Dacte origen en la nada

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Sinopsis

En un universo donde no existía nada, un ser llamado Thareon aparece sin saber quién es ni por qué existe. Pronto, otros como él surgen: los Dacte, una especie desconocida con habilidades que aún no comprenden. Juntos comienzan a construir, a explorar… y a darle forma a un mundo que nunca debió existir. Pero mientras todo crece, también lo hace algo más. Algo que apaga la luz. Algo que siembra dudas. Algo que podría destruirlos desde dentro.

Genero:
Scifi
Autor/a:
esteban9050
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
13+

Prologo

Mucho se ha dicho sobre los Dacte, y a diferencia de lo que ocurre con otras criaturas envueltas en misterio, gran parte de ese conocimiento no es completamente erróneo. Existen registros, descripciones, incluso intentos de estudio. Sin embargo, comprenderlos sigue siendo otra cosa muy distinta.

Los Dacte no son un mito.

Son reales.

Y aún habitan en el universo .

Pero verlos… es otra historia.

Son extremadamente raros de encontrar. No porque se oculten en lugares lejanos o inaccesibles, sino porque han perfeccionado una habilidad que los hace prácticamente imposibles de detectar. Los Dacte no se esconden de la forma en que lo hacen otras criaturas. No se ocultan detrás de objetos ni huyen de la vista.

Se integran.

Se funden con su entorno con una precisión que desafía toda lógica. Su camuflaje no es solo visual, sino total. Pueden desaparecer en la oscuridad, en la materia, en el espacio mismo, hasta el punto de que incluso cuando están presentes… parecen no estarlo. Donde uno cree que no hay nada, puede haber un Dacte observando en completo silencio.

Y aunque la mayoría nunca llega a verlos…

hay quienes sí lo han hecho.

Encuentros breves. Momentos fugaces. Apariciones que duran apenas un instante antes de desaparecer otra vez. Pero suficientes para confirmar lo que muchos dudaban.

Siguen vivos.

No abundan. De hecho, todo indica que su número ha disminuido con el paso del tiempo. No se sabe con certeza por qué. No hubo una gran catástrofe conocida, ni una guerra que explicara su casi desaparición. Simplemente… cada vez son menos.

Aun así, los que quedan permanecen.

Inalterables.

Los Dacte no dependen de alimento ni de ningún tipo de recurso para subsistir. No necesitan consumir, no necesitan descansar de la forma en que otras especies lo hacen. Su existencia no está atada a las reglas básicas de la supervivencia. Permanecen activos, conscientes, presentes… sin desgaste aparente.

Esto los convierte en algo difícil de clasificar.

No son inmortales en el sentido tradicional, pero tampoco parecen limitados por el tiempo como otros seres. No envejecen de forma visible. No muestran señales claras de deterioro. Simplemente… continúan.

Pero si hay algo que verdaderamente los define, es su relación con la realidad.

Los Dacte no construyen como otros.

No necesitan herramientas.

No necesitan contacto.

Ni siquiera necesitan estar presentes.

Cuando un Dacte decide crear, la materia responde. Las estructuras se forman sin intervención física, organizándose como si obedecieran una orden silenciosa. Es una forma de construcción que rompe por completo con cualquier lógica conocida.

No es magia, al menos no como se entiende comúnmente.

Es algo más profundo.

Algo que parece formar parte de lo que son.

Esta capacidad no solo les permite crear… les permite expandirse.

Porque los Dacte no son únicamente observadores.

También conquistan.

No siempre mediante la fuerza directa, ni con destrucción evidente. Su forma de conquista es más sutil, más calculada. Llegan. Observan. Comprenden.

Y luego avanzan.

Donde encuentran oportunidad, toman territorio. Donde detectan debilidad, se establecen. No actúan con impulsividad, sino con intención. Cada movimiento tiene propósito, incluso si ese propósito no es evidente para otros.

No buscan el caos.

Pero tampoco evitan el dominio.

Y es precisamente esta combinación —silencio, inteligencia, adaptación y expansión— lo que los convierte en una presencia tan inquietante.

Porque un Dacte no necesita ser visto para estar allí.

No necesita recursos para mantenerse.

No necesita estar presente para construir.

Y no necesita anunciarse para conquistar.

A pesar de todo lo que se sabe, hay algo que permanece fuera del alcance de cualquier estudio.

Su verdadera intención.

Se han registrado sus habilidades. Se han analizado sus comportamientos. Se han documentado sus patrones. Pero entender qué buscan realmente… sigue siendo imposible.

