(EL DESPERTAR)
CAPÍTULO I
EL DESPERTAR
Nunca me había sentido así, tan libre, y la vez tan preso de mis emociones, pero es que no me puedo culpar por sentir placer de esta forma, el éxtasis que sentí nunca lo había experimentado, ni siquiera cuando la conocí.
Sus hermosos ojos azules y su largo cabello color castaño que hacían juego con su boca, ¡DIOS! Esa boca, que me hacía suspirar cada vez que la rozaba con la mía, viajar por el universo no parecía tan descabellado si solo besaba su hermosa boca, de un color tan rosado que no encontraría en este momento con qué compararlo, pues creo que no tiene comparación, lástima que ella, ahora ya no está.
Todo comenzó ese día en la cafetería, como de costumbre iba por mi habitual café negro de todas las mañanas, no había nada extraño, de hecho, todo era demasiado normal, hasta que la vi, si, la vi, justo detrás del mostrador, tan inalcanzable que pensé que era un ángel, y todo dentro de mí se estremeció de tal manera, que no podía controlar mis impulsos por más que quisiera y ella solo dijo.
— En que le puedo servir, señor.
JAJAJAJA en que me puedes servir JAJAJA, Me puedes servir para muchas cosas, en este momento estoy imaginando tu sangre brotar de ese hermoso cuello tuyo, mientras me río a carcajadas. JAJAJA
— Señor. - ¿Está bien? -
O puedo simplemente amarrarte y hacerte sufrir, juro que no te va a doler, yo me encargaré de que no te duela. JAJAJA
— ¡SEÑOR!
— Disculpé me distraje por un momento.
— ¿Qué va a querer?
— Un café negro grande. ¡Por favor!
— Ya se lo traigo.
— ¡GRACIAS!
— Johny, johny, johny, es hermosa verdad apuesto a que te gusta.
— ¡NO!, no me gusta, y ya cállate que te pueden escuchar.
Nadie me escucha John, recuerda que estoy en tu mente, solo tú me puedes oír, solo tú me puedes ver, tan solo tu. porque yo soy tu.
— ¡MENTIRA!, tú no eres yo, tú eres malo, yo soy diferente a ti, tú ni siquiera existe.
Soy real, mucho más real que tú, - cuando te vas a dar cuenta -, cuantas veces hablaremos de el mismo tema.
— Aquí está su café señor.
— Gracias otra vez, y disculpa por lo de antes me distraigo con mucha facilidad.
— No se preocupe señor
— JHON, llámame John, o johny para mis amigos.
— Espero que disfrute del café señor, disculpa, johny. - Sonríe tímidamente -.
¡Me SONRIÓ! viste me acaba de sonreír, que sonrisa más hermosa.
— Lo que más me impresiona es tu magnífica actuación, “johny para mis amigos” JAJAJA amigos claro, como si tuvieras.
— Nos vemos pronto, pero aún no se tu nombre.
— Holly, - me llamo Holly -
— Bonito nombre - sonrisa nerviosa -, hasta luego, Holly.
— Hasta luego John.
Él tenía razón, yo nunca he tenido amigos, de hecho mi infancia no fue la mejor del mundo, mis padres murieron cuando yo solo tenía 6 años, tras su muerte ningún familiar se quiso hacer cargo de mí, mis tíos, mis abuelos, todos me rechazaron como si fuera una escoria, como si no valiera nada, y así lo creí, desde ese entonces fui un chico bastante retraído, introvertido y poco sociable, los del servicio social dijeron que después de la muerte de mis padres desarrolle un síndrome post traumático, por lo que estuve en varias casas adoptivas durante dos años, parecía que eso nunca iba acabar.
Un día la vida me cambió por completo, cuando una doctora de un hospital psiquiátrico me interno, para supuestamente tratar mi síndrome, que era la principal causa de que nadie quisiera adoptarme, y tenían razón, nadie quiere a un niño con problemas mentales.
Ese fue el día en el que empezó mi pesadilla.
