Backstage: Canciones que Arden en Silencio

Sinopsis

Para Sofía, Joe siempre fue una frecuencia lejana: una voz en sus audífonos y una imagen estática en su cámara. Ella vivía entre playlists, fotografías y sueños que parecían demasiado lejanos para volverse reales, hasta que un concierto lo cambió todo. El destino decidió romper la barrera entre fan y realidad, pero el encuentro no fue como en las películas; no hubo alfombras rojas, solo dos personas intentando encontrar autenticidad en un mundo de plástico. Lejos de los reflectores, Sofía descubre que el hombre detrás del ídolo está exhausto de ser una mercancía y de vivir una vida que ya no le pertenece. En ella, Joe encuentra algo que la fama le arrebató: silencio y calma. Sin embargo, amar a una estrella tiene un precio y los secretos tienen fecha de caducidad. Lo que comenzó como un refugio clandestino pronto se convierte en una bomba de tiempo. Entre giras agotadoras, rumores de prensa y una presión mediática asfixiante, ambos deberán enfrentarse a una pregunta inevitable: ¿lo suyo es solo un instante robado al caos... o una historia lo suficientemente real como para arriesgarlo todo? Porque alcanzar una estrella no siempre significa tocar el cielo... a veces, significa aprender a no arder en el intento.

Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 01


El pase de prensa colgado en mi cuello se sentía como un yunque.


A mis veinticinco años, estar en el backstage del Pepsi Center no era un sueño, era una emboscada para mis sentidos. El aire olía a ozono, cables calientes y a ese sudor eléctrico que solo desprende una multitud de diez mil personas gritando al unísono. Mi cámara pesaba, mis manos sudaban y mi apellido, García, impreso en la acreditación, parecía burlarse de mis nervios.


—Sofía, si sigues apretando la cámara así, la vas a romper antes de tomar la primera foto —me susurró Abigail, tratando de sonar profesional, aunque sus ojos delataban que estaba a un segundo de colapsar como fan.


—Es mi pase a la titulación, Abi. Si arruino esta cobertura, mi carrera termina antes de empezar —respondí, ajustando el lente con dedos temblorosos.


Como practicante de comunicación, mi trabajo era "documentar la experiencia humana tras bambalinas". Una frase elegante para decir que debía perseguir sombras. Y la sombra que todos buscaban era la de él.


De pronto, el estruendo del exterior se filtró por las cortinas pesadas. Los chicos de la banda de joe estaba terminando su set. El piso vibró bajo mis botas y, entonces, el pasillo se llenó de movimiento. Técnicos, seguridad y, finalmente, ellos.


Los vi pasar como una ráfaga de adrenalina. Pero mi lente no buscó al grupo. Buscó el centro de gravedad del lugar.


Joe caminaba al final, con la guitarra colgada y el cabello empapado en sudor, pegado a su frente. No se veía como la estrella de las portadas de revista. Se veía... exhausto. Como si el ruido del mundo le estuviera drenando la vida.


—¡Cinco minutos para el cambio, muévanse! —gritó Liam, su representante, con esa voz de sargento que hacía que todos se tensaran.


En el caos, Joe se separó del grupo un segundo, buscando un rincón de sombra cerca de la zona de carga donde yo estaba parada. Se apoyó contra un baúl metálico y cerró los ojos, llevando su cabeza hacia atrás.


Fue ahí cuando cometí el error de principiante. Mi dedo actuó por instinto.


Click. El sonido del obturador fue pequeño, pero en ese rincón silencioso, sonó como un disparo.


Joe abrió los ojos de golpe. No me miró con la sonrisa ensayada de las entrevistas. Sus ojos estaban oscuros, cargados de una irritación que me hizo querer desaparecer.


—¿No es suficiente con las tres mil cámaras de allá afuera? —Su voz sonó ronca, cansada y cortante.


Me quedé helada. La practicante de comunicación que debía ser invisible acababa de invadir el único segundo de paz de la estrella.


—Yo... lo siento. Es para el reporte de la agencia —logré articular, bajando la cámara como si fuera un arma.


Joe se enderezó con lentitud, soltando un suspiro cargado de frustración. Sus botas resonaron contra el concreto mientras caminaba hacia mí. Por puro instinto, retrocedí hasta que mi espalda golpeó un estante de metal. Me sentía diminuta frente a él; Joe no era solo más alto, tenía una energía que parecía ocupar todo el pasillo.


