Beyond the Horizon: Génesis de la Extinción

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Sinopsis

Mi nombre es Jack. Antes solo era un adolescente cobarde que no encontraba razones para destacar. Todo cambió el día que el mundo se partió en dos. Criaturas con apariencia humana, pero sin rastro de humanidad, atacaron sin piedad. Nadie podía moverse. Nadie podía gritar. Todos fuimos su alimento. Yo también morí… o eso creí. Cuando la sangre azul de esas bestias contaminó mi cuerpo, descubrí que la frontera entre lo humano y lo monstruoso era más delgada de lo que pensaba. Ahora, convertido en un híbrido, tengo que decidir si usar este poder para salvar lo que queda… o rendirme ante mi propia monstruosidad.

Estado:
En proceso
Capítulos:
18
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: El tren de los condenados.

Volumen 1: El Despertar.

Mi nombre es Jack.

Jamás me interesó sobresalir en nada.

En la escuela era solo otro adolescente con la costumbre de sentarse junto a la ventana,

fingiendo que el mundo no existía.

Tal vez por eso, nadie se percató de que algo en mí estaba a punto de romperse aquella

mañana.

El cielo amanecía cubierto de nubes grises cuando subí al tren.Tenía la sensación de que un peso invisible me aplastaba el pecho.Cada respiración me costaba más de lo normal, como si el aire mismo se negara a entrar en mis pulmones.

Me repetí que era solo cansancio.Un resfriado, tal vez.No imaginaba que aquella sería la última vez que podría sentir algo tan cotidiano como el cansancio.

El vagón estaba medio vacío.Unas pocas personas dormitaban en los asientos.Dos de las personas más importantes de mi vida conversaban en voz baja.Sus rostros me resultaban tan familiares que por un instante me dieron cierta calma.

Valentine, mi amiga de la infancia, estaba sentada detrás de mí, con su mochila apoyada en las rodillas.Tenía esa expresión concentrada que siempre ponía cuando escuchaba a alguien con atención.A su lado estaba Claire, su mejor amiga, que se había vuelto también parte de mi pequeño mundo.Las dos hablaban en susurros, pero se notaba que compartían el mismo nerviosismo que me oprimía el pecho.

Me limité a sentarme, intentando ignorar la sensación de que algo, en cualquier momento, iba a quebrarse.

El tren avanzó con su traqueteo monótono.Por un momento, me dejé arrullar por el balanceo del vagón.Fue entonces cuando un sonido seco me obligó a abrir los ojos.

Un golpe sordo en la puerta del vagón delantero.Nadie se movió.Tal vez todos pensamos que era un problema mecánico.Un freno defectuoso.Cualquier cosa normal.

Hasta que vimos la primera figura atravesar el umbral.A simple vista parecía humana, pero algo en su silueta era... incorrecto.Las venas sobresalían de su piel, tensas, palpitantes, hinchadas como si fueran a reventar.No contenían sangre roja, sino un líquido espeso de un color azul imposible.

La criatura giró la cabeza en un ángulo antinatural, como si no entendiera qué era un cuello.Sus ojos estaban vacíos de expresión.Solo hambre.

Un chillido ahogado surgió de los asientos al fondo.Fue la última vez que alguien logró emitir un sonido.

La bestia se lanzó sobre el primer pasajero con una velocidad que ninguna película habría podido simular.Un golpe seco, un chasquido de huesos, y un alarido que se extinguió de inmediato cuando su garganta fue arrancada de cuajo.

Quise incorporarme.¡Correr! ¡Gritar!Pero el aire se congeló en mi tráquea.Mi cuerpo no respondió.

Alcé la mirada y descubrí, con un pavor que me heló hasta el estómago, que ninguno de los demás podía moverse.Todos permanecíamos clavados en nuestros asientos como muñecos rotos.Algunos lloraban en silencio, con los ojos desorbitados, incapaces de siquiera alzar las manos para cubrirse el rostro.

La criatura alzó la cabeza, contemplándonos con curiosidad.Y entonces llegaron las otras.

Eran cinco. Cada una más deformada que la anterior.Las venas azules palpitaban con un ritmo enfermizo, marcando un pulso que no era humano.

