0. Prólogo
En la antigüedad apareció un tesoro que conmociono al mundo.
Nadie sabía en qué era había aparecido por primera vez.
Parecía haber existido desde antes de que los registros fueran escritos, desde antes incluso de que muchos cielos recibieran nombre. Su origen era un misterio, y sobre él solo circulaban rumores rotos, fragmentos de leyendas y palabras manchadas por la sangre de incontables generaciones.
Aquel tesoro era conocido como el Caldero del Caos.
En las eras más antiguas, su sola aparición había sido suficiente para desatar tempestades que barrieron mundos enteros. Sectas supremas se enfrentaron por él. Patriarcas que habían vivido durante decenas de miles de años cayeron por su causa. Genios sin igual, monstruos antiguos y cultivadores cuyos nombres aún resonaban en los anales del tiempo, todos enloquecieron al verlo.
Porque se decía que dentro del Caldero del Caos dormía un secreto que no pertenecía a este mundo.
Un poder capaz de trastornar el orden del cielo.
Una verdad que ni siquiera las grandes existencias podían ignorar.
Por obtenerlo, muchos estuvieron dispuestos a destruir continentes, exterminar linajes enteros y convertir ríos y montañas en cementerios.
Y así, una era de matanza descendió sobre los cielos.
La guerra se prolongó tanto que nadie pudo recordar quién había sido el primero en hallarlo, ni quién había dado el primer golpe. Solo quedaron ruinas, cadáveres y un silencio tan pesado que incluso las estrellas parecían haberse apagado.
Hasta que, un día, el Caldero del Caos desapareció.
Algunos decían que había sido destruido en aquella guerra.
Otros afirmaban que, acorralado por demasiados expertos, el propio tesoro se partió para escapar del destino de ser refinado.
También existía una versión aún más antigua, más absurda y temida: que el caldero jamás había sido realmente un tesoro completo, sino una parte de algo todavía mayor, algo que ningún ser vivo debía tocar.
Nadie podía comprobarlo.
Después de aquella guerra, solo quedaron fragmentos de rumores.
Se decía que los restos del Caldero del Caos habían sido lanzados a través del vacío ilimitado, dispersándose entre regiones desconocidas, cayendo en cielos lejanos, en mundos olvidados, en lugares donde ninguna gran secta pondría jamás la mirada.
Con el paso de las eras, su nombre fue desvaneciéndose.
Los viejos murieron.
Los herederos cambiaron.
Las sectas se levantaron y colapsaron.
Y lo que una vez hizo temblar incontables dominios terminó convertido en una historia que muchos consideraban exagerada, una leyenda antigua usada para asustar a las nuevas generaciones.
Pero las leyendas no siempre son falsas.
Sin que nadie lo supiera, uno de los fragmentos había sobrevivido.
Tras vagar durante eras incontables por grietas del espacio y corrientes del vacío, terminó cayendo en un mundo mortal.
No descendió cubierto de luz inmortal.
No partió el cielo ni alarmó a los expertos.
No despertó señales divinas.
Simplemente cayó.
En silencio.
Como una piedra negra, rota y sin valor.
Y así, oculto en un mundo donde nadie podía reconocer su verdadero origen, uno de los fragmentos del Caldero del Caos volvió a dormir.
Esperando.
Como si, incluso después de haber sido destruido, todavía no hubiera renunciado del todo a su propósito.
Millones de años pasaron, hasta que aquel fragmento de reacciono a algo...En un plano separado, el alma de un saiyajin entro en el ciclo de reencarnación....