Prólogo
La habitación estaba impregnada del olor a laca de uñas y perfume dulce, una atmósfera que usualmente me resultaría sofocante, pero que hoy se sentía como un refugio necesario. Estábamos todas: Mina, Uraraka, Momo y Tsuyu. En el centro, sobre la alfombra, varias botellas vacías y tazones de snacks daban fe de que la noche ya llevaba un buen recorrido.
¿Y bien, Kyouka? —Mina se inclinó hacia adelante, sus ojos brillando con esa chispa traviesa que siempre precedía a un desastre—. No has dicho ni una palabra sobre Denki.
Solté un suspiro, jugando con el borde de mi chaqueta de cuero. En este mundo, mis "jacks" no eran órganos físicos, sino un par de aretes de plata con forma de conector que colgaban de mis lóbulos. Aquí no había héroes, solo gente intentando sobrevivir a la monotonía.
Está... bien, supongo —mentí, mirando mi reflejo en la pantalla del celular—. Es solo que la chispa se siente como un cable pelado. Ya no hay corriente. Él está en su mundo de videojuegos y yo estoy tratando de que mi última maqueta no suene a basura. A veces siento que somos dos extraños que comparten una suscripción de Netflix.
Mina soltó una risita seca y se acercó más, invadiendo mi espacio personal de esa manera tan suya.
—Kyouka, querida, eres una estrella de rock en ascenso. Tienes miles de seguidores en Instagram esperando que les digas qué desayunaste. ¿Y te vas a conformar con una relación que tiene el ritmo de una balada aburrida?
No es tan simple, Mina —murmuré
Es más simple de lo que crees —insistió ella, bajando la voz a un tono conspirador que hizo que las demás guardaran silencio—. Lo que necesitas es un "remix". La infidelidad tiene mala fama, pero piénsalo: es adrenalina pura. Te hace sentir viva, te devuelve el brillo en los ojos y, curiosamente, hace que valores más lo que tienes en casa... o que finalmente te des cuenta de que mereces algo mejor. Es un experimento emocional, Kyouka. Un poco de caos para arreglar el orden.
Dudé. Mis dedos temblaban ligeramente. El pensamiento de traicionar a Denki se sentía como una nota discordante en medio de una sinfonía, pero la manipulación de Mina era sutil, envolvente. Ella pintaba el engaño no como una traición, sino como una herramienta de empoderamiento, como una forma de recuperar mi identidad perdida entre los platos sucios y el silencio de nuestra habitación.
Solo una vez... —susurré, más para mí que para ellas—. Quizás solo necesito recordar qué se siente que alguien me mire como si fuera el solo de guitarra más increíble del mundo.
Mina sonrió, victoriosa. Sabía que me había convencido.
Me aparté del grupo un momento y abrí Instagram. Mis seguidores siempre estaban ahí, una masa digital que me validaba cuando el mundo real fallaba. Tomé una foto rápida de mi rostro, las luces de la habitación creando sombras dramáticas bajo mis ojos.
Instagram Post
@Jiro_RockVibes
Texto:
A veces la melodía principal se vuelve monótona y te encuentras buscando un ritmo diferente, algo que te haga vibrar de nuevo. Las noches con las chicas siempre te hacen replantearte el setlist de tu vida. ¿Es mejor seguir la partitura o improvisar un poco, aunque sea peligroso? 🎸🌑