupo de chicos que estaban reunidos en una esquina del patio. Eran como ocho.
—Bien, chicos —dijo—. Él es Marcos, va a jugar con nosotros, así que nos dividiremos en cinco.
Algunos me miraron con curiosidad, otros solo asintieron. Yo me sentía nervioso, pero también emocionado. Nunca antes me había unido a un grupo tan grande.
Empezamos a jugar. Al principio casi no hablaba, solo corría detrás de la pelota, pero Antony siempre me pasaba el balón, como si ya confiara en mí. Cuando metí mi primer gol, todos gritaron y Antony fue el primero en felicitarme.
—¿Viste? Sabía que jugabas bien —me dijo sonriendo.
Sentí algo raro en el pecho, algo bonito. Desde ese día, siempre jugábamos juntos en el recreo.Sin darme cuenta, ese niño alto de lentes se había convertido en mi mejor amigo.
Compartíamos merienda, a veces iba a su casa para jugar videojuegos el primero que jugamos juntos fue MarioKard Antony me ganaba siempre por poco pero una vez desconecte el cable de su control en media carrera asi que gane.
—No vale hiciste trampa—me recrimino Antony enfadado
—Ya era hora que gane una vez—le respondi también enfadado
—Pues es que no sabes perder?—dijo—Tienes que aceptar que no eres tan bueno
—Claro que se perder, tu eres el que no sabe, por que yo si se jugar
—¡¡Entonces ya no quiero ser tu amigo!!—Grito Antony
—¡Bien!
—¡Bien!
Salio de la habitacion y pidio a la mamá de Antony que llamara al mia. Cuando llego mi mamá me pregunto:
—¿Pero que paso?, la mamá de Antony me dijo que parecia que se pelearon
—Pues si yo gane justamente en Mario Kard y ¡el no quiere admitir que perdió!
—Ay hijo, tal vez mañana se reconcilian—dijo mi mamá mirando atenta a la carretera
—¡No!, ya no quiero ser su amigo—dijo enfadado
Mi mamá suspiro y siguió manejando.
Al dia siguiente evito estar con Antony, cosa que le fue imposible, ya que el trato de disculparse cosa que el, segun su madre, tenia que hacer.
No se iba a disculpar, el no hizo trampa es Antony quien por ganar siempre no sabe peder. Sintio como alguien lo abrazaba por detras —Perdon—susurro la persona que me habia abrazado, pero esa persona no era igcognita ya sabia quien era Antony.
—Bien te perdono, pero me abrazas muy fuerte.
17 AÑOS DE EDAD
—Oye, Marcos —guardé los libros en mi casillero y me di la vuelta. Ahí estaba Antony, con una sonrisa—. Te quiero presentar a alguien. Es una chica muy linda y creo que me gusta y...
—Es Amanda, ¿no? —dije convencido.
—Sí, es que es tan linda... sus ojos, su pelo, su sonrisa...
—La verdad es que no sé si le gustas, solo mírate —dije entre risas.
Antony me fulminó con la mirada mientras yo seguía riendo.
—Yo sé que le gusto, escuché hablar a...
Alguien le tocó el hombro, haciendo que Antony dejara de hablar. Al voltear, se encontró con Amanda. La miró, sorprendido.
—Me preguntaba si querías pasar el almuerzo conmigo y así conocernos —habló una Amanda tímida.
—Lo siento, no puedo, pero ¿sabes quién sí? —Amanda me miró expectante—. ¡Antony! —lo señalé hacia atrás.
Antony saludó a Amanda con una sonrisa nerviosa y se acercó a ella.
—Sí, yo puedo pasar el almuerzo contigo. Marcos tiene que estudiar en la biblioteca.
—No importa, yo puedo estudiar con él —dijo Amanda ilusionada, haciendo que Antony se incomodara.
—No hay problema, yo puedo solo, así que adiós —dije, saliendo del pasillo a paso rápido.
Me metí en la biblioteca sin saber qué pasaría al dejarlos solos, pero Antony me debía un favor. Además, no me gustaba Amanda; no es mi tipo.
Caminé por toda la biblioteca y, como no leía, me acerqué a las computadoras y empecé a jugar Fortnite. Cuando me dio hambre, fui a comprar un refresco y un bocadillo. Justo cuando estaba a punto de volver a la biblioteca, apareció Antony.
—¿Por qué me dejaste solo? —me recriminó.
—¿Qué no querías hablar con ella? —respondí.
—Sí, pero cuando lo intenté buscó cualquier excusa para alejarse de mí y se fue a hablar con alguien que creo que ni conocía —se me escapó una risa.
Antony me miró furioso.
—¿Por qué te burlas de mis desgracias? —se dramatizó.
—Yo te ayudé. Es tu culpa que no quiera estar contigo —empecé a reír—. Tienes suerte de que yo sí acepto que eres feo.
Eso solo lo hizo enojarse más, y yo seguí riendo.
Sentí una mirada posarse sobre mí. Miré de reojo hacia la derecha y vi a Amanda con una de sus amigas. Su amiga se reía y Amanda me saludaba sonriente. La ignoré, le di un mordisco a mi bocadillo y tuve que comérmelo entero porque sonó el timbre. Fui con Antony hacia química.
—Oye, bro, no te iba a quitar la comida, come despacio —mencionó Antony.
Con la boca llena, me encogí de hombros. Antes de que comenzara la clase, tomé un sorbo de mi bebida y la guardé en el casillero. Me senté al lado de Antony, como siempre.
—Bueno, chicos, hoy vamos a hacer experimentos en parejas —saludó la profesora.
Miré a Antony, como diciendo¿hacemos equipo?. Me entendió al instante, pero antes de que dijera algo, la profesora habló:
—Pero hay una cosa: yo elegiré las parejas y serán de un chico y una chica.
Todos soltaron un “bah”. La profesora empezó a decir nombres. A Antony le tocó con Lizeth y a mí con Amanda.
Cuando lo dijo, me imaginé cómo sería si ella me coqueteaba. Antony me odiaría. Busqué una excusa, pero ninguna sonaba bien, así que dije lo primero que pensé:
—Profe, ¿podemos cambiar de pareja Antony y yo? Es que él no ve bien y si se queda atrás no verá nada —dije apresurado.
La profesora me miró confundida.
—Bueno, si es así, Lizeth vendrá adelante y tú atrás.
Mierda, no funcionó.
—¿Qué tratabas de hacer? —susurró Antony.
—Ayudarte y salvarme —respondí.
Antony rodó los ojos, furioso.
—No es necesario, profe, estoy bien —le dijo tranquilo a la profesora.
—Qué bueno, entonces chicos, hagan el cambio en orden.
Al escuchar la orden, Antony se levantó y fue donde Lizeth. Luego Amanda se sentó a mi lado.
Cuando los cambios estuvieron hechos, la profesora empezó a explicar qué químicos mezclar. Yo trataba de prestar atención mientras Amanda me hablaba de no sé qué, hasta que mencionó a Antony.
—¿Qué Antony qué? —pregunté, confundido.
—Me interesa —dijo Amanda, tímida—. Y me preguntaba si me puedes ayudar con él.
—Pues claro... ¿por eso querías hablar conmigo en el almuerzo? —recordé lo que me había dicho antes.
—Sí —afirmó Amanda—. Y por eso me escapé de Antony, me puse nerviosa.
Entonces todo cobró sentido.
Uf... claro. El mundo no gira alrededor de mí.