Reloj sin horas libres

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Sinopsis

Zoe es una Joven de diecisiete años de edad, a los 15 años perdió a su padre en un accidente, por lo que tuvo que madurar a muy temprana edad para ayudar a su madre con los gastos de la casa, su madre tiene 40 años por lo que no es muy joven y le cuesta conseguir trabajo y tiene una enfermedad, Zoe no tiene tiempo para dramas de amor o eso piensa ella. Por otro lado tenemos a Yeon un chico popular, atractivo lo que lo hace ver inalcanzable. Para él eso no es importante tiene sus propios sueños y metas y es lo contrario de lo que aparenta. Él también conoce el valor del trabajo duro, no busca romances ni distracciones... hasta que una pequeña coincidencia le da un giro inesperado a sus vidas

Genero:
Romance
Autor/a:
Enderlys
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Reloj Sin Horas Libres

Dicen que la adolescencia es la etapa para cometer errores y descubrir quién eres. Yo descubrí quién era a los quince años, el día que el asiento de mi padre en la mesa quedó vacío para siempre. Desde entonces, mi reloj no marca las horas para salir a fiestas o elegir qué vestido usar en la próxima reunión; mi reloj marca turnos de trabajo y horarios de medicinas.

No me malentiendan, no odio mi vida. Al contrario, la amo porque amo a la mujer que me espera en casa. Mi mamá es mi motor, el eco de mi fuerza. Cada vez que mis pies duelen o los párpados me pesan, visualizo su sonrisa y el cansancio se convierte en una medalla que porto con orgullo.

—¿Zoe? ¿Me escuchaste? —Lía agitó una mano frente a mi cara, sacándome de mis pensamientos.

Estábamos en el pasillo del liceo, rodeadas de gritos y risas. Lía es mi mejor amiga, mi cómplice y la razón por la que hoy tengo unos cuantos billetes en el bolsillo. Fue ella quien convenció al dueño de la tienda de conveniencia para que nos contratara a ambas a pesar de ser menores. “Son responsables, señor, se lo juro”, le dijo. Y no mintió.

—Perdona, Lía. Estaba repasando la lista de la compra —le dije con una sonrisa pequeña.

—Siempre tan enfocada... —Ella suspiró, pero me apretó el brazo con cariño—. Por cierto, ¿viste que el “Príncipe de Medicina” estaba hoy en la entrada? Había como diez chicas intentando darle una carta.

—¿El príncipe de qué? —pregunté sin interés real, mientras acomodaba mis libros usados en la mochila.

—Yeon, Zoe. Yeon. El chico del salón B. El que parece salido de un drama coreano. Dicen que es súper atrevido cuando habla, pero que no mira a nadie.

—Pues que sigan perdiendo el tiempo —respondí encogiéndome de hombros—Yeon no va a pagar mis cuentas ni a estudiar Biología por mí. Vámonos, que el examen no se va a aprobar solo y el turno de la tarde empieza en una hora.

Caminamos hacia la salida, ignorando el revuelo que se formaba en el pasillo principal. Para el resto del mundo, ese chico era un ídolo. Para mí, era solo un nombre más en una institución llena de gente que tenía el lujo de perder el tiempo.

Soy Zoe, tengo diecisiete años y mi vida era una línea recta de deberes y promesas. O al menos lo fue... antes de que él decidiera cruzarla.

El aroma a café recién hecho y el murmullo de mi madre en la cocina eran el despertador más dulce del mundo. Abrí los ojos, que aún pesaban por las pocas horas de sueño, y me estiré en la cama, que de alguna forma siempre me parecía más acogedora cuando sabía que tenía que levantarme.

—Mi pequeña dormilona, el desayuno está listo —la voz de mamá era una caricia.

Me levanté y la encontré en la pequeña cocina. A sus cuarenta y pocos años, su cuerpo frágil ya mostraba las marcas de una enfermedad que nos había robado mucho más que la tranquilidad. Pero sus ojos, esos ojos color chocolate, aún brillaban con la misma calidez que recordaba de mi padre.

—¿Cómo dormiste, mamá? —pregunté, dándole un beso en la frente.

—Como un lirón, cariño. Y tú, ¿te sentiste mejor? Sé que ayer el turno en la tienda fue largo.

Le sonreí, apretando su mano. —Estoy perfecta, mamá. ¿Hiciste hotcakes? —Intentaba desviar el tema de mi cansancio. No quería que sintiera esa culpa que a veces la invadía. Para mí, cada día era una oportunidad de devolverle un poco de la paz que la vida nos había quitado desde que papá nos dejó.

Ella asintió, su rostro se iluminó. —Claro que sí. Un buen desayuno para la estudiante más brillante de todo el colegio.

Nos sentamos a la mesa. Esos minutos eran sagrados. El mundo exterior con sus prisas, sus clases y sus trabajos parecía desvanecerse. Éramos solo nosotras, reforzando esa fortaleza silenciosa que nos unía.

El aire frío de la mañana me golpeó la cara al salir. Me despedí de mamá con un “Te veo en la tarde” y caminé hacia el liceo. Mientras caminaba, mi mente era un inventario constante: el turno en la tienda de conveniencia por la tarde, las páginas del examen de Biología y, por encima de todo, el bienestar de mi madre. Mis prioridades no eran castillos de arena; eran de roca.

En el aula de Biología, el profesor hablaba sobre las células procariotas. Mi cerebro, sin embargo, se sentía como una esponja saturada. A pesar de mi mejor esfuerzo, mis párpados luchaban una batalla perdida contra la gravedad. Había pasado la noche anterior estudiando hasta la madrugada, y el calor del aula era una nana irresistible.

