Adela
Adela con sus 19 años, estaba en el patio de casa en la hamaca casera que colgaba de un árbol, vivía en Goya, provincia de Corrientes. Llegaron sus padres luego de aceptar el pedido de mano de Don Pedro Orion. Dueño de un campo enorme, con animales de granja, muchos caballos, hermosos caballos a decir verdad.
-Pero Don Pedro tiene 45 años, no pienso casarme con él.
Apenas terminó de decirlo sintió en su mejilla un ardor espantoso, como si le hubieran tirado colonia a una herida abierta. Era la mano de su padre. Porque - “en esta casa se hace lo que digo yo”, y soy hombre de palabra-
Su madre la miró con ojos de ruego, sabía que si su hija seguía rezongando, su esposo se pondría peor y no quería que eso pasara. Pero tampoco intervino, solo bajó la cabeza y rogó que aceptara.
-Don Pedro nos espera en la sala, para ponerte el anillo de compromiso y compartir unos mates. Va ser mejor que te pellizques la mejilla izquierda para que no se note tanto el rojo de la derecha.
-¿seguro no quiere emparejar usted?
-no me provoques mocosa o te caso con tu futuro suegro
La cara de asco de Adela fue casi cómica, si no hubiera sido porque era el inicio de una vida trágica.
-Don Pedro, disculpe la demora, acá está mi hija Adela.
-no hay problema.
-Saludá querida
-Hola Don Pedro, según mi padre voy a ser su esposa.
-Así es, pero me gustaría hacer unas aclaraciones delante de todos. No voy a casarme si Adela no está de acuerdo, porque mi idea es enseguida empezar a tener hijos, quiero 5 cómo mínimo.
-oh por supuesto que Adela acepta, se puso muy contenta con la noticia
La mirada que su padre le puso fue fulminante y Adela se obligó y dibujó una pequeña sonrisa. Don Pedro sacó de su bolsillo una pequeña cajita de cartón.
-Que hermoso anillo. -Dijo la madre de Adela.-
-Claro que sí, era de mi madre
-ah ,¿su madre ya no está entre nosotros?
-No, tristemente nos dejó el año pasado
-que suerte. - dijo Adela entre dientes-
Él la escuchó. Solo sonrió de costado, casi una mueca. Le colocó el anillo que le quedaba perfecto. Miró a su futuro suegro y le dijo que la boda sería en dos semanas.
-¿Dos semanas? ¿Pero por qué tanto apuro?, ¡van a pensar que estoy encinta!
-que piensen lo que quieran. No me preocupa el qué dirán.
-por favor hija, todo el mundo sabe que sos una señorita hecha y derecha. nadie pensaría así de vos.-agregó su madre-
Mientras tomaban unos mates y comían unas torta fritas, ella miró todo el tiempo en dirección al suelo. Su padre estaba más que feliz.
Llegó la noche. Una hermosa noche, fresca, la luna estaba bien grande,iluminaba el campo. Adela no podía descansar, daba vueltas en la cama, se tapaba, se destapaba.
-¡Maldita sea! no me quiero casar y menos con ese viejo choto. Mínimo cinco hijos. Claro, porque no los tiene que parir él. Necesito salir.
Se levantó, bue, levantar es una forma delicada de decirlo. En realidad se tiró de la cama y salió por la ventana.
Se fue muy sigilosa por el campo hasta llegar a la casa del capataz del campo vecino, es decir el campo que dentro de dos semanas sería de ella también.
-Roberto, abrime. Soy
-ya se quien sos, pasa
-tenemos que irnos cuanto antes
-¿Irnos? estás loca. ¿Qué te pasa? ¿No me digas que estás embarazada?
-No! Por ahora.
-No te entiendo Adela
-Tu jefe le pidió mi mano a mi padre y el viejo enfermo le dijo que sí.
-jajajajajaj me estas cargando!. Entonces me estoy acostando con la futura Doña. ay! no me golpees.
-No me vuelvas a decir Doña. ¡Por favor, vayámonos!
-No, no pienso irme de acá. Tengo trabajo, casa, el viejo me quiere.
-¿y yo, no te importo? ah pero para levantarme el camisón sí.
-Cariño, no fui el primero en levantarte el camisón así que no me vengas con ese cantar. Y ya que estamos podría levantarlo ahora.
-Roberto la acorraló contra la pared y empezó a levantarle el camisón rosa de algodón con moñitos.
-No. no me toques si no me vas ayudar. Si queres tocarme ganátelo.
-Ah, mira vos. ¿Y cómo podría ganarmelo?
-Hace algo para que no me toque, por favor. Me muero del asco solo con imaginarlo.
