Chapter 1
ATRAPADOAl fin te miro a los ojos, mi querido detective.
Sorprendido, amigo mío. ¿Qué esperabas? ¿Un hombre de cincuenta años? ¿Un psicópata social con cara de asesino? ¿Un monstruo golpeado por sus padres, maltratado por la vida, un completo desadaptado?
Jajajajaja…
Perdón por decepcionarte en todo. Tus perfilistas son unos incompetentes.
No intentes moverte. No lo lograrás. Te inyecté un potente anestésico. Estás en mis manos. Yo soy el dios… el que manda y decide cuál será tu destino.
Tu ego es grande, detective McDonough. Por eso estás en esta situación. Tú solo te metiste en este gran problema, del que solo saldrás de una manera: buena para mí… mala para ti.
Pero primero te contaré quién soy. Por qué hago lo que hago. Voy a quitarte todas esas dudas que tienes sobre mí.
Ya sabes quién soy. Lo veo en tus ojos.
Sí… soy el hijo del gran millonario José de Jesús Dueñas.
Nací en cuna de oro. Jamás me faltó nada en la vida. De hecho, mi infancia fue hermosa. Mi madre, una gran mujer, me dio todo el amor que una madre puede ofrecer. Mi padre jamás abusó de mí. Nunca maté animales cuando era niño. Tengo un doctorado en psicología, una hermosa familia, una bella esposa, cuatro hijos, una gran empresa… soy amado por la sociedad.
Es decir, todas esas cosas que decían de mí en los periódicos son puras mentiras.
Ya deja de quejarte… solo balbuceas.
Jajajajaja… pobre cerdo.
Estás en mis manos y disfrutaré matándote poco a poco.
No me interrumpas.
¿En dónde me quedé?
Ah, sí…
Mi incursión en este mundo de asesinatos fue pura casualidad. Yo no tenía pensado matar. Es más, para mí matar era un crimen imperdonable que Dios jamás perdonaría.
¿Por qué esa cara? Sí, antes yo era muy religioso. Cada domingo iba a misa sin falta. Me sabía la Biblia al derecho y al revés.
¿Te sorprende?
No debería. Soy una persona muy inteligente. Por eso no podían atraparme. Me burlaba de ustedes. Con cada cuerpo que aparecía, ustedes se frustraban más y más.
Jajajajaja…
Bueno… hasta que tú entraste en mi radar.
Sí, tú sí eres inteligente. Casi me atrapas.
Pero déjame continuar.
Todo empezó una noche en la que volvía de la casa de mi novia. Tomé la autopista número 8. Me equivoqué en una salida y terminé en una colonia llena de indigentes.
Cuando me di cuenta del error, di vuelta para regresar, pero en ese momento un hombre se atravesó en el camino y lo atropellé accidentalmente.
Bajé rápidamente del auto para ver si estaba bien.
Tenía la pierna rota y un fuerte golpe en la cabeza. Un gran charco de sangre comenzaba a formarse debajo de él.
Lo tomé del brazo para comprobar si seguía vivo…
Y entonces algo pasó en mi mente.
La sangre… el dulce olor de la sangre…
Me excitó. Me dio vida.
¿Entiendes eso?
¿Cómo algo tan hermoso puede encender todos tus sentidos?
Claro que no lo entiendes, cerdo. ¿Cómo podrías? Eres un simple mortal que no sabe nada.
No sé por qué razón tomé su cabeza y la estrellé una y otra vez contra el pavimento.
Dios…
Qué sensación tan sublime.
Escuchar cómo su cráneo se rompía. Ver la sangre brotar más rápido. Sentir cómo su miserable vida estaba en mis manos.
Yo tenía el poder de la vida y la muerte.
Y en ese momento decidí que debía morir.
¿Sabes algo, amigo?
Por un instante… me convertí en Dios.
No tenía miedo. La adrenalina recorría mi cuerpo. Era una sensación hermosa.
Subí a mi auto y regresé rápidamente a mi departamento para limpiarme y borrar cualquier evidencia de lo que acababa de hacer.
