Cap 1: El Nuevo sol de Itam
La tormenta caía cual llanto de horror sobre el reino, las ramas se doblaban como si imploraran piedad, y los relámpagos iluminaban el sendero empedrado donde la solitaria carroza avanzaba a galope tembloroso, tragada por la noche y la niebla de la tormenta, el relámpago rugió justo cuando las ruedas se alzaron sobre el último desnivel del oscuro sendero, la silueta del castillo real de emergió entre la bruma, con sus torres como lanzas oscuras que desgarraban el cielo en llanto.
La carroza se detuvo frente a los portones ya abiertos, un mayordomo de mediana edad y rostro amable, aguardaba con un candelabro de luz tenue y temblorosa en una mano y una manta seca en la otra. La puerta de la carroza se abrió con violencia, y una figura alta descendió, empapada y jadeante: era El Conde Victor Drako, con el rostro encendido por una ansiedad que le vencía la compostura, sus ojos normalmente cálidos y risueños, ahora era el desespero y pánico –¡Mi hermana! ¿Dónde está? ¿Dónde está Hortensia?
–En la cámara del esté, ha llegado antes de lo previsto, digo por la tormenta creí…- más sus palabras se ahogaron en el eco de los pasos, pues sin esperar respuesta, cruzó el umbral del castillo como un relámpago humano. Un segundo hombre descendió, su túnica negra estaba decorada con una sola figura de cruz plateada y su rostro, serio y frio como el viento afuera: Santiago Rossen, el Capellán de lacorte, descendió con una calma fúnebre, apenas lanzando una mirada al mayordomo —Lamento el comportamiento del Conde— dijo, como si ya fuera por costumbre, Andrew hizo una ligera reverencia, sin perder la sonrisa amable que lo caracterizaba —No hay disculpas que pedir, su santidad, la reina ha dado a luz antes de lo esperado, cualquiera perdería el juicio si el orgullo de la familia estuviera entre la vida y la muerte.
–Vida y muerte...– susurró para si mismo el Capellán, casi Andrew lo pudo escuchar –¿Ah dicho algo?
–Busco urgentemente al Rey
–Su majestad, se encuentra en uno de los pasillos cercanos a la reina– respondió Andrew, intentando mantener la serenidad, Santiago asintió y sin más palabras, caminó hacia la entrada, murmurando oraciones en voz baja.
Victor Drako irrumpió en la cámara oriental con las ropas chorreando y el alma desbordada, la escena lo paralizó pues su hermana la reina: Hortensia Froeval, yacía en la cama entre sábanas enrojecidas del carmesí, su piel pálida como la porcelana quebrada, brillaba cual perla por el sudor, cuando vio a su hermano sonrió apenas
—Llegaste…—susurró con dulzura temblorosa —Lo logramos… Son dos... Dos, Victor…– Los ojos del conde se abrieron. Un hilo de luz, producto de un relámpago lejano, cruzó la habitación como un presagio, pero antes de que pudiera decir palabra alguna, Hortensia cerró los ojos –Estara bien, solo necesita descansar, está muy agotada– menciono un doctor con orgullo de su buen trabajo. –Dos príncipes...– susurraba el conde, la lluvia no cesaba, los muros ya no parecían resguardar, las gotas de lluvia se volvieron eco, los ecos que se acercan desde las sombras en algún lugar, el eco de las gotas se volvieron gritos, voces furiosas, el cruel retumbar del juicio furioso que emergía.
—¡Asesino!
—¡Nos has condenado a todos!
—¡Monstruo!
Han pasado veinte años desde la noche en que Victor Drako desangró el trono, el Rey Fausto murió a manos de su propio cuñado, y uno de los príncipes, aún sin haber respirado más de un suspiro, fue arrancado de su hogar para morir lejos... Desde entonces, el Reino de Itam se convirtió en un barco a laderiva, su corazón, la reina Hortensia, se fue marchitando lentamente, consumida por la culpa y el luto.
Mi padre, Santiago Rossen, nunca habló con claridad de aquella noche, de hecho no lo veía seguido, como el capellán de la corte, su deber era sostener la fe, no revelar los pecados que podrían quebrarla.
La ley era clara: solo sangre real puede ocupar el trono, y por veinte años, con un heredero demasiado joven y una reina que apenas hablaba entre sollozos, la corona fue un cadáver sin entierro, al asecho de otras naciones queriendo reclamarla, pero hoy… el sol ha salido una vez más.
