Capitulo 1 - 2
Capítulo 1 — El Refugio
En el Instituto Horizonte, los maestros y directivos comenzaron un proyecto de construcción de muros alrededor de las zonas del bosque y los cultivos, con el objetivo de ampliar y distribuir mejor el instituto.
Las clases continuaban normalmente. Los días pasaban y los estudiantes seguían con sus actividades sin imaginar lo que estaba por suceder.
Un día, el Congreso y el Ministerio de Salud informaron por las noticias que se había desatado una extraña enfermedad. No tenían demasiada información, pero recomendaron evitar cualquier contacto con saliva o sangre.
—¿Creen que sea grave? —preguntó Emma mientras veía las noticias desde su celular.
—Seguro es algo que solo pasa en otro país —respondió Max sin darle importancia.
Noah, en cambio, se quedó observando la pantalla con preocupación.
Días después, se informó que un estudiante que había asistido al instituto había contagiado a otros dos alumnos. Los infectados presentaban síntomas alarmantes: escupían sangre, tenían los ojos irritados, venas marcadas y un comportamiento agresivo.
Uno de ellos fue internado en un hospital, pero del otro no se sabía nada.
Al día siguiente, el estudiante desaparecido fue encontrado mordiendo a otros alumnos dentro del instituto.
Los maestros comenzaron a hablar desesperadamente por los altavoces:
—¡Todos busquen un lugar seguro! ¡Hay estudiantes infectados!
El caos se apoderó del Instituto Horizonte.
Algunos estudiantes corrían por los pasillos mientras otros eran perseguidos por los infectados.
—¡Corran! ¡Vienen por aquí! —gritó Ian.
Un grupo de sobrevivientes logró escapar hacia la zona del bosque y los cultivos, el lugar protegido por los nuevos muros.
Con el paso de las horas, más estudiantes comenzaron a llegar al refugio improvisado.
El miedo y el hambre empezaron a consumirlos.
Solo tenían dos opciones: comenzar a cosechar o arriesgar sus vidas buscando comida y agua en los comedores del instituto.
—Si no conseguimos comida ahora, mañana todos estarán desesperados —dijo Axel.
—Entonces iremos nosotros —respondió Noah.
Ian asintió.
—Yo también voy.
Los tres salieron en busca de víveres y lograron regresar ilesos.
Con el paso de los días comenzaron a organizarse. Algunos cultivaban, otros vigilaban y otros salían en expediciones peligrosas.
En una de las salidas, un estudiante fue mordido y otro murió devorado por los infectados.
Solo Axel regresó aparentemente ileso.
Sin embargo, nadie notó que Cristian, uno de los estudiantes que había vuelto con ellos, estaba mordido.
A la mañana siguiente, Axel descubrió un rastro de sangre que conducía directamente al refugio.
—Noah... mira esto.
Noah observó el suelo y rápidamente entendió.
—Cristian...
Axel corrió de regreso para advertirles, pero ya era demasiado tarde.
Cristian había perdido el control y provocado el caos dentro del refugio.
Los gritos comenzaron a escucharse por todo el lugar.
—¡Está infectado!
—¡Aléjense de él!
Cuando finalmente lograron detenerlo, descubrieron que Alexis había sido mordido.
El silencio invadió el refugio.
Alexis comenzó a retroceder lentamente.
—No... por favor... yo todavía estoy bien...
Varios bajaron la mirada.
Tomaron una decisión dolorosa.
Ataron las manos de Alexis y lo llevaron hasta la salida del refugio.
—Perdónanos... —dijo Emma llorando.
Con palos largos comenzaron a empujarlo lentamente hacia el exterior mientras él suplicaba aterrorizado.
Finalmente lo abandonaron afuera junto a los infectados.
Horas después, muchos estudiantes comenzaron a perder la confianza en el refugio.
Algunos querían escapar y buscar una salida del instituto. Otros comenzaron a formar pequeños grupos rebeldes.
Tiempo después, Axel, Noah e Ian volvieron a salir en busca de comida.
Durante el camino, Axel habló con ellos:
—No podemos quedarnos aquí para siempre... tarde o temprano este lugar caerá.
—Estoy de acuerdo —respondió Noah—. Ya no es seguro.
Ian suspiró.
—Entonces tendremos que encontrar una salida.
Cuando regresaron al refugio, reunieron a todos los sobrevivientes y discutieron qué hacer.
Pero en medio de la discusión, un fuerte estruendo interrumpió todo.
Las puertas del refugio estaban cediendo.
Los infectados habían encontrado la entrada.
—¡Corran! ¡Busquen un lugar alto! —gritó Noah.
El caos comenzó.
Los infectados irrumpieron corriendo hacia los sobrevivientes.
En medio de la desesperación, Axel descubrió algo importante.
—¡No pueden ver bien en la oscuridad! ¡Pero reaccionan al ruido!
