La chica que cambió el juego
Melany tenía 22 años, una mirada firme y una personalidad que no pedía permiso para entrar en la vida de nadie… simplemente lo hacía.
No era la típica chica que buscaba atención, pero sin proponérselo, siempre terminaba siendo el centro de todo.
Aquella noche, la lluvia caía sobre la ciudad mientras Melany salía de la universidad con su chaqueta negra y el cabello ligeramente húmedo.
Fue entonces cuando un auto oscuro frenó frente a ella.
La ventana bajó lentamente.
—Sube —dijo una voz grave.
Melany reconoció inmediatamente a Cristopher.
25 años. Elegante. Serio. Difícil de leer.
Un hombre con fama de frío… pero con una intensidad imposible de ignorar.
Melany cruzó los brazos.
—No sabía que ahora recogías personas bajo la lluvia.
Cristopher sonrió apenas.
—Solo a las que no debería dejar ir.
Ella dudó… pero subió.
Dentro del auto, el silencio pesaba más que las palabras.
Hasta que él habló:
—Antonella volvió.
Melany giró la mirada.
Antonella… su ex.
20 años, hermosa, impulsiva y peligrosa cuando quería recuperar algo.
—¿Y eso me importa por qué? —preguntó Melany.
Cristopher apretó el volante.
—Porque desde que apareciste, todo empezó a complicarse.
Melany iba a responder… pero el celular de Cristopher vibró.
Sacha.
Su esposa.
La llamada quedó encendida unos segundos.
—¿Dónde estás? —preguntó la voz femenina al otro lado.
Melany quedó inmóvil.
Cristopher colgó sin responder.
—¿Tu esposa no merece respuestas? —dijo Melany, incómoda.
—Mi matrimonio existe en papeles… nada más.
Pero antes de que ella pudiera responder, otro auto bloqueó el camino.
De él bajó Tadeo.
27 años.
Alto, mirada desafiante, presencia imposible de ignorar.
Tadeo caminó bajo la lluvia hasta el auto y golpeó suavemente el vidrio.
Cristopher bajó la ventana.
—Bájate, Melany —dijo Tadeo mirándola directamente.
—¿Ahora das órdenes? —respondió Cristopher.
Tadeo sonrió con ironía.
—Solo cuando sé que estás cerca de arruinarlo todo.
Melany salió del auto molesta.
—¿Se puede saber qué les pasa a ustedes dos?
Tadeo la miró fijamente:
—Lo que pasa… es que ninguno piensa dejarte ir.
El silencio cayó.
Pero alguien observaba desde lejos.
Desde la esquina, bajo un paraguas oscuro, Marcus.
Primo de Sacha.
Siempre silencioso.
Siempre presente.
Y completamente enamorado de Melany… sin que nadie lo supiera.
Sacó de su bolsillo un pequeño papel doblado.
Una nota.
La misma letra anónima que Melany había encontrado durante semanas:
"Hay personas que te miran más de lo que imaginas."
Mientras tanto, Antonella sonreía desde otro auto.
Porque ella también había vuelto por algo.
Y no pensaba perder.