PRÓLOGO
—No me des la espalda. Mírame. Creo que al menos merezco ese pequeño decoro, Jungkook.
La tensión irradiaba de él cuando se dio la vuelta para enfrentarme.
No se acercó más pero me estaba mirando.
Por una vez, no pretendió que era invisible.
Sus ojos azules vagaron por mi cuerpo expuesto.
Mis pezones se endurecieron con el aire frío de su oficina pero no cerré mi bata, a pesar de la abrumadora necesidad de cubrirme del frío escrutinio de Jungkook.
Su mirada se detuvo en mi miembro por un instante ligeramente más largo que en el resto de mi cuerpo y una pequeña ráfaga de esperanza me llenó.
—¿Soy tu esposo?
Sus cejas rubias se fruncieron.
—Por supuesto que lo eres. —Hubo un atisbo de algo que no pude identificar en su voz.
—Entonces reclama tus derechos, Jungkook. Hazme tuyo.
No se movió, pero sus ojos se deslizaron hasta mis pezones duros.
Su mirada era casi algo físico, como un toque fantasma en mi piel desnuda.
No iba a mendigar.
Sabía que casi lo tenía.
Quería tener sexo esta noche.
—También tengo necesidades. ¿Preferirías que encuentre a un amante que te libere de la carga de tocarme?
No estaba seguro de poder llevarlo a cabo.
No, sabía que no podía llevarlo a cabo, pero este acto de provocación era mi última opción.
Si Jungkook no reaccionaba a eso, entonces no sabría qué más hacer.
—No —dijo bruscamente, algo enojado y posesivo rompiendo a través de su máscara perfecta.
Apretó los labios, su mandíbula trabada y caminó hacia mí.
Me estremecí con necesidad y emoción cuando se detuvo frente a mí.
No me alcanzó pero me pareció detectar el indicio de deseo en sus ojos.
No fue mucho, pero lo suficiente para alentarme.
Crucé la distancia restante entre nosotros y envolví mis dedos sobre sus fuertes hombros, presionando mi cuerpo desnudo contra él.
El material áspero de su traje de negocios se frotó deliciosamente contra mis pezones sensibles y dejé escapar un pequeño gemido.
La presión en mi miembro era casi
Insoportable.
Los ojos de Jungkook resplandecieron a medida que bajaba la mirada hacia mí.
Me rodeó lentamente con un brazo y descansó la palma de su mano contra mi espalda baja.
La dulzura del triunfo me inundó.
Jungkook ahora no me estaba ignorando.