-No puedo hacer nada. Si vas a ser su esposa es lo primero que te va a pedir. Pero puedo darte algo para que en ese momento lo pases mejor.
-Le dijo susurrando al oído.
-No entiendo, ¿a qué te referís?
Roberto se acercó y muy suavemente, le subió el camisón, le quitó su ropa íntima y empezó a disfrutarla.
-Cada vez que te toque, recordá esta noche. Ahora andate que si alguien te ve mañana no la cuento.
A la mañana siguiente, el desayuno no fue como de costumbre. Normalmente desayunan los tres. Pero esta vez estaban ella y su madre.
-¿y papá, hoy no desayuna?
-Lo hizo más temprano, porque necesito que charlemos
-y ahora con qué me vas a salir mamá?
-no hables con la boca llena. Hay cosas que nunca charlamos y que ya es hora. Te vas a casar y tenes que saber que pasa en la noche de bodas
Adela empezó a toser, se ahogó con el pedazo de pan casero. Estuvo pálida hasta que logró pasar el pan y recuperar su color.
-¿Pero mamá de qué hablas?
Su madre le explicó cómo el hombre penetra a la mujer, como la toca. Le contó que la primera vez duele un poquito y que no suele gustar, pero luego se empieza a repetir y una se hace a la idea.
Adela la miraba y pensaba que triste era ser su madre, entendió que ella nunca disfrutó el sexo. Recordó la primera vez que la penetraron. Sí, le dolió un poquito pero le encantó. Sintió pena por su madre y cuando le empezó a narrar en detalle lo que ella y su padre hacían se le revolvió el estómago.
-Ay mamá, por favor no sigas. Que asco.
-hija lo importante es que los hombres de campo, los dueños, en la noche de bodas quieren ser el primero y el único.
La palidez que brotó de Adela no se parecía a la anterior, esta era casi igual a la de un cadáver.
-Mamá, ¿qué me estás queriendo decir?
-cuándo tu marido termine el sexo revisará la sábana para buscar una pequeña mancha de sangre para demostrar que es el primero
-¡Ay mamá! ¿Qué idiotez es esa?
-¡Adela Irene Romero! no vuelvas a usar esa palabrota en esta casa
Adela pasó el resto del día pensando que era una estúpida costumbre. Pero por más que ella pensara eso, debía buscar la forma de resolverlo. ¿Pero cómo?
No podía confesarse con su madre, se espantaría. Pero si o si necesitaba un cómplice. Y María la cocinera era la ideal -María necesito tu ayuda con algo personal y secreto-
-¿Mi niña qué te está pasando?
-María, voy a tener problemas después de mi primera noche con el viejo ese
-Mi niña, tranquila yo te ayudo pero esto debe quedar entre nosotras. Si tus padres se enteran me matan
-Tranquila María. El secreto alarga la vida de las dos.
Adela no era la primera mujer que no llegaba virgen al matrimonio y claramente no sería la última. Era un secreto entre las mujeres que las empleadas mayores cubrían a “sus niñas”, solo ellas sabían de la “deshonra” y en ellas moriría el secreto.
Que la noche de bodas desapareciera una gallina no era llamativo, ya que los banquetes se preparaban en la casa y las tripas se utilizaban para los animales. ¿Quién notaría que alguien se robó algunas?. Nadie.
-Buenos días hija mía, hoy por fin llegó el gr...
-el día de mi sentencia - interrumpió Adela. - ¿Cómo puede ser un buen día mamá?
-hija tu padre sabe lo que hace. Es un buen casamiento. Vas a vivir bien el resto de tu vida
Al medio día de ese hermoso viernes soleado del mes de abril de mil ochocientos noventa y nueve, el juez del Registro Civil los declaró “marido y mujer”, por la noche llegó el momento de desfilar por la entrada de la capilla. Adela vestía el hermoso vestido de novia de su madre con el velo del vestido de su difunta suegra. En ese momento Adela hubiera cambiado el lugar de ella por el de su difunta suegra...
Su padre la miraba cada tanto para revisar que estuviera sonriendo, así que se obligó a mostrar los dientes durante toda la fiesta.
-Les agradezco a todos por acompañarnos pero ya queremos estar a solas - Dijo Don Pedro -
Todos rieron y de a poco comenzaron a despedirse. - todos menos ella-
Adela aprovechó el movimiento para ir a la cocina y ver a María
-Decime que lo tenes listo
-Claro mi niña, acá está ponelo debajo de la cama y después de que él termine lo agarras, vas al baño y te manchas la entrepierna. El resto lo tiras en el canasto y yo lo agarro luego. Debes parecer completamente ingenua, hace de cuenta que no sabes qué es lo que te pasa y recurrí a él. Eso va a ser suficiente.
