El Relojero

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Sinopsis

Matías Daniel Rodríguez Sánchez es un hombre venezolano de 64 años que se muda con su esposa a su ciudad natal en noruega, el mismo dedico su vida al negocio familiar y mantener eterno el legado de su padre reparando relojes dañados, y como lo describe el, reparar los recuerdos de las personas que le confían su trabajo, pero su salud mental esta al borde del colapso debido a un don interesante que le permite ver los recuerdos de los dueños originales de aquellos aparatos que supuestamente solo marcan la hora, no obstante, su mayor enfrentamiento será poder reparar su propio reloj, llevándolo a tener complicaciones que incluso le costara la vida. Su historia no es solo la narración de las historias ajenas que lo llevan al descubrimiento de las cosas ocultas de su entorno, sino las señales de que su deber es ver a través de un reflejo que le obstruye ver más allá de la verdad que decidió enterrar.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

I

En una nublada mañana se podía apreciar la humedad en el clima que me abrazaba cada vez que intentaba levantarme de la cama, sin mencionar la presencia de una vela aromatizante, ya consumida, posaba sobre un pequeño escritorio junto a una fotografía de mi maravillosa esposa en sus días inmarcesibles, donde su sonrisa reflejaba el esplendor de su femineidad y su mirada hacia un contraste con el clima de su ciudad natal que simbolizaban la armonía de su personalidad con su cultura. Sus ojos de un color azul claro que te cautivaba provocando admiración repentina como si no fuera suficiente detenerse a contemplarlos durante unos minutos, sino que el tiempo que necesitas nunca es suficiente, no basta ni una vida para sentirte satisfecho, por haber cruzado miradas con una mujer que era el lienzo que Dios había utilizado para presumir de las cosas inefables que es capaz de hacer.

Ella es una mujer mayor que yo, pero su belleza había detenido el tiempo para mí, porque cada día que disfrutamos juntos la veo como la primera vez que cautivó mi atención, sin embargo, nunca fueron suficientes esos años que compartimos, porque su presencia se mantenía distante cada vez que me acercaba a ella, y mi ausencia la atraía lentamente, lo que confirmaba que éramos dos polos opuestos que se atraían, conectados por un hilo invisible que no importaba si era torcido, se enredaba, se alejaba o perdía su forma, siempre volvía a su estado natural que describía con tal pasión y precisión quirúrgica que el amor es sufrido pero también benigno.

Decidí levantarme de la cama para comer mi desayuno pero ya estaba encima de la mesa, con una pequeña taza de café caliente a un lado, por lo que procedí a darle un ligero olfato antes de saborearlo, pude sentir todo el amor en ese café y cada segundo conto para disfrutarlo placenteramente, así que, cuando le di un pequeño bocado a la tortilla de brócoli sentí como de pronto alguien me abrazo alguien desde mi espalda, y me dio esa sorpresa que hizo que mi corazón se acelerara a diez mil latidos por segundo.

- ¡Ah! Eres tú -Dije agarrándome el pecho fuertemente.

- Ya estas viejo, me sentí mal por haberte sorprendido, un poco más y creo que te mato -Dijo mientras reía de una manera descarada.

- Siempre haces lo mismo, creo que mis problemas cardiacos son por tu culpa.

- No se que te sorprende, si hago lo mismo todos los días, es la rutina de mi buen humor en la mañana -Dijo mientras se servía una taza de té. Toma una carta sobre la mesa que hizo que su expresión tomara un giro drástico, no podría describir con palabras dulces lo que pude ver en sus ojos, su mímica facial y una vibra que hizo que el ambiente cayera tan pesado como una ola contra una gran roca. Yo sabía lo que decía aquella carta, pero no me gustaba adelantarme a los hechos, a pesar que mi instinto nunca me ha fallado. Así que ella toma asiento y respira profundamente << ¿Aun no le has pagado el dinero que le pertenece a don Oliver? >> Su mirada decía más que sus palabras.

- Aun no hay cosas que reparar y lo sabes, ha sido una época dura para nosotros -Dije con un tono suave y sumiso, porque ya sabia lo que la carta expresaba.

- Por una mierda Matías ¿no te da vergüenza que ya ha pasado un mes desde la ultima vez que hiciste esa mala inversión en aparatos que ni usas? -Dijo con una voz baja pero molesta, ella sabia que en este pueblo las paredes tienen oídos, y si nos escuchaban discutir el resultado seria una ola de chismes entre sus amigas cercanas.

- No son inútiles, es solo para trabajo de calidad -Dije.

- ¿De calidad dices? Ni trabajo tienes… -Se tomo su tiempo, para pensar lo que iba a decir y tomo un respiro.

Me acostumbre a su temperamento sensible que explota en momentos específicos bajo presión, no la culpo, después de todo tuvo una infancia difícil y solía tener ataques de ira. De hecho, durante los primeros años de casados recuerdo haber tenido lesiones después de sus arranques de celos, no se ni como llegue a tolerar eso, pero no era una mala persona, solo una pequeña liebre que trataba de defenderse desde un tono un poco agresivo.