El cielo sobre Itam es, por primera vez en décadas, un océano azul sin nubes, el mármol del palacio refleja la luz como si los antiguos santos monarcas abriecen los cielos para ver el orgullo de la nueva corona.
Yo Raquel Rossen, Condesa y Capitana de la Caballería Real, observo desde lo alto del balcón de la torre este, mi pecho, endurecido por los años, hoy late con una la esperanza del nuevo rey.
Santo Nelo Froeval, el príncipe que sobrevivió, el niño marcado por la tragedia, el heredero cuyo llanto fue el único sonido de vida en la noche que el reino murió, y hoy se alza ante su pueblo, su mirada es calma, pero en ella hay pasión celeste, la mirada del monarca bendito.
Los estandartes dorados ondean por toda la plaza real en la capital de Itam: Lumen, cuyo nombre es dado por la diosa que bendice a los monarcas, las campanas repican como si anunciaran no un nuevo rey, sino el regreso de una era dorada que se perdió.
Y entonces, él habla, su voz se levanta sin miedo ni duda, nació en medio del trueno, y el trueno le a prestado su eco.
–Hijos de Itam, por veinte años caminamos entre sombras, como huérfanos del destino, durante veinte años caminamos sin faro, pero no sin fe. Nos arrebataron un hermano, una madre y un padre, lafamilia... pero no la esperanza, el trono que ha estado vacío no ha sido símbolo de ruina, sino de esperanza, y hoy esa esperanza regresa.
Juro ante los cielos y ante las piedras de este castillo, juro ante la historia de los caídos y la sangre que corre en mí, que protegeré este reino con manos, vida y alma.
Vaelical Crown Blood
Capítulo 1: El nuevo sol de Itam.
Excluido del festejo en el reino, tras los muros del castillo, el gran salón de la corte real exhalaba un aroma a cera caliente, tinta fresca y perfumes rancios de nobles envejecidos, aún flotaba en el aire el eco de la coronación, pero la algarabía de la plaza había sido sustituida
ahora por susurros, los susurros cargados de conspiración.
Frente al trono se alzaban tres figuras como sombras ostentosas: los Cancilleres Bernard Bernabé e Isak Tenor, y el segundo Capellán James Harvey, cuya voz más parecida a un decreto fiscal que a un salmo, resonaba en las columnas marmóreas.
El joven rey se sentó en el trono sin la corona sobre su frente, había ordenado retirarla, pues no buscaba lucir como el símbolo divino, sino como el hombre que deseaba gobernar. A su lado, Raquel se mantenía firme, cual una muralla de acero, lista para defender al monarca.
Bernard tomó la palabra primero, con voz que arrastraba la autoridad de los corruptos enriquecidos— Su Majestad… hemos sabido de su proyecto para fundar una academia de estudio e Investigación, un prestigioso centro para la arqueología, el turismo y el intercambio cultural… —sus ojos se estrecharon— Sin embargo, esa iniciativa comenzó antes de que portara la corona.
Nelo inclinó levemente la cabeza.—No oculto mi entusiasmo, Lord Bernabé, el reino ha dormido por dos décadas, era hora de que soñara de nuevo, la academia no es un capricho, es una inversión en nuestro futuro.
Traerá visitantes, conocimiento y sobretodo prestigio.
Isak Tenor sonrió como quien huele sangre —O un gasto innecesario que ata al reino a alianzas sospechosas extranjeras, no queria mencionarlo, pero no olvidemos… —su voz se volvió más baja, más venenosa— que en sus venas también corre la misma sangre que la del traidor Victor Drako.
El silencio se torno denso al pronuncir tan infame nombre, pero Raquel dio un paso al frente– Esa insinuación es indigna de esta sala, pues el rey porta la bendición del linaje Santo, ninguna otra sangre podria mancharla, sus palabras no sólo desonrra hacia hacia Lumen, es una ofensa también para la reina Hortensia.
Bernard alzó una mano conciliadora —Nadie niega la religión imperial, Condesa… pero tampoco podemos ignorar la prudencia, es por eso que proponemos una medida temporal: Tres meses de vigilancia, tan solo tres, si el Rey incurre en actos indebidos, no renunciara a la corona, pero sólo será un adorno, mientras nosotros los mas aptos tomaremos las decisiones cómo hasta ahora.
