En tiempos distintos.
Entonces… ¿es bueno verte, no?
Antonio desvió la mirada hacia los árboles del parque antes de responder.
— Sí… es bueno ver caras conocidas de vez en cuando. —
Sigues siendo así de frío como siempre.
— No todo se puede cambiar de un día para otro. —
Vamos, eso fue hace meses, ¿puedes olvidarlo ya?
Antonio soltó una pequeña risa amarga.
— Fácil decirlo cuando no eres el reemplazado, ¿verdad, Sara? —
Ok… perdón, me equivoqué, lo admito. Pero tú también lo hiciste, no todo es culpa mía.
— ¿Sí? ¿Exactamente qué es culpa mía? —
Yo te lo dije desde el principio, no quería nada con nadie.
— Y aun así me enamoraste, ¿no? ¿Cómo aplica eso en tu lógica? —
No. Tú te enamoraste solo, yo no hice nada para provocarlo.
Antonio la miró directamente a los ojos por primera vez.
— Claro. Porque decir que quieres a alguien con toda tu alma, abrazarlo en sus momentos difíciles, besarlo con cariño, dormir a su lado, decirle que harías todo por él, tomar su mano mientras caminan y terminar una noche romántica en su cama claramente no son motivos para enamorarse… me encanta esa lógica retorcida que tienes. —
Sara guardó silencio.
El viento frío movía lentamente las hojas del parque.
— ¿Qué viniste a hacer aquí? — preguntó él finalmente.
Vine a verte… sabía que estarías aquí. Últimamente vengo cada fin de semana para ver si apareces.
— ¿Por qué? —
Porque quiero volver a estar como antes. Aún sigues siendo mi mejor amigo… hacíamos tantas cosas juntos. Fueron momentos lindos y quiero recuperarlos.
Antonio negó lentamente con la cabeza.
— Estás loca… después de todo lo que pasó, ¿de verdad dices que sigo siendo tu mejor amigo? Después de todo… ¿signifiqué algo más que un amigo para ti? —
Sara tragó saliva antes de responder.
— Sí… sí lo hiciste. —
— No mientas. Si hubiera sido así, no te habrías alejado de esa forma solo porque no sabías qué hacer con las consecuencias de tus propias acciones… ni habrías corrido hacia el primer hombre que te dijo que te amaba. ¿Qué diferencia había? Ah, ya sé… simplemente te lo dijo alguien que no era yo. —
— Tampoco fue así… estás viendo solo un lado de la historia. —
Antonio suspiró.
— ¿Tú crees? Entonces cuéntame tu parte. —
Sara bajó la mirada hacia sus manos.
— P… pues no fue fácil alejarme de ti. Saber que te estabas enamorando de mí me hizo sentir culpable… no sabía cómo evitar seguir haciéndote daño. Yo te dije desde el principio que no quería enamorarme de nadie y aun así tú… terminaste sintiendo todo eso por mí y yo… —
— Sí. Encontraste la brillante solución de restregarme en la cara que otros podían conseguir en días lo que yo intenté construir durante meses. —
— ¿Me estás diciendo fácil? —
Antonio soltó una risa seca.
— No. Te estoy diciendo que había mejores formas dramáticas de hacerlo. —
— D-déjame terminar… —
— ¿Para qué? No vas a cambiar el pasado. —
Sara respiró profundo.
— Yo… también me enamoré. —
Antonio frunció el ceño.
— ¿Qué? —
— Sí… también me enamoré de ti. De la forma en que me tratabas, de cómo hacías lo imposible por verme feliz, de cómo sacabas energía de donde no había para alegrarme los días… tú arriesgabas tu felicidad por la mía y eso… eso terminó enamorándome. —
Antonio desvió la mirada hacia el suelo.
— ¿Y por qué me dices eso ahora? ¿Qué intentas lograr? —
— Quiero volver a ser feliz contigo. —
— No me vengas con eso. Si eras feliz conmigo, ¿por qué te fuiste con otro? —
Sara apretó las mangas de su chaqueta.
— No sabía cómo reaccionar a lo que sentía. Después de haber dicho tantas veces que no podíamos enamorarnos… intenté matar esos sentimientos alejándome y conociendo a otras personas, pero no pude. Cada cosa que él hacía me recordaba a ti… su forma de hablar, de tocarme, incluso su piel me recordaba a ti. Nunca me sentí segura con él como me sentía contigo. —
Antonio soltó una sonrisa sin humor.