No quería que nadie supiera lo ocurrido.
—Ey, ey, ey… no te duermas, cerdo. Estoy contándote mi vida. No seas grosero.
Jajajajaja…
Después de ese día, el hambre de matar comenzó a consumirme. No tienes idea. Es una droga… y es altamente adictiva.
Pasaron dos semanas antes de volver a hacerlo.
Pero esta vez sería perfecto.
Bien planeado. Organizado. Sin fallas.
No podía darme el lujo de ser atrapado.
Así que decidí matar a otro indigente. A ese tipo de gente nadie la extraña. Sería fácil acabar con todos.
Jajajajaja…
Es más, le haría un favor a la sociedad.
¿O no piensas lo mismo?
Mi segunda víctima fue una mujer afroamericana. La encontré vagando por la Plaza del Mariachi. Eran casi las tres de la mañana.
Salí de mi auto y me acerqué a ella mientras acomodaba unos periódicos para dormir en una banca.
Le pregunté si quería ganar algo de dinero.
Me miró molesta y dijo que no era prostituta.
Yo me reí y le expliqué que mi auto no quería arrancar, que solo necesitaba ayuda para encenderlo mientras arreglaba unos cables.
Le mostré un billete de veinte dólares.
Le brillaron los ojos.
Entonces me acompañó hasta el coche.
Se sentó en el asiento del conductor y encendió el motor al primer intento.
No sospechó nada.
Ni siquiera se dio cuenta cuando le golpeé la cabeza con el martillo.
Solo se escuchó un golpe seco… y un pequeño quejido.
Rápidamente moví su cuerpo al asiento del pasajero.
Todo estaba saliendo exactamente como lo había planeado.
La llevé a una bodega cerca del campo.
El lugar perfecto.
Alejado. Solitario. Sin vecinos.
Podía gritar todo lo que quisiera. Nadie la escucharía.
Y yo podría divertirme a placer.
Sorprendido, ¿verdad?
Claro… ustedes nunca supieron de esas muertes.
¿Sabes por qué?
Porque eran personas olvidadas.
Encontraban sus cuerpos y a nadie le importaba.
Por eso pude matar a más de cincuenta indigentes.
Gracias a la indiferencia de la sociedad… y de la policía.
Pero luego cambié de objetivo.
Matar daba placer, sí… pero así nadie conocería mi legado.
Había asesinado a cincuenta seres humanos y nadie volteaba a verme.
Todo mi trabajo… desperdiciado.
Entonces una idea maravillosa cruzó mi mente.
“Quiero que me vean.”
¿Y qué mejor manera de lograrlo que asesinando policías?
Golpearlos donde más les doliera.
Y vaya que funcionó.
Fue como patear un hormiguero.
Todas las hormigas comenzaron a volverse locas.
Jajajajaja…
Matar a un policía no sería fácil. Siempre trabajan en parejas. La planeación debía ser perfecta.
Pasé semanas ideando la forma de atraparlos.
La mejor manera era tomarlos cuando acababan de salir del trabajo.
¿Recuerdas a Carol Smith?
Muy bella. Cuerpo perfecto. Madre soltera. Dos hijos. Tres años en la corporación. Una oficial ejemplar, sin una sola mancha en su expediente.
La estudié durante tres meses.
Sabía qué comía, a qué hora salía de casa, cuándo dejaba a sus hijos con la niñera, con quién se acostaba, qué tipo de donas prefería…
Todo.
Necesitaba conocer el momento exacto en que sería más vulnerable.
La adrenalina recorría mi cuerpo. Ella siempre iba armada. Era peligrosa.
Decidí atraparla cuando iba por su pequeño David.
Fue más fácil de lo que imaginé.
A dos cuadras de la casa de la niñera estacioné mi camioneta y levanté el cofre para fingir una avería.
Cuando ella pasó por esa calle, aparenté estar herido. Caminé frente a su automóvil y me dejé caer al suelo.
Como buena policía, bajó de inmediato para ayudarme. Creyó que estaba sufriendo un paro cardíaco o algo parecido.
Me ayudó a subir a la camioneta.