-¡Acá estas! -Dijo de golpe Don Pedro.- ¿Qué estás haciendo?
-ah, lo siento. Solo le daba unas indicaciones a María, para el desayuno.
-¿cómo? Nada de indicaciones, el desayuno es tu responsabilidad. Yo no voy a pagar por una cocinera. Sino que gracia tiene que me haya casado.
Adela quedó completamente muda y paralizada. ¡Ella no sabía hacer ni un huevo duro!
-vamos que ya es tarde y mañana tengo cosas que hacer temprano.
-Don Pedro
-Podes decirme esposo - dijo él
-claro. Esposo, mis padres duermen en dormitorios separados. Quería saber si nosotros
-No. Nosotros hasta que terminemos de tener hijos vamos a compartir el dormitorio
Cerró la puerta del dormitorio y comenzó a quitarse el traje hasta quedar completamente desnudo, ella lo miró por el espejo y solo sintió asco. No era el cuerpo joven y musculoso que ella estaba acostumbrada a tocar. No era Roberto.
-vamos a quitarte esta porquería. - dijo mientras le arrancaba el velo.
Luego le desabrochó la hilera de botones, le quitó el vestido y Adela de golpe se vio solo en calzón con sus pechos al aire y sus pezones sin vida.
El comenzó a tocarla, la tiró sobre la cama y le quitó el calzón de seda, le separó las piernas y empezó a tocarla.
-no cierres los ojos, me gusta que me miren
-creí que guardarse para el matrimonio era requisito.
-jaja,no querida. Esa es obligación de ustedes, no de nosotros
Y sin dejarla decir más, la tomó. Ella sintió el movimiento brusco, fingió dolor y corrió la vista.
-que me mires te dije
El movimiento cada vez era mas fuerte, sus manos estaban sobre sus pechos, sus pezones ya estaban despiertos.
Ella no estaba interesada en él, pero en algún momento de la noche terminó sintiendo algo de placer. Al final se entregó y gimió.
-Debo ir al baño y luego puedes ir también.
Desde el baño Adela gritó
-Que sucede Adela
-no lo sé, estoy sangrando y me duele la entrepierna. Cuando tengo mis sangrados mensuales no me duele así.
-Tranquila querida, es normal. Seguro tu madre no te explicó nada. Este sangrado es por primera y única vez.
-¿El dolor también?
-no, el dolor depende de que te haga y como te lo haga. Ya te voy a ir enseñando.
Don Pedro se fue a dormir con una sonrisa, su Adela había sangrado. Era suya y de nadie más.
Adela se recostó a su lado y se hizo la dormida en cuanto vió que él quería más.
A la mañana siguiente con el poco conocimiento que tenía preparó el mate, una tostadas y puso una mermelada sobre la mesa. Para ella era suficiente.
-¿Dónde está la manteca, el jugo, el pan casero? Adela yo trabajo en el campo necesito un desayuno cargado.
-Lo siento, prometo hacerlo mejor.
-Te voy a permitir traer a María por una semana, que te enseñe. y luego te encargas de hacerlo todo.
-Claro, muchas gracias.
El mundo de Adela ya había empezado a teñirse de un color deprimente, había pasado de ser una niña mimada a ser una esposa sirvienta. Odiaba su vida.
-Adela te presentó al capataz, Roberto.
-Señora, mucho gusto.
Los ojos de Adela parecían dos hornallas. Su cuerpo estaba acalorado y el clima no justificaba esa sensación.
-tengo que ir a hacer unas compras. Cualquier urgencia lo resolves con Roberto.
Lo miró montar el caballo y alejarse
-¿Estamos solos?
-Completamente Señora.
-No me digas así. Hacemelo ahora por favor
-vas a hacer que me maten
Y la acorraló contra la mesa. Levantó y quitó su ropa íntima bruscamente, como le gusta a ella. La disfrutó rudamente por la espalda, fue tan rudo y tan placentero para ella que quedó con ganas de más.
-no te vayas
-no me jodas Adela, los dos la pasamos bien pero no me jodas el trabajo
-¿Entonces soy un pasatiempo para vos?
-Claro que sí
El puño de Adela quedó dolorido, pero él se merecía ese golpe.
María le enseñó en esa semana todo lo que pudo, Adela tomó nota de cada receta. La observó tender la cama, lavar la ropa, amasar.
-Juro que ahora entiendo tu cansancio, María-.
