No Necesito Ser Salvada

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

“No Necesito Ser Salvada” Lyra siempre sintió que no pertenecía al mundo humano… pero nunca imaginó cuánto. La noche en que el bosque la eligió, algo dentro de ella despertó. Algo salvaje. Algo que no puede controlar. Eryx solo quería respuestas. Ahora tiene una verdad mucho más peligrosa: Lyra. Mientras una cazadora observa desde las sombras, esperando el momento perfecto para reclamar a su presa, Lyra lucha contra lo que está en su interior… y contra el único humano que se niega a abandonarla. Porque en un mundo donde los monstruos no piden permiso… sobrevivir no es una opción. Y ser salvada… tampoco. Lyra no necesita ser salvada. Eso es lo que se repite… incluso cuando su mundo empieza a desmoronarse. Después de una noche que cambia todo, se ve atrapada en una lucha contra algo que crece dentro de ella, algo que no entiende… y que no quiere aceptar. Eryx, un extraño que llegó en el peor momento, se niega a dejarla sola. Aunque ella lo rechace. Aunque no lo quiera cerca. Aunque acercarse a ella pueda matarlo. Pero no son los únicos en el bosque. Y esta vez… Lyra no es la única que está siendo cazada.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Solo
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

La noche en que dejó de ser humana

El bosque respiraba.

No como los humanos lo hacían, con prisa y ruido… sino lento, profundo, eterno. Cada hoja susurraba secretos que nadie en el pueblo cercano se atrevía a escuchar.

Lyra sí.

Descalza, caminaba entre las raíces húmedas como si el suelo la reconociera. La luz de la luna se filtraba entre los árboles, dibujando sombras sobre su piel. No tenía miedo. Nunca lo tuvo.

Porque ese bosque… era lo único que siempre había sido suyo.

Desde pequeña, había sentido que algo dentro de ella no encajaba con el mundo humano. Mientras otros niños jugaban en las calles del pueblo, ella desaparecía entre los árboles, siguiendo sonidos que nadie más parecía oír.

Aullidos lejanos.

Pasos invisibles.

Una presencia.

No era imaginación.

Era un llamado.

Se detuvo.

El viento cambió.

Un silencio antinatural cayó sobre el bosque, como si todo hubiera decidido observar. Lyra frunció el ceño. Algo no estaba bien… y aun así, no retrocedió.

Nunca retrocedía.

—¿Hola? —murmuró, aunque sabía que no obtendría respuesta.

Pero la hubo.

Un crujido.

Luego otro.

No eran animales normales. Su cuerpo lo sabía antes que su mente. Su corazón no latía rápido por miedo… sino por algo más primitivo.

Expectativa.

Desde la oscuridad, dos ojos brillaron.

Luego otros.

Lyra no huyó.

En cambio, dio un paso adelante.

Y en ese instante… todo cambió.


A varios kilómetros de allí, en el borde del mismo bosque, la vida seguía siendo simple.

Eryx odiaba eso.

El pueblo era pequeño, predecible. Cada día era igual al anterior, como si el tiempo se hubiera quedado atrapado en un bucle sin salida.

Pero el bosque… el bosque era diferente.

Lo llamaba.

Desde hacía semanas, los rumores habían comenzado. Personas desaparecidas. Animales encontrados… o lo que quedaba de ellos. Nadie quería hablar demasiado del tema.

Eso solo lo hacía más interesante.

Eryx ajustó la mochila sobre su hombro mientras cruzaba el límite del pueblo. Detrás de él, las últimas luces humanas parpadeaban con debilidad.

Delante… solo oscuridad.

Sonrió.

—A ver qué estás escondiendo… —susurró.

Y sin pensarlo dos veces, se adentró en el bosque.


Muy lejos de allí… o quizás no tanto como debería.

Vexa observaba.

Desde lo alto de una colina, con cadenas enrolladas en su brazo y una criatura a su lado que no pertenecía a este mundo, analizaba el horizonte con calma absoluta.

El aire le traía información.

Sangre.

Miedo.

Cambio.

Alguien había despertado algo.

Sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa.

—Por fin… —murmuró.

Acarició la cabeza de su bestia, que gruñó bajo, anticipando la caza.

Esto no era casualidad.

Era una señal.

Y ella nunca ignoraba una señal.

—Prepárate —ordenó suavemente—. Tenemos una nueva presa.

Sus ojos brillaron en la oscuridad.

No con duda.

Con certeza.


Y en lo profundo del bosque…

el primer aullido rompió la noche.

Los ojos no parpadeaban.

Lyra los observó fijamente, intentando distinguir forma entre la oscuridad, pero era inútil. No eran como los de un animal normal. Había algo… consciente en ellos.

Algo que la estaba midiendo.

El aire se volvió más frío.

Un paso más.

No de ella.

De ellos.

Las hojas crujieron bajo un peso que no parecía completamente físico. Lyra entrecerró los ojos, su respiración volviéndose más lenta, más controlada. Su cuerpo estaba cambiando… no por fuera, aún no… pero por dentro, algo se estaba alineando.

