CUANDO ME MIRAS

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Sinopsis

Sofía no buscaba complicaciones. Solo una noche para olvidar, un poco de música, un vestido prestado y la promesa de que nada —ni nadie— podría desordenarle la vida otra vez. Hasta que chocó con él. Elías. Demasiado seguro. Demasiado intenso. Demasiado capaz de verla incluso cuando ella intenta esconderse. Desde ese primer encuentro, él se convierte en una presencia imposible de ignorar: una mirada que la desnuda, un silencio que la provoca, una distancia que arde más que cualquier roce. Pero Elías también arrastra sombras. Sombras que no comparte. Sombras que podrían romperlo… o arrastrarla con él. Entre entrenamientos que queman, noches que se descontrolan y una tensión que ninguno sabe manejar, Sofía tendrá que decidir si alejarse… o rendirse a ese hombre que parece invencible por fuera y peligrosamente vulnerable por dentro. Porque hay conexiones que no se eligen. Y hay miradas que lo cambian todo.

Genero:
Romance
Autor/a:
lauraSC
Estado:
En proceso
Capítulos:
10
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Esa noche

El sol bañaba las pestañas todavía entrecerradas de Sofía, se había propuesto madrugar para hacer cosas de casa y así aprovechar su día libre, pero le estaba costando. Llevaba una semana sin parar de trabajar. Aura, una de sus mejores amigas, se encontraba mal y Sofía voló en su lugar. Tenía las piernas molidas y aún sentía el zumbido del avión en la cabeza. Muchas horas de vuelo, y poco descanso. Sin hablar de que el sueldo no era para tirar cohetes, pero lo compensaba la cantidad de sitios a los que viajaba gratis.

Ya llevaba un año viviendo sola, después de su último fracaso amoroso con David, no quería saber nada de relaciones. Ahora disfrutaba de la vida y sobre todo de sus amigas.

Unos pasos acercándose la sacaron de su pensamiento

Llaves abriendo la puerta

­—¡Sofía!

Sofía abrió los ojos de par en par, su madre acababa de entrar por la puerta de su casa.

Otra vez,

—¡Mamá!, ¿qué te he dicho? — gritó Sofía mientras se incorporaba. — ¡que no entres sin llamar!

—Ay perdona cariño, es que te he llamado al móvil varias veces y no contestabas… estaba preocupada.

Carol abrió la puerta de la habitación de par en par

—Ya te dije que hoy quería descansar. ¿qué quieres? — escupió más brusca de lo que pretendía

Carol ignoró completamente a su hija y se dirigió al salón.

—Simón me ha dicho que hoy no trabaja, y le he dicho que tú tampoco. Así que ¡te llamará para ir a comer!

—¿Qué?

Sofía se levantó de golpe y caminó hasta donde se encontraba su madre.

—¡Mamá! Eres lo peor, que no quiero relaciones ahora deja de emparejarme con todo el mundo ¡por favor!

—Pero hija, Simón es un buen partido, creo que no deberías dejarlo escapar… y tu ya tiene una edad cariño, y yo quiero nietos.

—Y yo quiero que me dejes tranquila. Así que ya le puedes decir a Simón que lo siento pero que ya tengo planes para hoy.

—Sofía…

—Ni Sofía ni nada mamá, me voy a la ducha y espero que cuando salga ya no estés aquí.

Sofía se acercó a su madre y le dio un beso en la mejilla antes de meterse en la ducha. Por mucho que la sacara de quicio, seguía siendo su madre y la quería mucho.

Al salir de la ducha, Sofía apoyó su cabeza contra la puerta del baño, por fin, su madre se había marchado. Dejó salir un suspiro y con el antebrazo limpió el espejo empañado por el vapor de la ducha. Se apartó el pelo mojado de la cara. El rojo intenso de su melena contrastaba con su piel clara, cubierta ya de pequeñas pecas de verano.

En la habitación escucho su móvil sonando.

—¡Ya voy Julia! — contestó mientras se embutía en unos vaqueros un tanto desgastados y una camiseta de manga corta de color gris.