Al menos tres noches a la semana su esposo cenaba y se iba un rato al bar, volvía alcoholizado pero con la idea fija. Adela sabía que por lo menos le quedan las otras noches para ser feliz, esas en las que él no la tocaba.
-Ya no quiero que me toques estando borracho
-yo te voy a tocar cuando quiera, como quiera y donde quiera - dijo él arrojándola sobre la cama.
-hoy te voy a enseñar otra posición porque me estas aburriendo
Adela se quitó la ropa y se dio vuelta para ser tomada, él con todo el alcohol puesto, la penetró. Solo al terminar se dio cuenta de que no hizo falta que le diera indicaciones.
-¿ Cómo supiste qué hacer? - la tomó del pelo y tironeó hacia atrás- Más te vale que me des una buena explicación porque te mato acá.
-Me explicó María. Le pedí que me enseñara cómo satisfacer a un esposo
Esa mentira le salvó la vida. O al menos eso creyó.
-bueno, mostrame lo que aprendiste
-¿ahora? y ¿Si mejor lo dejamos para mañana?
-No, quiero ver ahora
Esa noche Adela quedó completamente dolorida, tuvo que hacer y dejarse hacer. Pero el hacer le generó mucho asco.
-Mamá, estoy preocupada. Todavía no he sangrado.
-Oh! Pero que buena noticia
-No, no quiero hijos todavía.
-¡Estas loca! Recordá que tu esposo quiere muchos hijos.
-¿A vos papá también te hacía doler en la intimidad?
-Pero te volviste loca hija, no pienso charlar de mi intimidad con vos.
-Yo sí mamá. Te puedo contar que me pone boca abajo y me penetra con mucho dolor, que no lo disfruto, que me obliga a mirarlo y me da asco.
-basta Adela
-¿Sabes que te puedo contar ahora? Me gusta cuando el capataz me levanta la pollera y me toca, cuando me penetra, me gusta gemir. Me gusta su miembro
-La cachetada que Adela recibió dejó una marca más allá de física. Algo en ella se rompió.
-Lo siento hija, pero de este tema no podemos volver a hablar. Tenes que dejar de hacerlo y dejar de decirlo o tu esposo te matará.
Esa tarde conoció al veterinario. - Uno de los caballos no está bien Adela, por eso se va a quedar a dormir el Doctor.- Dijo Don Pedro.
-No hay problema.
-Doctor cualquier cosa que necesite busca al capataz, yo debo salir para hacer un negocio
-¿Un negocio a esta hora esposo?
-Ja, ¿y desde cuándo yo le debo explicaciones a usted?
Adela levantó los platos, los lavó y los guardó. Aprovechó que su esposo había salido para darse un baño. Sabía que cuando él regresara iba a tener que fingir.
Mientras estaba en la bañera sintió que alguien la llamó
-Sra. Adela, ¿me escucha?
-Si, digame - apareció con una bata de toalla-
-no puedo ubicar al capataz
-seguro esta en el bar a esta hora
Su bata no estaba del todo cerrada, como debería de usarla una señora recatada. No se veían sus pechos, pero sí el inicio del recorrido. Eso fue suficiente para que el Dr. no pudiera concentrarse.
-Señora, por favor vaya y cámbiese o va a hacer que su esposo me mate.
-Dr.
-¿si?
-Sígame por favor
Adela invitó al Dr. a su dormitorio, se quitó la bata. Era muy atractivo. Lo observó quitarse la ropa, sus brazos fuertes, su pecho joven, con poco bello, su miembro duro y grande. Por primera vez en mucho tiempo miró al otro cuerpo mientras la tomaba y le agradaba lo que veía. Y ni hablar del placer que estaba sintiendo. Lo dejó moverse dentro de ella, se sirvió de su miembro y por último le dio la espalda.
¡Esposa mía acá está tu semental! - Dijo él mientras entraba a la casa, completamente borracho-.
-Carajo, llegó mi marido. Tiene que irse Dr.
-No puedo salir por la puerta, me mataría.
-no, no se meta ahí
-¡shhh!
-¡carajo!
-Buenas noches esposita mia.
-Esposo es mejor que duermas
-vení acá, no pienso dormir.
La agarró del brazo y la arrodilló
-hoy quiero que me muestres todo lo que María te enseñó
-es que estoy un poco cansada, ¿podemos solo hacer lo habitual?
-no, claro que no.
Adela vio la lujuria en los ojos de su esposo y se entregó. De rodillas sirvió a su esposo, luego le mostró todo lo que había aprendido. Al terminar él se fue al baño.
-Dr. salga de acá.
-Estoy sorprendido de tu resistencia. Me excita saber de lo que sos capaz
-Está loco, salga ya.