Se detuvo a centímetros de mí, invadiendo mi espacio personal sin pedir permiso. El aroma a tabaco, cítricos y el calor de su piel después del escenario me marearon por un segundo.


—García —pronunció mi apellido con una voz ronca, casi un susurro, mientras sus ojos bajaban a mi acreditación de practicante—. ¿Te enseñaron en la universidad que está prohibido tomar fotos sin permiso en el backstage?


Bajé la mirada de inmediato, sintiendo cómo el calor subía por mi cuello hasta quemarme las mejillas. Mis dedos se aferraron a la cámara como si fuera un escudo.


—Lo... lo siento —logré articular, mi voz apenas un hilo—. No quería molestarte. Es solo que... te veías diferente.


Él soltó una risa seca, pero no se alejó. Al contrario, se inclinó un poco más, obligándome a sentir su respiración cerca de mi sien.


—¿Diferente? —Repitió la palabra como si fuera un chiste privado—. ¿Diferente a qué, García? ¿A los pósteres que probablemente tienes en tu habitación?


—Diferente a la máscara que usas ahí fuera —susurré, reuniendo el poco valor que me quedaba para levantar la vista un segundo. Sus ojos estaban cansados, casi opacos—. Te veías real. Y creo que eso es más valioso que cualquier pose.


Joe se tensó. El sarcasmo desapareció de su rostro en un parpadeo, reemplazado por una mirada de desconcierto que me heló la sangre. Por un momento, el ruido del equipo moviéndose y los gritos lejanos del público desaparecieron. Éramos solo nosotros dos en ese pasillo a media luz.


Él levantó una mano, y por un segundo aterrador y emocionante, pensé que me quitaría la cámara. Pero solo rozó con sus dedos el cordón de mi pase de prensa, tirando de él apenas un milímetro para acercarme más.


—Eres demasiado joven para buscar la verdad en un lugar lleno de mentiras, García—dijo. Mi corazón dio un vuelco violento—. Si eres lista, borrarás esa foto y te irás a casa antes de que este lugar te rompa a ti también.


Se quedó mirándome los labios un segundo eterno, una tensión eléctrica que me dejó sin aire, antes de que la voz de Liam cortara el momento como un cuchillo.


—¡Joe! Maddison está en el camerino y la prensa quiere la foto de la "pareja del año". ¡Ahora!


Joe cerró los ojos, recuperando su máscara de estrella de rock antes de volver a abrirlos. Me dedicó una última mirada cargada de algo que no supe descifrar —una mezcla de advertencia y súplica— y se marchó sin decir más.


Me quedé ahí, temblando, con la espalda pegada al metal frío y una foto en mi cámara que sabía que me traería problemas. Porque Joe no solo me había advertido sobre el lugar... me había advertido sobre él.


Me quedé allí, inmóvil, mientras el eco de sus botas se perdía en el estruendo de los gritos que venían del escenario. El roce de sus dedos en mi pase de prensa todavía quemaba, una marca invisible que me recordaba que, por un segundo, la distancia entre el ídolo y la practicante se había reducido a nada.


—¿Sofía? —La voz de Abigail me sacó del trance. Me miraba con los ojos muy abiertos, alternando la vista entre el pasillo vacío y mi rostro pálido—. ¿Qué... qué fue eso? ¿Te dijo algo?


No pude responder. No sabía cómo explicarle que Joe no me había hablado como a una fan, ni como a una periodista. Me había hablado como alguien que se está ahogando y, por un instante, me había pedido que no lo mirara hundirse.


Bajé la vista a la pantalla de mi cámara. Allí estaba él. Apoyado en el baúl, con los ojos cerrados y el alma expuesta. Era la foto más hermosa y peligrosa que había tomado en mi vida.


"Bórrala", me había dicho.


Pero mientras escuchaba a Liam anunciar a la "pareja del año" por el intercomunicador, mis dedos se alejaron del botón de eliminar. Sabía que Joe tenía razón: este lugar rompía a la gente. Y mientras lo veía salir al escenario bajo una lluvia de flashes, fingiendo una sonrisa perfecta junto a Maddison, me di cuenta de que mi caída libre acababa de empezar.