Prólogo
Valtheria
no era un reino construido sobre piedra.
Era un reino construido sobre mentiras.
Desde las torres más altas del Palacio de Auremont hasta los callejones húmedos donde la pobreza se ocultaba bajo capas de barro y silencio, todos conocían una sola verdad: la corona lo era todo.
Poder.
Honor.
Sangre.
O al menos eso era lo que les habían enseñado.
El pueblo admiraba al rey Lucien D’Aurevielle como si fuera una figura intocable, un hombre nacido para proteger a su reino y sostener el equilibrio entre la nobleza y quienes apenas podían permitirse una comida caliente al final del día.
Pero las apariencias eran un lujo que Valtheria sabía vender muy bien.
Tras los enormes vitrales, los banquetes dorados y los discursos perfectamente ensayados, la familia real escondía secretos lo suficientemente peligrosos como para destruir el reino desde adentro.
Ambición disfrazada de lealtad.
Amores prohibidos.
Traiciones familiares.
Y una guerra acercándose lentamente desde las fronteras de Drakemore.
Nadie imaginaba que el destino de Valtheria no recaería en manos del heredero.
Ni del rey.
Ni de sus generales.
Sino en una princesa cansada de su propia jaula...
y en un ladrón que jamás debió cruzarse en su camino.
Porque algunas historias no comienzan con coronas.
Comienzan con una mentira.