-mañana vuelvo
Adela se fue a dormir, dolorida pero sonrojada. Pensando en el Dr..
-¿Hija, ya tenes novedades de tu periodo?
-Sí, justo ahora estoy con la regla.
-Mamá, ¿papá suele llegar borracho a casa?
-No, jamás toma de más. ¿Por qué?
-Mi esposo llega borracho casi todas las noches, no sé qué es lo que hace y tampoco puedo preguntar.
-Dejame que pruebe con tu padre, a ver si él sabe
Otro nuevo día, fresco, hermoso, su regla ya no estaba. Lo que tampoco estaba era su esposo.
-¿Y este dónde está?
Adela no se preocupó mucho más que por cinco minutos. Desayunó, ordenó y se empezó a aburrir. Salió a caminar por el campo y se encontró con Roberto.
-hace mucho que no te veo
-no quiero problemas, por eso
-yo sí quiero
Roberto la tomó, ella se entregó.
Al final del día Adela notó que había pasado casi todo el día sin saber nada de su esposo, y no le importó.
Sentada en su cocina, luego de preparar la cena se encontró pensando en lo infeliz que se sentía. Estaba sola en toda la casa. Ya no tuvo ganas de cenar y menos de esperar a su esposo.
Dormida, empezó a sentir que la acariciaban, que la besaban, mezcló su realidad con un sueño, creyó que era Roberto quien la tocaba y quien le quitaba ropa. Se dejó llevar y disfrutó.Pero al abrir sus ojos la desilusión la dejó en evidencia.
-¿por qué pones esa cara? Soy tu esposo y es lógico que tengamos sexo cuando yo quiera
-¿Cuándo quieras? Yo también puedo decidir, no soy un animal
-vos no decidís nada, el hombre acá soy yo. Ahora date vuelta y seguí durmiendo.
Muchas cosas que Adela había vivido, desde su casamiento, no le gustaban y formaban parte de su lista negra, pero esa noche se convirtió en el número uno. Odiaba su presente.
Al día siguiente el veterinario volvió para revisar a uno de los caballos, ella escuchó su voz y por la ventana de la casa espiaba. Estaba tan aburrida que eso era lo más divertido y arriesgado que hacía en días. Ese día Don Pedro estaba muy trabajador, estaba en todo... en todo..
Adela no se dio cuenta de que él estaba muy atento.
El veterinario cayó en el juego, notó que Adela espiaba por la ventana y que Don Pedro estaba viendo, pero no pudo controlar la sed de Adela que tenía.
-Don Pedro, creo que sería bueno que cabalgue un rato con este animal para ver su resistencia.
-puedo mandar a un empleado
-no, creo que lo mejor es que lo haga usted. Nadie más tiene su carácter y sabe controlar bien a este caballo.
-bueno eso es cierto. Estoy rodeado de “blanditos”
Adela tomaba un té en la cocina cuando sintió un respiro en su cuello, miró asustada creyendo que podía ser su esposo. Para su sorpresa ahí estaba el veterinario, lo rodeaba una mezcla de olor a alcohol, con tierra y tabaco. Él la tomó de la cintura, la miró y sus ojos se encendieron. Bueno no fue lo único que se encendió. Su gemir quedó grabado en la cabeza del doctor.
Los meses pasaron y su vida seguía siendo aburrida.
Adela notó que su vientre comenzó a crecer, su ánimo cambió, su mirada frente al espejo veía un tono agradable en sus mejillas. Su rubor natural duró unos instantes...
¿Dios mío, de quién es?, ¿cómo voy a hacer para saber?
¿Qué es lo que queres saber?
Esposo. No sabía que habías vuelto.
¿Qué está pasando? Quiero que te quites la ropa
¿Ahora?, es temprano creo
cuando quiera saber la hora te aviso, ahora quiero que hagas lo que te dije
Adela tragó saliva y comenzó a quitarse la ropa. Nunca en la vida había tardado tanto. Cuando por fin terminó su vientre quedó en evidencia
Estas mas gorda
¿Qué? ¿Eso es lo que querías ver?
No, solo te ví frente al espejo y creí que me ocultabas algo y a mi no me vas a esconder nada, ¿entendiste? Quiero saber que pasa, ahora.
estoy embarazada
Pero eso es maravilloso. Por fin voy a empezar a tener hijos.
Don Pedro empezó a gritar a todo pulmón que su esposa estaba embarazada, los gritos llegaron a oídos de Roberto quien se acercó a saludarlos y cuando le dio un abrazo a su jefe, miró a Adela y le guiñó un ojo.