A la mañana siguiente, después de una noche sangrienta, Axel reunió a los sobrevivientes para despedirse de los caídos.
Ahora la mayoría estaba convencida: el refugio ya no era seguro.
Prepararon mochilas con comida, agua y ropa para abandonar el instituto al anochecer.
Cuando llegó la puesta de sol, el grupo comenzó a correr por el Instituto Horizonte en busca de una salida.
Los primeros infectados aparecieron rápidamente.
Lograron eliminarlos, pero sabían que no podían desperdiciar energía peleando contra todos.
Entonces una enorme horda los emboscó.
Todos corrieron hacia el patio deportivo.
Había cuatro portones y lograron cerrar tres, pero los infectados comenzaron a entrar por el cuarto acceso.
Uno de los estudiantes decidió sacrificarse.
—¡Saquen a todos! ¡Yo los detendré!
Los sobrevivientes quedaron devastados, pero no podían detenerse.
Finalmente encontraron otra salida, aunque estaba completamente rodeada por infectados.
No tenían alternativa.
Armándose de valor, comenzaron a correr directamente hacia ellos.
Uno de los estudiantes abandonó al grupo e intentó escapar solo, pero terminó siendo devorado.
Dos estudiantes decidieron sacrificarse para distraer a los infectados.
En medio del caos, un infectado cayó desde el segundo piso encima de Noah.
El zombie estuvo a punto de morderlo, pero Jesús apareció y atravesó al infectado con un palo afilado.
—¡Noah, corre!
Más infectados llegaron inmediatamente y terminaron atrapando a Jesús.
El grupo escapó mientras observaba horrorizado cómo era devorado.
Finalmente lograron salir del Instituto Horizonte y cerraron el enorme portón detrás de ellos.
Habían sobrevivido.
Pero el verdadero horror apenas comenzaba.
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Capítulo 2 — La Ciudad Muerta
Después de escapar del Instituto Horizonte, los sobrevivientes quedaron paralizados al ver las calles completamente vacías y destruidas.
Autos abandonados, humo elevándose entre los edificios y un silencio aterrador confirmaban algo peor de lo que imaginaban: el virus había llegado al exterior.
—Esto ya no es solo el instituto... —murmuró Kiara.
Mientras recorrían las calles, Axel encontró los cuerpos de varios policías.
—¡Vengan! —gritó.
El grupo descubrió que los oficiales todavía tenían armas.
Cuatro pistolas y dos subfusiles MP5.
—Ahora sí tenemos oportunidad de defendernos —dijo Samuel.
Finalmente entraron en una casa de dos pisos y bloquearon las puertas.
Pero había un problema evidente: nadie sabía usar armas.
Por eso Noah e Ian comenzaron a practicar disparando contra algunos infectados mientras buscaban comida.
Con el paso de los días empezaron a mejorar.
Entonces ocurrió algo más.
La electricidad desapareció.
Toda la ciudad quedó completamente oscura durante las noches.
Mientras exploraban la casa, Emma encontró un mensaje escrito en una pared:
“EL REFUGIO ESTÁ CERCA. 5 KM HACIA LAS MONTAÑAS.”
La noticia devolvió la esperanza al grupo.
Al día siguiente prepararon todo para partir.
Pero antes de salir escucharon fuertes golpes metálicos.
Los infectados habían encontrado la casa.
—¡No van a resistir mucho! —gritó Max.
Todos intentaron escapar.
Los infectados lograron derribar la entrada y comenzaron a invadir la casa.
El grupo retrocedió rápidamente hasta el segundo piso y decidió escapar saltando por una de las ventanas.
Uno por uno comenzaron a bajar.
Pero Daniel se quedó atrás.
—¡Vayan! ¡Yo bajaré al final!
Todos descendieron excepto él.
Cuando Axel levantó la mirada, Daniel sostenía una granada.
—Espero que encuentren el refugio...
Segundos después, la explosión destruyó gran parte de la casa junto con todos los infectados.
El grupo quedó paralizado.
Bruno se había sacrificado para salvarlos.
Aunque estaban devastados, no podían detenerse.
Continuaron caminando mientras helicópteros militares sobrevolaban la ciudad.
Todos comenzaron a hacer señales desesperadamente, pero ninguno se detuvo.
Cuando cayó la noche, vieron unas luces a la distancia.
Creyendo que era ayuda, corrieron hacia ellas.
Pero al llegar descubrieron que solo era fuego consumiendo varios vehículos.
Entonces escucharon el sonido de un helicóptero acercándose.
Todos comenzaron a gritar y mover los brazos.
El helicóptero descendió lentamente.
Pero justo en ese momento comenzaron a aparecer más infectados.
Los soldados abrieron fuego inmediatamente.
—¡SUBAN! —gritó uno de los militares.
Sin pensarlo, los sobrevivientes entraron rápidamente al helicóptero mientras la ciudad ardía detrás de ellos.