El marques Alexander Williams, quién se encarga de aprobar leyes, clavó su mirada en el canciller –Tres meses para acechar cada paso del rey, ¿Es eso prudencia, o es traición disfrazada de cautela? No podrían ser mas descarados, sus burdos intentos para mantener el poder, mas parece un acto desesperado de muy mal gusto.
Mi linaje es la herencia más antigua del reino, y de mi sangre no puede ser borrada la sombra de mi tío— Alzó la voz Nelo— Pero son mis actos los que definirán mi reinado, no mi cuna, corona o bendición. No tolerare cualquier acto de traición que busquen derrocarne por capricho o ambición.
El ambiente se tensó como una cuerda a punto de romperse y entonces, un sonido ajeno a toda solemnidad llenó la sala, el delicado tac-tac de una cucharilla contra una taza de porcelana, en un extremo, estaba sorbiendo té con parsimonia ante el ventanal, se trataba de Apolo Valentine, duque de modales amanerados y elegancia glamurosa. A su lado, rígida y a la vez calma, aguardaba Ainsley Walter's, capitana de la policía de Golden Beyond Street (GBS), cuya lealtad a Valentine era tan férrea como su desprecio por la monarquía conservadora y religión imperial, Valentine dejó la taza con un suave clic y sonrió –Oh, por favor, no detengan su exquisita disputa por mí~ — Su voz era melosa, pero cada palabra tenía filo —Es adorable ver cómo los defensores de la tradición se retuercen ante la idea de un rey que actúe incluso antes de reinar.
Nelo lo miró con calma—Lord Valentine, no recuerdo que haya recibido una invitación.
—Las invitaciones son para quienes necesitan permiso, Majestad. Yo… solo obedezco al llamado del momento, y este… —abrió su abanico con gracia— es demasiado delicioso para perdérmelo.
En la salon, los opositores y observaban al duque con desprecio mientras este se levanto de su asiento para caminar ante ellos –Veinte años de vacío son demasiados para culpar solamente a la sangre, en todo ese tiempo... sus hijos tomaron poder, frágiles titeres obedientes a ustedes. Ahora, oportunistas, ¿Temen que les arrebaten el poder que tomaron, en la ausencia de una autoridad?— finalizó clavando la mirada a los 3 opositores con afilada sonrisa, ellos no evitaron disimular los nervios.
El debate terminó sin acuerdo, y los opositores abandonaron la sala con miradas insatisfechas, los aliados de Nelo se retiraron en silencio, pero Valentine no se movió.
—Has hablado a mi favor... ¿Debería sentirme agradecido?– dudaba Nelo, siendo conciente que toda acción que venga de parte del Duke, representa una espada de doble filo —Muy inteligente su majestad, muy inteligente— Se burlo Valentine, para después hacer su revelación —Esa pequeña “ley” que quieren imponerle… ahora qué lo pienso, será la herramienta más útil que haya tenido en mis manos. Tres meses "my Lord", tan solo tres meses para que cometa un solo error, y cuando eso ocurra… no dejaré pasar la oportunidad de ocupar ese trono y hacerlo mío… como siempre debió ser– Sonrió con dulzura venenosa, como si hablara de flores y no de una corona, Nelo ante la amenaza se mantuvo firme y sereno, con una sonrisa, cómo si Apolo no lo hubiera decepcionado.
Ainsley, con expresión burlona, se mantuvo a su lado cual sombra protectora, mirando con arrogante sonrisa a Raquel, y ella vigilaba con la mano cerca de la empuñadura de su espada, casi consumida por la ira.
En ese instante, quedó claro que el reinado de Nelo había comenzado, pero también la cacería. La amenaza de Apolo Valentine quedó suspendida en el aire cual un perfume venenoso, su sonrisa seguía fija en Nelo, pero sus ojos agudos como puñales, se desviaron hacia Raquel —Y usted, mi querida Condesa— dijo con una cadencia que parecía un canto —¿Hasta cuándo piensa hipotecar su lealtad a una corona frágil? Podrías estar de mi lado, donde tu espada y tu astucia serían verdaderamente apreciadas... Piénselo: un nuevo Itam, libre de cadenas ancestrales y con usted, como mano derecha de su soberano legítimo–
Ella contuvo su respuesta, no sentia temor hacía aquel despreciable duque —Lord Valentine… prefiero seguir siendo la espada de un rey honrado… que la joya decorativa en la mano de un traidor.