Siempre había sido muy práctica a la hora de vestir, no cómo sus amigas, que siempre estaban que si complementos para arriba, vestidos imposibles…

Sofía bajó corriendo las escaleras de su bloque de pisos, pasando toda prisa, saludó con un leve movimiento de cabeza al portero que le devolvió el saludo de igual manera.

Julia la estaba esperando en el portal, con las manos cruzadas y repicando en el suelo con el pie.

Sofía la abrazó por el cuello para intentar que se le pasara el enfado, y casi funcionó. Julia frunció el ceño, fingiendo estar enfadada, pero al final sonrió y le devolvió el abrazo.

—El día que llegues antes que yo te voy a hacer una fiesta. — dijo intentando contener la sonrisa

Después de lo que a Sofía le parecieron horas de probadores infinitos y un cúmulo de bolsas, se sentaron a comer en un pequeño restaurante que había cerca.

—¡Por fin! —dijo Julia al ver abrirse la puerta del restaurante—. Me muero de hambre.

Aura apareció quitándose las gafas de sol con una sonrisa impecable. Llevaba el pelo oscuro recogido en una coleta alta y un vestido ajustado que hizo que dos chicos de una mesa cercana giraran la cabeza al mismo tiempo.

—Lo sé, lo sé, podéis admirarme luego —dijo dejando el bolso sobre la silla—. El dependiente de la tienda estaba enamorado de mí y no podía irme así como así.

Julia puso los ojos en blanco. —O quizá solo quería cobrarte.

—Qué poco sentido del romance tienes.

De las tres, Aura era la que más ligaba, pero casi nunca le duraban más de un mes.Julia siempre se burlaba de ella y Aura se metía con que Julia era una aburrida con el mismo novio de toda la vida. A veces también se metían un poco con Sofía, que ya llevaba un año soltera y sin amigos con derecho a roce.

—¿De verdad que no has estado con nadie desde que lo dejaste con David? — espetó aura en un tono de incredulidad. — No se como puedes estar un año sin sexo.

Julia le dio una patada por debajo de la mesa.

—¡Au! — exclamó Aura, — Me has hecho daño.

—No le hagas ni caso— continuó Julia. —No todas pasamos página tan deprisa como ella. — le picó el ojo a Aura.

—Tú lo que tienes que hacer es acostarte con el primero que te llame la atención y así te lo quitas de encima.

—La verdad es que hace un tiempo que le doy vueltas. —contestó Sofía dejando a Julia con la boca abierta.

Lo dijo intentando sonar convencida aunque ni ella misma sabía si era verdad.

—No irás a hacerle caso verdad? — preguntó— Tú no eres así.

Sofía se removió en la silla, pera verdad, ella no era tan atrevida como Aura. Pero sentía que debía ser un poco más valiente, solo tenía una vida y no quería arrepentirse de no haber sido valiente y aprovechar al máximo su juventud.

—Creo que Aura tiene razón, ya va siendo hora de darse un buen meneo, —dijo mientras hacía un bailecito sexy

Aura se echó a reír y abrazó a su amiga de pura felicidad.

—¡Así me gusta Sofi! Esta noche nos vamos de caza.

Las tres se echaron a reír. Sofía miraba a sus dos amigas como discutían amistosamente sobre lo que debería llevar si un minivestido ceñido que no dejaba nada a la imaginación o unos shorts cortos y una blusita mona. Júlia era la opción más recatada claramente, pero Sofía ya no estaba escuchando. Sólo las observaba con ternura. Las dos se preocupaban mucho por ella, cada una a su manera, y se sintió muy afortunada de poder contar con ellas para todo.

—¡Te has pasado tres pueblos con el pintalabios! —se quejaba Sofía mientras intentaba arreglarse el ‘’desastre’’ que le había hecho Aura en la cara.

—¡No te toques! —exclamó, —estás guapísima.

Sofía resopló, apenas se reconocía en el espejo. Y quizá eso era precisamente lo que necesitaba. Llevaba más maquillaje del que ella se había puesto en toda su vida, pero pensó que ya era hora de salir de su zona de confort, así que dejó que Aura obrara su magia y se dejó llevar.

