DEMENCIA

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Sinopsis

Los devoradores aparecieron en un momento de la historia como una subespecie humana, incapaces de rivalizar con el ingenio e inteligencia de un homo sapiens sapiens: sedientos de carne humana y peligrosos, pero aplacados con facilidad. Vilgrid y Lucy son agentes, encargadas de la seguridad del Distrito Once de la ciudad de Deydence. Sin embargo, en los últimos meses, ha habido ataques cada vez más organizados a lo largo de todos los distritos. Los devoradores se alzan, en su plan de erradicación humana.

Genero:
Action/Thriller
Autor/a:
SergioDLCA
Estado:
En proceso
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

EL ENMASCARADO I

Las luces del exterior capturaron su atención durante varios segundos, contrastando con los edificios contiguos sumidos en la oscuridad. Era particular su arquitectura, la cual consistía en una torre enana que era rodeada de una plancha de concreto, en donde los autos se estacionaban.

Desde el tejado de un edificio a distancia del club Lifeafter, permanecía el enmascarado hombre sin moverse, creaba en su cabeza innumerables escenarios en las cuales, sin excepción, todas las personas en el club morían a manos de él. Tenía que encargase del trabajo que le encomendaron. Atacar a un club concurrido era la forma perfecta de llamar su atención.

El misterioso hombre esperó varias horas, grabó en su mente las distintas maneras que tenía de acabar con todos en el club. Saltó varios tejados uno tras otro con suma facilidad y aterrizó frente la puerta.

Un cartel neón alumbraba la entrada, dejando entrever en la oscuridad las gafas negras y la máscara quirúrgica que llevaba.

—¿Su pase? —preguntó uno de los dos hombres que resguardaban la entrada. Tras no recibir respuesta caminó hacia él, con su mano en el cuero de su funda—. No puede si entrar sin uno.

—Espera un momento, este tipo… —El joven delante de la puerta se inclinó para mirar mejor al enmascarado. Se percató de la enorme espada envainada en su espalda. Su mirada se tensó al instante— ¡Chris! —Sacó su pistola y jaló el gatillo.

No estaba ahí, había desaparecido.

Chris, aún conmocionado por la advertencia de su compañero, recargó su arma y miró a todos lados con sus manos temblando en la empuñadura.

—¡Mierda! ¡No lo veo! —chilló Chris. —¡Mike! ¡Cubre mi…! —Se detuvo y miró detrás de él. Tragó saliva.

Lo que yacía ahí, no era su compañero, al menos no lo parecía.

Recobró la compostura y dirigió su pistola al frente. El sudor empezaba a molestarle. Se limpió la frente con el dorso de la mano y, tras unos segundos, una sombra pasó rápido por el rabillo de su ojo.

Giró en esa dirección. El enmascarado estaba frente a él.

Blandió su espada y le cortó.

El movimiento hizo volar la cabeza de Chris. La sangre salpicó de su cuerpo y tras varios segundos, lo que quedaba de él se desplomó en el concreto. El cuerpo sin cabeza de Chris empezó a dar pequeños espasmos, anticipando que algo iba suceder: se hizo trizas y explotó. La sangre se disparó por todos lados, esparciéndose en el concreto.

El enmascarado tomó la cabeza y bajó su máscara quirúrgica, abrió la boca: adornada de dos filas de dientes triangulares y a primera vista, filosos como una daga, que junto a la grotesca forma flexible de su mandíbula, hicieron que la tarea de tragar la cabeza fuera tan banal como llevarse un caramelo a la boca. Se subió de nuevo su máscara y se dio un golpecito en el pecho, digiriendo con éxito cada pedazo gracias a sus dientes y punzantes paredes interiores de la garganta.

Mientras dejaba atrás el charco de sangre, se dirigió a la entrada, enmarcada por luces que cambiaban entre magentas y rosas.

Abrió la puerta de una patada, provocando que varios pedazos de metal volaran al interior. Los hombres uniformados que se repartían por el salón viraron hacía la entrada, desenfundando sus pistolas. Los gritos inundaron la sala, varias de las personas empezaron a levantarse de sus asientos y corrían despavoridos a la salida.