La sonrisa de Valentine se ensanchó, como si aquella negativa le resultara deliciosa —Oh~ adorable… — murmuró, cerrando su abanico con un clac sonoro, y sin más volvió a su asiento.
Se acomodó con la gracia de un noble en su propio salón, cruzó las piernas y retomó su taza de té, sorbiendo con placer, como si la amenaza de derrocar a un rey fuese un simple comentario social... –Estos pastelillos, no están nada mal, casi suculentos!– le decía alegremente a su leal escudera quien ya le estaba sirviendo otra taza de té, mientras Raquel y Nelo observaron incrédulos —¿Es en serio?¿No piensa marcharse?— preguntó el monarca, sin ocultar su asombro, más que enfadado.
—Ahhh… Oh! Ahora lo recuerdo– Cuando dio dos suaves aplausos, de detrás de la silla, Ainsley Walter saco un fajo de papiros viejos, ennegrecidos por el polvo y humedad, cubiertos de tierra y con inscripciones ilegibles, y los dejó caer sobre la mesa con un golpe seco, levantando un tenue halo de polvo. Nelo frunció el ceño —¿Qué demonios es esto?
—Nuestro primer trabajo para la susodicha academia, su majestad—respondió Valentine con un tono coqueto —Hemos encontrado a un supuesto brujito saliendo de las catacumbas, ensuciando las calles de mis hermosos condominios— Hizo un gesto vago con la mano, indignado—Entre sus pertenencias estaban estas polvorientas antigüedades.
Raquel tomó uno de los papiros y lo examinó, arqueando una ceja antes de entregárselo al rey, quién lo desplegó con cuidado… y sus ojos se abrieron apenas un instante, como si reconociera algo que le tocaba profundamente —Conozco estos pictogramas…!– susurró, con un dejo de fascinación— Esto es...-
—Veo que le interesa— comentó Valentine con fingida indiferencia.
—¿Lo han encerrado?– Pregunta Nelo aún molesto por la actitud del Duke.
—Oh, cielos, no! Lo eché a patadas, fuera de mis condominios!— Se recostó en la silla —Fue atrapado por campesinos en la zona agrícola, y ahora mismo…— se inclinó hacia atras para finalizar casualmente— lo están quemando unos ancianos.– al escuchar Nelo, volteo la mirada a Raquel, quien estaba confundida.
El traqueteo de la carroza por la campiña, se confundía con el silbido del viento nocturno, la luna casi ahogada entre nubarrones, apenas osaba ver el oscuro paisaje del reino. Raquel permanecía con los brazos tras la cabeza y la pierna cruzada en su asiento, frente a ella, el joven oficial novato Spencer, forcejeaba con sus propios nervios, como si la presencia de la dama le impusiera un invisible corsé.
—Dime, señorita Rossen— balbuceó con timidez —¿cómo es que el duque Valentine parece obrar a su antojo sin recibir jamás castigo alguno?
Raquel ladeó el rostro, exhalando un suspiro que era mitad resignación y mitad fastidio.
—Porque ese “duque” es la cabeza de la familia Valentine, familia burgués dueña de negocios que alimentan las arcas de Itam. Si su influencia fuese arrancada de tajo, no sólo él resistiría, sino toda la colonia y sus asociados. ¿Sabes qué significa eso, Spencer? Una revolución… y luego, la independencia de Golden Beyond Street....¿Imaginas ver al reino sin su gallina huevos de oro?
Spencer abrió los ojos sorprendido —Entonces… ¿Ni siquiera Su Majestad podría silenciarle?–. Raquel curvó los labios en una sonrisa amarga –Sólo se necesita un escándalo lo suficientemente grande para que hasta su propia sangre le de la espalda, ese Apolo es tan frágil como orgulloso.
La carroza se detuvo bruscamente, un resplandor anaranjado se filtró por la ventanilla, el aire hedía a leña húmeda y a humo malogrado, en torno al tronco donde yacía atado el supuesto brujo, cinco ancianos forcejeaban con teas apagadas mientras un niño travieso correteaba alrededor del prisionero, tirándole del cabello y coreando con voz chillona —¡es el hereje jijirijeje!
