Capítulo 01: Los límites
Las noches frías aquí son más intensas. El cielo aún mantiene algunas nubes que la tormenta eléctrica dejó en Soulvale. Las más plomizas son las que se quedaron, e incluso me da la sensación de que son Los vigilantes de almas observando a todos los que salen durante la madrugada.
Hace unas cuántas auroras boreales comenzaron a rondar en todas partes, tomando formas cualquieras para camuflarse. Algunos son menos disimulados flotan encima de ti y te enredan entre sus humos densos para asegurarte. Algunos otros pareciera que no les importadas. Pero a ser verdad, últimamente se les ha notado alterados de manera poco común.
Quitando esos hechos; es madrugada tranquila.
No suelo salir por las madrugadas. Las únicas veces que lo he hecho es cuando Jade tiene ganas de hacer algo. Cuando la mayoría de las almas están dispersas en lo que ahora llaman hogar, pretendiendo que aún siguen vivos…
Y ahora que Los vigilantes buscan a Jade por romper la única regla de Soulvale, los impulsos de salir se han multiplicado, mis pensamientos se llenan de la necesidad de recurrir al lugar en dónde lo vi por última vez con la esperanza de encontrarlo ahí. Y decir “te lo dije”. Él nunca debió cruzar. Que dejara que sus impulsos pasaran sobre él fue su error.
Y ahora no lo veré de nuevo. Nadie lo hará y pronto será uno más de ellos.
El césped junto con los follajes de los árboles se mueve mientras una brisa pasa, aumenta conforme la madrugada avanza. El toque de viento frío intenso choca con mi piel.
Camino entre la nieve densa de la acera hacia el faro flotante que marca en donde termina el lugar para las almas.
—¿Qué hay de los límites? —En las bancas, sobre la acera izquierda, una chica pregunta a otras dos.
No las había notado antes. Al pasar miró a las chicas; una de ellas tiene marcas en su rostro, heridas en brazos y cuellos. Su piel aún permanece pálida justo como alguien que acaba de llegar a Soulvale.
«Una nueva» Pienso.
—No se puede pasar al otro lado —responde una de ellas. Sin verla puedo notar en su voz la culpa de la mentira. Supongo que no quiere asustarla de este cielo-infierno que es Soulvale—. ¿Cómo sabes de ellos?
«Los límites pueden ser vencidos» pienso cuando estoy lo suficiente lejos de las chicas. Estoy frente a los límites, casi frente a la roca del tamaño de una cama individual.
Este es un lugar poco recurrido que una chica fue víctima de Los vigilantes. Algunos dicen que fue solo porque se acercó demasiado al límite. Otros dicen que descifró cómo pasar el límite y por eso le borraron todos los recuerdos que tenía. Otros pocos dicen que fue un vigilante nuevo quien la juzgó mal y la condenó a ser uno de ellos.
Nadie sabe con exactitud.
Desde aquí, cerca de la roca grande, doy la vuelta y aprecio lo mucho que me he alejado de las casas y edificios de la ciudad. Miro de nuevo al límite, mantengo mi mirada fija en él. Hasta que mis manos entre los bolsillos de mi chaqueta arden. Siempre pasa.
De verdad me es difícil pensar que Jade me insistió en ayudarlo a salir de este lugar. No aceptaba su realidad, lo había dicho tantas veces hasta que se cansó de ellos y decidió que debería aceptar que estaba muerto.
Por accidente tropezó, tocó El límite para sostenerse. Y entre esas milésimas de segundos algo vio algo que lo obligó a actuar de una manera poco usual en él. Golpeó como loco a las enormes capas de hielo, como si quisiera impedir que algo sucediera. Después se derrumbó en lágrimas y a los minutos parecía ser él de nuevo. Esa madrugada fue la última vez que lo vi.
Y desde entonces estos entes han salido de sus escondites.
A veces suelo preguntarme qué fue lo que vio para querer ir tras ello. A algunos les parece curioso lo que el límite hace con algunas almas cuando lo tocan, como a mí en estos momentos.