— Qué bonito giro para la historia… la chica descubre demasiado tarde que estaba enamorada del protagonista. —
— Siempre me molestó que fueras tan dramático. Te estoy confesando mi amor y tú sigues respondiendo así. —
— ¿Ese mismo sentimiento que tú no tuviste cuando hice lo mismo? ¿Recuerdas qué dijiste aquella vez? “No puedo enamorarme de ti aunque quiera… solo te veo como un amigo”. —
Sara cerró los ojos un momento.
— ¿Me estás devolviendo mis palabras? —
— No… solo te las estoy recordando. —
El silencio volvió a caer entre ambos.
Sara jugueteó nerviosamente con sus dedos.
— Te… te escribí muchas veces y nunca respondiste. —
Antonio soltó una pequeña risa amarga.
— Bienvenida. Ya sabes cómo se siente que te ignoren por días mientras suben historias fingiendo que no existes. —
— P… pero quería hablar contigo. —
— Y yo contigo no. Así de simple. —
Sara levantó la mirada lentamente.
— ¿Ya no sientes nada por mí? —
Antonio tardó unos segundos en responder.
— Al contrario… sigo sintiendo exactamente lo mismo por ti desde el primer día. Pero eso mismo me destruye. No puedo hablar contigo sabiendo que todavía siento todo esto. —
— Entonces, si sigues sintiendo lo mismo… ¿por qué no volvemos? —
Antonio cerró los ojos un momento antes de responder.
— Porque simplemente no quiero. Te amo… pero eso no significa que quiera volver a estar contigo. Puedo seguir amándote durante años y aun así no regresar. Incluso podría acompañarte en tus peores momentos… pero no a tu lado como antes. —
— No te entiendo… me amas, pero no quieres estar conmigo. Entonces ¿qué quieres? —
Antonio sonrió con tristeza.
— Amar no siempre significa ser feliz. A veces simplemente… no somos compatibles. —
— Sé que te hice daño, pero no entiendo por qué dices que no serías feliz conmigo si todavía me amas. —
Antonio respiró hondo.
— Porque el amor es ciego. Me hace ignorar tus malas actitudes, olvidar tus palabras hirientes solo por unos cuantos momentos felices. Me llena la cabeza de escenarios que nunca pasan… escenarios que tú nunca pudiste darme. ¿Sabes lo agotador que era sentir que un día me querías y al siguiente desaparecías como si mis sentimientos no importaran? —
Sara bajó la cabeza.
— Sabes que yo nunca he sido alguien intensa para amar… soy más solitaria y distante. —
— Y eso está bien. No quiero cambiarte. El problema es que yo no quiero una relación así. Buscamos cosas completamente distintas. —
— Pero los dos queremos estar juntos… —
Antonio guardó silencio.
— Volvamos… prometo arreglarlo y ser mejor. —
— No pienso arriesgarme a eso una vez más. —
Sara sintió cómo la voz se le quebraba.
— Entonces… ¿me vas a dejar con el amor en las manos? —
Antonio la miró fijamente.
— Pues eso era lo que querías al principio, ¿no? Que no me enamorara de ti. Ahora lo tienes enfrente… y resulta que ya no te gusta. —
Sara soltó una risa triste entre lágrimas.
— Porque ahora me enamoré yo de ti. —
Antonio bajó la mirada.
— Ojalá haber escuchado eso antes. —
— Me di cuenta demasiado tarde… y lo arruiné de la peor forma posible. —
— Sí… lo hiciste. —
Sara miró alrededor del parque.
— Este era tu parque favorito… también terminó volviéndose el mío cuando me lo mostraste. —
Antonio sonrió apenas.
— Normal. Antes conocías más discotecas que parques en toda la ciudad. —
Sara soltó una pequeña risa.
— Eso es cierto. —
El silencio entre ambos ya no era tan agresivo como antes.
— ¿Y cómo has estado últimamente? —
Antonio soltó aire lentamente.
— ¿Cómo crees? Ver a la persona que amas besar a alguien más y decirle “te amo” no es precisamente divertido. —
Sara sintió un nudo en la garganta.
— Perdón… ¿puedo ayudarte en algo? —
Antonio negó suavemente.
— La causa nunca arregla las consecuencias. —
Sara lo observó unos segundos.