–¡Mike, apresúrate de una vez!— gruñó el más robusto, agitando una antorcha que apenas chisporroteaba —¡La madera está tan empapada que ni el diablo la quiere!– un hombrecillo huesudo y rezongón, intentaba avivar la lumbre impaciente.
—¡Nos perderemos la fiesta de la coronación! ¡Ya ha de haber comenzado el festival, y nosotros aquí perdiendo tiempo con un hereje!
–El hereje jijirijeje!– gritaba el niño desesperando mas a los ancianos. —¡Aléjate, mocoso!— Los ancianos, irritados, trataban de apartarlo a manotazos —¡Anda a fastidiar a otro lado!
–¡Mike, apresúrate de una vez!— gruñó el más robusto, agitando una antorcha que apenas chisporroteaba —¡La madera está tan empapada que ni el diablo la quiere!– un hombrecillo huesudo y rezongón, intentaba avivar la lumbre impaciente.
—¡Nos perderemos la fiesta de la coronación! ¡Ya ha de haber comenzado el festival, y nosotros aquí perdiendo tiempo con un hereje!
–El hereje jijirijeje!– gritaba el niño desesperando mas a los ancianos. —¡Aléjate, mocoso!— Los ancianos, irritados, trataban de apartarlo a manotazos —¡Anda a fastidiar a otro lado!
El niño, con descaro, sacó del cuello del atado un amuleto y se lo colgó cual trofeo —Miren, ¡ahora yo también soy brujo! ¿Puedo quedármelo?
—¡Basta de juegos, mocoso! ¡Te vamos a quemar también!– El niño riendo, echó a correr, y fue a estrellarse de bruces contra el uniforme del joven oficial Spencer, quien lo sostuvo —Cuidado muchacho, ¿Te encuentras bien?— dijo con voz nerviosa, antes de girarse hacia los ancianos— ¡Alto ahí! La… la justicia por… por mano propia… está… prohibida…– Su voz balbuceaba y la frase quedó coja en el aire.
—¡Suficiente!— tronó su voz la capitana Rossen, cortando el aire cual acero desenvainado —Aquel que se atreva a tomar la justicia por su mano, no será perdonado, entreguen al hereje ahora mismo o no habrá piedad.
Los ancianos al reconocer el emblema real en su uniforme, retrocedieron con temor, el harapiento fue liberado para después ser nuevamente atado con esposas y conducido a la carroza, pero el niño alzó la voz con descaro —¡Yo lo encontré primero! Si se lo llevan, quiero algo a cambio de mi “hereje jijirijejé”
—¡Bah! —replicó Mike indignado— ¡Nosotros ya le dimos 80 monedas por el brujo, ¡80!
—¡Ja!— bufó otro anciano— ¡Y era demasiado por semejante escoria!
Raquel no le concedió ni una mirada al niño y solo guio al prisionero conduciendolo a la carroza, el brujo avanzaba como si todo aquello ya le diera igual. Spencer, algo avergonzado por su propio fracaso, se inclinó hacia el niño con una sonrisa forzada —Tu ayuda ha sido valiosa, pequeño, tu recompensa será la gratitud de la Caballería.
El mocoso arqueó las cejas con sorna —Oh sí, señor oficial… su gratitud me alimentará esta noche– dijo doblando la voz con ridícula solemnidad y marchandose molesto, dejando a Spencer derrotado –pero... los ancianos le dierorn 80 monedas...
La fortaleza alzaba sus muros como un sepulcro de piedra, en una sala fría, iluminada por lámparas de aceite, aguardaba Nelo, y frente a él llega el prisionero quien es desatado de sus cadenas por Spencer. –Dime tu nombre y de donde vienes, extranjero– Ordenó el rey con una calidad sonrisa.
—Soy Bal Garrett, un simple ermitaño de los bosques.
—Dime, Garrett… —preguntó el rey, inclinándose con interés— ¿qué lengua se oculta en los papiros que hallamos?
El nigromante sin titubeo, respondió —El Milorra, lengua de una civilización que pereció mucho antes de la llegada de Lumen, una voz muerta, sepultada por siglos de polvo, quizás una de las primeras civilizaciones en pisar el mundo.
Un destello recorrió los ojos del rey, con la fascinación del hambre de saber —Jamás oí hablar de los Milorra… y sin embargo usted los pronuncia como si aún caminaran entre nosotros.