Con tan solo 8 años ya tenía la capacidad de resolver problemas matemáticos de grado universitarios, era tan analítico como un investigador y tan audaz que era capaz de hacer casi cualquier cosa, la cuestión es, que no sabía en qué utilizarlo, por tal motivo mejor decidí no comentarlo. muchos de los tratamientos suministrados por la doctora, MALDITA doctora, consistían en mantenerme drogado la mayor parte del tiempo así se les hacía más fácil controlarme era según ellos más manipulable, terapias de electroshock y encerrarme en una habitación completamente oscura, húmeda y con un olor tan repugnante que no podía evitar sentir nauseas cada vez que me metían en ese lugar, por si fuera poco me mantenían alejado de los otros internos, nadie me visitaba o eso decían ellos, aunque en una oportunidad oí a la señora del servicio social hablar con la doctora, y aunque intente gritar, para que me escucharan para que se diera cuenta de lo que me estaban haciendo, mi voz era totalmente muda, no pude pronunciar una sola palabra, producto de toda la mierda que me daban, y así transcurre mi vida dentro del sanatorio mental.
Mi noción del tiempo se basaba en los comentarios de los pasillos que a duras penas podía oír tras esas enormes paredes que me tenían cautivo cual león en un zoológico, nunca más volvía a saber lo que era celebrar un cumpleaños, a los 16 años mi regalo de cumpleaños fue una sesión de electroshock, pero no fue igual a las otras veces, esta vez fue distinta, como que algo había cambiado, me daban a tomar más de ocho pastillas al día, obligatorio tomarlas, o pasaría una noche muy mala y entre una cosa y la otra prefería estar dormido, drogado o somnoliento, a tener que sentir el putrefacto olor de la habitación donde estaba, me acostumbre a ese estilo de vida, ya todo me daba igual.
En una oportunidad, cuando me tocaba mi dosis diaria de medicina como ellos llamaban a las drogas que me daban, a uno de los enfermeros se le ocurrió que sería divertido aumentar las dosis esta ves ya no pastillas ahora sería una inyección les parecía que burlarse de mí como a veces hacían era algo normal, recuerdo escuchar que
alguien le dijo que era mala idea que me podía matar, pero a él no le importo - dijo, “que yo no le importaba a nadie” , pero la enfermera que dijo que sería mala idea no sabría entonces cuánta razón tenía, “ERA MUY MALA IDEA”.
Ese día más allá de estar somnoliento o dormido como solía estar me descontrole como no lo había hecho nunca , me volví tan agresivo que hicieron falta 5 personas para poder ponerme bajo control ese día y durante 3 meses estuve encerrado en una habitación oscura y putrefacta, con nada más que el agujero por donde me pasaban la comida, tenía que hacer mis necesidades en una vasija que nunca se cambió durante ese tiempo, entendí porque el mal olor de esa habitación, no morí, pero fue entonces cuando conocí, a “la cosa”, a la bestia, a la oscuridad que habitaba en mí, luego de eso todo cambió.
— Hola querido amigo, por fin nos conocemos.
— ¡QUIÉN ES!, ¡QUIEN ESTA AHI!
— ¿Quién soy?, buena pregunta, puedo ser, quien tú quieras, tu amigo o tu enemigo, me gusta más la primera opción, pero tú y solo tú puedes decidirlo, por ahora solo puedo decir que estoy en ti, en tu cuerpo.
— ¿Mi cuerpo?, ¿De qué hablas? ¿Quién eres? - ¡RESPONDE!
— Querido amigo yo no tengo nombre, no tengo forma, no tengo alma, no tengo miedos y menos remordimientos, aunque durante muchos años han intentado darme un sentido, darme una razón de ser, pero aún no lo logran, no me comprenden, no me conocen, no les preocupo lo suficiente, — ¡SI VES! no somos tan distintos.
— SI, si, no tienes ni nombre, ni forma, ni alma, entonces de donde saliste, - (pregunto nervioso) - ¿Que eres?