Como si hubiera estado dormido.

Como si ahora estuviera despertando.

—No soy tu presa… —dijo en voz baja.

Silencio.

Y luego—

Un movimiento violento.

Algo salió disparado desde la oscuridad.

Lyra reaccionó por instinto. Se lanzó hacia un lado, rodando sobre la tierra húmeda mientras una sombra pasaba rozando donde había estado un segundo antes.

Demasiado rápido.

Demasiado preciso.

Se levantó de inmediato, su corazón ahora golpeando con fuerza, pero no había pánico en sus ojos.

Había claridad.

—Otra vez… —susurró, casi como un reto.

Esta vez, lo vio mejor.

Una figura alargada, imposible de definir completamente. Sus patas… ¿eran patas?… tocaban el suelo de forma antinatural. Sus ojos brillaban con una intensidad enfermiza.

Y no estaba sola.

Había más.

Rodeándola.

Pero algo era diferente.

No atacaban.

Esperaban.

Lyra lo sintió entonces.

No era una cacería normal.

Era una prueba.


Eryx no creía en coincidencias.

Y sin embargo, mientras más se adentraba en el bosque, más sentía que todo lo que estaba pasando… lo estaba llevando a un solo lugar.

Las ramas parecían apartarse apenas lo suficiente para dejarlo pasar. El viento cambiaba de dirección cuando dudaba, como empujándolo suavemente hacia adelante.

—Esto es raro… —murmuró.

Pero no se detuvo.

Entonces lo escuchó.

Un sonido bajo.

Lejano.

Un aullido.

Eryx se quedó inmóvil.

No era como los que había escuchado antes. Este tenía… algo más. Algo que le erizó la piel, pero no de miedo.

De reconocimiento.

Como si, en algún nivel extraño, lo entendiera.

—¿Qué eres…? —susurró.

Sin darse cuenta, comenzó a moverse más rápido.


Lyra cayó de rodillas.

El impacto la sorprendió más que el ataque.

No lo había visto venir.

Algo la había golpeado desde atrás, derribándola con una fuerza imposible. Sus manos se hundieron en la tierra mientras intentaba levantarse, pero su cuerpo no respondía igual.

Algo estaba mal.

No.

Algo estaba cambiando.

Un dolor agudo recorrió su espalda, como si algo intentara romperse desde dentro. Sus dedos se tensaron contra el suelo, clavándose más de lo que deberían.

Respiró hondo.

Error.

El olor la golpeó de inmediato.

Todo.

Tierra. Sangre. Corteza. Humedad. Vida.

Demasiado.

—¿Qué… me… está pasando…? —su voz se quebró, pero no por miedo.

Por pérdida de control.

Un gruñido escapó de su garganta.

No sonó humano.

Los ojos a su alrededor brillaron con más intensidad.

Se acercaban.

Lento.

Cautelosos.

Como si ya no la vieran como intrusa…

Sino como algo más.

Lyra levantó la cabeza.

Y en ese instante—

Algo dentro de ella se rompió.


Eryx llegó justo cuando el bosque dejó de hacer ruido.

Ni viento.

Ni hojas.

Ni insectos.

Nada.

—…No me gusta esto —murmuró, deteniéndose.

Entonces lo vio.

No claramente.

Pero lo suficiente.

Una figura en el suelo… rodeada de sombras que se movían demasiado lento para ser animales, pero demasiado fluidas para ser humanas.

—Oye— —empezó a decir, dando un paso adelante—

Un gruñido lo detuvo.

Bajo.

Profundo.

Advertencia.

Eryx se quedó quieto.

Su instinto le gritaba que retrocediera.

Pero no lo hizo.

Porque la figura en el suelo… se estaba moviendo.


El dolor desapareció.

De golpe.

Como si nunca hubiera estado ahí.

Lyra dejó de respirar por un segundo.

Y luego—

Inhaló.

El mundo explotó en detalles.

Podía oír los latidos a su alrededor. Podía distinguir cada movimiento, cada respiración. Podía sentir el peso de las miradas clavadas en ella.

Se puso de pie lentamente.

Diferente.

No necesitó mirarse para saberlo.

Lo sentía.

En su postura.

En su equilibrio.

En su… poder.

Las sombras retrocedieron un paso.

No por miedo.

Por respeto.

Lyra giró la cabeza ligeramente.

Y entonces lo percibió.

Otro latido.

Distinto.

Más débil.

Humano.

Sus ojos se fijaron en la dirección de Eryx.


Eryx dejó de respirar.

Porque ella lo estaba mirando.

No podía ver su rostro claramente… pero esos ojos…

No eran normales.

Y aún así…

No pudo moverse.


Desde la distancia, Vexa sonrió.

—Perfecto… —susurró.

La transformación había comenzado.

Y ahora…

la cacería también.


El bosque volvió a respirar.

Pero ya nada era igual.