Recuerdos
Luke… Luke… Luke…
Otra vez esa voz. Otra vez el mismo sueño. Siempre el mismo. Aquella voz me llama desde la distancia: cálida, serena… inquietantemente familiar.
Frente a mí se extiende un estanque. Lo reconozco. Reconozco sus aguas cristalinas, su silencio, su calma… Ya he estado aquí antes. Pero algo es distinto. Bajo la superficie reposan decenas de espadas, sumergidas como recuerdos olvidados. De allí proviene la voz, invitándome a entrar. Y aun así, no quiero. Hay algo en mi pecho que se contrae, un presentimiento oscuro que me lo impide.
Entonces ocurre.
Las tinieblas se derraman sobre el lugar. Los alrededores, el aire… hasta el cielo mismo se oscurece como si hubiera sido manchado por una sombra viva. Surgen formas entre la negrura: figuras espectrales, retorcidas, que me observan con odio y hambre. Se acercan. Lentamente. Sin prisa. Como si supieran que no tengo escapatoria.
Y entonces sucede lo de siempre.
El relicario en mi cuello se eleva por sí solo y se aleja flotando hacia lo alto. De pronto, brilla. Una luz pura irrumpe desde su interior y obliga a las sombras a retroceder. Se inquietan. Le temen.
Del centro del estanque emerge una espada resplandeciente, envuelta en un fulgor semejante a fuego celestial. Queda suspendida en el aire, inmóvil… esperándome.
Nunca quise entrar ahí. Nunca fue mi intención.
Hasta que—
El relicario se agrieta.
Un crujido seco rompe el silencio. Luego otro. Y otro.
Estalla en decenas de fragmentos que se dispersan como estrellas moribundas. La luz desaparece.
Las sombras no dudan.
Se lanzan sobre mí.
No tengo elección.
Corro hacia el estanque, sintiendo su agua helada envolverme mientras avanzo desesperado hacia la espada suspendida. Las tinieblas casi me alcanzan. Extiendo la mano y la empuño.
En ese instante, el estanque entero estalla en luz.
Un resplandor absoluto, puro, cegador… que devora el mundo.
…
Nunca entendí por qué el relicario termina rompiéndose. El sueño se repite una y otra vez, idéntico, como si insistiera en decirme algo que aún no logro comprender.
No lo entendía…
Hasta que llegó aquel día.