Las dos posaron en el espejo de pie que había junto a la portería del edificio. Aura llevaba un top y una minifalda que parecía más un cinturón ancho y Sofía llevaba un vestido prestado negro y tan ceñido que casi no la dejaba respirar con normalidad. Era imposible pasar desapercibidas.

—Otra, otra— dijo Aura cambiando de pose para hacerse otra foto

—¡Pero si ya hemos acabado el repertorio! — dijo Sofía mientras le tiraba del brazo para arrastrarla a la calle.

Sofía se percató de que los hombres se giraban para poder observarlas mientras pasaban a su lado.

Seguramente la están mirando a ella, pensó, pero no era verdad, esa noche las dos llamaban la atención. Sofía sacudió la cabeza intentando así sacar ese pensamiento de su cabeza.

Sofía respiró hondo,

Esta noche iba a ser diferente.

—¿Estas bien?

—¡Si, perfectamente! — dijo mientras se llenaba de coraje.

La cola para entrar a la discoteca casi daba la vuelta a la manzana. Sofía suspiró y se giró en dirección al final pero Aura la agarró del brazo.

—Ven, —Le dijo llevándola a la entrada pasando por delante de toda la multitud. Se oían algunas quejas, murmullos de la gente protestando. Sofía dudó un segundo, antes de seguirla. Instintivamente bajó un poco la cabeza a modo de disculpa silenciosa.

En la puerta, Aura saludó al portero como si se conocieran de toda la vida.

—¡Luis! ¿Qué tal? —dijo Aura con una sonrisa radiante.

El portero abrió la cortina negra al instante, como si ya la estuviera esperando.

—Aura… hacía tiempo que no te veía por aquí —respondió con media sonrisa.

—He estado portándome bien —bromeó ella.

Luis soltó una pequeña risa y entonces su mirada se desplazó hacia Sofía. No fue descarado, pero sí un segundo más largo de lo normal.

—A ti no te había visto antes —comentó, como si fuera una simple observación.

Sofía notó ese instante de atención y, sin saber muy bien por qué, se tensó ligeramente.

—Es nueva —intervino Aura con naturalidad—. Estoy educándola.

—Ya veo… —dijo él, sin apartar del todo la mirada de Sofía—. Bienvenida entonces.

Abrió la entrada de nuevo con un gesto fluido.

—Pasad.

Sofía avanzó detrás de Aura, sintiendo todavía esa breve atención en la espalda, como si no fuera completamente invisible por primera vez esa noche.

—Se nota que vienes mucho por aquí— dijo Sofía aliviada por no tener que esperar durante horas para entrar.

El ambiente dentro de la discoteca era abrumador. La música vibraba en el pecho de Sofía, como si el bajo le recorriera el cuerpo entero. La oscuridad se rompía con destellos de neón que barrían la sala sin descanso, y las luces giraban sobre la multitud como si todo estuviera en constante movimiento.

El aire era denso, cargado de calor, perfume y alcohol, mezclado con el olor de los cuerpos bailando muy cerca unos de otros.

Sofía avanzaba detrás de Aura, dejándose llevar entre la gente, cuando algo la hizo detener la mirada.

No muy lejos de la entrada, una pareja bailaba sin preocuparse por nada más. Estaban tan cerca que apenas quedaba espacio entre sus cuerpos. Ella tenía los brazos alrededor del cuello de él, y él la sujetaba por la cintura como si no quisiera soltarla nunca.

Se movían al ritmo de la música sin prisa, como si el resto de la discoteca no existiera.

Sofía los observó un segundo más de lo que debía. Sintió un pequeño calor subirle por el cuello y apartó la mirada demasiado rápido, como si la hubieran pillado haciendo algo indebido.

Se acercaron a la barra y Aura pidió dos chupitos de tequila.

—¡Empezamos fuerte!, —gritó Sofía. La música estaba tan alta que era imposible que la hubiese oído sin gritar.

Aura le sonrió y le paso el vasito de cristal. Las dos se miraron y se bebieron el líquido que nada más entrar empezó a quemarle la garganta. Continuaron con el ritual de la sal y el limón. Sofía sentía el calor del alcohol bajando por el cuello. Estaba malísimo, pensó.