Esa noche Don Pedro fue a celebrar al bar de siempre, en poco tiempo perdió la cuenta de la cantidad de tragos. Borracho fue a visitar al veterinario y le dijo que su esposa estaba embarazada. El doctor no entendió por qué él fue a visitarlo para darle esa noticia.
Doctor, algo me dice que no puedo confiar en usted
pero Don Pedro, no entiendo a qué se refiere
lo quiero lejos de mis caballos... y de mi “yegua”
Estaba tan alcoholizado que apenas podía mantenerse en pie. El veterinario se dio la vuelta y se rió...
Pero decidió no volver a ver a Adela. Todos tomaron esa decisión, todos menos su esposo.
Al día siguiente, Don Pedro descubrió que Roberto lo abandonó. Estaba furioso y Adela se rompió.
Ese día un pequeño pedazo de su corazón se fracturó. Roberto, su primer amor se fue y en ningún momento pensó en llevarla con él.
Los meses pasaron, su pancita iba tomando forma y Don Pedro, seguía volviendo borracho a su casa, el padre de Adela decidió enfrentarlo y ver qué estaba pasando.
¿Y yo desde cuándo le debo dar explicaciones a usted?
Desde que se casó con mi hija. No me gusta lo que la gente está diciendo
No me importa lo que la gente diga. Además cuando me casé con su hija me quedé con los derechos. Usted también está casado, ya sabe de qué hablo. No se meta.
El embarazo de Adela ya era el tema del momento. Y estaba a muy pocas horas de dar a luz.
Por favor, mamá necesito que traigas a María
¿para?
¡Ay! Santo cielo. Me duele
¡oh! claro. El bebé.
Después de varias horas de dolor, llanto y gritos por fin se oyó el llanto de un bebé, Don Pedro entró al dormitorio y fue directo a ver el sexo.
Sí! Es un varón. Tengo buena puntería eh!
Felicitaciones yerno.
¿cómo es?
¿Cómo es, qué?
nuestro hijo
Es bien guapo. - dijo Don Pedro-
Adela lo tomó entre sus brazos, lo amó desde ese instante. Su primer hijo de piel blanca como leche de vaca, ojos azules y pelo negro. Al verlo reconoció enseguida al padre, era el reflejo del Doctor. Lo único que tenía parecido a Don Pedro, era el color del pelo. Pero afortunadamente él no lo notó. Solo le importaba que ya era padre y que además era varoncito.
Casi sin darse cuenta se vió embarazada otra vez, y así le pasó tres veces.
Tres hijos de Don Pedro, María
no diga eso eso Señora, tenga cuidado. Recuerde que usted tiene cuatro hijos.
cierto, gracias María. No sé qué haría sin vos
¿Sabes dónde está mi esposo?
no señora, no lo he visto
seguramente perdido en algún bar. Estoy tan cansada de sus borracheras.
Señora, le quiero comentar algo que he notado y no sé qué hacer
no des vueltas María, tenemos confianza
en el establo había siete caballos, pero ahora hay cinco
eso es raro, Don Pedro debe saber algo porque si no ya habría levantado a todos con sus gritos. Cuando llegue le voy a tocar el tema
Al día siguiente en el desayuno Adela pidió a sus cuatro hijos que terminaran rápido y fueran a jugar. Al quedar a solas se movió de asiento y enfrentó a su esposo.
Esposo, ¿sabés por qué hay menos caballos?
¿cómo qué menos caballos? ¿De qué hablas?
habían siete caballos y ahora hay cinco. ¿Acaso estamos mal de planta?
Don Pedro no podía creer lo que estaba escuchando. Desde cuando su esposa, la que debía estar atenta solo de los pañales y el aseo de la casa, ahora resulta que esta controlando los egresos de la hacienda.
Mira Adela, en esta casa el hombre soy yo. Todo lo que tenemos lo gané trabajando y yo puedo gastarlo cuando quiera y cómo quiera. Por esta vez voy hacer de cuenta que no dijiste nada.
Adela quedó sola sentada en la mesa del desayunador, odiando su vida.
A la semana siguiente Adela se ve obligada a atender a una visita inesperada. Llegó a la casa un hombre aseado, perfumado y algo mayor que ella, igual que su esposo.
Sra, acaba de llegar un señor que dice que viene a retirar lo que es suyo.
hacelo pasar, voy a entretenerlo a ver si llega Don Pedro.
Buen día Sra. lamento molestarla con estos temas, pero su esposo me debe algo que debo cobrar hoy mismo.
Sr.?
Ledesma, Sr. Ledesma.
¿Puedo primero ofrecerle algo de tomar?
Si había algo que siempre destacaba en Adela, es que no necesitaba mucho arreglo para ser atractiva. Lo era por naturaleza.