Avanzaron despacio, como si disfrutaran nuestro terror.Sentí que mi corazón golpeaba con tanta fuerza que podía romper mis costillas.El mundo se estrechó en un túnel donde solo existían los pasos de esas cosas y el sabor metálico de mi propio miedo.

Fue entonces cuando escuché un sollozo detrás de mí.Valentine.Reconocería su voz, aunque la mezclaran con todas las demás.Era un llanto entrecortado, contenido, que me hizo desear más que nada poder dar un paso hacia ella y decirle que todo saldría bien, aunque fuera una mentira.

—Jack... —murmuró con un hilo de voz, tan tenue que apenas llegaba a mis oídos—. Tengo miedo...

Sentí que algo se desgarraba en mi pecho.Claire estaba a su lado, temblando mientras le sujetaba la mano con todas sus fuerzas.Sus labios se movían en un rezo silencioso, o tal vez solo repetían su nombre.En sus ojos se leía la misma certeza que empezaba a helarme la sangre: que nadie vendría a salvarnos.

Quise contestar, pero mis cuerdas vocales se negaron.Mi garganta era un nudo inquebrantable.

Una de las criaturas se abalanzó sobre un hombre al frente, hundiéndole las fauces en el cuello.La sangre azul y la roja se mezclaron en un charco que comenzó a extenderse por el suelo.

Mi visión se empañó mientras la parálisis me mantenía prisionero.Quise cerrar los ojos.No pude.

Estaba obligado a presenciarlo todo.

La puerta del vagón se cerró con un golpe seco.El silencio que quedó después fue peor que los gritos.

Durante un segundo, nadie se movió.Ni las criaturas.Ni nosotros.

Solo ese ser que había entrado primero —el de las venas más hinchadas, los ojos vacíos como un pozo—, que caminaba despacio por el pasillo, deteniéndose de tanto en tanto como si buscara algo.

Un hombre herido, apenas consciente, trató de incorporarse junto a los asientos delanteros.El monstruo se detuvo frente a él.Sus pies desnudos —deformes, alargados, con algo que parecía ramificarse bajo las uñas— rozaron el metal del suelo mientras avanzaba un paso más.Fue casi imperceptible: un cosquilleo extraño en mi columna, como una descarga eléctrica demasiado débil para doler, pero suficiente para que todo mi cuerpo se tensara.

El hombre se quedó completamente inmóvil.Sus pupilas se dilataron.Su pecho subía y bajaba con un ritmo errático.Un hilo de baba azul comenzó a gotear de su boca.No entendí qué había pasado.No supe si era algún veneno, una señal, un poder que no podía ver.Solo comprendí que, de pronto, aquel hombre ya no estaba allí.

Mi respiración se volvió un jadeo.El resto de las criaturas —cinco, tal vez más— no reaccionaron.Continuaron desgarrando cuerpos sin prestar atención.

Pero el primero… ese me observaba.Por un instante —tan breve que casi creí que lo imaginaba—, sentí que su mirada se anclaba en mí, que en algún lugar detrás de aquellos ojos vacíos algo me reconocía de un modo que no podía comprender.

El tren aminoró la marcha y se detuvo con un chirrido largo.La puerta automática se abrió.Y durante un latido, pensé que al fin se acabaría.

Una docena de soldados subió al vagón, sus pasos pesados, sus armas listas.—¡Aseguren el perímetro! —gritó uno de ellos, su voz distorsionada por el comunicador.

El monstruo no apartó la mirada de mí.Siguió caminando con la misma calma, y cada paso suyo en el metal parecía liberar aquella corriente invisible que me vaciaba de voluntad.

Al instante todos los soldados quedaron inmovilizados…mientras aquellas criaturas asquerosas que lo acompañaban se lanzaron sobre ellos para devorarlos; ahí terminaron mis esperanzas de salir de este lugar.

