Para: Kageyama Tobio

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Sinopsis

Prólogo — Para: Kageyama Tobio Hinata no sabía exactamente cuándo empezó. Tal vez fue después de ver un partido en su teléfono, en silencio, con el brillo bajo como si alguien pudiera juzgarlo. Tal vez fue cuando escuchó el comentarista decir tu nombre y sintió ese salto automático en el pecho que ya no servía para nada. Abrió el chat. Solo por curiosidad, se dijo. Mentira barata. “Para: Kageyama Tobio” Se quedó mirando la pantalla. Los dedos suspendidos. Como si estuviera esperando una colocación que nunca iba a llegar. Escribió: “No te necesito.” La frase apareció fría, perfecta, directa. Exactamente como no se sentía. Hinata frunció el ceño. Volvió a escribir debajo. “Puedo saltar solo.” Borró. Demasiado infantil. Intentó otra vez. “Además, ahora tienes a alguien más.” El cursor parpadeó. Hinata tragó saliva. Recordó el uniforme distinto. Recordó el pelo claro. Recordó cómo el balón llegaba alto, preciso… igual que antes. Igual que cuando era para él. “Seguro te resulta más fácil.” Eso dolió más de lo esperado. Lo borró todo. La pantalla volvió a quedar vacía. Solo el nombre arriba. Intocable. Hinata apoyó la frente contra la mesa y soltó un suspiro largo. Después escribió sin pensar: “Hoy entrené. Salté… pero nadie estaba ahí.” Sus dedos temblaron un poco. No presionó enviar. Guardó el mensaje. Cerró el chat. Ese fue el primero. El primero de muchos

Genero:
Scifi
Autor/a:
A
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

01 - Ya no te necesito.

El gimnasio estaba casi vacío cuando terminaron el entrenamiento.

Shoyo Hinata se dejó caer en el suelo, todavía respirando rápido.

—Oye, Shoyo —dijo Atsumu Miya, tirándose a su lado—. Hoy juegan los Adlers.

Hinata fingió no reaccionar.

—¿Y?

—Y que tu cara dice que quieres verlo.

Atsumu ya tenía el celular en la mano. El partido empezó.

Uniformes blancos. Público. Ruido.

Y entonces apareció Kageyama Tobio.

El balón cruzó la red. Recepción perfecta.

Kageyama corrió bajo la pelota.

Hinata dejó de moverse.

El salto del colocador fue limpio. Sin duda. Sin vacilación.

La colocación salió alta.

Y el atacante apareció.

Cabello claro. Pasos rápidos.

Kōrai Hoshiumi.

Saltó.

Con los ojos cerrados.

El remate explotó contra el suelo.

Punto.

Hinata sintió el mismo golpe en el pecho.

Flash.

Un gimnasio antiguo.

Un balón demasiado rápido.

Una voz diciendo “confía”.

Flash.

Sus propios ojos cerrándose.

El salto sin mirar.

La certeza absurda de que la pelota estaría ahí.

—Oi —dijo Atsumu, bajando el volumen—. ¿Estás respirando o te apagaste?

—Estoy bien.

Mentira.

El partido siguió. Otra colocación. Otro salto. Otra conexión perfecta que no era suya.

Hinata se levantó.

—Voy al vestuario.

—Ni siquiera terminó —murmuró Atsumu.

—No importa.

Esa noche, Hinata abrió su cuaderno.

Escribió despacio:

“Para: Kageyama Tobio”

Se quedó mirando el nombre.

Luego escribió:

“Ya no te necesito.”

Apretó más el lápiz.

“Tengo un colocador increíble.”

Pensó en Atsumu gritándole que saltara más alto.

“Puedo hacerlo con cualquiera.”

Recordó el salto con los ojos cerrados.

La punta del lápiz tembló.

“Además… ahora tienes a tu pequeño gigante.”

Se detuvo.

El pecho le pesaba.

Añadió una última línea:

“Estoy bien. En serio.”

La hoja quedó en silencio.

Hinata cerró el cuaderno.

No arrancó la página.

No la tachó.

Porque aunque lo negara…

aunque tuviera un nuevo colocador…

ver esa colocación todavía dolía.

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