Después de la Medianoche

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Sinopsis

Después de perderlo todo, empezó de nuevo en una ciudad donde nadie la conocía. Nuevas calles, nuevas noches… nada que la detenga. Lo que comenzó como libertad, pronto se convirtió en una exploración de deseos que nunca se permitió sentir. Después de la medianoche, cada decisión la lleva más lejos de quien solía ser… y más cerca de lo que realmente desea. Relatos de encuentros, secretos y placer.

Genero:
Romance
Autor/a:
Alice Harper
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1

Las noches de viernes siempre son revitalizantes; cantar, beber, bailar, encontrar a alguien con quien divertirse esa noche. Larissa no podría vivir sin esto, era su religión encontrar el vestido adecuado, la lencería que lograra que su pecho y trasero se viesen perfectos, maquillaje cargado para sus ojos pero sus labios siempre naturales para poder besar sin preocuparse por retocarlos, los zapatos de tacón que alarguen sus piernas y estilicen todo el conjunto y, para terminar, su perfume favorito, algo que pueda anunciar su presencia de manera sutil y atraiga la atención de quien busque algo más que un baile esta noche.


Por hoy Larissa encontro lo que buscaba, una mujer alta de cabello oscuro con la piel lechosa y los pechos firmes, sacó el celular de su bolso y le mandó un mensaje a su chofer —estoy lista para irme, te veo en la puerta principal—. Tomó la mano de su acompañante, se despidió de sus amigos con un gesto breve al que ya estaban bastante acostumbrados y salieron a la calle. Estaba llena de personas borrachas que reían, se besaban o solamente hablaban de su noche, su carro ya estaba esperandola, el chofer bajó rápidamente, abrió la puerta e hizo un gesto que indicaba que entraran, la mujer de cabello negro entró primero, con ciertos movimientos su escotado vestido dejaba ver mas de su piel y de la transparente tanga que estaba usando, Larissa subió rápidamente, entusiasmada por llevar a esta belleza a un lugar privado.


El chofer no preguntó nada solo condujo mientras en el asiento trasero Larissa y su acompañante mantenían una conversación ligera que seguido era interrumpida por unos besos y toqueteos que pretendían ser discretos.


—Servidas, señoritas— fue la única frase que emitió el chofer antes de bajarse a abrir la puerta nuevamente, esto hizo que temporalmente cesaran los besos, aunque claramente no duraría mucho. Ambas bajaron del auto, agradecieron rápidamente y entraron a la casa.


La casa era grande, fresca, con paredes blancas y luces cálidas, Larissa entró encendiendo las luces y su acompañante se veía sorprendida, —arriba hay bebidas, ¿vamos?— preguntó Larissa mientras tomaba la mano de su compañera y le sonreía de forma coqueta, ella no dudó, le devolvió la sonrisa y subió detrás.


Entraron a la habitación, cerraron la puerta y Larissa ya no pudo contenerse más, tomó a la pelinegra por la cintura para acercarla a su cuerpo con la otra mano la tomo del cuello y la empezó a besar mas apasionada que antes, aquí ya nadie las veía y no había ninguna razón para no dejarse llevar.


Ambas habían bebido y Larissa sentía en el aliento de su acompañante un ligero toque a alcohol, pero esto solo la encendía más, por experiencia sabía que un poco de alcohol quitaba muchas inhibiciones y tabúes.


Mientras los besos seguían y el aliento se aceleraba, la mujer se detuvo un poco para decir —¿sabes? Nunca he estado con una mujer—, —¿crees que me vaya a gustar?—. Larissa se apartó un poco, la vio directo a los ojos y le sonrió de forma traviesa —déjame demostrarte, que te va a gustar— dijo mientras volvía a acercarse y los besos se reanudaban, empezó a levantarle el vestido y a acariciar sus nalgas frías con una mano mientras con la otra encontro el zipper del vestido y no dudo en bajarlo, ya había estorbado suficiente. El vestido cayó al suelo, la mujer quedó solamente usando sus tacones y una tanga oscura transparente. Fue un espectaculo para la vista tener a esa mujer de piel blanca perfecta casi desnuda y sin dejarle ya nada a la imaginación.