—¡¿Quién es?! —gritó uno de los uniformados.

El enmascarado rebanó el cuello a una persona que intentaba salir. Un torrente de sangre embarró el suelo.

Algunos se detuvieron, pero la impaciencia en una de las bailarinas la llevó a intentar pasar a través del enmascarado: la mujer soltó un alarido de horror provocado por un violento tajo en la pierna. Su extremidad voló por los aires y cayó sobre una mesa, provocando un escándalo junto a las copas de vidrió que cayeron. La mujer se arrastró por el suelo, detrás de ella un rio de sangre. El enmascarado le siguió y perforó la frente de la bailarina con su espada en un corte perpendicular.

Una serie de estruendosos disparos comenzaron, cada uno de los uniformados disparó a acribillar al sujeto enmascarado. La muchedumbre desarmada permaneció horrorizada, escondida debajo de las mesas, otros detrás de la barra y algunos osados se ponían en guardia con lo que podían.

Las ráfagas no pararon hasta pasados varios segundos. La nube de humo provocada por el fogonazo empezaba a disiparse. Varias personas se pusieron de pie mientras trataban de mirar a través del humo. Otros no estaban seguros, en especial uno de los uniformados, quien mantenía la vista en el humo, y en ningún momento bajo su pistola.

—Me acercaré para confirmar la baja. Informen a la D.C.A—comunicó, con el dedo presionado en su auricular, y se aproximó a la entrada del club. Tomó su arma con más fuerza y acercó el dedo en el gatillo, podía ver los casquillos vacíos que volaron hacía ahí a medida que la nube de humo desaparecía.

No había nada. Frunció el ceño y se comunicó por el auricular.

—¡El sujeto escapó, no lo veo! —Esperó con el dedo en el auricular algún sonido, pero nadie respondió—. Sigamos buscando, puede que… —El uniformado se dio la vuelta y lo vio: el enmascarado estaba de pie en el centro del salón, una de las barras del escenario estaba cortada y caía hacia uno de los lados, pero eso no era lo más importante: distinguió algunos rostros entre charcos de sangre, al igual que múltiples extremidades destazadas y repartidas en ambos lados del salón.

Se percató que era el único con vida, la leve música en su oído atornillándose como única acompañante. Sintió la bilis subir por su garganta y se desplomó de rodillas contra el suelo. Bajó la cabeza con la esperanza de no seguir mirando esa masacre, pero solo vio algo peor: una mano cercenada, era su propia mano que se retorcía en el frío concreto.

El enmascarado se acercó a paso lento, sus gafas negras brillaron de un color magenta por las luces neón que adornaban las paredes del club. Pensó tal vez comerse otro pedazo más, «Muy pronto», le asaltó su subconsciente.

Le rebanó la cabeza sin más.

Tras un profundo silencio, una alarma se disparó, ruidosa.

Unos segundos pasaron hasta que calló. El enmascarado no se inmutó, lo estaba esperando.

Blandió su espada en el aire para remover la sangre fresca que caía de ella. Envainó y fue a través del vestíbulo hasta el pasillo. La luz le rebotaba en sus gafas negras. Su cabello negro manchado en contraluz por el sutil tono morado de la sala.

La ligera música sonaba mientras apreciaba los cuerpos desmembrados y la sangre tapizada en las paredes y el suelo.

Sabía que su objetivo vendría. La lista señalaba a un par de novatos asignados al distrito once y mientras más rápido se encargue, mejor. Aun asi, también quedaban algunos agentes que podrían causarle problemas. Su ataque era una moneda al aire, pero confiaba en la distracción que le prometieron.

Escuchó un leve sonido, miró de reojo y detrás de él estaba una mujer cargando un espadón con el filo tintado en verde. No pudo evitar sonreír debajo de la máscara.

—Hiciste un caos… La alarma no se dispara tan fácil, devorador. —La mujer estaba nerviosa, un sutil temblor en las manos traicionaba su fachada de confianza.

