Soledad
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Ella está sola en estas cuatro paredes de madera, solo escucha el canto de los pájaros y se aburre mucho en este lugar aislado; no obstante, la casa tiene paneles solares y agua, gracias a Dios, así que solo se entretiene mirando la televisión,
Los días casi siempre están grises en este lugar en medio de la isla, lejos del contacto con la ciudad y aunque que ella la conoce no ha vivido allá.
La joven se pregunta. ¿Cómo será vivir en aquel sitio lleno de personas?
Ella ha culminado sus estudios de bachiller, así que ya no va regularmente a la ciudad.
Ha cumplido los 18 años, quiere ir a estudiar enfermería y talvez encontrar a algún chico que le guste, porque en la escuela donde estudió, los más guapos ya tenían sus novias.
Su familia aún creen que es una nena, ellos son muy sobre-protectores.
Sus padres trabajan en una villa de multimillonarios, a dos kilómetros de esta zona, y su tío trabaja en la capital con las mismas personas.
Ambos son muy jóvenes, su madre la trajo al mundo a sus 18 años y ahora tiene 36, su padre tiene 48 y el tío 32.
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Por otro lado, Mariana se encuentra sentada en la cocina, con sus manos apoyadas en la mesa y pensativa.
< Estoy tan preocupada por mi hija, la he dejado en casa. Ella ya no va a la escuela, así que está muy sola…> Una voz fuerte le interrumpe sus pensamientos tumultuosos. Se trata de Julia la mujer que es su compañera de trabajo.
—¡Mariana! ¿Qué tienes?, te he notado muy nerviosa y en las nubes.
Ella se reincorpora volviendo en sí.
—Ah. Es por mi hija, Paula. Es que ese lugar está muy solo. Supe que unas personas compraron una propiedad al lado de la nuestra. No sé, como son ellos, ¿y si son malas personas? ¡Ay, Dios! ¡Ni pensarlo, esto me va a matar!
Exclama la mujer con angustia de tan solo pensar en que suceda algo malo con su hija.
Julia se acerca y le conforta frotando su hombro con la mano.
—Bueno, tranquila. La casa es segura, ¿verdad?, aunque sea de madera. Cuando venga tu hermano dile que vaya inmediatamente, acuérdate que la señora viene hoy a la villa.
—Sí, cierto. Mi marido no ha tenido tiempo de nada acondicionando la villa y comprando lo que utilizarán en la dichosa fiesta de compromiso.
Su compañera de servidumbre se sienta a su lado.
—Sí, tenemos que apurarnos, ya que mañana se realizará la celebración.
En ese instante, Javier, el esposo de Mariana, llega a la cocina e interrumpe la conversación saludando a ambas.
Luego, él coteja las cosas que compró.
—Mi amor, ya traje todo lo que la señora victoria ordenó anteriormente. Ahora iré a acondicionar el jardín y todas las plantas. —comenta él a su esposa Mariana cuando ha terminado de organizar las cosas.
Ella no soporta la angustia, entonces lo mira con desesperación.
—¡Ay, Javier! Estoy preocupada por nuestra hija, porque supe que unas personas han comprado el terreno al lado de nuestra propiedad.
—¡Mierda! —enseguida él se exalta, pues, obviamente no sabía de esto. —Iré y la traeré. —Luego, este reflexiona poniendo sus manos en la espalda de su amada, quien permanece cabizbaja—. Tal vez no sean malas personas, pero al no conocerlos tenemos que ser precavidos.
En este preciso momento, llegan a la villa el cuñado de Javier, Gonzalo, Victoria y el guardaespaldas, Julio.
Enseguida, todos salen a recibirlos al frente de la vivienda campestre.
La señora se desmonta de la camioneta para entrar a su antiguo hogar, después de mucho tiempo.
Los sirvientes la reciben en la entrada de la mansión con humildad, conversando sonrientes, y sus miradas son sumisas.
Mariana está tan preocupada que le habla sobre su aflicción a la señora.
Gonzalo, su hermano determina ir a buscar a su sobrina, entonces le pide a la señora Victoria y ella cede aunque a regaña-diente.
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Ha transcurrido el tiempo desde que los padres de Paula se marcharon esta mañana.
Ahora ella está sentada en un viejo sofá, y de pronto escucha el ruido de un vehículo.
Ella se acerca con extrañeza porque no es el ruido habitual de la camioneta de su padre Javier, entonces mira por la ventana para ver quien es.
Paula, mira que se trata de su tío y se alegra mucho al ver que es él, entonces se siente aliviada y quita de la puerta la seguridad que antes había puesto, por temor al estar sola.
Ella mira que él se detiene a hablar con unos chicos, entonces espera a que se vayan estos, quienes, horas atrás miraban mucho hacia la casa y por esto Paula se asustó.
Por su lado, Gonzalo sale inmediatamente del vehículo, pero, cuando va a acercarse a la puerta de la casa, observa a los chicos que están merodeando alrededor.
Enseguida, se acerca a estos para indagar, porque los ha notado muy extraños desde que lo vieron llegar a la propiedad.
Él conversa con ellos, luego se marchan de ahí despavoridos, apresurados y despistados.
Gonzalo los sigue observando, mientras se muestran muy nerviosos y asustados.
<<Será que ambos están así por la pistola que le deje entrever, debajo del saco negro.>>
Piensa él y tiene razón.
Paula abre la puerta al ver que se han ido, y corre presurosa a abrazarle.