—¡Vamos a bailar! — dijo finalmente, tenía ganas de menear el cuerpo al ritmo de la música.

Se abrieron paso a través de los cuerpos sudorosos que había en la pista y se colocaron justo en el centro. La música invadió el cuerpo de Aura que enseguida arrancó con sus pasos de baile prohibidos. Sofía la miraba exhibiéndose y pensó que ella no estaba a la altura de su amiga. El hecho de que ya tuviera público lo confirmaba. Sofía notó cómo se le tensaban los hombros sin darse cuenta. Ella nunca podría llamar la atención de manera tan natural como hacía su amiga.

—¿Sofi? — preguntó Aura al ver a su amiga tan pensativa.

Sofía asintió con la cabeza intentando disimular con una pequeña sonrisa.

—Voy a pedir algo más.

—Espera, ¡voy contigo!

Sin pensarlo demasiado, se abrió paso entre la gente hacia la barra. ¿Por qué estaba celosa de la popularidad de su amiga? Nunca le había afectado. Se sentó en la barra y pidió algo más fuerte, tenía que cambiar de actitud.

—¿Qué más da que Aura sea popular?, no es la única chica guapa de la disco. Se dijo para ella misma.

Mientras esperaba que le sirvieran, Sofía miró a su alrededor. La pista era un torbellino de cuerpos moviéndose sin pensar demasiado, sin espacio, sin vergüenza. Todo era demasiado cerca, demasiado intenso. Entre ellos, una mujer se reía mientras hablaba al oído de un hombre que la miraba fijo, completamente atrapado en ella. No hacía falta escuchar la música para entender lo que estaba pasando.

—Aquí tienes —dijo el camarero.

Sofía apartó la vista de golpe, sintiendo un calor incómodo en la cara. Cogió los dos vasos.

—Tú puedes —se susurró a sí misma, casi sin creerlo del todo.

Respiró hondo y se giró hacia la pista.

El impacto fue seco.

El vaso se inclinó demasiado rápido y el líquido cayó entero sobre el vestido.

Sofía se quedó quieta un segundo, procesando lo ocurrido.

—No me jodas…

—Vaya forma de empezar la noche.

La voz llegó antes que la reacción del resto del mundo.

Sofía levantó la mirada.

Él estaba delante de ella.

Alto. Seguro. Demasiado tranquilo para el caos de la discoteca. No se había apartado mucho tras el choque, como si el espacio alrededor le perteneciera por defecto. Llevaba una camisa oscura que se amoldaba a sus músculos perfectamente marcados y el pelo ligeramente desordenado, como alguien que no necesita molestarse en encajar del todo.

Su mirada bajó primero al vestido empapado.

Luego volvió a ella.

Lenta.

Evaluándola sin prisa.

—No es la estrategia más elegante para llamar la atención —dijo al fin, con una media sonrisa perezosa—, pero te la concedo… es efectiva.

Sofía frunció el ceño.

—Ha sido un accidente.

—¿Seguro? —contestó él, ladeando apenas la cabeza—. Qué decepción. Yo ya estaba empezando a imaginar que eras más interesante.

Sonaba entretenido.

Como si todo aquello fuera un juego leve en el que él siempre estaba cómodo.

Sofía notó el calor subirle al cuello. Qué se había creído ese tipo.

—Pues te vas a quedar con las ganas. —espetó. Qué se había creído ese tipo.

La sonrisa de él se ensanchó apenas un milímetro. No era una sonrisa abierta. Era más bien una insinuación.

De esas que no buscan agradar… sino medir.

Se inclinó un poco hacia la barra, pidió una servilleta sin mirar al camarero y la dejó sobre la superficie entre ambos, sin invadir su espacio del todo.

—Tranquila —dijo con calma—. No estoy ofendido.

Pausa.

La miró otra vez, ahora más directamente.

—Solo estoy decidiendo si ha merecido la pena.

Sofía soltó una risa corta, incrédula.

—¿Perdona?

Él la observó como si la pregunta le divirtiera de verdad.

—El nivel de caos que ha traído este choque —explicó, con tono ligero—. A veces compensa. A veces no.