Tras varios segundos, Lucy retomó una postura más firme, tomó su espadón con ambas manos y lo alzó sobre su hombro.

—Lucy…

El enmascarado de darle la espalda. Ahora estaban frente a frente, la tensión que había podía romperse con cualquier movimiento

—Estás en la lista. “Espadón grande, cabello con las puntas rojas”. —Desenvainó su espada, no tan grande y pesada como la que llevaba la agente, pero adecuada para él.

El enmascarado parecía querer vocalizar algo más, pero se detuvo.

La mirada de Lucy se agudizó al oír su nombre. Apretó con fuerza la empuñadura de su espadón, podía sentir el frio del metal filtrarse en su piel. Sus instintos le imploraban huir, pero no era una opción real. Tenía que hacer su deber.

Parpadeó, y en ese momento de oscuridad, el enmascarado se acercó a ella de un salto, Lucy alzó su espadón para defenderse. No sintió ningún impacto. Desvió la vista hacia el frente y lo vio ahí con el filo de su espada a punto de perforarle el estómago. Lucy sintió el roce del metal mientras desesperadamente descendió su espadón contra él. Devastó solo el suelo. Varios pedazos de piedra volaron por todo el pasillo, provocando una cortina de polvo que limitaba su visión. Se había salvado, él del impacto de su espadón y ella de ser empalada.

Lucy tenía los nervios al tope y sus ojos examinaban cada rincón. Era una de las personas asignadas al distrito once, tendría que esperar por ayuda o encargarse sola; la peligrosidad de este devorador resultó inesperada incluso para ella. Con un rápido movimiento, accionó el pequeño intercomunicador en su oído. Un toque era como una bengala de auxilio.

Lucy caminó hacía el vestíbulo mientras giraba sobre su propio eje. Mantenía la defensa con su espadón y alerta de cualquier anomalía en su rango de visión.

Le parecía ver la silueta de aquel enmascarado moverse alrededor del salón. Una gota de sudor recorrió su sien mientras sus sentidos se agudizaban, previendo que en cualquier momento se lanzaría con ansías de probar su sangre.

Una solitaria brisa del aire recorrió su lado izquierdo e inmediatamente lanzó un tajo. No sintió impactar nada, y en ese leve titubeo, la espada del enmascarado perforó a través del hombro derecho de Lucy, saboreando cada gota de sangre y pedazo de carne.

La agente apretó los dientes y toleró el dolor cuanto pudo. Con la espada del enmascarado atrapada en su hombro, cargó su espadón con una mano, con intención de estamparlo contra el suelo. El enmascarado saltó hacia atrás en reacción, evitando el espadón de Lucy, el cual sólo levanto una cortina de polvo frente a él.

Lucy se resintió del metal atravesado en su hombro y se tambaleó hasta apoyarse de su espadón. La sangre fresca caía de su herida, pero no demasiada mientras la espada clavada seguía de tapón.

El enmascarado se incorporó y se movió hacia su izquierda, no parecía preocupado, sin embargo, no es como si la agente pudiese ver su expresión; su andar, postura y la forma en que sacudía sus manos contra el aire eran suficientes signos de su confianza. Lucy lo sabía. No le extrañaba que un devorador pudiera luchar sin un arma.

Lucy le siguió con la mirada, girando mientras el enmascarado trataba de moverse a su espalda. Estaba atrapada, su hombro izquierdo inutilizado y dificultando cargar su espadón como debería. La agente miró a sus alrededores, en busca de servirse de algo útil; los escombros de su encontronazo en el pasillo habían volado aquí, sumado al pequeño espectáculo que montó el enmascarado antes: pedazos de carne y enormes charcos de sangre yacían a sus pies.

Lucy quedó a espaldas de la salida y empezó a caminar hacia atrás mientras fijaba su mirada en el enmascarado. El devorador caminaba a paso lento. Sabía a la perfección que Lucy estaba cada vez más cerca de la puerta, pero era un esfuerzo inútil, ambos lo sabían.