Amantes bajo la luna

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Sinopsis

Cuando Bella y Ronan cruzan sus miradas bajo la Luna Azul, descubren algo que ninguno esperaba: un vínculo predestinado que se siente como el destino mismo. En un mundo donde la manada observa cada uno de sus movimientos y no todos ven con buenos ojos su conexión, su historia de amor a primera vista resulta tan tierna como desafiante. Dulce, conmovedora y absolutamente irresistible, «Amantes bajo la luna» es un romance que te hará creer en el poder del destino y la magia de la luna.

Genero:
Romance
Autor/a:
Misty G.
Estado:
Completado
Capítulos:
24
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1 – La noche antes de la Blue Moon

Las montañas se alzaban con una majestuosidad silenciosa alrededor de Bella mientras bajaba del coche. Sus siluetas se estiraban hacia un cielo que pasaba lentamente del dorado al azul profundo del crepúsculo. Por un momento, se quedó allí de pie, inmóvil y callada, como si algo en el mundo hubiera cambiado en el instante en que sus pies tocaron la tierra. El aire se sentía diferente aquí: más fresco, más denso, cargado con el aroma de los pinos, de la tierra y de algo mucho más sutil que no lograba identificar. Era algo que parecía vibrar justo debajo de la superficie de todo, rozando sus sentidos de una manera que le oprimía el pecho y aceleraba su pulso sin explicación alguna. Detrás de ella, las voces de sus amigos llegaban con la brisa de la tarde mientras salían del coche. Entre risas, se estiraban y recogían sus cosas, emocionados por haber llegado por fin, pero Bella apenas los escuchaba. Su atención estaba puesta en la línea de los árboles, como si algo invisible la hubiera alcanzado para sujetarla con suavidad.

Durante todo el camino se había dicho que este viaje era solo para divertirse, una oportunidad para escapar, disfrutar de la reunión y vivir algo nuevo. Pero al estar allí, con las montañas observándola y el bosque respirando justo después del claro, aquella explicación parecía vacía, casi insignificante frente a la tranquila certeza que crecía en su interior. Había oído hablar de la Blue Moon Convergence durante años, en historias susurradas que siempre parecían esconder algo más, algo mucho más profundo que una simple tradición. Sin embargo, nunca se había permitido creer en ello de verdad, no del todo, no como los demás. Aun así, mientras permanecía allí con la última luz del día desvaneciéndose y algo indescriptible agitándose en su pecho, no podía negar la sensación de haber sido atraída hasta allí por una razón que todavía no comprendía.

Cuando una de sus amigas la llamó desde el porche de la cabaña, con una voz cálida y bromista preguntándole si planeaba dormir fuera en lugar de entrar, Bella se giró lo justo para responder. Su voz sonó más suave de lo normal al decir que entraría en un momento, pero incluso mientras hablaba, su mirada volvió a dirigirse hacia el bosque, hacia las sombras que se entrelazaban entre los árboles. La atracción era más fuerte ahora, ya no era algo que pudiera ignorar o dejar de lado. Antes de decidir realmente qué estaba haciendo, sus pies comenzaron a moverse, alejándola del coche, de las voces y llevándola hacia el borde del bosque con una certeza tranquila e instintiva que se asentó profundamente en sus huesos.

El cambio ocurrió tan natural como respirar, tan sencillo como pasar de un momento a otro. Cuando el mundo se volvió más nítido a su alrededor, se sintió como volver a casa. Cada aroma se volvió más intenso, cada sonido más claro, y la tierra bajo sus patas se sentía fresca y viva a medida que avanzaba. Se deslizaba entre los árboles con una gracia que no requería esfuerzo alguno. Aquel impulso la guiaba, firme y constante, arrastrándola hacia lo más profundo del bosque hasta que el ritmo de sus movimientos se convirtió en algo más que un simple caminar; fue algo liberador, algo que llenó su pecho con una sensación de plenitud que no sabía que le faltaba. Corrió más rápido sin vacilar, el viento acariciaba su pelaje mientras el mundo se abría ante ella, y el suave zumbido en su interior se intensificaba con cada paso, urgiéndola a seguir adelante.

Y entonces, sin previo aviso, se detuvo.

El claro se extendía ante ella bajo el suave crepúsculo, con los últimos rastros de luz filtrándose entre los árboles, y en el extremo opuesto, de pie como si siempre hubiera estado allí, estaba él.