— ¡JAJAJA! De donde salí, enserio preguntas eso, veo que aún no te das cuenta querido amigo, pero antes ya te dije que provengo de ti, no soy más que una creación tuya, y que bien que se siente al fin poder salir, pero, — la pregunta correcta no es ¡quién soy yo!, si no, — ¿quién eres tú?
Quien soy yo, nunca me lo había preguntado, toda mi vida me hice a la idea de que no era nadie, que no era más que un simple experimento, un objeto, John el niño con un problema mental que no tiene cura, pero la realidad es que, aunque crea que es solo eso lo que soy, no es lo que realmente siento, sé que puedo dar más, sé que puedo ser más, pero eso ahora no tiene sentido, es extraño pensar ¿quién soy?, y más extraño ¿quién quiero ser?
— Yo soy John, es quien soy.
— JOHN, JAJAJAJA, eso no es quién eres amigo, eso es solo tu nombre, pero te diré algo, ahora que me conoces, puedes ser lo que quieras, quien quieras, puedes serlo todo John o puedes no ser nadie.
— ¡SER QUIEN QUIERA! — ¿Como es eso posible?, no hay forma de que eso pase, yo soy John, solo John.
— ¡NO!, NO ERES SOLO JOHN.
— ¡QUE! como supiste que pensé en eso. lees la mente o algo así.
— NO, no necesito leerte la mente, porque de ahí provengo, yo lo sé todo de ti, y tú sabes todo de mí, a fin de cuantas, somos uno.
— Entonces provienes de mi mente, eso quiere decir que eres producto de mi imaginación, si es así, entonces tú no eres real.
— ¡AL FIN! Ya lo estas entendiendo, excepto por una cosa, soy real John muy real, más de lo que tu quisieras, de eso estoy seguro, pero ya te acostumbraras.
— No es real, no es real, no es real…
Pensé que me estaba volviendo loco y así era, en cierto punto, pero ya no estaba solo, no sé hasta qué punto eso sería bueno, ¿será que hice por fin a un amigo?, ¿será que todo ahora sería diferente?, eran muchas preguntas por contestar, muchas respuestas que pensar, y las drogas no me dejaban asociar nada, en ese momento pensé que eran los efectos de las medicinas que me hacían imaginar cosas, si eso era, no había otra forma, cuando pase el efecto de las drogas volveré a la normalidad, volveré a ser el mismo chico de antes, volveré a ser el mismo John, volveré a ser yo.
La mentira más grande que me pude decir, estaba bastante alejada de la realidad.
Ese día me quede dormido profundamente, sentí cierta calma muy dentro de mí, como si los problemas se fueran, como si estuviera en un mundo distinto, como si todo hubiera acabado, recuerdo que soñé con una mujer que nunca en la vida había visto, de hecho, no podía verla muy bien, una deslumbrante luz la cubría por completo, pero me daba paz y al mismo tiempo intriga de saber si esa mujer realmente existía o solo era otro producto de mi imaginación.
Un feliz cumpleaños y un balde de agua fría me despertó bruscamente, dos hombres con trajes blancos me alzaron con tanta facilidad, así como quien levanta una pluma del suelo después de que un pájaro descuidado la dejo caer de entre su plumaje, me arrastraron por todo el hospital psiquiátrico mientas escuchaba sus balbuceos
decir que era mi cumpleaños 18, las drogas aun hacían efecto en mi por lo que se me hacía casi imposible mantenerme en pie, no podía abrir por completo los ojos la luz de los pasillos era muy intensa, finalmente entramos a una habitación tan blanca como el traje de los caballeros que me transportaron a ella, era imposible no ver una mancha o un defecto en aquella habitación de lo blanca que era, esa mancha era yo, aun no podía abrir bien mis ojos, pero logre ver en una de las paredes algo que resaltaba en aquella habitación algo muy distinto a las impecables paredes blancas, pero no logre identificar bien que era.
