Los Otros Habitantes

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Sinopsis

Nadie en todo San Isidro se atrevía a entrar en la vieja Iglesia junto al río, esas ruinas databan de al menos hace cuatro siglos y se dice que estaban malditas. Existe una leyenda que cuenta que durante el siglo XVI, llegó una gran caravana gitana al pueblo y con esta una enfermedad que hasta ese entonces era desconocida. Cientos de personas perecieron en ese entonces y otras cuentas desaparecieron...

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16+

La Sombra que se Ocultaba en el Bosque

Nadie en todo San Isidro se atrevía a entrar en la vieja Iglesia junto al río, esas ruinas databan de al menos hace cuatro siglos y se dice que estaban malditas.

Existe una leyenda que cuenta que durante el siglo XVI, llegó una gran caravana gitana al pueblo y con esta una enfermedad que hasta ese entonces era desconocida. Cientos de personas perecieron en ese entonces y otras cuentas desaparecieron.

La gente decía que aquella Iglesia poseía un gran magnetismo sobre las personas que se contagiaban, y era en ese lugar donde se encontraban sus restos mortales y en algunos casos, era en sus puertas donde se perdía el rastro de esas desafortunadas personas.

Lo que la historia ignora o intenta ocultar, es que todos aquellos cadáveres presentaban una marca particular en el cuello, una marca muy similar a la de una mordida. Una mordida humana...

*

Cada fin de semestre la preparatoria de San Isidro organizaba un campamento, esto con motivo de celebrar el cierre de ciclo escolar y el inicio de las vacaciones.

Estos campamentos tradicionalmente se organizaban en la propiedad de la escuela, pero con la llegada del nuevo director al plantel, se planteó la idea de realizar esta actividad en la zona boscosa que rodeaba al pueblo.

Inicialmente, los padres e incluso algunos profesores se opusieron a la idea argumentando que la zona ya no era tan segura como antes; aunque la verdadera razón, eran las viejas supersticiones que rodeaban la Iglesia abandonada que se encontraba en el interior del bosque. Contra todo pronóstico, el director logró convencer a todo el mundo de realizar el campamento en el bosque, intentó motivar a todos diciendo que los estudiantes vivirían una verdadera experiencia ya que se encontrarían rodeados de la naturaleza, y fue así como logró convencer a todo mundo.

Después de reunirse un viernes por la tarde en el patio central de la preparatoria, de recibir las debidas indicaciones por parte de las autoridades del plantel y sobre todo, delegar responsabilidades a los estudiantes de excelente conducta, los excursionistas partieron rumbo al bosque. El ambiente a bordo del autobús era bastante animado. Sergio, uno de los estudiantes de último año, les preguntó a sus compañeros si conocían la leyenda de los otros habitantes que habían llegado a San Isidro hace siglos, y que eran los culpables de que la Iglesia junto al río quedará maldita.

Su mejor amigo Simón no se pudo resistir a contradecirlo, pues no era un secreto que siempre estaba intentando molestar a sus compañeros -¿De qué hablas Sergio? Mi padre dice que esas son solo viejas leyendas que los abuelos inventaron para hacer obedecer a sus hijos.

-Esas historias existen desde antes de nuestros abuelos, incluso antes de los abuelos de nuestros abuelos. Lo cierto es que cada que se habla de la antigua enfermedad que trajeron los extranjeros, más bien se parece a una maldición, sino explica como todas las personas que se acercaban a esa Iglesia terminaban muriendo o desaparecidas -Sergio debatió con mucha seguridad.

-Todas esas personas morían porque estaban muy enfermas.

- ¿Y los que desaparecían? -Una voz salió desde los asientos de en medio del autobús.

Una chica de complexión pequeña, se hincó sobre su asiento para poder integrarse a la discusión -Mi abuela siempre decía que las personas que desaparecían eran convertidas, y eran justo ellos los que atacaban al resto de las personas que hallaban sin vida. Y hasta donde se sabe, a los cadáveres encontrados se les había drenado casi toda la sangre.

-Samanta ¿De dónde sacas que no tenían ni una gota de sangre? -La riñó otro de sus compañeros.

