ECL!PSE: Enamorada de un Idol

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Sinopsis

Alma Moretti jamás imaginó que una caminata por Buenos Aires cambiaría su vida para siempre. Él se presentó como Jiwoo, un joven coreano encantador y reservado. Lo que no sabía... era que también era uno de los idols más famosos del mundo. Lo que comenzó como una coincidencia, pronto se convirtió en una historia secreta escrita a la distancia, entre giras internacionales, promesas susurradas y corazones divididos por contratos y cámaras. Pero... ¿Qué pasa cuando amar a alguien significa esconderse del mundo? ¿Y si ese amor es lo único real que tienen?

Genero:
Romance
Autor/a:
Anastacia Reed
Estado:
En proceso
Capítulos:
45
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1. La ciudad que respira palabras.

Buenos Aires despertaba como un tango que se desliza entre luces cálidas y murmullos de historia. Yo también lo hacía, un poco más tarde que el resto del mundo, con el mate tibio entre las manos y los ojos todavía nublados por los retazos de sueños. Así eran mis mañanas: lentas, suaves, como una caricia que apenas roza el alma.

Vivía en un pequeño departamento en San Telmo, en una de esas casonas antiguas recicladas que todavía conservan los pisos de madera y techos altos con molduras que contaban historias propias. No tenía lujos, pero cada rincón estaba lleno de detalles que me inspiraban. Una pila de libros al lado de la cama. Una máquina de escribir antigua en la repisa. Postales y frases sueltas pegadas en la pared como un collage de ideas. Y mi escritorio, claro, frente al balcón, donde la luz de la mañana entraba generosa a recordarme que tenía historias por escribir.

Ser escritora freelance era a veces un caos, otras una bendición. No tenía horarios fijos, pero sí rutinas secretas que me daban cierto orden. Revisar correos de editoriales, contestar mensajes de lectores, corregir algún capítulo pendiente, proponer ideas para revistas digitales. Todo eso mientras sonaba Piazzolla o una playlist de jazz instrumental que me acompañaba como un susurro constante.

Mi vida no era glamorosa. Pero tenía magia.

Cuando las palabras no fluían, salía. Me calzaba mis zapatillas, guardaba la libreta en la mochila y caminaba. Caminaba sin rumbo fijo por la ciudad que amaba con una devoción casi infantil. Buenos Aires era mi musa, mi refugio, mi espejo. En cada esquina encontraba una historia. En cada mirada, una emoción. A veces me sentaba en el Café Tortoni solo para observar. O me perdía por los pasajes de Palermo con sus murales desbordando color. O me subía al subte solo para ver a la gente, imaginar vidas, crear diálogos en silencio.

Yo vivía de las palabras, pero más aún, vivía para las palabras. No había día que no pensara en una nueva trama, en una nueva voz que necesitara ser escuchada. Escribir era mi forma de amar, de sanar, de sobrevivir.

En días como ese, cuando el cielo se nublaba apenas y una brisa fresca corría entre los árboles de Plaza Dorrego, sentía que todo estaba en su lugar. Me sentaba con un café, abría la libreta y escribía. No importaba si era el inicio de una novela, un poema suelto o solo una frase: escribir me recordaba quién era.

Alma Moretti. Escritora. Soñadora. Habitante crónica de la imaginación.

Y aunque el mundo no me conociera, aunque mi nombre no llenara portadas todavía... yo sabía que alguna de mis historias llegaría lejos. Tal vez ya había comenzado a escribir la que lo haría.

Después de caminar un rato por las calles adoquinadas de San Telmo, el reloj marcaba casi las cinco. La tarde caía con ese tono dorado que hacía que todo en Buenos Aires pareciera un poco más cinematográfico. Había quedado en encontrarme con Lucía, una de mis mejores amigas, en nuestro café habitual, ese que tenía mesitas afuera y que servía medialunas que sabían a infancia.

Lucía era de esas personas que no podían pasar desapercibidas: hablaba con las manos, se reía con todo el cuerpo y vivía con una intensidad que a veces me contagiaba y otras me hacía querer escribir sobre ella. Tenía el pelo largo, castaño oscuro, y unos ojos vivaces que brillaban más cuando hablaba de sus pasiones. Y esa tarde, apenas me senté frente a ella, supe que algo la tenía especialmente emocionada.

—¡No sabés lo que te tengo que contar! —exclamó mientras dejaba su mochila en la silla de al lado y tomaba mi mano con entusiasmo—. ¡Vinieron! ¡Por fin vinieron a Argentina!