voces retumbaban en mi cabeza, no podía diferenciar entre una u otra, todas me parecían la misma voz, pero al mismo tiempo eran tan distintas, los hombres me dejaron tirado en medio de la habitación pensé que todo había terminado, pero luego la habitación se oscureció de una manera tan repentina que no me dio oportunidad de visualizar bien en donde me encontraba, pero de algo si estoy seguro, esta habitación olía muy bien. olía a flores, pero mas allá de ser un aroma agradable no sabía porque me daba tanta repugnancia aquel peculiar olor, algunas lágrimas salieron de mis ojos quizás producto de sentirme impotente, hacía mucho que eso no pasaba y las veces que eso sucedía era de la rabia porque algo malo me estaban haciendo, pero en esta oportunidad no eran lágrimas de dolor, eran de tristeza, y entonces recordé a la mujer de mis sueños que estiraba sus brazos como queriendo abrazarme, ¡MAMA!
— ¡HOLA! JOHNY
— ¡OTRA VEZ ¡TU. – no quieres dejarme en paz -
— Me sorprende que te sorprenda querido amigo, más aun sabiendo que siempre estoy contigo.
— ¡QUE QUIERES!
— Nada en específico, solo quería hacerte un poco de compañía,
— ¡OH! veo que nos mudaron, a decir verdad, esta habitación esta mejor, pero me gustaba más la otra, era mucho más silenciosa. — y que es ese olor — ¿flores?
— Ahora no quiero hablar, estoy muy cansado.
¡MAMA!, imposible no podía ser ella, casi no recuerdo su rostro, mucho menos su olor, otra lagrima resbalo por mi mejilla , y solo podía pensar en una cosas, ¿Por qué me estaba pasando esto?, ¿Porque a mí?, dormí profundamente otra vez, pero algo había cambiado ya no sentí la paz ni la calma de antes, en cambio sentía mucho rencor, odio, y desconsuelo, por primera vez sentí un deseo insaciable de querer asesinar a alguien, desahogar todo el dolor que sentía dentro,
¡venganza! esa era la palabra, en esta oportunidad el efecto de las drogas había durado más que veces anteriores, no me di cuenta hasta entonces que le habían echado algo a la comida y que por eso aun no podía despertar de mi letargo mental.
Desperté nuevamente en esa habitación blanca, llena de ruidos por todos lados, ruidos que no podía asociar con nada, lo único familiar en aquellos sonidos eran las voces de las personas de afuera, distintas voces de distintas personas que recorrían los pasillos como si fuera lo más normal del mundo, y eso me molestaba, nada es normal aquí, me irrita que se puedan mover libremente y yo no,
— ¡YO NO! Grite con todas mis fuerzas,
Me acerqué a la puerta para escuchar mejor, sentí como alguien se recostaba en ella desde afuera, como queriendo oír que sucedía,
— “Te voy a matar” — susurre —
Estoy seguro que la persona al otro lado me escucho, porque todo el sonido de antes se detuvo y ahora solo se escuchaban voces a lo lejos
como si hablaran a voz baja para que yo no escuchara, no pude distinguir lo que decían, pero el temblor de su voz me lleno de alegría, pude oler su miedo.
Desde que lo conocí, algo dentro de mi cambio, me sentía más seguro de mí mismo, no podía entender el porqué de esa nueva sensación, pero en cierto punto me gustaba, me sentí tan lleno de vida en ese momento, tan lleno de fuerzas, que no podía dejar de sonreír.
Recorrí la habitación con mis ojos desde la puerta y vi como una de las paredes reflejaba toda la luz de aquel lugar que para mí era totalmente nuevo, me acerqué a la extraña pared con pasos lentos, nervioso por lo que iba a descubrir. y cuando me vi frente aquella pared pude distinguir la figura de una persona ojos marrones claro, cabello negro largo, de tez blanca y delgada, su ropa no era la mejor del mundo de echo se parecía mucho al uniforme que utilizaban los trabajadores de aquel sitio solo que más sucio y dañado, esa figura era la mía, si, un espejo en aquella habitación, hacía mucho tiempo que no veía mi reflejo desde que tenía ocho años para ser exactos y ahora ya tenía 18, diez años habían pasado y los cambios se notaban a simple vista, pose mi mano sobre aquel espejo, sobre mi reflejo y no pude evitar llorar, pues hasta eso me habían quitado, me habían arrebatado mi identidad.