Larissa empujó firme pero juguetonamente a la pelinegra a la cama, se acercó con suavidad y empezó a besar su cuello mientras apretaba y acariciaba sus pechos, su boca iba bajando lentamente dejando que su aliento le hiciera cosquillas en el cuerpo a su compañera, ella se retorcía un poco, soltaba risitas nerviosas y suaves gemidos de excitación —dime si quieres que me detenga— dijo Larissa sonriente y empezó a lenguetearle los pezones, pasaba su lengua primero ligera y suavemente, luego con la parte mas amplia lamía rápidamente, mientras tanto con las manos le acariciaba el abdomen y pasaba suave y lento la punta de sus dedos por encima de su tanga, poco a poco sentía como se humedecía cada vez más. Mordió un poco la parte de abajo de su pecho, lo que causó que su acompañante gimiera un poco mas fuerte —¿te dolió?— pregunto Larissa a penas levantando la cabeza —muerdeme más fuerte— le respondió. Así lo hizo, mientras masajeaba su vagina por encima de la tanga transparente que ya estaba casi por completo mojada, le daba rápidas mordidas fuertes en los pechos, junto con lenguetazos y algunos chupetones que seguro mañana estarían morados. El aliento de Larissa hacía que su compañera se retorciera un poco y esto la excitaba mucho, con la punta de su lengua acariciaba la línea que se hacía desde su pecho hasta su ombligo, bajó lentamente y respirando fuerte, sin dejar de acariciar su clítoris por encima de la ropa. Llegó al abdomen bajo, dió algunas mordidas suaves, bajó mucho más, a sus muslos, inició solo usando su respiración, al ver tan ansiosa por más a su compañera le dijo nuevamente —solo dime si quieres que me detenga— y pasó su lengua por su vagina aún por encima de su tanga, la pelinegra arañó las sabanas y las agarraba fuertemente mientras decía —sigue, por favor, sigue— con la respiración agitada.


Larissa se arrodilló en el suelo, puso uno de los pies de su acompañante sobre su hombro mientras detenía la otra pierna con su mano, levantó la tanga, la movió a un lado y con la lengua completamente amplia dió el primer lenguetazo. Estaba completamente mojada, su clitoris palpitaba y la pelinegra se retorcía en la cama, Larissa chupaba primero lento pero conforme los gemidos se hacían más fuertes ella chupaba más rápido y más fuerte también, hacía movimientos circulares con su lengua al rededor del clítoris, la mujer soltó la sábana con una mano y con esa misma agarró el cabello de Larissa y la empujaba más hacía a ella para que no parara, para que ni se le ocurriera dejarla así como estaba, para que no cambiara nada.


De repente en la entrada de su vagina empezó a sentir presión, algo empezaba a entrar y estaba tan mojada que estaba entrando sin problema, no se sentía como dedos, esto era mas grande, suave pero duro a la vez, le llegó hasta el fondo, sintió como topó dentro de ella, salió suave y volvió a entrar, Larissa no había dejado de lamer su clítoris mientras hacía esto, la mezcla de sensaciones hacían que las lágrimas se empezaran a salir, pero no por dolor, su cuerpo se sentía muy bien, sentía calor en los lugares perfectos y la mezcla de sensaciones de ser penetrada hasta su límite suave y con un vaivén perfecto mientras su clítoris era succionado la dejaba con la respiración entrecortada, con las manos entumecidas por estar agarrando tan fuerte para que este placer no se le escapara.


El vaivén empezó a volverse mas rápido e intenso, Larissa empezó a mover su cabeza de arriba a abajo dando lenguetazos amplios que hacían que el cuerpo completo se le estremeciera, sentía que a penas podía respirar, no quería distraerse con algo tan tonto como respirar en ese momento, su cuerpo se sentía como nunca. El vaivén se volvió aún más rápido, los lenguetazos también, y de repente Larissa le sacó lo que le estaba metiendo y un chorro de líquido salió expulsado de ella. Uff, había escuchado sobre esto, pero definitivamente nunca había tenido uno, las piernas le temblaban y era difícil moverlas.


Larissa se levanto del suelo, puso a su lado un objeto no tan grande como se sentía y de color morado, se quitó el vestido y luego le quitó la tanga —aún no hemos terminado— le dijo mientras se limpiaba la boca.