- Disculpa, es solo que siento que no me has escuchado cuando te digo que… ¿Por qué no le dices la verdad acerca de lo que puedes ver a las demás personas? -Dijo mientras me miraba a los ojos con esa mirada cautivadora que siempre lograba que hiciera lo que ella decía.

- Tu sabes muy bien que no me creerán, seria una completa burla para mis clientes, siempre he proyectado esa imagen de un viejo que solo le gusta la calma y ama su trabajo -Respondí luego de tomar un poco de su delicioso café.

- Ay por favor no seas llorón Matías, así no suena el hombre decidido que ha llamado mi atención ¿desde cuándo te importa la opinión de los demás? -Dijo mientras su mirada penetraba en mi alma a cada segundo.

- ¿A qué quieres llegar con todo esto? -Sus palabras solo me hacían recordar que me enamore de una mujer que hace que, una extraña sensación sea la protagonista de la historia de mi vida, era un tono dulce y acido se posara en mi paladar cada vez que convivía conmigo.

- Quiero que veas las posibilidades de trabajo que podrías captar si tan solo pensaras más allá que solo reparar una baratija, conozco la gente de mi pueblo como la palma de mi mano, y nos encanta que las leyendas cobren vida propia y sean visibles ante la vista humana. He visto las cosas de las que eres capaz de hacer, no son solo cuentos, son reales y soy testigo de ello… Mira, cuando me contabas acerca de las historias que podías ver a través de un reloj, quedaba tan fascinada que era estadísticamente imposible que tu inventaras eso. Solo inténtalo -Dijo mientras se levantaba de su silla y se alejaba hacia la otra habitación con una paciencia en sus pasos.

Decidí abrigarme completamente para aclarar mis pensamientos en la mañana como de costumbre antes de planificar paso a paso de lo que seria de mi en el resto del día, así que, el único método que es factible para mi es caminar a través de un bosque con una banca en medio de un camino perfectamente posicionado para provocar esa sensación equilibrada entre calma, soledad, satisfacción y escalofríos. Es una puerta, un habito que, cuando lo descubres y lo abrazas, es imposible olvidar.

Mi mente solo estaba en blanco si era necesario revelar un secreto familiar que había permanecido por generaciones sin tener el más mínimo error, puede ser tonto y un poco infantil para otras personas, sin embargo, así como era importante para mi padre, lo aprecio desde el fondo de mi alma que significa el legado que me ha dejado una vida no tan aburrida llena de experiencias, que no solamente marcan una historia real, sino que, son necesarias para el aprendizaje constante de mi formación como ser humano. Desde niño empecé a experimentar hechos sobrenaturales que van más allá de la imaginación humana, desde que aprendí a reparar cada engranaje de un reloj con dedicación, y me refiero a algo que supera la ficción de una barrera de limites que coloca la mente humana… ¿Por qué me refiero a eso de esa manera? Porque son reales, puedo experimentar una serie de ataques que vuelan mi cabeza que me hace sentir cada destello de la vida de cada ser humano, desde lo mas profundo del amor hasta lo mas cercano al odio que ha cruzado los limites de actos atroces. Es peligroso, pero también interesante, la ventaja es que esos recuerdos no afectan completamente mi personalidad, sigo siendo el mismo, claro que si…

- Al parecer alguien invade mi espacio personal -Dijo un hombre desconocido que salió de la nada. Supongo que estaba tan concentrado en mi propio mundo que olvide lo que estaba a mi alrededor.

- Es un área publica para el gusto de cada persona, caballero -Dije con una voz calmada pero directa hacia su arrogancia.

- Tranquilo, solo era una broma, no soy buen conversador. Pero si soy bueno observando, y puedo decir que usted ve lo mismo que yo -Dijo mientras tomaba asiento a mi lado con una sonrisa cálida.

- Por supuesto, a menos que sea ciego, ahí la perspectiva sería diferente -Respondí.

- Que extraño sentido del humor tiene, pero si puedo decir que mientras usted ve relojes, yo veo todo el día el café -Dijo al fijar su vista en el árbol más viejo del lugar.

- Usted es el hombre dueño de la cafetería -Dije con un ligero asombro.

- Ciertamente, pero yo no solo observo café, también soy un artista pensante que vaga por un sendero lleno de flores para guiar a los perdidos. Supuse que usted no solo viene a descansar, por lo que alguien me dijo una vez lo que usted necesita.

- ¿Y qué es eso? ¿Quién fue y que le dijo acerca de mí? ¿Es acaso usted una especie de adivino? -Dije con un tono sarcástico.

- Fue un hombre amable, con un español absurdo y un mal sentido del humor. Se detuvo delante de mí diciendo “Escuchar la voz de tantas personas, hace que olvides la tuya”.

- ¿Esta seguro que no fue un paciente psiquiátrico que escapo de un centro de rehabilitación mental?

- Estoy seguro que estaba loco, pero ¿Quién no dice que las mejores personas lo están?

- ¿Es acaso usted un loco también?

- Al igual que usted, tómelo como un cumplido, y recuerde siempre estas palabras.

- ¿Por qué lo dice?

- Tic tac, tic tac, tic tac… -Decía repetidamente mientras se alejaba con tal buen humor que fue contagioso. De verdad que las personas aquí son un caso bastante peculiar.