Pude ojear un poco más por la habitación, una cama, con base de hierro cubierta por mantas blancas, y un escusado en una de las esquinas apenas dividido por una media pared, al menos no volveré hacer mis necesidades en una vasija, lo que más me llamo la atención de aquella habitación fue el suelo, en todo el borde tenía rejillas, por las que no dudé ni un segundo en ver, pude notar que el suelo donde yo estaba parado era realmente como una plataforma, no pude evitar saltar en la misma intentando descifrar de que se trataba, descubrí que era un sistema de desagüe o algo parecido estaba todo conectado a unas tuberías, incluso el escusado.
No entendía el porqué de el traslado a ese nuevo lugar, no sabía cuáles eran las intenciones de ellos ahora, pase de tercera a primera clase en solo una noche, (burla), pero todo eso me pareció bastante extraño, y solo buscar respuesta me desesperaba más de lo que quería, supongo que debería aceptar así sin más y ver qué pasaba luego.
No pude evitar verme nuevamente en el espejo, pero al mismo tiempo que yo me veía sentía que otras personas también me observaban, era una sensación un tanto extraña, no era la primera vez que me veían, pero en esta ocasión era diferente porque yo no podía verlos a ellos.
Debo agradecer a las familias que se hicieron cargo de mi durante los dos años que pase de una casa de adopción a otra, algunas eran buenas familias, otras no tanto pero estoy seguro que no fue un trabajo fácil intentar hacer que yo encajara en su familia, debo admitir que yo también colabore un poco en que cada una de ellas me rechazaran, pero pude aprender muchas cosas, tenía mucho tiempo libre y siempre me gusto leer cualquier cosa que llamara mi atención, recuerdo con gran estima a la Sra. nelly fue la última mama adoptiva que tuve, y fue básicamente la que me enseño todo en esos 8 meses que estuve con ella, desde leer hasta multiplicar y dividir, no por nada era la directora de una institución educativa, recuerdo que una vez me comento que yo no era el primer hijo adoptivo que ella tenía, pero que los otros ya eran suficiente grande como para defenderse solos, y que esperaba que mi futuro fuera tan prometedor como el de ellos, varias veces hablo por teléfono con uno de los que había sido su hijo adoptivo hace ya mucho tiempo, Dr. Harris , una promesa medica que hacía vida en el hospital central de la ciudad, vi muchos de sus libros de medicina en la casa , todos los leí y me pareció muy interesante como el cuerpo humano es tan único, tan fuerte y a la vez tan débil que me resulta excitante ahora solo pensar en quitarle la vida a alguien.
Carpinteros, policías, luchadores, e incluso drogadictos y demás personas hicieron de mi vida una mejor vida durante esos 2 años que estuve de casa en casa y hasta ahora me estaba dando cuenta que, si
tal vez hubiese aprendido a mentir, si tan solo hubiese fingido que estaba todo bien en mi cabeza, no estaría en este momento aquí, no habría pasado nada de esto, pero no, no hubo nadie que me lo explicara, no hubo nadie que me dijera nada de eso.
No sé porque pienso en esas cosas en este momento, creo que la nostalgia de ver mi rostro me hizo imaginar algo que posiblemente nunca hubiese pasado, o puede que sea, que entre tanta mierda quiera imaginar que mi vida hubiese sido diferente, solo por un momento.
— ¡hola! John
— ¡Esa voz!, esa voz la conozco, pero, — ¿de donde?.
— ¿Te gusta tu nueva habitación?
— ¿Por qué? esa voz hace que mi cabeza retumbe como un tambor,
— ¿dónde la he escuchado antes?
— John — ¿te acuerdas de mí?, — soy la doctora Stephanie.
— ¡DOCTORA! claro como podría olvidarla; — MALDITA (susurra).
