Presentación.
En este mundo, la lógica a veces pierde contra la fé. ¿Pierde?
Quienes poseen una voluntad verdaderamente grande pueden cambiar el rumbo de todo.
Pero aquí no hay héroes, ni leyendas, ni nombres destinados a la grandeza. ¿No los recuerdas?
Aun así, si prestas atención, notarás que incluso una sola decisión, un solo acto, puede dejar una cicatriz eterna.
Y esta no es la historia de ídolos impecables, ni de villanos monstruosos.
Es la historia de dos jóvenes. Dos a quienes conocí hace ya bastante tiempo.
—Mi nombre es Mythia, obviamente el mejor de todos los nombres. Mi edad… bueno, prefiero no hablar de eso. Igual casi nadie me lo pregunta. Tampoco hablo con mucha gente. No porque no quieran...
—No están a tu altura Mythia.
—Claro, soy alto, pero no hablo de eso. …Ugh, borra eso, Linoh. Quizá si lo redactas mejor queda más agradable. ¿Qué te parece?
—Como digas, Mythia. No creo que alguien piense mal. —El chico de cabello negro levantó la mirada apenas un momento, viendo a su mejor amigo sentado frente a él, separados por la mesa.
Eran conocidos como un dúo increíble; quienes no los conocían, tarde o temprano lo harían. Ese lema solía venir de Mythia, pero Linoh tampoco lo desmentía.
Mythia era pura energía: carismático, extravagante, imposible de ignorar. Linoh era su contraparte: callado, analítico, alguien que prefería observar. Aun así, quienes los trataban terminaban apreciándolos a ambos. Sin embargo, no podían evitar resaltar lo orgullosos que eran, en especial Linoh, que pese a ser callado, las veces que hablaba casi siempre era para adularse.
Su relación era tan sólida que, desde que se conocieron a los siete años, no se habían vuelto a separar.
A los dieciséis ya sentían que todo era demasiado fácil, demasiado aburrido, demasiado… poco.
—Bien, Mythia. Me molesta estar escribiendo estas cosas sobre ti. Recuérdame por qué no estoy en el bosque disfrutando mi libertad. —Linoh desvió la mirada hacia la ventana, como midiendo si llovería, antes de suspirar y volver a las notas.
—¡Ya te dije, Linoh! Cuando publiquemos mi libro, Las increíbles aventuras de Mythia y su mejor amigo, vamos a ser famosos. Pasaremos nuestros días comiendo comida deliciosa hecha por chefs personales y llenos de lujos. —Mythia se levantó y empezó a caminar por la posada.
—El nombre es terrible. Y si habla de ti, ni como salvarlo. Aunque si aparezco yo, podría salvar la obra.—Se tocó la barbilla, pensativo—. Igual, creo que yo cocinaría mejor que cualquier chef.
—Por favor, te da flojera cocinar. Lo haces una vez al mes y ya sientes que hiciste demasiado. Lo que necesitas es competencia.
La discusión subió de tono. Linoh, irritado, se levantó de golpe, saltó sobre la mesa y se dirigió a la cocina para revisar.
—¡No puede ser! Estos tampoco tenían ni siquiera algo para picar. —gruñó—. Te dije que meternos a esta casa era un desperdicio, pero no… “la sala es bonita”, dijiste.
—¿De qué diablos hablas, Linoh? Quien quiso entrar a esta cosa fuiste tú.
Mythia recorrió el hogar sin motivo, hasta qué arriba de una mesa logró ver una foto familiar de quienes vivian en la casa, la recostó para no verla al pasar. Alzó de nuevo su voz llenando el silencio que no soportaba.
Revisaron la pequeña casa en medio del bosque que habían encontrado esa noche. Pasaron junto a los dueños, desmayados pero ilesos. Uno de ellos tenía la mano aún aferrada a una cuchara.
Linoh se detuvo un momento. Miró los cuerpos un segundo. Chasqueó la lengua y, antes de que la idea fuera clara, se dio la vuelta.
