Capítulo 1
Se dice que lo único seguro en esta vida es la muerte, pero Lucía no sabía que moriría ese día.
El accidente fue rápido: un frenazo, un golpe seco y luego, luces blancas... y después, la nada.
Cuando por fin abrió los ojos, le zumbaba la cabeza y su vista estaba borrosa hasta que logró adaptarse. Ahora se encontraba... ¿en una carretera?
- ¿Qué? - Lucía observó a su alrededor - ¿Dónde demonios estoy?
Un auto negro venía directo hacia ella Lucía apenas reaccionó, pero no pudo moverse.
El conductor giró el volante con fuerza, desviando el coche para que chocara contra un árbol. Así, el silencio volvió al lugar.
Y Lucía volvió a respirar.
- Genial, acabo de morir y casi me vuelven a matar.
Se acercó al coche, el conductor estaba inconsciente, pero tenía un visible golpe en la cabeza.
Era alto, de cabello oscuro, mandíbula perfecta... parecía sacado de una novela barata que Lucía solía ver en su celular.
- ¿Acaso los autos de lujo no tienen bolsas de aire? - se preguntó Lucía con duda, ya que el golpe había sido muy grave.
Acercándose más al conductor, Lucía lo distinguió y lo reconoció.
- No puede ser...
El hombre era Adrián Blackwood, el alfa de la manada Luna Carmesí.
Lucía sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, no porque él fuera peligroso, sino porque ella conocía esta historia. Era una novela cliché de licántropos que había leído por aburrimiento, y por supuesto, Adrián estaba en la portada.
El alfa casi atropellaba a la protagonista; de alguna forma, ella se salva, pero termina inconsciente. Ella, como buena persona, decide ayudarlo y, cuando él despierta, reconoce su vínculo con ella. Así, Lucía se convertía en la pareja destinada del alfa y, a partir de ahí...
Todo era drama, traición y celos.
La manada odia a Lucía por ser humana; el alfa la obliga a quererlo a pesar de que tiene prometida, y la prometida se siente traicionada e intenta matar a Lucía. Spoiler: lo logra.
Pero antes de eso, Lucía logra enamorarse de Adrián y le salva la vida.
Lucía miró al hombre inconsciente.
- No, no, no, esto no es una broma. Me largo de aquí.
En la novela, la protagonista corría para ayudarlo, pero Lucía corría... pero para escapar de él.
- Si no lo ayudo, la historia no comienza y... - se dio la vuelta - Si no comienza, estoy a salvo - Comenzó a caminar.
- Detente.
Lucía se congeló; la voz era profunda.
Giró lentamente la cabeza. Adrián estaba despierto, apoyándose con dificultad en el auto. Sus ojos brillaban a pesar de la luz del día.
- Tu aroma... - murmuró - Eres mía.
Lucía suspiró.
- Sí, claro, el famoso cliché - soltó sarcástica.
- ¿Qué dijiste? - Adrián comenzaba a enojarse.
- Nada, escucha - Lucía llevó sus manos a la cintura - . Lobo alfa misterioso, no soy tu pareja destinada.
- Mi lobo lo sabe - interrumpió.
- Pues dile a tu lobo que está equivocado.
Adrián, avanzando lentamente, incluso herido, era una presencia dominante.
- No puedes escapar de un vínculo de la luna.
Lucía cruzó los brazos.
- Te sorprenderás.
Adrián dio un paso más cerca, tomando el brazo de Lucía.
- Vendrás conmigo.
- No - Lucía comenzó a forcejear - Ni lo sueñes.
- No es una petición - amenazó Adrián.
- Tampoco es mi problema.
Lucía no pensaba rendirse; clavó sus uñas en el brazo de Adrián, pero él no se movió, mientras ambos mantenían la mirada.
Adrián, que no dejó de ver a Lucía con mirada amenazante, soltó en voz profunda:
- Sé dónde vive tu madre.
- ¿Qué?
- Ya escuchaste. Si no quieres que le haga daño, vendrás conmigo. - Apretó más fuerte su agarre.
