SUEÑO Y DELIRIO

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Sinopsis

Preparado para una historia de suspense, miedo y locura

Genero:
Mystery
Autor/a:
Dani
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

La grieta en la noche

La neblina caía sobre Londres como un velo pesado y húmedo, arrastrándose por las calles desiertas con un susurro que parecía seguir cada uno de los pasos de Logan. Las farolas apenas dejaban escapar su luz amarilla, y los edificios se alzaban oscuros y silenciosos, sus sombras alargándose hasta perderse en la noche.

Logan caminaba sin rumbo. No recordaba cómo había llegado allí ni por qué la ciudad se sentía tan diferente, como si hubiera cambiado mientras él dormía. Cada calle que tomaba parecía alargarse, retorcerse y repetirse, jugando con su mente, obligándolo a cuestionar si realmente avanzaba o simplemente daba vueltas sobre sí mismo.

El suelo estaba mojado y frío. Cada charco reflejaba un cielo gris oscuro, cargado de un brillo metálico que no parecía natural. El eco de sus botas sobre el adoquín resonaba más de lo que debería, profundo y hueco, como si el mundo bajo sus pies tuviera su propio ritmo, independiente del suyo.

—Logan…

La voz surgió de algún lugar cercano, apenas un susurro, y lo hizo detenerse en seco. Buscó con la mirada, pero la neblina parecía engullirlo todo. No había nadie. Solo sombras que se movían a su alrededor, insinuándose en la periferia de su visión, como si respiraran con él, sincronizadas con su propio pulso.

Avanzó con cautela, sintiendo que cada paso lo alejaba de la seguridad, aunque no podía identificar dónde estaba o hacia dónde se dirigía. La ciudad le parecía viva, silenciosa y amenazante, y la sensación de que algo lo observaba aumentaba con cada callejón que doblaba.

En una pared cercana, algo llamó su atención. Una grieta fina, oscura e irregular recorría la fachada de un edificio antiguo. Logan se inclinó para observarla mejor. Por un instante creyó ver un movimiento dentro de la línea, como un parpadeo fugaz que desapareció al instante. Un escalofrío recorrió su espalda. La sensación de que la grieta “lo miraba” era tan intensa que tuvo que apartarse, aunque no pudo dejar de mirar por encima del hombro.

Se obligó a seguir caminando, pasando junto a callejones que terminaban en paredes invisibles y edificios que parecían reproducirse, idénticos, uno tras otro. El aire olía a humedad, metal y algo más indefinible, un aroma que parecía impregnado de advertencia. Cada sonido —el goteo de agua, el crujido de un tablón, un susurro del viento— se amplificaba hasta convertirse en un recordatorio constante de que no estaba solo.

Sus pensamientos se agolpaban. ¿Dónde estaba? ¿Era esta realmente Londres o una versión torcida de la ciudad que conocía? La neblina lo abrazaba, densa, pegajosa, y con cada inhalación sentía que le llenaba los pulmones de preguntas que no podía responder.

Logan continuó avanzando, más despacio, midiendo cada paso. La noche parecía expandirse a su alrededor, haciéndose más vasta, más silenciosa y más extraña. Cada esquina prometía algo que no podía comprender, y aún así no podía dejar de moverse, impulsado por la inquietud y una curiosidad que coqueteaba con el miedo.

No había respuestas, solo incertidumbre. Pero Logan sabía que algo, indefinido, lo observaba desde la penumbra, moviéndose justo fuera de su alcance visual. La sensación no era solo miedo; era una certeza silenciosa de que la noche misma tenía vida y lo seguía, paciente, esperando a ver qué haría a continuación.

Y él continuó caminando, solo y perdido, sin certezas, con la sensación creciente de que cada sombra, cada calle y cada charco le susurraban secretos que no estaba listo para entender.