— Has estado leyendo más últimamente. —
— En algo tengo que distraer mi mente. —
— ¿Y el trabajo? —
— Lo dejé. —
Sara abrió un poco los ojos.
— ¿Por qué? —
— Me cansó. —
Ella lo miró fijamente.
— Mírame a los ojos. —
Antonio frunció el ceño.
— ¿Para qué? —
— Solo… mírame. —
Antonio finalmente levantó la mirada.
Sara se acercó lentamente y besó sus labios.
El silencio del parque pareció detenerse por un instante.
Cuando se separaron, Antonio seguía inmóvil.
— Extrañaba ese sabor dulce de tus labios… sigues siendo el mismo adicto al dulce. —
Antonio todavía parecía confundido.
— ¿Por qué hiciste eso? —
Sara sonrió apenas.
— Porque quería hacerlo. —
— Siempre haces lo que te da la gana. —
— Sí… creo que eso me define bastante bien. —
Antonio dio un paso hacia atrás.
— Tengo que irme. —
— ¿Qué? Aún no terminamos de hablar. —
— Yo sí. —
— Entonces… ¿de verdad me dejarás así? —
Antonio suspiró.
— Al parecer sí. Igual… todavía tienes un amigo. Cuenta conmigo si necesitas algo. —
Sara negó lentamente con la cabeza.
— No quiero que seas mi amigo. —
— Ya es tarde para eso… al menos por ahora. —
Sara levantó la mirada de inmediato.
— ¿Por ahora? Entonces sí hay una oportunidad. —
Antonio soltó una pequeña risa.
— Primero tendrías que cambiar muchas cosas… y sinceramente dudo que quieras hacerlo. —
— ¿Eso es un reto? —
— Interprétalo como quieras. Ya deberías irte, hace frío. —
Sara sonrió levemente.
— Dame un abrazo para quitarme el frío. —
— Ni lo intentes. —
— Sabes que voy a seguir detrás de ti hasta que quieras volver conmigo, ¿verdad? —
Antonio sonrió de lado.
— En el mejor de los casos… terminaremos siendo buenos amigos. —
Sara lo observó en silencio unos segundos.
— ¿Cómo puedes decir eso mientras estás llorando? —
Antonio soltó una pequeña risa nasal.
— ¿Y cómo me preguntas eso mientras tú también lloras? —
Sara tocó sus mejillas húmedas.
— ¿Estoy llorando…? Perdón, no me había dado cuenta. —
Antonio dio media vuelta lentamente.
— En fin… adiós, Sara. Quizá volvamos a vernos algún día. —
— ¿Qué quieres decir con “algún día”? —
Antonio metió las manos en los bolsillos.
— Me mudaré de ciudad la próxima semana. Si hubieras prestado atención cuando te lo conté hace meses, lo sabrías. —
Sara sintió un vacío en el pecho.
— Oh… —
— Adiós, Sara. —
Ella apretó los puños.
— Voy a recuperarte, Antonio. Pase lo que pase. —
Antonio soltó una pequeña sonrisa cansada.
— Bueno… ya sabes lo que tienes que hacer entonces. —
Sara caminó hacia él una vez más.
— ¿Un abrazo de despedida? —
Antonio rodó los ojos.
— Qué insistente eres… ven aquí. —
Sara sonrió mientras lo abrazaba con fuerza.
— Por eso me enamoré de ti. —
Pasaron unos segundos en silencio.
Antonio terminó separándose lentamente.
— Bueno… ya basta. Nos vemos. —
— Respóndeme los malditos mensajes esta vez. —
— No prometo nada. —
Sara sonrió entre lágrimas.
— Prepárate para recibir cartas por paloma entonces. —
Antonio soltó una risa genuina por primera vez en toda la noche.
— Sería bastante gracioso, la verdad. Suerte entrenando palomas. —
Sara lo observó alejarse lentamente bajo las luces del parque.
— Idiota… hasta tu sarcasmo me sigue enamorando. —
Antonio caminó entre las sombras de los árboles con una pequeña sonrisa apenas visible.
— Qué mierda es el amor… —
Y así fue como dos personas se amaron en tiempos distintos. Sintieron en tonalidades distintas, respiraron aires distintos y tomaron caminos distintos… solo para terminar compartiendo el mismo sentimiento con decisiones diferentes.