- Déjame ver, “alfa”. Apenas me conoces, pero ya sabes dónde está mi madre.
Adrián no dijo nada.
- ¿Cómo? ¿De qué forma? ¿Me lo puedes explicar o te lo sacaste de la manga?
Lucía lo encontraba ridículo y falso.
- Eso no importa, tú vendrás conmigo - dijo tomando con fuerza el brazo de Lucía.
- Lo que me faltaba; aparte de lunático, psicótico - pensaba Lucía, desesperándose - . Eres peor de lo que recordaba.
Lucía movía desesperada el brazo intentando zafarse; preferiría dislocarse el brazo antes de ir con él.
- ¿Recordabas?
Lucía se maldijo mentalmente y también a él, ¿por qué tenía que ser tan fuerte?
Adrián la observaba con intensidad, sin soltarla ni aflojar su agarre.
- Desde hoy - dijo - perteneces a la manada Luna Carmesí.
Lucía lo miró con odio.
- Escúchame bien, alfa cliché.
Adrián arqueó una ceja.
- No voy a ser tu luna, ni enamorarme de ti, y por supuesto no seguiré esta ridícula historia barata.
El viento movió los árboles del bosque mientras el ambiente se enfriaba entre la mirada fría de Adrián y la de odio de Lucía.
Los ojos dorados del alfa brillaron con interés.
- Veremos - la veía burlón.
Lucía pensó en todo lo que venía en la novela: desde la prometida obsesiva, el rechazo de la manada, así como los intentos de asesinato y de arruinar su reputación y, por supuesto, el vínculo de pareja destinada.
Suspiró cansada de solo pensarlo.
- Perfecto - murmuró - . Si estoy atrapada en una historia de licántropos...
Lo miró con desafío
- Entonces voy a romper cada maldito cliché.
Y Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del territorio, sonrió por primera vez.
Porque nunca había conocido a una pareja destinada...
que intentara escapar de él desde el primer minuto.
Y se notaba en la forma en que intentaba zafarse de su agarre
- Ya suéltame
- Te he dicho que no te dejaré
Lucía apretó los dientes, como si le cayeran mal esos protagonistas que se creían mucho
Su enojo subía a niveles peligrosos, y lo fue aún más cuando él la miró de esa forma, como diciendo:
“Esta debilucha cree que puede contra mí”
Eso fue la gota que rebosó el vaso, y de un movimiento, le golpeó la pantorrilla.
Adrián se dobló al sentir el golpe y Lucía aprovechó para morderle el brazo y obligarlo a soltarla
- ¡Estás loca! - Adrián podía ver la marca de los dientes de Lucía
Apenas sintió que la soltaba, estaba a punto de correr, pero...
Las sirenas fueron lo primero que escuchó
Luego, las camionetas negras que le bloquearon el camino
Hombres enormes, con trajes oscuros y miradas demasiado serias, rodearon el coche destrozado, mientras que de una de ellas salió un hombre gritando:
- ¡Alfa!
Adrián aprovechó que Lucía retrocedió para evitar que la atropellaran y volvió a atraparla
- Estoy bien - gruñó
Otro hombre miró a Lucía con sorpresa
- ¿Quién es ella?
Los ojos dorados de Adrián se posaron en Lucía
Que lo veía mientras decía entre dientes: “Cierra la boca”
- Mi pareja destinada
El silencio fue inmediato; se miraron entre ellos antes de volver a ver a Lucía
Lucía levantó una ceja mientras miraba a aquellos hombres que comenzaban a hablar entre ellos
- No me miren así. Yo tampoco lo pedí
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Minutos después, Lucía estaba sentada dentro de una ambulancia junto a Adrián
Uno de los hombres vendó la frente del alfa
- Debemos llevarlo al hospital - decía el hombre preocupado
- No es necesario - murmuró Adrián
Como si un choque, un golpe en la cabeza, una posible ruptura de costillas y una mordedura no fueran nada
- El golpe fue fuerte, alfa
Lucía levantó la mano
- Yo voto por hospital
Adrián la miró, confundido, ya que ella era responsable de tres de las cinco cosas que le dolían en ese momento
Lucía se encogió de hombros; no se arrepentía de lo que había hecho
- Si te mueres, ahora se acaba el libro y todavía no descubro cómo salir de aquí
Adrián entrecerró los ojos
- ¿Libro?