Quizá porque ni siquiera ellos lo expresan.

O quizá porque su forma de pensar es demasiado distinta.

Algunos creen que observan el mundo en espera de algo.

Otros dicen que ya están actuando, solo que nadie lo ha notado.

Y hay quienes aseguran que su presencia es mucho más constante de lo que parece… solo que invisible.

Sea cual sea la verdad, una cosa es segura:

Los Dacte no han desaparecido.

Siguen ahí.

En silencio.

Ocultos.

Atentos.

Y tal vez… más cerca de lo que cualquiera estaría dispuesto a admitir.

EL CALENDARIO DACTEANO(CD)

CICLO I

Hubo un momento en el que los Dacte comenzaron a organizar su existencia.

Hasta entonces, todo era continuo. No había divisiones claras, ni etapas, ni formas de diferenciar un periodo de otro. Las acciones ocurrían sin un orden definido, y aunque los Dacte ya poseían sus habilidades, estas no seguían ningún ritmo.

Eso cambió con la aparición del primer ciclo.

El Ciclo de Trabajo.

Este ciclo está compuesto por ciento veinte días, y durante ese tiempo, los Dacte se dedican exclusivamente a la acción. No se trata de un esfuerzo forzado ni de una obligación impuesta, sino de una fase natural en la que toda su atención se dirige hacia la creación, la construcción y el desarrollo.

Durante el Ciclo de Trabajo, los Dacte utilizan su capacidad más singular: construir sin estar presentes.

Las estructuras surgen sin contacto físico, organizándose a distancia como si respondieran directamente a su voluntad. No necesitan herramientas ni cercanía. Basta con la intención. Lo que imaginan, comienza a tomar forma.

Pero no construyen sin propósito.

Cada creación tiene una función. Algunas sirven como puntos de reunión, otras como zonas de observación, otras como estructuras de expansión. Aunque no siempre todos los Dacte comprenden el propósito de cada construcción, existe una sensación compartida de dirección.

El trabajo, para ellos, no es supervivencia.

Es avance.

Durante este ciclo, su actividad es constante. No hay pausas innecesarias. No hay distracciones. Cada Dacte se enfoca en lo que debe hacer, ya sea crear, reforzar, modificar o ampliar lo que ya existe.

También es durante este periodo cuando consolidan territorio.

Observan el entorno, identifican espacios útiles y, sin necesidad de confrontación directa en muchos casos, comienzan a ocuparlos. La expansión no siempre es violenta, pero sí es intencional. Donde trabajan… permanecen.

El Ciclo de Trabajo no solo organiza sus acciones.

Define su progreso.

Al finalizar los ciento veinte días, lo que antes no existía ahora está presente. Lo que era vacío, ahora tiene forma. Lo que era desconocido, comienza a ser comprendido.

Y así, cada vez que este ciclo ocurre, los Dacte no solo construyen estructuras…

construyen su lugar en el mundo.

CICLO II

Tras el Ciclo de Trabajo, cuando la actividad alcanza su punto máximo y las estructuras han sido levantadas, comienza una fase completamente distinta.

El Ciclo de Viaje.

Este ciclo también se extiende por ciento veinte días, pero a diferencia del anterior, no está enfocado en crear… sino en moverse.

Durante este periodo, los Dacte abandonan los lugares donde trabajaron. No de forma definitiva, pero sí lo suficiente como para dejar atrás todo aquello que construyeron. Lo que antes era centro de actividad queda en silencio.

Y ellos parten.

Los Dacte se dispersan en múltiples direcciones, recorriendo territorios desconocidos, explorando espacios que aún no han sido comprendidos. No siguen rutas marcadas ni caminos definidos. Cada movimiento responde a una intención interna difícil de explicar, como si supieran a dónde ir sin necesidad de decidirlo.

El camuflaje se vuelve esencial.

Durante el viaje, rara vez son vistos. Se funden con el entorno, observan sin intervenir, estudian sin alterar. Su presencia es mínima, casi inexistente. Donde pasan, no dejan rastro evidente.

Pero no viajan sin propósito.

Observan.

Analizan.

Aprenden.

Durante este ciclo, los Dacte recopilan información. Detectan patrones en el entorno, identifican territorios útiles, reconocen amenazas potenciales y descubren nuevas posibilidades de expansión. Todo lo que no pudieron comprender durante el trabajo, lo estudian durante el viaje.

También es en este periodo donde encuentran otros espacios… y, en ocasiones, otras presencias.

No siempre interactúan.

Pero siempre recuerdan.