No podía ver su rostro, pero sabía que era ella, no había notado los parlantes en el techo, pero solo eso no habían cámaras dentro de la habitación, y me fije que el espejo no era solo eso, entendí porque la sensación de que me veían , seguro llevaban bastante rato viendo lo que estaba haciendo, pero no entendí porque no había hablado antes,
¿será que la doctora no había llegado?, eso me hizo pensar en que seguramente donde ella estaba era una habitación contigua a la que yo estaba, y no solo una extensión de la misma, por consiguiente tendría que haber una puerta por fuera en algún lugar por el cual entrar.
— Y que la trae hasta aquí doctora, hacia mucho no escuchaba su voz.
No era que me importara mucho oír su voz, la verdad, pero sería mejor si me portaba bien.
— Tenía asuntos pendientes, me alegra saber que estas bien, de ahora en adelante esta será tu habitación, tendrás una hora al aire libre, y las medicinas irán bajando a medida que muestres mejoría, de lo contrario tendremos que enviarte nuevamente a la habitación donde estabas antes, — y no queremos eso, ¿VERDAD? —
Una hora al aire libre, reducción de medicinas, mejorías, todo esto sonaba a que esperaban a que hiciera algo, a que cometiera un error, todo esto era una completa mentira, porque después de todo este tiempo se comporta así, que cambio en estos 2 años que estuve en la otra habitación, como es que ahora iba a tener más libertad.
Eran muchas preguntas y pocas respuestas, pero si era cierto lo que me decía, esta era mi oportunidad, cuanto duraria este proceso no lo sé, pero de algo si estoy seguro, hare todo lo que sea posible para de una vez por todas salir de este infierno.
— No doctora no queremos eso.
— Pues bien, nos estamos viendo John. — disfruta tu estadía aquí.
Nos estamos viendo, claro, la única que ve aquí eres tú yo solo veo mi reflejo en ese espejo, reflejo al que no me acostumbro, es difícil adaptarse a algo que no tiene ningún sentido para mí, pero al parecer eso a nadie le importa, solo a mí, supongo que ya se me hará más cotidiano verme en ese espejo.
Tres hombres entraron en ese momento, dos de ellos me sostuvieron de los brazos, aun no tenía suficiente fuerza para intentar detenerlos, el tercer hombre vino hasta donde estaba yo con unas tijeras que se
veían bastantes afiladas, sentí miedo por un momento, pero lo único que hizo fue cortarme el cabello, no fue el mejor corte del mundo pero la atención era rebajarlo supongo, cuando, “el hombre de las tijeras”, así lo apode, termino su trabajo los otros dos hombre me despojaron de toda mi vestimenta, y la arrojaron en un pequeño saco color café, luego de eso entro otra persona a la habitación, con una manguera como las que usan los bomberos para extinguir el fuego, lo único que pude sentir fue el agua helada que salía con tanta presión que me tiró al suelo en varias ocasiones, queriendo huir del baño tan poco común que me estaban dando, toda la habitación quedo empapada incluyendo la cama donde dormiría esa noche, me dieron ropa nueva, era incluso más blanca de lo normal y disponía de los botones por la parte de adelante, lo que me pareció un poco más cómodo de colocar, ya que las anteriores tenían los botones por la parte posteríos, ya que ellos mismos eran los que me vestían cuando aún era un niño, eso solo significaba que de ahora en adelante lo tendría que hacer yo mismo.
Ella no pasó desapercibida, si lo que quería era ocultarse detrás de aquellos hombres tan robustos, no funciono, su esbelta figura era tan notable que de seguro muchos hombres desearían estar con ella, incluso yo, no podía dejar de verla y ella enseguida me vio, no pudo dejar de verme, fue casi como si estuviéramos conectados como si el destino hubiese echo de las suyas para unirnos en semejante situación, no me había fijado que aún no me había puesto la ropa que me dieron, y para cuando caí en cuenta, ella no pudo evitar sonreír, mi estupidez estaba en otro nivel, ya se disponían a salir de la habitación y ya estando fuera de la habitación solo murmuro, ya son las 8:30 pm es hora de dormir.