Raquel aburrida, se mantenía apoyada contra la pared, jugando con el borde de su guante y, el novato oficial Spencer en cambio, sudaba frío, preguntándose si su presencia allí no era un error. Nelo, tras un silencio cargado, dictó:
—Que este hombre sea aseado y vestido con ropas dignas. Desde este día, Bal Garrett será el primer erudito de la institución Andrómeda, o quizás el director! Asies, serás nombrado Baron.
Garrett lo miró con una ceja arqueada —¿Ah? ¿Hablas en serio?– Garret paso de estar a punto de ser quemado y después ser parte de la nobleza, su desconfianza era obvia –¿Que recibiré a cambio?
Spencer y Raquel se miraron entre si asombrados, Santonelo curvó apenas los labios en una sonrisa contenida —La vida, le salvé la vida y ahora me estas en deuda, pero si no te convence, te otorgaré un hogar y las herramientas del saber, no he rescatado a un mendigo, sino a una reliquia viviente, es por eso que también le pido que guarde el secreto, el reino entero no lo entendería, pero yo sí.
La medianoche cayó sobre el castillo de Lumen como un manto húmedo, devuelta en el castillo, Raquel acompañaba al Rey hasta su estudio mientras un grupo de sirvientes escoltaba al hereje para asearlo —Puedo hacer esto solo– se le escucho decir, pero igual los sirvientes lo ignoraron, claro.
En el estudio, Nelo se quedo se quedó de pie, pensativo, como si trazara estrategias en el aire —Raquel, se en que estas pensando, pero ese hombre es importante… estuve buscando por 4 años aquel que me diera respuestas, el es especial.
Raquel, sin aún comprender del todo dijo —Majestad, relacionarse con un brujo en un momento tan delicado… es jugar con fuego, la corte tiene los ojos muy abiertos.
—Lo sé— sonrió, como si lo divirtiera –Ese es el punto, que sean testigos de la grandeza que se avecina.
De repente, la puerta se abrió con brusquedad, Alexander entró al estudio, la luz de la chimenea hacia resaltar su semblante serio —Necesito hablar contigo– Llevaba una carta en la mano con el sello de Isak Tenor —Mañana al amanecer quieren retomar la junta, se ah rumoreado de un rescate, quieren saber por qué arriesgaste tanto por un hereje– Hizo una pausa breve— Y yo también, ¿Que significa ésto?
Tanto Raquel cómo el monarca sintieron el peso de un nombre no pronunciado, Apolo Valentine ya había movido ficha. El Rey, sin embargo, no se inmutó —El brujo ya no está aquí, lo regresé a su reino con ayuda de uno de mis contactos, Bal Garrett, un arqueólogo de Beliane. trabaja conmigo en la inauguración del Instituto, el se encargo de qué recibiera su condena justa en donde pertenece.
Nelo hablaba como si fuese un viejo compañero de estudios, y Alexander entrecerró los ojos sin haber sido convencido del todo —Interesante, jamás me hablaste de él, tampoco sabía que ya mantenías tratos con otros reinos.
—Tenía mis razones— respondió el Rey mientras caminaba hacia su biblioteca —Quería sorprenderlos, estoy trabajando en tantos proyectos… que ya ni sé cuál contarte primero– Decía mientras pasaba el dedo por varios lomos, hasta encontrar un cuaderno grueso —Si te es de mal gusto el ocultarte este tipo de cosas, puedo compartirte la lista completa.– Le tendió el libro como si fuese un tesoro, Raquel no pudo evitar sonreír "qué astuto era... Qué irritantemente brillante" pensaba ella.
Alexander abrió el cuaderno, hojeó unas páginas y… por un instante, en su rostro algo se torno, algo parecido a orgullo. —Lo leeré con calma, pero aun así prepárate Nelo, los opositores al contrario de mi, no estarán dispuestos a escuchar, si no a morder.
—Entonces, que mastiquen bien— respondió el Rey con una sonrisa.
Cuando Alexander se retiró, Raquel dejo caer los hombros y dejo escapar un suspiro —Majestad… que fue todo eso...?– dijo frustrada y preocupada –Beliane, eh? No es por dudar de usted mi señor, pero creo que esta usted tomándose demasiados riesgos.