Pero cuando me dio la espalda para pedir ayuda… la sujeté del cuello y le inyecté uno de mis famosos anestésicos.
Jajajajaja…
Así como a ti.
Cómo sufrió mi querida Carol…
Chillaba como un cerdo.
¿Quieres saber cómo murió?
¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?
Ah, claro…
Ella fue tu novia.
Ya lo sabía, detective.
Por eso tu obsesión conmigo. Querías venganza.
Qué lástima… no la tendrás.
Solo lograste convertirte en otra de mis víctimas.
Tu esposa te extrañará.
Tus hijos llorarán tu muerte.
Aunque creo que después de matarte iré por tu mujer…
No sin antes asesinar a tus hijos frente a ella.
Jajajajaja…
¿O mejor traerte sus cabezas como trofeos antes de que mueras?
¿Qué pasa? ¿Estás enojado?
No puedes soltarte. Entiéndelo.
Jajajajaja…
No te preocupes por ellos. Aún no mato niños.
¿En dónde iba?
Ah, sí… Carol.
No sé si gritó más cuando le corté las manos… o cuando le arranqué el corazón.
Pero gritaba delicioso.
Tenía unos pulmones increíbles.
Creo que fue tu unidad la que encontró el cuerpo en el barranco, ¿verdad?
Tú llegaste a la escena con toda tu arrogancia.
Y yo estaba ahí.
Mirándolos.
Siempre los observé.
Desde lejos… pero siempre presente.
Jajajajaja…
A ti también te estudié durante más de dos años.
Durante esos dos años en los que intentaste atraparme, estuviste muy cerca de descubrir quién era.
Por eso te engañé.
Por eso te traje aquí.
A mi bodega del dolor.
¿Ya puedes mover las manos?
Perfecto.
Así sufrirás más.
Dime, detective…
¿Qué sentiste al encontrar el cuerpo de Carol?
Sin ojos.
Sin manos.
Sin corazón.
Sin alma.
Porque su alma me pertenece.
Es toda mía.
Porque soy un dios.
Jajajajaja…
¿Te atreves a reírte de mí?
Es la verdad.
Por eso jamás me atraparán.
Todo me sale perfecto.
En estos dos años he matado a más de veinte policías.
Nadie, ni siquiera tú, me habría encontrado sin mi ayuda.
Pero necesitaba verte caer.
Necesitaba matarte lentamente.
Te vi llegar y no llamaste refuerzos.
Viniste solo.
Claro… querías todo el crédito por atraparme.
Te lo dije: tu ego te matará.
Quita esa estúpida sonrisa de tu cara.
Vas a morir, ¿no lo entiendes?
¿Qué es ese sonido?
Sirenas…
¿Qué demonios…?
Jajajajaja…
Con que por eso te reías.
Sí llamaste refuerzos…
Fui un idiota.
Pero jamás me atraparán.
¡Deja de reír!
Arruinaste todo.
Qué lástima… quería divertirme contigo.
Pero tendré que arrancarte el corazón antes de escapar.
Ya… ya… ya…
No luches.
Solo te lastimas más.
Así…
Así…
Siento cómo tu alma abandona tu cuerpo.
La sangre…
Sí…
Es mía.
Ya no luches.
Descansa, detective.
En una banca de un parque, cerca de la casa del detective McDonough, un hombre leía el encabezado del periódico local:
“Encuentran el cuerpo del detective de homicidios McDonough en una bodega abandonada. Se sospecha que es otra víctima del asesino de policías.”
Mientras tanto, dentro de la casa, una mujer lloraba la muerte de su marido, extrañando al amor de su vida, asesinado por un monstruo cobarde.
El hombre dobló el periódico lentamente.
Después se levantó de la banca y caminó hacia la casa.
Una sonrisa diabólica se dibujó en su rostro.
Al llegar a la puerta, dejó un corazón humano envuelto en una bolsa negra.
Encima había una nota.
La mujer abrió la puerta temblando y encontró el mensaje escrito con tinta roja:
“Su alma me pertenece.”
FIN