Jamás le negaría algo a una mujer como usted
primero dígame de dónde conoce a mi esposo, por favor
mi estimada
Adela, mi nombre es Adela
Adela, estoy seguro de que no quiere saber esa respuesta
usted solo deme la respuesta y yo decidiré si quiero saberla o no
Burdel. - dijo Ledesma entre diente-
¿Qué?, no le escucho.
Burdel, señora.
ah, entiendo.
Adela no sintió ni una gota de celos.
y, ¿podría decirme cuánto dinero le debe? Yo podría dárselo y así no tendría que esperarlo
Lamentablemente la deuda que él tiene conmigo no se paga con dinero
¿Disculpe?
no, por favor. no me mal entienda. Su esposo me paga con caballos.
Los ojos de Adela se agrandaron y su ceño se frunció tanto que Ledesma tragó saliva.
¿Cuánto hace que mi esposo le paga con caballos?
y..... si no recuerdo mal esta es la tercera vez.
Puedo llevarlo al establo así cobra su deuda, acompáñeme.
Sra. no creo que sea una buena idea. Su esposo no estaría contento con eso.
¿Puedo preguntarle por qué le tiene tanto miedo a mi esposo?
bueno, él siempre cuenta que se hizo cargo de un hombre que la miraba mucho.
¿Qué hombre?
no dice el nombre, es bastante temperamental
Adela estaba furiosa pero también temerosa, en ese momento no sabía bien cuál de los dos sentimientos era más fuerte. Pero sí estaba segura de una cosa. Se iba a vengar.
Caballero vayamos al establo así se cobra. Tengo cosas que hacer y claro está que mi esposo no ha llegado
Las horas pasaron y Adela seguía caminando por el campo con Ledesma.
¿No tiene sed? - dijo Adela-
si, en realidad si. Me tomaría un vino
excelente decisión.
Dígame, ¿por qué está caminando conmigo? Usted sabe que si su esposo nos viera nos mataría
Tal vez esté harta de mi esposo. Tal vez espero agradarle. Venga, vamos a sentarnos un rato, ya me duelen los pies.
uh, perdón no quise salpicarlo, por favor discúlpeme
No pasa nada lo podemos enjuagar allá, hay algo de agua
Ledesma se quitó el saco, para poder quitarse la camisa y que Adela la enjuagara. Pero cuando vió su torso desnudo, sus ojos se encendieron. Ledesma la miró y solo vió lujuria en ella, se sintió enloquecidamente atraído. Adela comenzó a sentir el efecto del vino tinto, un vino suave que se dejaba tomar con ligereza y eso hacía que cada vez quisiera más.
Usted sabe lo que quiero Ledesma
no sé lo que quiere, sé lo que necesita Adela.
La empujó y Adela se dejó caer sobre el heno, empezó a sentir la mano desesperada de Ledesma, buscando su ropa íntima para arrancarla. Cuando por fin lo hizo, ella sintió placer, en el momento pensó que hacía mucho no disfrutaba; él la besó y la saboreó. Ella se tomó un tiempo para sentirlo, acariciarlo, y decidió disfrutar cada segundo que él estuvo dentro.
No, no termines, por favor, necesito más.
Bueno, nunca me habían elogiado así. jajaja. Tu marido debe ser un asco en la cama querida.
No hablemos de él. No hablemos. Solo dame más por favor.
Adela estaba desesperada y era capaz de hacer cualquier cosa con tal de que ese hombre no se vaya. Se puso de pie y se quitó lo poco que le quedaba de ropa, agarró la botella de vino y empinando tomó más. Se recostó sobre él, lo acarició, lo besó hasta ahogarse con él.
Con razón te cela tanto. Se levantó y la arrastró con él, quiero verte de espaldas y quiero oirte gemir cómo nunca.
Eso depende de usted Señor Ledesma. Adela presionó el cuerpo de él junto al suyo y sin más, gimió.
Recostada en su cama, descansando, recordaba cada instante que había estado con Ledesma, sintió el deseo de ser tomada nuevamente, pero estaba sola. Entonces se levantó de la cama, muerta de calor, y frente al espejo con sus propias manos acarició sus pechos. Mientras lo hacía recordaba las manos de Ledesma y suspiraba. En eso llega Don Pedro, completamente borracho pero encendido como nunca.
Hoy una mujer me dijo que no, ¿podes creerlo?. Pero lo bueno de estar casado es que mi mujer no me puede decir que no.
Claro que puedo decirte que no. Solo Dios sabe con cuántas has estado en ese burdel.
¿Cómo sabés del burdel?