–Veras Raquel, entiendo tu preocupación, sin embargo le pido que deje todo en mis manos, puedes confiar en mí– Iba diciendo Nelo, mientras salía del estudio y, Raquel le seguía por los pasillos del castillo –No es de usted de quien desconfío, si no de ese sucio hereje –dijo sin contenerse– mañana seguramente estará Apolo del lado opositor, y notará al mismo hombre arapiento, desubicado y... sin... modales...– Las palabras quedaron mudas al encontrarse de frente a Andrew, el mayordomo con una sonrisa luminosa —Majestad, Capitána… les presento a Sir Bal Garrett.– El hombre que estaba al lado del mayordomo, no tenía nada que ver con el hereje que fue arrastrado entre barro y bosques, su cabello quebrado caía limpio, su porte era recto, las prendas que Andrew eligió le daban un aire académico, incluso distinguido, su mirada seguía siendo la misma: profunda, reservada, insondable.
—En efecto Raquel, nadie podría pasar por alto a alguien tan “arapiento, desubicado y sin modales”– Contestó el monarca burlesco –Excelente trabajo Andrew, sabía que podía confiaselo a usted.
Ahora en la biblioteca del castillo, Raquel recostada en un sillón, se frotaba las sienes con el guante aún puesto, evitando mirar a Garret.
Del escritorio, Santonelo reveló un volumen encuadernado en cuero agrietado de uno de los cajones, tan antiguo que parecía respirar por sí mismo, el aire en la sala se volvió más denso, cargado de un magnetismo difícil de explicar, hasta Raquel se puso alerta.
—Este...— susurró Nelo, casi en confidencia— es el verdadero motivo por el cual te necesito, Garrett.
Garrett extendió las manos, recibiendo el libro y penas lo tocó, percibió una vibración, cual murmullo antiguo corriendo bajo la piel, al abrirlo símbolos retorcidos y caracteres imposibles se desplegaron ante sus ojos, inscribiéndose en una lengua que parecía cambiar con cada parpadeo.
—Esto no es obra de hombre alguno —murmuró— Está escrito en un lenguaje de origen hermético… no es solo un cifrado, es cómo si el libro sólo quisiese mostrar lo que el quiere... Como si hubiese sido trazado por una deidad –Aquel libro, escrito en un Milorra antiguo, cambiaba sus textos, mostraba mapas antiguos y los desaparecía– Esto es un diario, y el nombre en su portada dice "Excarnatus", Descarnado...
Santonelo, parecía por primera vez sorprendido, pero Raquel pálida y llena de escalofríos, no pudo soportarlo más –Su majestad! ¿¡De dónde rayos consiguió esa cosa!?– alzó la voz asustada, aquel Diario poseía una energía que Raquel percibía hostil.
—Aquel libro, no... Aquel diario, Excarnatus me buscó —confesó con voz baja— una noche soñé con una figura, no recuerdo su rostro, pero si su voz, su voz profunda y familiar, evocaba tranquilidad... el me lo entregó y al despertar lo hallé en mis manos.
Garrett lo observó detenidamente, sin que el monarca lo notara, el brillo en los ojos del rey no era de locura, si no la de una revelación, Garrett lo entendió todo, aquel monarca fue elegido por un dios antiguo! Garret volvió al texto, pasando unas páginas con dedos cuidadosos.
—Podré traducirlo, pero esto llevará su tiempo… aunque no será un problema.
—Tiempo es lo que tendremos —respondió Santonelo, con un destello de orgullo— Mañana mismo se fundara el Instituto Andrómeda, donde nadie sospechará de tu trabajo, a los ojos del reino serás un académico, y estos manuscritos, para los demás no serán más que estudios arqueológicos.
Garrett cerró el libro lentamente y lo devolvió, la decisión estaba tomada —Entonces seré su falso arqueólogo, pero quiero que usted sepa que odio las mentiras, solamente aceptaré esto por mera curiosidad...
–Espero, mentir no sea un problema para ti –Dijo Raquel suspirando de alivió tras ser guardado el libro nuevamente– mañana en la mañana será la junta, así que no lo arruines, pues si todo sale mal y arruinas al rey, no habrá arqueólogo ni instituto –Amenazó Raquel a Garrett, pero cuando esté le devolvió la mirada, está la apartó de inmediato evitando haver contacto visual. Mientras el rey al verlos, empezaría a maquinar un plan en su mente...
Siguiente capitulo:
Bienvenido a Andrómeda.