TERAPEUTA

Sinopsis

Quien diría que la terapia traería tantos beneficios...

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Completado
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18+

KWON JI-YONG

POV Haru

Los viernes olían diferente en mi consulta del Gangnam-gu.No era el aroma a café caro ni el incienso de almizcle y vainilla que usabapara calmar a los CEOs estresados. Era algo más sutil: la anticipación. KwonJi-yong llegaría a las 19:00 en punto, con esa gorra baja, la mascarilla y esa aura que hacía que el aire se cargara de electricidad.Tenía 37 años, un divorcio a cuestas que nunca conté en detalle, y un par de amantes que entraban y salían de mi cama como gatos callejeros: bonitos, útiles, pero incapaces de llenar el vacío que se me habíainstalado entre las costillas. Ellos me follaban bien, sí. Pero ninguno mehacía sentir viva.Kwon Ji-yong. Llevaba cinco años atendiéndolo. Al principio era el ídolo roto por la fama, las presiones, las traiciones. Ahora era… mi paciente favorito. Y en secreto, mi persona favorita del mundo.Preparé todo como ritual. Sobre la mesita auxiliar:chocolates belgas oscuros, ramyeon picante instantáneo (el que a el le gustaba quemabala lengua), yogurt con  fresa y melón fresco cortado en cubos perfectos, un americano bien cargado y, desde hacía un mes, una botella de Peaceminusone Highball recién salida de su colaboración.Me miré en el espejo del baño. Cabello castaño con algunas canas que ya no escondía, curvas maduras que mis amantes decían que eran “pecado hecho carne”, labios pintados de rojo oscuro. “Hoy estás peligrosa,Haru”, me dije sonriendo.La puerta sonó. Mi corazón dio ese saltito traicionero.POV Ji-yongLlegué cansado pero ansioso. Siempre era así los viernes. El resto de la semana era G-Dragon, el empresario, el artista eterno. Los viernesera solo Ji-yong, el tipo que podía llorar frente a una mujer que nunca lo juzgaba.Haru me esperaba con esa sonrisa calmada que parecía abrazarme antes de que yo abriera la boca. Hoy llevaba una blusa de seda cremaque se pegaba suavemente a sus pechos y una falda hecha a medida que marcaba unas caderas que… joder, llevaba años intentando no mirar demasiado.—Traje tu veneno favorito —dijo ella, señalando la botella de Highball.—Eres peligrosa, noona —respondí con esa sonrisa torcida que solo le dedicaba a ella—. Un día de estos me vas a emborrachar y voy a confesar todos mis pecados.—Confiesa los que quieras. Los demás me los imagino sola—contestó con un guiño.Nos sentamos. Como siempre, comencé a hablar de mi, pero esta vez yo no quería. Quería escucharla a ella.POV HaruLa sesión fluyó como siempre. Hablamos de su último comeback, de la presión, de esa soledad que la fama amplificaba. En un momentose quebró. Lágrimas silenciosas. Me levanté, me senté a su lado en el sofá y lo abracé. Su cabeza cayó sobre mi pecho. Sentí su respiración caliente contra mi escote.—Haru… ¿qué haría yo sin ti? —murmuró.—Seguirías siendo brillante. Solo que un poco más jodido—respondí acariciándole el cabello.Se rió contra mi piel. Ese sonido bajo, ronco, me hizo apretar los muslos sin darme cuenta.POV Ji-yongSu olor era adictivo: almizcle y lavanda, algo dulce y mujer madura. Cuando me abrazaba así, el mundo dejaba de girar. Llevaba años enamorándome de ella en silencio. De su inteligencia, de su forma de escuchar,de cómo nunca me trataba como ídolo sino como hombre. De sus curvas. De cómo imaginaba que se sentirían bajo mis manos.—Haru —dije separándome un poco para mirarla a los ojos—.Basta de hablar solo de mí. Quiero conocerte. De verdad.Ella parpadeó, sorprendida.—Mañana inauguran una cafetería nueva en Itaewon. Muy discreta. ¿Vendrías conmigo? Como amigo. Como… alguien a quien quiero agradecer.Vi el conflicto en sus ojos. La ética profesional. El miedo.Y algo más… ¿deseo?—Ji-yong… eso no es muy profesional.—Llevo cinco años contándote mis secretos más oscuros.Déjame ver los tuyos, aunque sea una vez.Ella sonrió, esa sonrisa triste y hermosa.—Está bien. Pero solo un café.POV HaruEl sábado llegué nerviosa como una adolescente. Vestido negro ajustado, abrigo largo, tacones. Él me esperaba en una mesa del fondo,con gorra y mascarilla, pero cuando me vió, sus ojos brillaron como si yo fuerael maldito sol.Pedimos café. Hablamos. Horas. Le conté de mi divorcio, de mis amantes que no llenaban nada y cuando se iban dejaban un vacío aun más hondo,de cómo mi trabajo era mi refugio y mi cárcel al mismo tiempo.—Tú me salvaste tantas veces… —murmuró él, tomando mi mano sobre la mesa—. Y yo nunca supe que tú también estabas rota.—No estoy rota. Solo… vacía en algunos lugares.Sus dedos acariciaron los míos.—Quiero llenar esos lugares, Haru. Si me dejas.El silencio fue denso. Cargado.Terminamos en su departamento. No sé quién besó a quién primero.POV Ji-yongLa besé en el ascensor. Fue suave al principio. Sus labios eran más suaves de lo que había imaginado, sabían a café y a decisión prohibida. Cuando entramos al penthouse, la empujé suavemente contra la puerta y profundicé el beso. Mi lengua buscó la suya, bailando, conquistando. Ellagimió bajito y ese sonido me puso duro al instante.