-Todos los cadáveres que se encontraron presentaban heridas en el cuello, de hecho en ninguno de los casos se presentaba una escena sangrienta. Si no me creen pueden comprobarlo ustedes mismos, en la biblioteca de la escuela hay un montón de artículos del periódico local que se han acumulado al pasar de los años, en ellos se habla de casos de las últimas décadas, pero las leyendas de antes no están tan alejadas de la realidad -. Samanta les respondía con toda la tranquilidad del mundo.

-Entonces según tus teorías, ¿qué pudo haber atacado a la gente? -Simón volvió a tomar la palabra.

-Bueno, se sabe que las heridas no eran tan grandes, incluso se habla de que eran muy similares a las de una mordida.

Cada vez más compañeros se giraban curiosos a la conversación.

-Pero, ¿no creen que al momento de ser heridos pudieron haber derramado un poco de sangre? Ningún animal hace heridas tan limpias.

-Más a mi favor, es obvio que la sangre les era succionada, por eso no quedaba ni rastro de ella en la escena del crimen, lo más seguro es que la mordida fuera lo suficientemente pequeña para no hacer un desastre. Tan pequeña como una mordida humana -una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Samanta, pero intentó ocultarla al ver la expresión de desagrado en el rostro de los demás.

- ¡Vaya! tú sí que tienes una gran imaginación. Ahora me resultaste con una historia de vampiros ¿Acaso no tienes nada más que hacer que leer toda esa basura de fantasía y creer en las historias de tu abuela? -Sergio solía ser bastante despectivo cada que se dirigía a Samanta, pero ella ya estaba acostumbrada a este tipo de actitud por parte de todos sus compañeros.

-¿Qué no eres tú quien empezó a hablar del tema?

-Honestamente no sé por qué peleas con esa loca, todo el mundo sabe que Samanta siempre está hablando de tonterías como esa, mejor ven a sentarte, prometiste que solo estarías conmigo durante el campamento -. Una de las estudiantes mayores jaló del brazo a Sergio para que este se sentará a su lado, aunque el muchacho aun no parecía convencido de terminar con la discusión.

No fue hasta que Laura, la mejor amiga de Samanta, se adelantó a hablar -Será mejor que le hagas caso a tu amiga Sergio, no necesitas crear mayor revuelo, si los profesores los escuchan hablar sobre esto vendrán a llamarles la atención.

El chico la miró de una manera bastante desagradable, pero solo cambió de lugar hacia la parte trasera del autobús, y con un tono de voz lo suficientemente alto dirigió unas últimas palabras a sus compañeros -Como sea, ya tendremos tiempo de sobra para comprobar si la historia de Samanta es cierta o no.

Después de una hora de camino, llegaron a un claro del bosque y fue el área elegida por los profesores para montar el campamento. Todo mundo comenzó a bajar las cosas del autobús y a organizarse en equipos, se asignaron lugares y en cuestión de minutos ya estaban manos a la obra. Poco antes del anochecer una docena de casas de acampar se alzaban alrededor de una enorme fogata, los estudiantes se encontraban reunidos descansando, cada quien con su grupo de amigos pero todos dentro de la zona designada.

Solo Samanta se encontraba un poco alejada en los límites del campamento, había improvisado una especie de banca con un trozo de tronco caído y se encontraba leyendo un libro, había preparado un platón con golosinas y tenía un par de sodas, todo para asegurarse una lectura lo más placentera posible, sin interrupciones o comentarios mal intencionados por parte de Sergio y su séquito.

Ella era una gran aficionada a las historias de terror clásico, le fascinaban las historias llenas de monstruos y tragedias, esto había provocado que no encontrará tantos compañeros con quienes compartir sus gustos, solo tenía un par de mejores amigos. Lamentablemente Gerardo, uno de ellos, se había enfermado y de último momento no pudo asistir a la excursión, y como su amiga Laura era una de las delegadas para mantener el orden, tenía que estar al pendiente de sus compañeros y no podía pasar mucho tiempo con ella.

Pero realmente esto no era algo que afectara a Sam, como le decían cariñosamente sus amigos, ella era feliz con sus historias cuando no tenía a nadie a su alrededor, la soledad siempre había sido una de sus compañías favoritas. De hecho, estaba tan concentrada en su lectura que no se percató de que algo se estaba acercando al lugar donde se encontraba, no fue hasta que escuchó el tronido de una rama que levantó su cara y miro hacia el bosque.

En un primer momento no logró ver nada, pero no apartó la vista. Fue entonces que distinguió una sombra entre los árboles, de inmediato se puso de pie quedándose completamente quieta, aquella figura daba la impresión de estar devolviendo la mirada.