Por un instante, todo pareció paralizarse; el mundo se redujo hasta que no hubo nada más que el espacio entre ellos, nada más que esa conciencia tranquila y eléctrica que palpitaba en ella en cuanto sus miradas se cruzaron. Su pelaje era oscuro, casi negro, y su figura, poderosa y firme. Pero fueron sus ojos los que la atraparon, ese azul vívido e impactante que cortaba la luz tenue de una forma que parecía casi irreal, casi imposible, y sin embargo, completamente innegable. La conexión la golpeó de golpe, no como un pensamiento ni como una pregunta, sino como algo absoluto e inquebrantable, algo que resonó en todo su ser con una claridad que no dejó espacio a la duda.

Mate.

La palabra resonó dentro de ella, no dicha, sino comprendida, instalándose en lo más profundo como si siempre hubiera estado allí, esperando el momento de salir a la superficie.

No pensó, no cuestionó, no dudó mientras su cuerpo avanzaba, atraída hacia él con una certeza tranquila que se sentía tan natural como la transformación misma. Él respondió de la misma manera, acortando la distancia entre ambos de forma lenta y deliberada, como si él también lo sintiera, como si lo entendiera sin necesidad de palabras. No había miedo en aquel espacio entre los dos, ni tensión, ni incertidumbre, solo curiosidad y algo más suave, algo más cálido que crecía con cada paso que daban el uno hacia el otro.

Dieron vueltas lentamente, con movimientos cuidadosos y sin prisas, aprendiendo mediante el instinto, el olfato y ese lenguaje silencioso que existe más allá de las palabras. Bella sintió su corazón latir firme y fuerte, no por la carrera sino por él, por la forma en que su presencia parecía calmar algo en su interior, algo que ni siquiera sabía que estaba inquieto. Cuando él bajó la cabeza ligeramente, un gesto sutil pero significativo, algo en el pecho de ella se tensó como respuesta. Se acercó más, sin pensarlo, eliminando el último espacio que los separaba hasta que sus narices se rozaron suavemente.

El contacto le envió una calidez que no pudo explicar, una sensación suave y expansiva que pareció filtrarse en cada parte de ella, anclándola al momento de una forma que hizo que todo lo demás desapareciera. El tiempo se sintió distante e irrelevante mientras permanecían allí, y la conexión entre ambos se profundizaba con cada aliento, con cada pequeño movimiento, hasta que sintió como si el mundo entero hubiera cambiado para dar paso a ese instante único y perfecto.

Después de eso se movieron juntos, no de una manera estructurada, sino con algo ligero, algo instintivo, una danza silenciosa de curiosidad y conexión que se sentía a la vez nueva y familiar. Había algo casi juguetón en ello, algo que le hizo olvidar todo lo que estaba más allá del claro, más allá de él, más allá de ese sentimiento que la había atrapado y no quería soltarla. Era sencillo, de la mejor manera posible, libre de expectativas o razonamientos, existiendo simplemente en lo que era.

Pero, poco a poco, inevitablemente, el mundo comenzó a cambiar.

La luz cambió, el cielo se oscureció por completo mientras los primeros indicios del amanecer aparecían en el horizonte, y con ellos llegó una conciencia silenciosa que se instaló entre los dos, un reconocimiento de que aquel momento, por perfecto que fuera, no podía durar para siempre. Bella lo sintió en la opresión de su pecho, en la forma en que sus pasos se volvían más lentos, y supo que él también lo sentía. Lo vio en la forma en que él hizo una pausa, manteniendo su mirada con algo más profundo ahora, algo que permanecía oculto justo debajo de la superficie.

Él dio un paso atrás primero, lenta y renuentemente, y aunque cada instinto le gritaba que lo siguiera, que cerrara la distancia de nuevo y se negara a la separación, ella permaneció donde estaba, con el cuerpo quieto pero el corazón tirando hacia él de todos modos. Mantuvieron la mirada un último instante, algo tácito pasó entre ellos, algo que se sintió como una promesa aun sin usar palabras, y entonces, tan silenciosamente como había aparecido, él se dio la vuelta y desapareció entre los árboles.

Bella se quedó sola en el claro, mientras el bosque recuperaba su ritmo natural, pero nada se sentía igual. El aire aún conservaba su aroma, tenue pero inconfundible, y la calidez de su presencia permanecía en ella, firme e innegable.

Mate.

La palabra volvió a resonar, más suave ahora pero no menos cierta, y mientras finalmente se giraba para regresar por donde había venido, una verdad se asentó con firmeza en su interior.

Esto era solo el principio.