Cap 1. El tiempo no debía detenerse
"Y hubo un tiempo antes del tiempo...
donde la creación aún no conocía su final.
Entonces uno entre los pilares vio lo que debía ser...
y decidió cambiarlo.
Mas aquel que altera el orden no es llamado salvador...
sino juicio."
El tiempo no se detuvo.
Se arrodilló.
No hubo explosión. No hubo luz. No hubo advertencia.
Solo... silencio.
Las hojas suspendidas en el aire dejaron de caer.
El viento olvidó su dirección.
El polvo se quedó flotando como si el mundo hubiera perdido el permiso de avanzar.
Y en medio de ese instante detenido...
él caminaba.
Sus pasos no hacían sonido. No porque no pudieran...
sino porque el sonido aún no había decidido existir.
La gabardina verde y negra se movía lentamente, como si el tiempo mismo dudara en tocarla. La armadura bajo ella no brillaba... absorbía. Cada fragmento parecía más antiguo que el propio mundo.
En su mano, un bastón metálico latía con una luz tenue.
No era energía.
Era... memoria.
-Sigues haciéndolo -susurró algo detrás de él.
La sombra no estaba en el suelo.
Estaba de pie.
Alta. Irregular. Viva.
Sus ojos, dos puntos de un verde profundo, lo observaban con una mezcla de curiosidad y burla.
-Detenerlo todo... como si así pudieras entenderlo -continuó-. Como si el silencio fuera a darte respuestas.
El caballero no respondió de inmediato.
Se detuvo.
Alzó la mano... y el aire a su alrededor tembló.
-No lo detengo -dijo finalmente.
Su voz no era fuerte.
Pero el mundo la escuchó.
-Solo le doy tiempo... al tiempo.
La sombra soltó una risa baja.
-Eso no tiene sentido. Pero claro... nunca te importó eso, ¿verdad?
Silencio.
El bastón vibró ligeramente.
Por un instante... el mundo pareció resistirse.
Como si recordara lo que era moverse.
-Podrías seguir -dijo la sombra, inclinando la cabeza-. Dejarlo ir. Fingir que no viste nada.
El caballero cerró los ojos.
Y entonces...
tocó el aire.
El tiempo se rompió.
No en pedazos visibles. No con ruido.
Sino como un espejo que nunca debió reflejar.
El mundo avanzó de golpe.
El viento regresó, las hojas cayeron, el polvo se dispersó.
Pero algo más vino con ello.
Un eco.
Un grito que no pertenecía a ese momento.
El caballero abrió los ojos.
Lo vio.
Un fragmento.
Un recuerdo.
Un futuro.
Un final.
Todo al mismo tiempo.
Sus dedos temblaron.
-Ah... -susurró la sombra-. Ahí está.
El bastón brilló con más intensidad.
-No -dijo él.
Pero ya era tarde.
El suelo bajo sus pies se agrietó.
No por fuerza.
Por contradicción.
El tiempo en ese lugar comenzó a doblarse sobre sí mismo. Instantes repetidos. Movimientos que ocurrían antes de empezar.
El caballero apretó el bastón.
Su respiración se volvió pesada.
-Detente -ordenó.
El tiempo obedeció.
Pero no completamente.
Porque algo más...
lo estaba observando.
Muy lejos de ahí.
Donde no existe distancia.
Donde el vacío no es ausencia, sino dominio.
Una figura permanecía inmóvil.
Sus ojos, de un azul profundo, no parpadeaban.
No necesitaban hacerlo.
Había visto todo.
-Otra vez... -murmuró.
El báculo en su mano vibró suavemente, como si el espacio mismo reaccionara.
No dio un paso.
No se movió.
Pero el lugar... se acomodó a su alrededor.
-No has aprendido... hermano.
Y sin embargo...
no había ira en su voz.
Solo algo más peligroso.
Preocupación.
En otro punto.
Donde las cosas no son... hasta que alguien decide que lo son.
Una presencia abrió los ojos.
Rojo.
Intenso.
Innegable.
El suelo bajo él no existía... hasta que lo tocó.
Y entonces existió.
El martillo a su lado emitió un pulso.
No de energía.
De autoridad.
-Ha comenzado -dijo.
No había duda.
No había emoción.
Solo certeza.
-Si lo encuentro...
Su mano se cerró alrededor del arma.
-Terminará.
De vuelta al instante.
El caballero bajó lentamente el bastón.
El mundo... volvió a respirar.
Pero no igual.
Nunca igual.
La sombra se acercó.
Esta vez más cerca que antes.
-Lo sentiste, ¿verdad?
Él no respondió.
-Ellos también.
Silencio.
Pesado.
Inevitable.
-El equilibrio se está rompiendo -susurró la sombra-. Y tú eres la grieta.
El caballero apretó el bastón.
Sus ojos... brillaron.
No con poder.
Con decisión.
-Entonces lo sostendré -dijo.
La sombra sonrió.
No con burla.
Con reconocimiento.
-Claro...
Se inclinó ligeramente.
-Como siempre.
Muy, muy dentro de él...
algo se movió.
Algo que no debía despertar.
Algo que no era un arma...
sino el recuerdo de una.
Y por un instante...
solo uno...
el universo...
tuvo miedo.