PRÓLOGO
Sin zapatos. Sin rumbo. Sin excusas.
“El servidor no te da tiempo de pensarlo. Solo te da el ducto.”
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Narración: Sistema de monitoreo — avatar: AETHIX — ciclo 25 — modo debug activo
Sin zapatos. Sin rumbo. Sin excusas.
“El servidor no te da tiempo de pensarlo. Solo te da el ducto.”
Narración: Sistema de monitoreo — avatar: AETHIX — ciclo 25 — modo debug activo
El avatar lleva tres días internado en una clínica de rehabilitación cuando identifica el ducto de
ventilación de la cocina.
El sistema registra el momento como el último intento del ego por evadir lo inevitable. No fue un
cálculo racional. Fue el instinto de un avatar que lleva toda su vida buscando la forma de no
quedarse quieto, activándose una vez más ante la amenaza de tener que atravesar el proceso.
Tres avatares suben primero. Aethix los sigue. Escala el ducto con un guardia a metros de
distancia. Pierde el calzado en el proceso. Salta desde la azotea sin saber dónde va a caer. Los
raspones manchan su ropa blanca de sangre.
Cinco taxis se niegan a transportar a un avatar descalzo y ensangrentado. El sexto acepta. El
conductor no pregunta nada. Lo lleva a la orilla de la ciudad. Cuando llega al límite de su ruta, lo
deja. Le dice: espero haberlo alejado del peligro y mucha suerte.
El avatar está libre aproximadamente dos horas.
En esas dos horas, parado en una calle desconocida de una ciudad que no es la suya, sin zapatos,
con la ropa manchada, recibiendo agua de una señora que no lo conoce, Aethix experimenta algo
que no había experimentado en meses.
Claridad.
No la claridad corrupta del que cree que lo sabe todo. La otra. La que llega cuando el ruido se
detiene de golpe y lo que queda es simplemente lo que es.
Aethix tomó una decisión en esa calle. La primera en mucho tiempo que no estaba construida
sobre un atajo ni sobre una justificación moral elaborada: cuando volviera, lo cual era inevitable,
iba a hacer las cosas de forma distinta.
Treinta segundos después, la camioneta se detuvo a su lado.
Estaba planeando toda mi nueva vida cuando vi la camioneta. Y en mi cabeza calculé que la
probabilidad de que me encontraran ahí era de cero por ciento. No terminé de pensar eso cuando
ya tenía enfrente al mismo guardia al que le había pateado la cara en la fuga. Con una mirada que
no dejaba mucha imaginación sobre cómo se sentía.
— Aethix
El servidor no interrumpe la claridad para castigarla. La interrumpe para ponerla a prueba.
Para entender cómo llegó un avatar a ese punto — descalzo, sangrando, en una calle que no
conoce, con un guardia detrás y una decisión recién tomada que ya no puede proteger — hay que
retroceder. No al lobby. No a la teoría del sistema. Al avatar.
A Aethix.
Y a un viernes de su ciclo catorce.
TIERRA: SERVER ONLINE