—¡Zoe! —Un codazo suave en las costillas me trajo de vuelta.

Era Lía, mi ancla, con su cabello rizado y su sonrisa preocupada.

—¿Te quedaste dormida de nuevo? —susurró, aunque su tono era más de afecto que de reproche—. Te ves terrible, ¿estás segura de que estás bien? Me preocupa que un día simplemente te desmayes.

Le sonreí con una pequeña mueca. —Estoy perfecta, Lía. Solo un poco... concentrada.

Ella me miró con esos ojos que me conocían mejor que nadie. —Deberías descansar. Todos hablan del festival de primavera, pero tú ni te enteras. ¡Hasta Yeon va asistir!

—¿Yeon? ¿Y que pasa si el va? —pregunté, sin darme cuenta de que el nombre del chico más popular del Colegio me sacaba de mi letargo. Yeon, el “príncipe de medicina” de la clase B, era un rumor constante en los pasillos, un ídolo para las demás.

El timbre sonó, liberando a todos. El profesor dio por terminada la clase de Biología y el ruido de los alumnos llenó el pasillo.

—Nos vemos en la tienda, ¿sí? —Lía me dio un abrazo rápido.

—Claro. No tardo.

Me despedí de ella y me dirigí a mi verdadero santuario: la biblioteca del liceo. Necesitaba ese silencio, esa paz para poder concentrarme. No había tiempo que perder.

La biblioteca estaba casi vacía, impregnada de ese olor a papel viejo y madera que siempre lograba calmar mis nervios. Caminé hasta la última mesa, la que estaba escondida tras los estantes de medicina y ciencias naturales. Era mi rincón. Solté mi mochila con cuidado y abrí el libro de anatomía. Tenía exactamente cuarenta minutos antes de mi turno en la tienda; cuarenta minutos para memorizar el sistema circulatorio.

Me sumergí en la lectura. Para mí, las palabras en el papel eran más reales que los susurros en el pasillo. Estaba tan concentrada subrayando términos que el mundo exterior dejó de existir.

Por eso, no escuché los pasos lentos que se acercaban. No noté la sombra que se proyectó sobre mi mesa.

[Pensamiento de Yeon]

Es increíble. Llevo aquí parado dos minutos y ni siquiera ha parpadeado. Normalmente, cuando entro en una habitación, el aire cambia; escucho las risitas, noto las miradas de reojo. Pero ella... ella me ignora como si yo fuera parte de los muebles. Es la primera vez que alguien no se inmuta ante mi presencia. Ni siquiera sabe quién soy, o si lo sabe, le importa menos que el libro que está devorando. Es... refrescante.

Yeon rompió el silencio con una voz que era como el terciopelo: suave, pausada y extrañamente profunda.

—Parece que a ti también te gusta leer sobre cosas que a los demás les aburren —dijo él, con una ligera sonrisa ladeada.

Di un pequeño salto, mi bolígrafo rayó la página por el susto. Levanté la vista y me encontré con unos ojos oscuros que me observaban con una curiosidad que me resultaba ajena. Era él. El chico del que Lía no paraba de hablar. Yeon.

—Me gusta aprovechar el tiempo —respondí con sencillez, tratando de recuperar el hilo de mis notas—. La biblioteca es para estudiar, ¿no?

Yeon asintió lentamente, sus ojos bajaron hacia el libro que estaba justo al lado de mi mano, en la mesa.

Era un ejemplar de fisiología avanzada que yo había apartado para después.

—¿Te importa si me siento? —preguntó, señalando la silla vacía a mi lado.

Lo miré un segundo. Había cientos de sillas libres en la biblioteca, pero él quería esa. No tenía energía para discutir ni para ser grosera, y mientras no me interrumpiera, me daba igual.

—Está libre —dije, volviendo mi vista al papel.

Yeon no dijo nada más. Tomó el libro de fisiología que estaba junto a mí, se sentó con una elegancia natural y empezó a leer.

¿Qué hace aquí? Lía dice que siempre está rodeado de gente, pero ahora parece que solo busca silencio.

Su presencia es extraña; no es ruidosa como la de los otros chicos. Huele a algo limpio, como lluvia. No importa. Concéntrate, Zoe. El corazón tiene cuatro cavidades y tu madre necesita que seas la mejor. No dejes que un chico con voz bonita te quite minutos de estudio.

[Pensamiento de Yeon]

No me mira. Realmente no me está mirando. Se ve muy cansada, lo veo en la leve sombra bajo sus ojos. Me pregunto qué es lo que hace que alguien de diecisiete años tenga esa determinación tan pesada en los hombros. Me quedaré un rato más... quiero ver si en algún momento se rinde ante el sueño o si sigue luchando.

El único sonido que quedó entre nosotros fue el pasar de las páginas y el tic-tac del reloj de la pared, que por primera vez en mucho tiempo, parecía correr un poco más lento.

📝 Nota de la Autora

¡Hola a todos! 👋

Primero que nada, quiero agradecerles de todo corazón por darle una oportunidad a esta historia. Soy nueva en este mundo de la escritura y esta es la primera vez que me atrevo a plasmar mis ideas y compartirlas con los demás.

Sé que este primer capítulo ha sido un poco corto, pero espero que hayan podido sentir la esencia de Zoe y la curiosidad de Yeon. Estoy aprendiendo poco a poco, así que les pido una disculpa si hay detalles por mejorar; ¡prometo poner todo mi amor en cada palabra! ❤️

Espero que se queden conmigo para ver cómo avanza este “Reloj sin horas libres”. Me encantaría leer sus comentarios y saber qué les pareció este primer encuentro. ✨

¡Nos leemos pronto! 😊