“Lo siento… pero si soy yo, seguro estoy perdonado”.
Habían llegado tras una caminata larga. El lugar parecía perfecto para quedarse un buen rato. Pero Mythia lo descartó con una sola mirada. Él prefería llegar a una ciudad antes que meterse con gente que apenas tenía para vivir.
Discutieron, y Linoh ganó.
Habían seguido este ritmo de vida durante varios años, irrumpiendo y robando casas. Ya habían salido malheridos varias veces, pero con el tiempo incluso bromeaban durante el acto.
A Mythia no le encantaba la práctica. A veces dudaba si estaba bien… pero confiaba tanto en Linoh que prefería no darle demasiadas vueltas.
Cuando terminaron de revisar, decidieron irse. No pasaban mucho tiempo en las casas; a veces solo buscaban comida y descanso.
La casa volvió al silencio en cuanto cerraron la puerta.
Siguieron caminando sin rumbo, con la sensación constante de que estaban desperdiciando el tiempo.
Tras días viajando, entraron a un pueblo grande. Tan acostumbrados a lugares parecidos, ni siquiera levantaron la vista. Por eso Mythia terminó chocando con alguien.
—¡Hey! ¿No sabes que es de mala educación caminar con la espalda tan dura? —reclamó, señalando al desconocido.
—Déjalo ya. Tú te chocaste, Mythia. —Linoh lo tomó del hombro e inclinó la cabeza en disculpa.
Estaban por irse cuando un golpe metálico los hizo girar.
—Ah… perdón, chicos —dijo una voz suave, casi torpe, justo cuando un torso de armadura cayó al suelo.
Ambos se quedaron congelados.
—¿Una chica? —murmuraron al mismo tiempo.
Ella, con el rostro encendido, levantó el pedazo de armadura tambaleándose por su propio peso.
—Sé que mi armadura puede parecer intimidante. Lamento el golpe. Estaba esperando a alguien y… me distraje, supongo. —Les dedicó una sonrisa amable—. ¿Son nuevos? No había visto sus caras. Quizá es por la temporada de selección… —La última frase casi la susurró.
—No te preocupes. En verdad fui yo quien caminó sin ver. Y sí, acabamos de llegar —respondió Mythia, intentando arreglarse el cabello como si la vida dependiera de ello.
—Por cierto, mi nombre es My—
—¡Ay no! Ya se me hizo tardísimo. Ben me va a regañar. Perdón, chicos, no tengo tiempo para una "presentación”. ¡Disfruten la ciudad! Y tengan cuidado… este lugar te puede comer si todavía no sabes quien eres.
La chica salió corriendo con sorprendente velocidad, más aún considerando la armadura. No dejó terminar a Mythia… pero sí dejó algo. En el suelo había una ficha de madera, pequeña y extraña. Linoh la recogió. Mythia la observó con una sonrisa que revelaba exactamente lo que estaba pensando.
—¡Santo Mythia! ¿Viste eso? Este lugar es peculiar… o ella lo hará peculiar. Ahora sí estoy emocionado. ¿Linoh?
—¿Mythia, no es extraña la velocidad de esa chica? Por el golpe de la armadura al caer, debe ser muy pesada...
Linoh se quedó pensativo un momento, después murmuró para si mismo.
"¿Ella también... Puede usar Zai?"
—¿Qué? Sí, no sé... Esa chica era realmente preciosa —respondió Mythia, sosteniendo la ficha como si se aferrara a algo preciado.
Ninguno de los chicos notó que cuando Mythia guardó la ficha, esta brilló en su mano.
—¿Enserio solo viste su cara? Eres imposible. —concluyó Linoh. Se estiró y, por primera vez, levantó la mirada hacia la ciudad que los rodeaba.
Un letrero los recibía en la entrada:
“Bienvenidos a la ciudad de Verelith, el mejor lugar para probar tus habilidades y convertirte en alguien”.