«Quiero saberlo». Por eso estoy aquí.
La transparencia del límite parece frágil cómo un vidrio, pero todos sabemos que es todo lo contrario. Puedes pegarle, intentar de todo y no vas a lograr nada con eso. Necesitas algo más para quebrarlo y mi amigo lo sabía.
Me tomo un momento para observar a mi alrededor y cuidar que ningún vigilante me observe. Esas cosas aparecen de un momento a otro, se ocultan muy bien entre las sombras. Densos y oscuros, con hilos filosos que te drenan partes del alma.
Uno de ellos deja de esconderse entre las sombras para acercarse a mí. Sus cuencas profundas, vacías y oscuras me observan fijamente frente a mí. Nunca había visto uno tan cerca.
Sus flotantes humos me rodean cada parte del cuerpo. Me analiza. Esos mismos delgadas estelas de humos se cuelan por mis poros de la piel y me apretujan. «Solo vengo a observar», pienso. Al instante siento como me libera. Pronto se da la vuelta y flota hasta llegar de nuevo a las sombras bajo los árboles cubiertos de nieve. Pero la sensación de ser observado no se esfuma.
Regreso mi mirada a la transparencia del límite, acercando una de mis manos para tocarla. La sensación bajo mi palma es fría, es como si de hielo se tratase. Un escalofrío recorre mi cuerpo entero y me alejo sin saber muy bien. No se siente como alguna otra cosa que me han hecho Los vigilantes, se siente como en la vida, cuando la sangre fluía en mis venas.
Me alejo otro poco del límite sin dudarlo. «¿Qué estoy haciendo?». A punto de dejar todas mis ideas cuando escucho algo sutil a pocos metros de mi espalda. Apenas puedo escucharlo. Golpes, a algo duro, hueco. «El límite.»
Podría ser una trampa de algún vigilante que haya visto lo que he hecho. O solo una simple alucinación como la de mi amigo —porque creo que así fue—. O en realidad es alguien perdido como yo lo estuve cuando llegué a Soulvale.
Doy un vistazo por encima de mi hombro, despreocupado de que puedan castigarme por tocar lo prohibido.
No hay nada alrededor.
Mis pies flotantes avanzan sobre la nieve, dejando huellas que desaparecen al segundo. Y apenas avanzo escucho de nuevo esos golpes desesperados.
Esta vez decido dar la vuelta completa para descubrir si no es nada de nuevo o si hay algo que no noté hace segundos.
Si lo hay. Bastante obvio ahora. Detrás de lo que hay del límite, en el mundo que parece ser de los vivos…
Hay movimientos.
Desesperados.
Es una persona. Una chica.
No soy capaz de hacer algo además de observar a la chica. Los golpes en El límite siguen, puedo escucharlos más claros esta vez. Su respiración es desesperada al igual que los movimientos de sus manos. Sus manos dejan rastros de sangre en el otro lado, tratando de escapar de alguien o algo.
Grita, se pega a la traslucidez.
Algo la toma de su cabello largo, la alejan.
La estampan contra el límite. Grita, golpea, llora.
Una y otra vez.
Todo movimiento de la chica se detiene de un momento a otro. Parpadeo un par de veces antes de sentir las lágrimas hacer sobre mis mejillas. La sensación de libertad vuelve a mí y al mismo tiempo mi cuerpo debilitarse. Uno de los vigilantes ha sido el responsable. Frente a mí, deja al descubierto muchos de sus largos hilos, se van alargando hasta llegar a mi piernas, brazo y cabeza.
Quedo paralizado cuando uno de ellos apenas se cuela entre mis poros, y drena líquido entre mis venas podridas, como si fuera un veneno. El humo que desprende el vigilante me empieza rodear la cabeza. Claro que Los vigilantes están enojados por lo que he hecho. Sus gritos penetrantes cerca de mi oído me hacen entrar a una especie de trance.
Mis ojos son lo único que controlo.