Gonzalo y su sobrina conversan alegres, luego él le hace saber que vino a buscarla.
Enseguida, Paula entra apresurada al hogar, muy contenta, entonces él también lo hace y se sienta en el viejo sofá para esperarla.
Ella va a su habitación y organiza un bolso con algunas ropas y otras cosas personales.
Minutos después, ella regresa.
Inmediatamente, ambos se marchan de ahí, es obvio de que existía el peligro que su madre temía.
Posteriormente, Gonzalo y su sobrina van en la camioneta, entonces alcanzan a ver a esos chicos, quienes conversan maliciosamente en la propiedad de al lado de su hogar, pero ahora ella se siente más tranquila.
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Mientras, ellos se marchan de este sitio, esos jóvenes conversan sobre la perversidad que tenían en mente hacer, estando sentados en una gran piedra.
—Me asusté cuando vi a ese hombre con esa pistola. Sabía que esa chica estaba sola y quería tomarla a la fuerza. Es muy bella. U mm
—Oye, Juan, se te daño el plan. Ja, ja, ja. No tenía previsto que un hombre armado iba a aparecer. Je, je, je.
—Cállate, José… En otra ocasión será.
Así hablan estos perversos, que días atrás habían ojeado el hogar de Paula para cometer un hecho atroz, pero Gonzalo llegó justo a tiempo y salvó a su sobrina.
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En tanto, Gonzalo y Paula siguen el trayecto hacia la villa, y ella le pregunta sobre su vida amorosa en la capital, pero su tío se pone melancólico, entonces esta no le habla más de ese tema.
Tiempo después, Gonzalo llega con su sobrina, enseguida su madre corre a abrazarla.
Javier y Mariana respiran aliviados y alegres por ver a su hija.
Luego de conversar, su padre las deja para seguir trabajando en el patio trasero, mientras los demás van a la cocina y siguen conversando alegres.
Victoria, baja de su habitación al escuchar tanto murmullo.
Se posa delante de todos interviniendo en esta reunión familiar con actitud de mando.
Ella le habla de forma demandante a la hermana de Gonzalo.
Mariana responde de forma sumisa a su petición.
La señora asienta con la cabeza y vuelve a su rutina, también la sobrina del chófer va hacia las habitaciones de servicio.
Gonzalo se acerca a Mariana al ver que Victoria se ha marchado y la reconforta tocando su hombro e indicándole con la mano que se sienten en la mesa de preparar alimentos para conversar.
Él le indaga por la preocupación que la embargaba, para saber más sobre esto, pues cuando arribó a la mansión intuyo en su rostro, ansiedad.
Ambos culminan la conversación, entonces él frota su espalda y la abraza, pues quiere que ella se sienta mejor
Mariana va a hacer sus quehaceres, mientras que Gonzalo se levanta y sale al patio.
De pronto, él mira al guardaespaldas, Julio, en el jardín trasero conversando con Julia, quien es la otra sirvienta de esta villa. Él también vino con la señora Victoria y parece estar enamorado de ella.
Gonzalo se hace el desentendido, entonces camina hacia otro lado.
Tiempo después, es la noche.
Posteriormente, después de terminada la cena, Mariana sube a la habitación de Victoria.
Ella toca a la puerta para avisarle que todo está listo para la fiesta, y que solo faltan pequeños detalles.
—¿Sí? —Pregunta la señora estando tumbada en la cama
—Soy yo, Mariana.
—Adelante.
Ella abre la puerta y enseguida entra a la habitación.
—Ya toda está listo, solo faltan algunos pormenores para mañana.
—¡Ah! —clama Victoria con satisfacción y esperaba que fuese así—. Qué bueno, me alegro. Así me gusta, nunca me quejo de tu trabajo.
—Gracias, señora, siempre será así. Ya me retiro.
—Sí, puede. —responde ella mientras sostiene un libro en las manos.
Victoria, nunca se ha quejado de Mariana, para su suerte ella es muy responsable.
Esta se retira de la habitación de la señora.
Ya es tarde en la noche, entonces ella va enseguida con su esposo e hija a la casa de empleados.
En tanto, Javier, Gonzalo y Paula conversan en una de las habitaciones de servicios en la casa de empleados.
Mariana llega toda cansada.
Enseguida, ella le indica sobre su dormitorio a su hermano.
Él mira el reloj y se despide de ellos.
Gonzalo se retira a la habitación que estás más lejos, luego se da un buen baño.
Al rato, cuando él se tumba a la cama, no puede dormir porque sus pensamientos están puestos en Isabella, la chica que no ha podido amar.
Mientras, que en la otra habitación, la madre de Paula le habla sobre la desesperación que tuvo, o más bien se desahoga hablando sobre esto.
Javier se retira a otro dormitorio y se tumba en la cama.
—Estaba muy preocupada mi amor, porque te había dejado sola en casa, entonces supe que esas personas compraron al lado de nuestra propiedad; además, no saber qué tipo de gentes son ellos… Pero Julia me tranquilizó. Javier no tenía tiempo de nada condicionando la villa, también comprando las cosas que utilizarán en la fiesta de compromiso. Él iba a buscarte, entonces llegó tu tío Gonzalo y enseguida se marchó para traerte hacia acá.
—Uf. Tranquila, mamá, sí, ya estoy aquí… A dormir que mañana nos levantaremos temprano.
Paula se levanta de la silla, va hacia ella y frota la mano en su espalda.
Ambas van a dormir porque sus párpados ya están pesados.