—¿Quiénes? —pregunté, sonriendo, aunque un poco confundida.

—**¡Los chicos! Mi banda favorita, Alma. ¡La banda! Son ocho, y van a dar un concierto en dos días. ¡Dos días! Ya tengo la entrada, outfit planeado, todo. No lo puedo creer todavía.

La miré, divertida, mientras le daba un sorbo a mi café. Lucía y su amor por el K-pop eran parte de ella desde que la conocía, pero yo jamás había entrado a ese universo. Me parecía colorido, vibrante y algo caótico, pero sobre todo, auténtico en su manera de conectar con tanta gente.

—Contame más —dije, apoyando los codos en la mesa con interés—. ¿Cómo se llaman?

—Se llaman “ECL!PSE” —respondió sin dudar—. Son coreanos, y cada uno tiene una personalidad completamente distinta. Hay uno que escribe las canciones, otro que baila como si no tocara el piso, uno que tiene una voz que te rompe el alma... —hizo una pausa, como si se obligara a no hablar a toda velocidad—. Bueno, no quiero abrumarte, pero si los vieras, entenderías. Son... algo más.

La escuché con atención mientras me hablaba de los ocho integrantes como si fueran personajes de una novela que había leído mil veces y aún la seguía enamorando. Hablaba de sus nombres, de cómo la hacían sentir sus canciones, de las veces que la habían ayudado a salir de un mal momento sin saberlo. Había algo tan puro en esa emoción que no pude más que sonreír.

—Me encanta verte así —le dije—. Es como si brillaras.

—Es que me hacen feliz, Alma. ¿Entendés? Hay cosas que no se pueden explicar con lógica. A veces solo... llegan, te atraviesan, y se quedan. Como tus historias.

Me conmovió su forma de decirlo. Porque quizás, aunque yo no conociera sus canciones ni sus coreografías, sí entendía lo que era encontrar algo —o a alguien— que te devolviera el aliento. Y esa tarde, entre café con leche, risas y confesiones, supe que ese concierto no sería solo un evento cualquiera. Sería el inicio de algo nuevo. Para ella. Tal vez, también para mí.

A la mañana siguiente, el sol se filtraba tímido por las cortinas de mi balcón. Estaba frente a la computadora, con un documento en blanco que parecía burlarse de mí. Las palabras no venían. Había tomado dos mates, hojeado un libro viejo, incluso reorganizado los lápices por color. Nada.

Y entonces sonó el teléfono.

—¿Alma? —la voz de Lucía del otro lado sonaba entre nerviosa y ansiosa—. ¿Estás ocupada?

—Más o menos —respondí, girando en la silla—. Estoy peleándome con un capítulo.

—Bueno, entonces vas a querer escuchar esto.

Hizo una pausa larga. Pude imaginarla caminando de un lado a otro, como siempre que no sabía cómo decir algo.

—Mi hermana no puede venir al concierto. Se enfermó, y no va a poder viajar. Y yo no quiero ir sola... No es lo mismo. Ya sabés lo importante que es para mí esto. Entonces... pensé en vos.

—¿En mí? —pregunté, confundida.

—Sí. Quiero que vengas conmigo. Tengo la entrada, está todo listo. Solo tenés que decir que sí.

Me reí, sorprendida por la propuesta.

—Lucía... yo nunca los escuché. O sea, no conozco ni una canción. ¿No vas a querer compartir eso con alguien que realmente sea fan?

—Justamente por eso. —Su voz se volvió más suave, casi cómplice—. A veces los mejores descubrimientos vienen cuando menos los esperás. ¿Y si este universo que tanto me emociona también te regala algo a vos? Una historia, una idea, una sensación. No tenés que entenderlo todo... solo sentirlo.

Me quedé en silencio. No por duda, sino porque había algo en lo que decía que me tocaba una fibra. Yo, que vivía buscando nuevas formas de mirar el mundo, ¿por qué no permitirme verlo desde los ojos de alguien más? Aunque fuera solo por una noche. Aunque fuera solo por acompañar.

—Bueno —dije, finalmente, dejando escapar una risa resignada—. Pero vas a tener que explicarme quién es quién antes de que suban al escenario.

Lucía gritó de alegría al otro lado.

—¡Prometido! Te voy a preparar un resumen intensivo de ECL!PSE. Te vas a enamorar, ya vas a ver.

Colgué con una sonrisa tonta en los labios.

No lo sabía en ese momento, pero aquella decisión —aparentemente simple— sería el primer paso hacia un mundo que jamás imaginé pisar. Y que, sin saberlo, me iba a cambiar para siempre.

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