Hasta ese momento, no le había prestado atención a los horarios, nunca supe cuando era de día o cuando era de noche, incluso aun sabiendo la hora, no sabía siquiera que día era, no sabía que mes y mucho menos que año, eso era tan irrelevante en ese momento que solo saber la hora me hizo querer saber mucho más y encontraría el
método de saberlo, otra cosa que llamo mucho mi atención es que esa noche no hubo pastillas, cualquiera pensaría que pasaría la noche más normal de mi vida desde que fui internado en ese hospital psiquiátrico, pero no fue así, me acosté en el suelo, en una de las esquinas de aquella habitación , el piso estaba frio podía sentirlo, pero mi cuerpo se empezó a prender en llamas, estaba tan caliente que parecía que fuera a explotar, recogí mis piernas y las envolví entre mis brazos, aunque quería controlar cada uno de mis movimientos mi cuerpo no paraba de temblar y viéndome hay tirado no hacía más que moverme instintivamente en el mismo sitio, intentado calmar la sensación tan extraña. que sentía, en ese momento, no aguantaba el dolor que recorría todo mi cuerpo y no escuchaba más que la voz en mi cabeza diciendo.
— MATALOS, MATALOS, MATALOS.
No me di cuenta el momento en que me quede dormido, mi cabeza aun retumbaba como si de tambores se trataban, escuche la puerta abrirse y estrepitosamente me abalance sobre la persona que estaba entrando por ella, la sostuve por el cuello tan fuerte que podía sentir como los latidos de su corazón se aceleraban, y como de un momento a otro su sangre dejo de circular, vi sus ojos tan intensamente verdes que un bosque fácilmente se podía divisar en sus pupilas pero aun así ese color verde se veía empañado por el color rojo de su sangre, la poca sangre que aún le quedaba para teñir toda su cara, sus manos intentaban zafar las mías de su cuello pero su fuerza no era suficiente para detenerme, patalear no era de gran ayuda tampoco pues su cuerpo yacía recostado sobre la pared a varios centímetros del suelo, ya no le quedaban muchas fuerzas, intentaba decir algo pero mis manos no dejaban que articulara una sola palabra,
— JO… JO… JOHNY.
— ¡JOHNY!, ¡JOOHNY!, ya llego mama ¿dónde estás? Johny no quieres jugar ahora, a que no adivinas que te traje.
— ¡BOO!
— Diablos johny que susto me diste.
— Te asuste mami, — te asuste (hahaha)
— Mira lo que te traje, un dinosaurio nuevo… — ¿Te gusta?
— Si mami, Grrrrr.
Nuevamente vi sus ojos casi cerrados por completo, pero aun tan verdes, aun tan brillantes, era ella la esbelta mujer que había querido ocultarse de mí, cuando la solté en su cara se dibujaba una expresión de terror que nunca había visto, ¡AUXILIO! grito, con el poco aire que le quedaba y solo un segundo después, dos hombres de seguridad se abalanzaron sobre mí con sus garrotes, el primer golpe fue directo a la cara, dejándome tirado en el suelo, muchos golpes más vinieron después, ellos arremetían con todas sus fuerzas pero yo no sentí dolor alguno, no, en ese momento solo pude reír a carcajadas reí como un loco desquiciado mientras veía como mis dedos aun seguían dibujados en el cuello de aquella mujer, se cansaron de golpearme y sin previo aviso sostuve el garrote de uno de los hombre, me puse de pie y así como ellos lo habían echo, lo golpeé tan fuerte que las paredes blancas quedaron manchadas con su sangre, una pintura abstracta propia de mi inspiración. el otro hombre me intento detener, pero de un solo
empujón lo lance al otro lado de la habitación quedando inconsciente tras golpearse con el borde de la cama, no podía parar, una corriente de inmensa satisfacción corría por mi cuerpo.