Como si ella fuera una variable más.

Y, aun así, no sonaba desagradable.

Sonaba seguro.

Demasiado seguro.

—Sofi, ¿estás bien? —La voz de Aura rompió la tensión.

Sofía ni siquiera había notado que se acercaba. Venía con pasos rápidos, mirando la escena con una mezcla de preocupación y algo más difícil de definir.

Y entonces lo vio a él.

—Elías… —dijo Aura, y su tono cambió.

No era sorpresa.

Era reconocimiento.

Elías no se giró de inmediato hacia ella. Solo ladeó un poco la cabeza, como si ya supiera quién era antes de escuchar su nombre.

—Aura —saludó él, tranquilo.

Sin entusiasmo.

Sin sorpresa.

Como si fuera alguien con quien se cruza a menudo, pero no necesariamente alguien importante.

Eso descolocó a Sofía más de lo que quería admitir.

Aura miró el vestido de Sofía, luego a él, luego otra vez a ella.

—Ha sido un accidente —aclaró Sofía, más por cerrar el momento que por otra cosa.

Elías alzó ligeramente la servilleta con dos dedos, sin apartar del todo la mirada de Sofía.

—Técnicamente —dijo—, sigo investigando si fue mala suerte… o mal timing.

Aura soltó una risa nerviosa, pero Sofía no.

Porque ahora lo veía mejor, Elías no estaba incómodo. No estaba intentando caer bien. No estaba intentando nada.

Solo estaba… jugando.

Con todo.

Incluso con ella.

Y, aun así, lo peor era que no parecía forzado.

Le salía natural.

Como si la vida, para él, siempre hubiera sido eso: leer, provocar, medir… sin necesidad de implicarse demasiado.

Elías finalmente se inclinó un poco hacia atrás, apoyándose en la barra con una calma absoluta.

Y entonces la miró otra vez.

Esta vez no como si evaluara el accidente.

Sino como si evaluara a ella.

—Dime algo —murmuró—. ¿Siempre reaccionas así cuando alguien te estropea la noche… o solo cuando te haces la interesante?

Sofía no respondió, estaba demasiado enfadada para seguirle el rollo.

—Creo que debería ir a limpiarme, — dijo, implicando a Aura con la mirada para que la acompañara al baño.

Elías se dio por aludido.

Se inclinó hacia el camarero, dijo algo que Sofía no alcanzó a oír entre la música, y luego se incorporó con la misma calma con la que había estado toda la noche.

Antes de irse, pasó la mirada por Sofía una última vez.

No fue una despedida.

Fue más bien… una evaluación final. Una media sonrisa breve apareció en su boca.

—Nos vemos por ahí —murmuró, sin dirigirse realmente a nadie en concreto.

Y se marchó.

Sin prisa.

Sin mirar atrás.

Aura lo siguió con la mirada un segundo más de lo necesario, pero Sofía ya no le prestaba atención a eso.

Solo lo veía a él.

Caminando hacia una zona elevada del club, donde las luces eran más suaves y la música parecía más lejana. Allí, una mujer rubia, impecable, le sonrió cuando lo vio llegar. Él respondió con la misma facilidad con la que lo hacía todo: sin esfuerzo, sin urgencia, sin implicación real.

Como si el mundo girara alrededor suyo… pero nada lo tocara del todo.

Sofía apartó la vista.

El baño estaba más tranquilo. El ruido de la discoteca quedaba amortiguado, como si el mundo se hubiera alejado un poco. Sofía se miró en el espejo.

El vestido tenía manchas oscuras, la piel aún caliente, la sensación de haber sido observada sin descanso seguía ahí, pegada a ella.

—Ese tipo… Elías —dijo Aura mientras se arreglaba el pelo—. No es de fiar

Sofía no respondió al principio.

—Eso ya lo he notado.

—Enserio Sofi… he visto como te miraba. — insistió

Sofía ladeó la cabeza restando importancia a lo sucedido. Pero algo en las palabras de Aura la dejaron pensativa

Cuando volvieron a la pista, la música había cambiado.

Más densa.

Más cuerpo.