Solo habían pasado un par de minutos que a Samanta se le habían hecho eternos, era como estar paralizada y al mismo tiempo sentir el impulso de acercarse más, como si su sentido común la hubiese abandonado. Estaba como hipnotizada, ni siquiera se había percatado de que Laura se estaba acercando y estaba llamándola, la joven al no obtener respuesta alguna por parte de su amiga, terminó gritándole.

- ¡Sam! ¿Qué haces aquí sola?

Samanta salió del trance bruscamente, del susto terminó dando un brinco y girando hacia su amiga, por inercia volvió a voltear hacia donde estaba la sombra, pero ahí ya no había nada.

-Es que me pareció ver...

-¿Ver qué? ¿Ramas? Sam deja de leer tantas cosas, cada vez estas más distraída y paranoica por tus libros, me preocupa que con el tiempo empieces a dejar de distinguir la realidad de la fantasía. Mejor vamos a asar salchichas que muero de hambre, ¿tú no? le dije a ese lindo chico de primer año que nos apartara un lugar.

Sam escuchaba la voz de su amiga alejándose, se detuvo a observar hacia donde le había parecido ver la sombra hace un momento, pero al no ver nada más, no tuvo más opción que regresar al campamento con el resto de sus compañeros. Todos parecían estar pasando un momento bastante agradable, nadie ahí se imaginaba que algo pudiese estar acechándolos, mucho menos que aquella noche marcaría el inicio de una serie de eventos bastante extraños en todo San Isidro.

Después de un rato, ambas amigas se encontraban mezcladas con el resto de los campistas, sin embargo, la sombra que Samanta había visto entre los árboles, aún la observaba junto al resto de los jóvenes que se encontraban ahí reunidos. Aquel extraño también se encontraba alegre disfrutando la velada, sobre todo porque esa noche sería diferente a las otras, esa noche por primera vez en mucho tiempo disfrutaría de un festín.

*

Alrededor de las 10 de la noche, los profesores comenzaron a dar indicaciones para apagar la fogata y enviar a todos a dormir; se tenían programadas algunas actividades justo al amanecer y era preciso que todos descansaran. Le siguió un coro decepcionado, ya que todos estaban disfrutando bastante la noche, sin embargo siguieron al pie de la letra las ordenes, no faltaba el alumno que se encontraba rezagado intencionalmente, pero debido a que había un profesor a cargo de vigilar que nadie se quedara fuera de sus tiendas, no tenían más opción que terminar obedeciendo.

Samanta y Laura se estaban preparando para dormir, apenas habían apagado su linterna cuando alguien comenzó a golpear su casa de campaña. Las dos amigas se voltearon a ver con molestia y dejaron escapar un suspiro.

-¡Hey! ¿Están despiertas aún? Pueden dejarme dormir con ustedes por favor, el profesor Héctor dice que debe haber cuatro personas por tienda y ustedes sólo son dos. Por favor déjenme entrar, soy María.

De mala manera, Laura se levantó a abrir el cierre de la casa para dejar entrar a su compañera. -Ya entra, pero nada de luces, Sam y yo ya estamos muy cansadas.

-Como digas, trataré de no molestar, de cualquier forma gracias-. María entró y dejó caer un par de mantas, comenzó a tenderlas lo más silenciosamente posible y después de un rato finalmente se acostó.

No pasó mucho tiempo cuando empezaron a escucharse ruidos cerca de la tienda, era un sonido parecido al crujir de las hojas secas cuando se camina sobre ellas, era como si alguien estuviera rodeando la casa de acampar.

-María ¿Todavía había alguien levantado en el campamento? -la cuestionó Sam.

-Solo el profesor Héctor se encontraba vigilando, pero solo estaba esperando que los últimos alumnos entraran a sus casas, aunque de eso ya hace un rato ¿Crees que sea él quien anda rondando?

-¿Y quién más? En verdad quiero dormir, les recuerdo que soy delegada y no puedo desvelarme, mañana tengo que estar al cien y con ustedes dos hablando sin parar no puedo... -un horrible grito irrumpió en la fría noche, las tres chicas se quedaron mudas.