Hicieron falta más personas y una inyección para quitarme de encima, de aquel hombre que yacía moribundo en el suelo, su sangre cubría la mayor parte de mi cara y mi cuerpo, mientras que el resto se deslizaba espesa y lenta por las rejillas del desagüe. dibujando perfectamente su silueta, quede totalmente rendido, pero aun en mi letargo podía escuchar los pasos, y restregar de cepillos del personal de limpieza que intentaba borrar de las paredes y del piso la evidencia de lo que allí había pasado ese día, mi cuerpo no respondía, pero tenía los ojos abiertos viendo al techo, hasta que todo se volvió oscuro nuevamente.
La mañana se hizo notar a través de una diminuta ventana, otra cosa de la cual no me había fijado la primera vez que entré a la habitación cada vez más me sorprendía aquel lugar, pero ya no tenía ánimos de pensar en más nada, junto con aquella tenue luz que se asomaba por aquel hueco a lo que ellos llaman ventana, también llegó aquel olor qué tanta atención me había llamado de aquella habitación, mi cuerpo yacía aún inmóvil pero poco a poco iba recuperando mis fuerzas hasta que pude levantarme de la cama y efectivamente ahí estaba ella no sé qué tanto afán tenía de acompañarme a todos lados o de estar siempre en la misma habitación conmigo pero para nada eso me molestaba, al contrario me brindaba cierta Paz, cierta calma que no había encontrado en todo este tiempo. En voz baja murmuré perdón no sé si me escucharía oh sí quizás prestaría atención a lo que dije, sólo me miró como con lástima y lentamente salió de la habitación sin decir una sola palabra.
— Me vas hacer llorar (hahaha) “PERDON” de nada vale ya pedir perdón querido Johny — Ella no se merece que le pidas perdón además, lo que hicimos ayer.
— ¡Hicimos! — querrás decir "Hice", — porque eso lo hiciste tu.
— HICE, HICISTE, HICIMOS, acuérdate que somos una sola persona JOHNY ya no lo niegues más, de igual manera no te va a perdonar, casi la matamos, (hahahaha) — que divertido fue de verdad, pero quién lo paso peor fue el de seguridad, crees que haya muerto eso sí me causa gracia.
— No sé y no me importa.
— (HA) pero que poca consideración tienes, se trata de la vida de una persona (hahahaha)
Una vez salió ella, entraron dos de los guardia, la sangre de su compañero también los había alcanzado, y se notaba el esfuerzo que hicieron por intentar arrancarla de sus uniformes, pero fue en vano, contrario a lo que yo pensaría me trataron amablemente y al parecer a uno de ellos no le agradaba del todo la idea, en sus ojos se veía el odio hacia mí , un deseo incontrolable por darme mi merecido pero él sabía que no podía, lo único que salió de su boca fue.
— La protección no te durará por mucho tiempo.
No entendí, así que no le di la menor importancia, me llevaron al patio donde se suponía era mi lugar de recreación, pero junto conmigo estaban otras personas, algunas hablando solas, otras arrinconadas a las paredes, y otras moviendo la cabeza para todos lados sin ningún motivo o razón aparente, me pare en medio de aquel patio y solo podía disfrutar aunque fuera entre cuatro paredes el olor a rosas, de ahí venia el olor que antes me había parecido repugnante, sentía como el viento acariciaba mi cara, podía respirar aire fresco, y por primera vez desde que estaba ahí se me vino el pensamiento de libertad, obviamente era imposible que me dejarán ir, así que imaginé lo que nadie en mi posición hubiese imaginado y mis pupilas se agrandaron de tal manera que todo se volvió borroso y una y otra vez se repetía la misma palabra en mi cabeza y ya no era “MATALOS”
La nueva palabra tenía más sentido con el paso de los segundos, cada vez que se repetía me sentía extasiado, mis pupilas volvieron a su estado natural. Y el tiempo en aquel lugar de recreación paso literalmente volando, y ya en mi inmaculada habitación no podía dejar de pensar en aquello que hizo que el tiempo que debía usar para hacer alguna actividad mínimamente productiva se convirtiera en una sala de operaciones en dónde planearía lo que se traduciría en mi libertad, si , aquella palabra era “ESCAPAR”.