Capitulo 1
La sala de operaciones de la CIA en Langley nunca dormía, pero esa noche parecía más tranquila que de costumbre. Valeria Voss, una de las agentes más respetadas y ocupadas de la agencia, estaba sentada en su oficina privada junto con tres de sus compañeras de equipo. Sobre la mesa había una baraja de cartas, algunos cafés ya fríos y un par de paquetes de snacks a medio terminar.
— ¡Full House! — exclamó Valeria con una sonrisa triunfante, mostrando sus cartas.
Sus amigas soltaron quejas y risas. Una de ellas, la agente Ruiz, golpeó la mesa con la palma de la mano.
— ¡Otra vez! Esto es imposible, Voss. Tienes una suerte del demonio.
Ruiz se levantó de golpe, frustrada, y levantó el puño como si fuera a estrellarlo contra la pared. En el último segundo se detuvo, respiró profundo y murmuró:
— Ya sé qué hacer…
Sin decir más, se dirigió a la esquina de la sala donde había una cápsula metálica negra de aspecto futurista. Abrió la puerta, se metió dentro y cerró. Un zumbido bajo llenó el ambiente. Segundos después, una figura casi idéntica a Ruiz —pero con un brillo extraño en los ojos— salió de la cápsula y, sin previo aviso, golpeó la pared con fuerza. El impacto resonó en toda la oficina.
Valeria se puso de pie de inmediato.
— ¿Qué demonios fue eso?
En ese momento, la jefa de sección, la directora adjunta Margaret Hale, entró a la sala con una carpeta en la mano.
— Eso, Voss, es el Proyecto Avatar. La nueva generación. Mucho más avanzado que lo que viste en las películas. Control total del cuerpo sintético: fuerza, velocidad, sensaciones… Todo. El usuario permanece seguro aquí mientras el avatar hace el trabajo en el campo. Es como estar en dos lugares al mismo tiempo, pero mejor.
Valeria miró la cápsula con curiosidad, pero antes de que pudiera preguntar más, su teléfono vibró sobre el escritorio. Era su esposo, Daniel.
— Valeria… ¿sabes qué día es hoy? — preguntó con un tono entre cansado y decepcionado.
Ella cerró los ojos un segundo.
— Mierda… El cumpleaños de Ethan.
— Cumple 18 años, Valeria. Dieciocho. Y tú ni siquiera has llamado.
Valeria se levantó rápidamente, agarró su chaqueta negra y el ID que colgaba de su cuello.
— Ya voy para allá. Dile que estoy saliendo.
Llegó a casa casi dos horas después. Ethan estaba sentado en el sofá de la sala, mirando su teléfono con expresión neutra. Cuando vio a su madre entrar, apenas levantó la vista.
— Feliz cumpleaños, cariño — dijo Valeria con una sonrisa forzada, extendiendo una bolsa de regalo.
Ethan abrió la bolsa y sacó un conejo de peluche rosa, suave y con una cinta blanca alrededor del cuello. Se quedó mirándolo unos segundos sin decir nada.
— …Gracias — murmuró finalmente, dejando el peluche a un lado.
Valeria sintió un nudo en la garganta. Sabía que había fallado.
Esa noche, después de la cena, la familia se reunió en la sala para ver videos antiguos. Imágenes de Ethan cuando tenía 3 años corriendo en el jardín, cuando cumplió 7 y soplaba las velas con una sonrisa enorme, cuando ganó su primer partido de béisbol a los 12… Valeria veía cada video con los ojos húmedos. En su mente, ella estaba ahí. Recordaba haber grabado esos momentos.
Pero no era verdad.
Cuando los videos terminaron, Valeria se quedó en silencio. Se acercó a Daniel en la cocina mientras lavaba los platos.
— ¿Cómo hago para recuperar su confianza, Daniel? — preguntó en voz baja—. Quiero ser su madre… de verdad.
Daniel suspiró y se secó las manos con un trapo.
— Valeria, llegas tarde todos los días. Prácticamente no has estado en su vida estos últimos años. No hay un vínculo emocional fuerte. Es difícil de reconstruir de la noche a la mañana.
A la mañana siguiente, Valeria intentó acercarse a su hijo mientras desayunaban. Le preparó el café favorito de cuando era niño, le preguntó sobre la universidad, sobre sus amigos… Ethan respondía con monosílabos y miraba el reloj.
Más tarde, Daniel le dijo con honestidad:
— Ethan tiene 18 años ahora. Solo piensa en chicas, en salir, en su vida universitaria. No está en la etapa de “hacer actividades con mamá”. Tienes que aceptarlo.
Valeria se quedó pensativa toda la mañana. Mientras regresaba a la agencia, una idea comenzó a formarse en su cabeza. Una idea peligrosa, poco ética… pero que, en su mente desesperada, parecía perfecta.
Esa misma tarde, volvió a la oficina y se acercó de nuevo a la cápsula del Proyecto Avatar.
Miró la pantalla de control y seleccionó el perfil de creación.
— Edad: 18 años. Género: femenino. Apariencia… atractiva, pero natural. Cabello oscuro, ojos claros… que se parezca un poco a mí, pero que nadie lo note.
Una sonrisa triste y decidida apareció en sus labios mientras el sistema comenzaba a generar el avatar.
“Si no puedo acercarme a mi hijo como su madre… tal vez pueda hacerlo como alguien de su edad.”
Fin del Capítulo 1