Hoy mientras el señor de la casa estaba desaparecido, yo tuve que recibir a un cobrador.
¿Qué cobrador?
Un tal Sr. Ledesma que al parecer le debes un pago con caballos
Maldito desgraciado, cómo se atrevió a venir sin mi permiso. ¿Y qué dijo? ¿Cuándo vuelve?
No lo sé, tomó los caballos y se fue.
Nooo, maldito desgraciado, ¿y vos cómo lo permitiste?
Yo no tengo permitido meterme en tus negocios.
Esa noche por fin Adela pudo evitar que su esposo la usara para descargar su excitación. Al otro día Don Pedro no recordaba ni cómo había llegado a su casa. Cuando fue al establo vió que tenía menos caballos y Adela tuvo que repetirle la conversación.
El momento en que Don Pedro se iba, era el momento de libertad de Adela, pero le estaba preocupando que él despilfarre todo en bebida y mujeres.
Pasaron algunas semanas y Adela a parte de notar que faltaban algunos bienes en la casa, notó que nuevamente su vientre crecía y maldijo hasta el cansancio.
Cuando su esposo lo supo, otra vez celebró, en ningún momento recordó que hacía semanas o meses que no tocaba a su esposa. Gracias a todo el alcohol que ingería Adela lograba escapar. Pero ahora pensaba en cómo contactar a Ledesma, cómo haría para escapar junto a él. ¿Querrá llevar a los niños? -Pensó-
Planeo todo, dónde guardaría los bolsos con ropa y qué joyas se llevaría por si necesitaba algo de plata.
Esposo veo que nuestros caballos siguen desapareciendo
ya sabes que no desaparecen. Los uso para pagar deudas
y si invitas a tu prestamista a cenar, tal vez, así te perdone alguna deuda o no llegues a la situación en la que tu deuda crezca
no parece tan mala idea, lo invitaré para el viernes.
Llegó el viernes, día de la gran cena.
Hoy es el día María
¿el día de qué?
creo que hoy voy a ser libre y feliz
Niña no te entiendo
La mesa estaba lista, la comida también. Y Adela fue a colocarse su mejor vestido. Debía verse estupenda.
Sintió ruidos, supo que eran los caballos de Ledesma, pues ella no esperaba a nadie más. Enseguida la ve a María correr para colocar otro plato sobre la mesa, otra silla y demás cosas
¿María qué estás haciendo? La mesa ya estaba lista.
Lo siento mi niña, pero el señor Ledesma llegó con su esposa.
En centésimas de segundo, el corazón de Adela volvió a fracturarse. Sentada al pie de su cama lloró en silencio para no llamar la atención de su esposo, quién estaba recibiendo a los invitados con una copa de vino.
Adela secó su rostro y se cambió el vestido, se vistió de azul oscuro.
mi esposa bajará en un instante
no hay problema Don Pedro
Por favor repita su nombre Sra.
claro, Estela.
¿Qué pasa Don Pedro, anda con problemas de memoria?
jajaja, muy divertido Ledesma. oh! por fin acá estás
Sra. Estela, le presento a mi esposa, Adela
un placer Estela Ledesma
mucho gusto, bueno les cuento que estoy embarazada así que celebremos
bueno, parece que mi esposa esta apurada por celebrar, así que brindemos
Los ojos de Adela estaban clavados en Ledesma, pero él en ningún momento la miró, no se le movió un pelo cuando oyó que ella estaba embarazada. En esa mesa el amor que Adela sentía o creía sentir por Ledesma, se convirtió en odio. Otro hombre que la decepciona, que la hacía sentirse usada.
La cena finalizó, los hombres se fueron a fumar y a tomar más alcohol, mientras las esposas tomaban un té. Adela miraba a su contrincante con furia y deseaba ponerle veneno en su taza.
Hasta que volvió a la realidad y se obligó a dibujar una sonrisa para poder charlar.
Los días pasaban y Adela estaba viviendo por inercia, empezó a desatender a sus hijos, a cocinar sin ganas, a desatender a su esposo, no se arreglaba. Parecía que su mente estaba en otro lado. Por unas semanas se olvidó que estaba embarazada...
¿Adela qué estás haciendo? no podes tomar alcohol, mi hijo está ahí adentro. comportate por favor
no es tu hijo. -dijo Adela entre dientes-
¿Qué dijiste?
nada
algo dijiste
nada carajo. No dije nada
sería bueno que te acuestes y descanses
El descanso pareciera que la hizo reflexionar y entrar en razón, Adela acarició su panza frente al espejo y le pidió disculpas por haberlo tratado mal. Ella estaba segura de que tendría otro varón.