—Ji-yong… esto está mal —susurró contra mi boca.—Sí esta mal… Porque se siente tan bien… —respondí, bajandoa besar su cuello, chupando suavemente la piel sensible debajo de su oreja.Le quité el abrigo. El vestido negro cayó al suelo como un susurro. Debajo llevaba lencería negra de encaje. Sus pechos pesados, maduros,con pezones ya duros presionando la tela. Sus caderas anchas, muslos suaves.Una diosa de carne real.—Eres hermosa —dije con reverencia, arrodillándome frente a ella—. Jodidamente hermosa.POV HaruVerlo en el suelo de rodillas fue demasiado. Sus manos grandes subieron por mis muslos, bajando mis bragas lentamente. Besó mi monte de Venus, luego separó mis labios con los dedos y pasó la lengua despacio,saboreándome.—Ah… Ji-yong… —gemí, enredando los dedos en su cabello teñido.Él era hábil. Muy hábil. Lamió mi clítoris con círculos lentos, metió dos dedos curvos buscando ese punto que me hizo ver estrellas. Me corrí en su boca con un grito ahogado, temblando, mientras él bebía cada gota como si fuera néctar.Me levantó en brazos como si no pesara nada y me llevó a su cama enorme. Me desnudó del todo. Besó cada centímetro: mis pechos, chupando mis pezones hasta que dolía de placer, mi vientre, mis muslos internos.—Quiero cuidarte —susurró mientras se quitaba la ropa.Su cuerpo era delgado pero tonificado, incontables tatuajes que conocía de memoria por las sesiones, sus fotos y videos que veía en mi tiempo libre, verlos en vivo era el paraíso, y su polla… gruesa, larga, venosa,curvada ligeramente hacia arriba y ya goteando.POV Ji-yongMe coloqué entre sus piernas. Froté la cabeza de mi verga contra su entrada empapada, provocándola.—Mírame, Haru.Ella abrió los ojos. Esos ojos profundos, maduros, llenos de deseo y miedo.—Te he deseado durante años —confesé, empujando lentamente dentro de ella.Estaba apretada. Caliente. Perfecta. Gemimos al unísono cuando la llené hasta el fondo. Me quedé quieto, sintiendo sus paredes pulsando alrededor mío.—Joder… estás hecha para mí —gruñí.Empecé a moverme. Lentamente al principio, disfrutando cada centímetro. Besándola profundo, tragándome sus gemidos. Luego más rápido. Sus uñas se clavaron en mi espalda. Sus piernas me rodearon la cintura, atrayéndome más hondo.—Más fuerte… por favor —suplicó.La follé como había soñado. Duro. Profundo. Con devoción.Cambié de posición: la puse a cuatro, agarrando sus caderas anchas mientras embestía. Sus pechos se balanceaban, su culo perfecto rebotaba contra mí. Le di una nalgada suave y ella se apretó más alrededor de mi polla.—Eres mía ahora —dije entre dientes, inclinándome para morder su hombro.POV HaruNunca me habían follado así. Con hambre y adoración al mismo tiempo. Cada embestida tocaba algo profundo dentro de mí, no solo físicamente.Cuando me giró de nuevo y me penetró mirándome a los ojos, sentí que me rompía en mil pedazos hermosos.—Ji-yong… me vengo… —gemí.—Córrete para mí, amor. Quiero sentirlo.Explosión. Me corrí tan fuerte que vi blanco. Mis paredes lo ordeñaron y él gruñó mi nombre como una plegaria, corriéndose dentro de mí enchorros calientes y largos. Se derrumbó sobre mí, aún dentro, besando mi frente, mis mejillas, mis labios.POV Ji-yongDespués nos quedamos abrazados. Sudados. Unidos. Le acaricié el cabello mientras ella trazaba mis tatuajes con el dedo.—Nunca pensé que la mujer que me salvaba era la que más necesitaba ser salvada —susurré.Ella rio bajito, melancólica.—Todos tenemos vacíos. Tú llenaste los míos hoy.—Quiero llenarlos todos los días. No solo los viernes.—¿Y la ética? ¿Mi trabajo?—Renuncia. O no. Me da igual. Te quiero a ti. Completa. Con tus amantes del pasado, con tus canas, con tus inseguridades y con esa risa queme cura el alma.POV HaruHicimos el amor tres veces más esa noche. La segunda fue lenta, dulce. Yo encima, montándolo despacio, mirándolo a los ojos mientras él me agarraba las caderas y susurraba frases que me deshacían:—Eres mi paz, Haru. Mi Nae sarang. Mi todo.La tercera fue pervertida y juguetona. Me comió el culo mientras me masturbaba, luego me folló por detrás mientras yo mordía la almohada para no gritar. Me corrí con su dedo en mi clítoris y su polla profunda. Él terminó en mi boca, y yo tragué mirándolo con una sonrisa traviesa.Al amanecer, acurrucados, hablamos profundo.—¿Sabes qué es lo más loco? —dijo él, besando mi sien—. Que mientras yo te contaba mis miedos, tú estabas escondiendo los tuyos. Nunca más,¿sí?—Nunca más —prometí.Epílogo (meses después)Los viernes ya no eran solo terapia. A veces seguían siendo sesión, pero terminaban en su penthouse o en mi departamento. Otras veces cancelábamos todo y nos íbamos a Jeju a follar frente al mar como adolescentes.Ji-yong me cuidaba. Me traía yogurt de melón, me hacía reír hasta llorar, me follaba hasta que olvidaba mi propio nombre y luego me abrazaba hasta que me dormía.Y yo… yo por fin estaba llena.