El soldado inmovilizado se incorporó de golpe.Sus brazos colgaban a los costados, sin fuerza.Pero sus piernas comenzaron a avanzar hacia nosotros, paso a paso, con un movimiento torpe y vacío.El terror me caló hasta los huesos.No entendía cómo lo hacía.Solo sabía que cada paso que daba esa cosa era otro paso más cerca de convertirnos a todos en títeres.

Valentine rompió a sollozar.—Jack… —susurró, y su voz se quebró—. Solo… quiero ir a casa…

Yo también.Más de lo que había sentido en toda mi vida.

El tren se sacudía bajo mis pies.El sabor de la sangre me llenaba la boca mientras el zumbido eléctrico me nublaba la mente.

Una detonación retumbó demasiado cerca.El disparo me atravesó el costado izquierdo como un hierro ardiente.Mi grito fue apenas un jadeo roto.Sentí cómo algo caliente me empapaba la cintura y la pierna.Solo cuando Valentine soltó un quejido estrangulado comprendí que la bala también le había alcanzado la pierna.

Ella se desplomó detrás de mí.Su respiración se volvió un sollozo entrecortado.

El mundo se redujo a un solo pensamiento:No puedo dejar que la mate.

Con un rugido que no sabía que tenía, me lancé contra el monstruo.Mis manos temblorosas encontraron un tubo metálico a un costado del asiento.Lo levanté por encima de mi cabeza y lo descargué contra su cráneo con toda la fuerza que me quedaba.

El impacto fue un golpe seco.La criatura apenas inclinó el cuello, como si estuviera analizando mi esfuerzo.Luego, despacio, volvió su rostro sin expresión hacia mí.

Yo jadeaba.Mi visión se llenó de manchas negras.Pero no retrocedí.

La criatura se inclinó y sus fauces se abrieron.Sentí los dientes hundirse en mi cuello.La presión fue tan insoportable que creí que mi columna cedería.

Un chillido me escapó de la garganta, mezclado con un borbotón de sangre.El aire ya no me llegaba.Mis manos se alzaron por puro instinto.

Metí los dedos en esas órbitas vacías y apreté.El líquido azul estalló, empapándome la cara, entrando en mi boca y en la herida abierta de mi cuello.

El monstruo se retiró con un siseo sordo, la mitad del rostro manchada de su propia sangre.Durante un segundo pensé que lo había herido de verdad.

Pero mientras mis piernas se doblaban, vi cómo uno de sus ojos —el que acababa de aplastar— se reconstruía ante mí, célula por célula.La pupila se formó de nuevo, y por un instante, su mirada me atravesó con una conciencia que no pertenecía a nada humano.

Mis rodillas chocaron contra el suelo.El frío se extendía por mi espalda.

Entonces la criatura giró su rostro hacia Valentine.Ella apenas pudo alzar la vista, con los labios temblando.

—Ja… —intentó decir mi nombre, pero la voz se le rompió.La criatura se inclinó sobre ella.Yo grité algo que ya no recuerdo.

Vi cómo sus fauces se abrían y se cerraban sobre su cuello con la misma precisión con que me había marcado a mí.Su cuerpo se arqueó de dolor.Sus ojos se apagaron mientras un hilo de sangre le caía por la barbilla.Sentí algo quebrarse por dentro.

Con un gemido, arrastré mis piernas.Cada centímetro era un infierno.

Me desplomé a su lado.La tomé en mis brazos.Sus manos colgaban inertes.Su mirada no me encontraba.

Un espasmo me subió por la garganta.La sangre me llenó la boca.Un hilo oscuro cayó sobre su rostro, escurriéndose por su labio.Un reflejo débil hizo que ella tragara antes de desmayarse.

—Lo siento… —murmuré, con un hilo de voz que apenas era mío—. Lo siento tanto…

El monstruo nos contempló un instante.Y entonces, por primera vez, sonrió.Fue una mueca espeluznante.Una certeza de que nada de lo que habíamos hecho cambiaría nuestro destino.

La helada me alcanzó por completo.La vista se me cubrió de sombras.

Entonces la criatura giró su rostro hacia Claire. Por un instante la reconocí entre la oscuridad.

Oscuridad.El silencio llegó al final.Un silencio tan profundo que pensé que sería el último.

Entonces todo se apagó.