No lo pensaron más y salieron rápidamente de su tienda, solo para encontrarse con otros alumnos que también habían escuchado el grito y estaban tratando de averiguar qué había sucedido. Pronto sus dudas quedarían resueltas, de entre los árboles salió corriendo Simón, quien volteaba repetidas veces hacia atrás como asegurándose de que nada lo viniera persiguiendo. Su rostro lucía una expresión de terror y parecía estar balbuceando cosas.

-Simón, Simón ¿Qué pasó? ¿Qué tienes? -El profesor Héctor había corrido hacia él para detenerlo, pero el chico no lograba reaccionar. Tenía la mirada pérdida y apenas se podía entender lo que estaba diciendo.

-Le dije... que no, que no teníamos que ir, pero él es tan... tan necio -. Aquellas eran las únicas palabras perceptibles, el muchacho estaba verdaderamente alterado.

- ¡Hey! Simón escúchame, necesito que te calmes y me expliques que pasó ¿Quién es tan necio? ¿Ir a dónde? ¿Qué pasó? ¿Con quién estabas? -El profesor estaba haciendo todo lo posible por tranquilizarlo. Algo que no consiguió hasta pasado un buen rato.

Cuando por fin se hizo el silencio, Simón comenzó a relatar una historia de lo más aterradora.

Resulta que él y Sergio estaban esperando el momento en que todos se fueran a dormir para poder escabullirse al río, querían ir a ver de cerca las ruinas de la Iglesia y descubrir por su propia cuenta si las viejas leyendas de San Isidro eran reales.

Una vez que el campamento se quedó en completa oscuridad y silencio, y que ninguno de los profesores estuviera por ahí vigilando, se pusieron sus zapatos y se adentraron en el bosque rumbo al río. No supieron el momento exacto, pero mientras iban caminando de pronto dejaron de sentirse solos, comenzaron a sentir una presencia, algo más estaba rondando el lugar; Simón empezó a ponerse nervioso y le pidió a Sergio que regresaran, pero el muchacho se negó y le dijo a su amigo que dejara de actuar como un niño.

Ellos siguieron avanzando, pero al mismo tiempo algo se movía entre las copas de los árboles; por más que intentaron identificar que era aquello que los acompañaba, no lograban distinguir nada, pero aún podía sentirse la extraña presencia

Simón le insistió a Sergio que regresaran, pero ya era demasiado tarde. Cuando el muchacho se giró para pedirle que no fuera cobarde, su semblante se volvió pálido y lo único que pudo hacer fue señalar detrás de Simón, lo último que escuchó decir a su amigo fue ''corre''.

Los dos regresaron corriendo desesperadamente al campamento, pero podían escuchar que algo estaba moviéndose rápidamente entre los árboles. Para Simón revivir lo sucedido, era revivir el terror que sintió en ese momento, hizo una pequeña pausa cuando su cuerpo empezó a temblar nuevamente, pero continuo.

Cuando llegaron a los límites del campamento se detuvieron bruscamente, una larga sombra estaba caminando alrededor de una de las tiendas y parecía que intentaba ver el interior, aquella figura se giró al descubrir a ambos chicos. Sergio quiso dar la vuelta, pero la extraña presencia que los acechaba se encontraba esperando, y sin aviso se lanzó hacia él.

Simón no dudo en salir corriendo, la sombra en el campamento también aprovechó para huir antes de que los gritos del muchacho alertaran a todo el mundo. Fue entonces cuando el resto de sus compañeros lo escucharon y salieron apresuradamente de sus tiendas.

Después de escuchar la historia, una especie de corriente eléctrica recorrió todo el campamento, por más que los profesores intentaron controlar a los alumnos, gran parte de ellos habían entrado en pánico. No hubo más opción que organizarse rápidamente, los profesores se dirigieron al bosque en búsqueda de Sergio y los delegados se quedaron a tranquilizar y a organizar todo el campamento. Lamentablemente algunos de los compañeros estaban al borde de una crisis nerviosa, sobre todo los más jóvenes, lo cual entorpeció el levantamiento del campamento.

Sin embargo, el resto de los compañeros trataban de mantener el orden, Samanta, Laura y María se quedaron en completo silencio, aún no se recuperaban del todo y solo se dedicaron una mirada de complicidad, era como si las tres pudieran leerse la mente y estuvieran pensando exactamente en lo mismo ¿Acaso aquella cosa que habían escuchado caminar a su alrededor, era la misma que Sergio y Simón habían visto? De ser así, seguramente las había estado acechando primero a ellas.