Aura tiró de ella hacia el centro sin darle mucho tiempo a pensar. Y Sofía, por primera vez en la noche, dejó de intentar entender lo que pasaba. Simplemente se dejó llevar.

Y entonces lo vio.

Otra vez.

Elías.

Estaba en la zona VIP, sentado con la rubia espectacular. Pero no le estaba prestando atención.

La miraba a ella.

Sin disimulo. Sin interrupción. Solo observando.

Sofía sintió ese golpe silencioso otra vez en el pecho.

Esta vez no apartó la mirada. Le sostuvo los ojos. Y, sin saber muy bien por qué, sonrió.

Desafiante.

Como si acabara de aceptar un juego que no había entendido del todo. Empezó a moverse con la música, despacio, luego con más intención. No era exagerado ni para llamar la atención de nadie.

Excepto de él.

Y él no apartó la mirada ni un segundo.

No sabía en qué momento ocurrió, solo sintió unas manos en su cintura.

Firmes.

Un cuerpo detrás del suyo, acompañando el ritmo.

—No te pares —le susurró una voz masculina cerca del oído.

Sofía se tensó un segundo, pero no se apartó. Porque sus ojos seguían allí.

En Elías.

Y algo dentro de ella, impulsivo, casi inconsciente, la empujó a quedarse.

El desconocido la giró ligeramente. Ahora bailaban frente a frente.

Demasiado cerca.

Sofía sonrió por inercia, pero sus ojos seguían desviándose hacia él.

Elías seguía ahí.

Mirando.

Sin cambiar la expresión. Pero algo en su mirada había cambiado. No era enfado ni indiferencia

Era interés.

Más intenso.

Más concentrado. Como si acabara de decidir no apartarse.

El desconocido se inclinó hacia ella y eso la hizo reaccionar. Se apartó de golpe.

—No —dijo, sin agresividad, pero firme.

El chico parpadeó, confundido. Sofía ya no lo miraba.

Buscó a Elías. Pero él ya no estaba allí.

La noche siguió sin que pasara nada más reseñable.

—¿Nos vamos? —la voz de Aura apareció a su lado, algo acelerada.

Sofía asintió sin pensarlo demasiado.

Ya no tenía sentido quedarse.

El aire del pasillo exterior era más frío.

Más silencioso.

Sofía guiaba a su amiga y al afortunado hasta la salida cuando lo vio.

Elías estaba allí.

Apoyado cerca de la salida.

Cuando la vio acercarse, no se movió de inmediato, dejó que ella diera los últimos pasos.

Aura se detuvo un poco más atrás, distraída con su pretendiente.

Sofía se quedó frente a él.

Silencio.

Él la miró de arriba abajo un segundo.

Luego volvió a sus ojos.

—Qué noche tan interesante—dijo al fin.

Sofía no respondió.

Elías ladeó apenas la cabeza.

—Te he visto jugar bastante… pero no esperaba que llegaras tan lejos.

Sofía frunció el ceño.

—¿Perdona?

Una sonrisa apareció en su boca.

—No te hagas la ingenua —murmuró—. Has estado provocando desde el primer choque.

Dio un paso hacia ella.

No la tocó.

Pero redujo la distancia lo suficiente como para que el aire cambiara.

Sofía no retrocedió… pero su respiración sí.

—Ah, pero ¿estabas mirando? —dijo ella, fingiendo sorpresa. — ¿No serás un acosador?

Le estaba retando, pero todavía no sabía a qué exactamente.

Elías se rio por debajo de la nariz

—Si —respondió él, suave— Me has calado.

Sus ojos bajaron un segundo a sus labios.

Volvieron a subir.

Sofía sintió el impulso de decir algo más.

Pero no lo hizo.

Porque por primera vez en la noche, no estaba segura de quién estaba llevando realmente el juego.

—Vete antes de que esto se te vaya de las manos —dijo, tranquilo.

Sofía lo miró un segundo más.

Y luego, sin apartar del todo la mirada:

—Quizá ya se ha ido.

Elías no respondió.

Pero la siguió con los ojos mientras ella se giraba.

Y por primera vez en toda la noche, no parecía estar jugando.

Parecía estar decidiendo algo.

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