El Ciclo de Viaje es silencioso, pero fundamental.

Sin él, el Ciclo de Trabajo carecería de dirección. Porque lo que se construye no surge de la nada, sino de lo que fue observado previamente.

Al finalizar los ciento veinte días, los Dacte regresan.

No todos al mismo lugar.

No todos al mismo tiempo.

Pero regresan con algo más que experiencia.

Regresan con conocimiento.

Y ese conocimiento… es lo que define lo que vendrá después.

CICLO III

Tras el movimiento constante del Ciclo de Viaje, cuando los Dacte han recorrido territorios, observado el mundo y acumulado conocimiento, llega una fase completamente distinta.

El Ciclo de Descanso.

Este ciclo, al igual que los anteriores, se extiende por ciento veinte días. Pero a diferencia del trabajo y el viaje, no está definido por la acción ni por el desplazamiento.

Está definido por la quietud.

Durante este periodo, los Dacte reducen su actividad de forma notable. No abandonan completamente sus capacidades, pero dejan de utilizarlas con la misma intensidad. La construcción se detiene. La expansión se pausa. El movimiento disminuye.

Y en su lugar… permanece la reflexión.

Los Dacte regresan a los territorios que ocuparon o a espacios que consideran seguros. No siempre son los mismos lugares, pero sí aquellos donde pueden permanecer sin necesidad de intervenir constantemente en el entorno.

Se mantienen.

Observan.

Pero de una forma distinta.

Ya no buscan descubrir lo nuevo, sino comprender lo que ya han visto. El conocimiento obtenido durante el Ciclo de Viaje es procesado, analizado y organizado. Lo que antes era solo percepción, ahora comienza a tomar forma como entendimiento.

Este ciclo no es inactividad.

Es equilibrio.

Durante el descanso, los Dacte ajustan sus decisiones futuras. Evalúan lo que construyeron, lo que exploraron y lo que aún no comprenden. Es un tiempo donde lo externo pierde importancia… y lo interno se vuelve esencial.

También es en este periodo donde su presencia se vuelve aún más difícil de detectar.

Su camuflaje alcanza niveles casi absolutos. Permanecen inmóviles durante largos periodos, integrados completamente con el entorno, como si dejaran de existir momentáneamente. No porque desaparezcan, sino porque eligen no intervenir.

Para quienes no los conocen, parecería que no están.

Pero están.

Siempre están.

El Ciclo de Descanso permite que los Dacte no actúen sin dirección. Evita que su expansión sea caótica y que su conocimiento se pierda. Les da claridad.

Les da control.

Al finalizar los ciento veinte días, los Dacte no son los mismos que al inicio.

No porque hayan cambiado físicamente.

Sino porque comprenden más.


CICLO IV

Tras los tres grandes ciclos —trabajo, viaje y descanso—, cuando la actividad ha sido completada, el movimiento ha terminado y la mente ha encontrado equilibrio, llega un periodo que no se parece a ningún otro.

Cinco días.


Pero distintos a todo lo demás.

No forman parte del ritmo habitual. No siguen las reglas de los ciclos anteriores. No responden a necesidad… ni a función.

Son conocidos como los Cinco Días del Bien.

Durante estos días, los Dacte no trabajan, no viajan y no descansan como antes. Todo lo que define su comportamiento habitual se suspende.

Y en su lugar… eligen.

Por primera vez en todo su orden, no hay una dirección común. No hay una estructura clara. Cada Dacte actúa por decisión propia, guiado por algo que no puede medirse ni explicarse completamente.

Hacen el bien.

Pero no existe una única forma de hacerlo.

Algunos ayudan a otros Dacte, fortaleciendo estructuras, corrigiendo errores o compartiendo conocimiento acumulado. Otros intervienen en el entorno de maneras sutiles, ajustando aquello que consideran necesario sin alterar el equilibrio general.

Algunos simplemente observan… y deciden no intervenir, entendiendo que en ciertos casos, el bien está en no cambiar nada.

No hay reglas.

No hay órdenes.

No hay obligación.

Solo intención.


Durante estos cinco días, los Dacte muestran una faceta distinta. No la de constructores, ni exploradores, ni observadores silenciosos… sino la de seres capaces de decidir sin estructura previa.

Es un periodo breve.

Pero fundamental.

Porque en él se revela algo que no aparece en los otros ciclos:

Su voluntad.


Cada decisión tomada en estos días no responde a un sistema, sino a una elección. Y aunque esas elecciones no siempre son visibles para otros, tienen impacto.

Y en esa comprensión… se prepara el siguiente paso