PRÓLOGO
Su voz.
No fueron sus ojos ni su apariencia lo que llamaron mi atención, fue su voz: delicada, suave, pero al mismo tiempo segura y varonil.
Nunca pensé que alguien pudiera llegar a interesarme de esta forma con solo escuchar el sonido de su voz.
Tal vez se debía al hecho de que era lo único a lo que tenía acceso desde las cuatro paredes de mi cuarto, lo que creaba una mezcla perfecta de circunstancias.
Me llamo Jimin, Jimin con J.
Y si, mi nombre es ya motivo de conversaciones incómodas, pueden imaginar cómo ha sido mi vida.
Soy Jimin, el chico que lleva setenta y seis días sin ser capaz de salir de su casa, y fiel radioyente del programa
Sigue mi voz.