El reencuentro
Y de pronto… ahí está.
Entre toda la gente, entre el ruido, entre todo lo que no importa… lo veo.
Es él.
Mi pecho se aprieta y siento cómo todas las entrañas se me suben hasta la garganta.
No.
No puede ser.
La librería está llena, el día es cálido y el sol entra por los ventanales. Yo, en cambio, estoy despeinada.
Él está del otro lado del pasillo. Tan perfecto como hace cinco años… y al mismo tiempo, completamente distinto. Casi irreconocible.
Entonces pasa.
Nuestras miradas se encuentran.
La suya parece preguntarlo todo.
¿Será ella?
Y algo dentro de mí me dice que está nervioso.
¿Está nervioso por verme a mí?
No lo sé.
Empieza a acercarse.
Mi corazón late más rápido que nunca.
Y de pronto, está frente a mí. Con una sonrisa nerviosa y el cabello ligeramente despeinado.
—Hola —dice.
Y entonces, volteo.
Y en ese momento supe que todo iba a cambiar.
Después de cinco años… tenía que volver a verlo.