- Nada. Ignóralo
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El hospital privado de la manada Luna Carmesí parecía más un hotel de lujo que un hospital
Lucía estaba sentada en una silla mientras un médico revisaba al alfa, y sonreía cada vez que Adrián gruñía de dolor
Adrián la miró
- No te muevas - advirtió
Lucía lo miró con aburrimiento
- Claro - dijo sin interés, mientras volvía a dejar caer su cabeza hacia atrás.
Pasaron diez segundos y Lucía se levantó
- ¿A dónde vas? - gruñó Adrián
- Por agua
- Tráeme una
- No
Fue hasta el dispensador, llenó un vaso... y se lo bebió
Luego llenó otro y también se lo bebió
Adrián la observaba con una mezcla de incredulidad y molestia
Lucía volvió y se sentó
- Tenías sed - dijo él
- S
- Pensé que era para mí
- ¿Por qué haría eso?
El médico tosió incómodo y salió del cuarto, recomendándole descansar
Ahora estaban solos, ignorando a los guardias fuera del cuarto
Lucía apoyó el codo en la mesa. - Tengo una pregunta
Adrián no respondió
- ¿Cómo sabes quién soy?
Silencio
- Nos conocimos hace menos de una hora - continuó ella - . Y ya sabes mi nombre, dices que soy tu pareja destinada y... curiosamente... sabes cosas de mi familia
Adrián la observó - El alfa siempre sabe
Lucía rodó los ojos
- Ah, claro, la típica respuesta misteriosa. Ahora el alfa es una criatura omnipotente
Adrián se inclinó un poco hacia adelante
- Tu nombre es Lucía Rivera
Lucía se quedó quieta
- Tu madre se llama Elena Rivera
Su estómago se tensó
- Trabaja en una pequeña tienda en el centro de la ciudad
Lucía lo miró fijamente
Adrián habló con voz fría
- Si intentas escapar...
- La matarás - terminó Lucía
Adrián arqueó una ceja
- Exacto
Lucía suspiró
- Dios... qué cliché
- ¿Qué?
- La amenaza a la madre, abuela, hermano, hermana. Siempre funciona en estas historias
Adrián frunció el ceño
Lucía lo señaló
- Eso es lo que no entiendo
Se levantó de la silla
- Tienes poder, dinero, una manada entera que te obedece y controlas prácticamente a toda la ciudad
Lo miró directo a los ojos
- ¿Y aun así usas trucos baratos?
Adrián guardó silencio
Lucía caminó un poco por la habitación
- Además, hay otra cosa que no cuadra
Se giró hacia él
- ¿Cómo sabes tanto de mí?
Adrián no respondió
Lucía cruzó los brazos
- Dime exactamente qué sabes de ella - Lucía lo vio con duda y curiosidad - . De mi madre.
El alfa la observó en silencio unos segundo
La tensión en la habitación era pesada, no por la situación sino...
Porque Lucía no estaba reaccionando como cualquier humana
Aquellas que se apresuraban cerca de Adrián siempre mostraban miedo; lloraban y suplicaban, ya sea para ganar su favor o salvar su vida
Pero Lucía...
Solo lo miraba... como si estuviera tratando de resolver un problema
Y eso era algo que Adrián nunca había visto en una pareja destinada o en ninguna persona que conociera
Lucía habló de nuevo
- Así que vamos a hacerlo simple, “alfa” - su voz fue firme mientras se sentaba cruzando sus piernas - Si vas a usar a mi madre para controlarme... - sus ojos brillaron con desafío - Primero, dime exactamente qué sabes de ella
Y por primera vez desde el accidente...
Adrián no tuvo una respuesta inmediata